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Mi primera vez con mi vecino

Mi nombre es Andrea. Soy casada hace más de veinte años y soy maestra.
Esto sucedió hace unos cuantos años atrás, cuando tenía 28 años, en mi primer año como docente. Trabajaba en una escuela primaria. Tenía un vecino que vivía en un departamento al fondo del mismo terreno dónde alquilaba yo también.
Hacía una semana que habíamos empezado a mensajearnos con Jesús. Así se llama él. No era mi tipo de hombre, aunque tampoco era feo. Era rubio, alto, delgado, pelo largo y la misma edad que yo. Solo nos saludábamos como buenos vecinos. Jamás nos habíamos puesto a conversar antes. Pero igualmente me daba cuenta que el me miraba mucho cuando nos cruzábamos.
La cosa es que no recuerdo con que excusa un día me pidió no número y de lo di. Y a los pocos días comenzó a escribirme.
Cómo les conté ya había pasado una semana de comunicarnos por mensajes de texto. El WhatsApp recién estaba apareciendo. Así que un día me invitó a salir si yo quería después de mil jornada laboral. Les cuento que yo vivo a 30 kilómetros de dónde trabajo así que tenía más de una hora de viaje en micro.
Las cosas con mi marido no andaban nada bien así que eso me ayudó a tomar coraje y decidí aceptar su invitación.
Así que a la hora de salida, las 17 horas, Jesús me estaba esperando afuera de mi trabajo en su auto. Fuimos a tomar un helado y después a charlar a un lugar de acá que lo llaman el mirador. Donde las parejas de noche van a hacer sus cositas. Allí estuvimos hablando un buen rato de la vida y de mi matrimonio y todo eso. Hasta que en un momento el comenzó a decirme que estaba muy linda yo y que siempre me había mirado con otras intenciones pero me respetaba porque era casada y además porque conocía a mis marido. Yo me había ido con una calza negra y una remera rosa claro bastante escotada. Tengo pechos grandes y una buena cola también. Todos los hombres opinan que tengo linda figura.
A medida que charlamos nos fuimos acercando cada vez más y en un momento dado nos dimos un beso muy apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron estuvimos así un rato. El me tocaba los pechos por arriba de mi remera y bajo hasta ni cola. A medida que los besos siguieron sus manos también fueron adentrándose en mi calza y yo le empecé a acariciar el miembro por arriba del pantalón. Dicho sea de paso estaba bastante durito ya. En un momento dado un dedo suyo entro en ni tanga y se metió en mi vagina que para ese instante ya estaba mojada. Fue ahí que el me preguntó: -Querés que vayamos a un lugar más privado? A un hotel?. Yo le respondí que si.
Cuando llegamos, ni bien entramos, el me agarró y me apretó fuerte contra su cuerpo mientras me besaba la boca y bajaba por el cuello. Levantandome la remera y corpiño, comenzó a lamer mis pezones que se habían puesto duros como piedra. Podía sentir su miembro durísimo y me frotaba contra el, mientras me agarraba los cachetes de la cola y me los masajeaba.
Se bajó el pantalón y saco su pene del boxer y me lo hizo agarrar. No era grande, pero estaba bien parado, duro y de su glande había comenzado a salir ese juguito salado que largan los hombres cuando están excitados.
Me hizo sentar en la cama y me metió su verga en la boca. Yo comencé a chuparla mientras el metía sus dedos en mi vagina y me masturbaba. La verdad que me puse muy cachonda mientras le lamía la cabeza y bajaba x todo el pedazo hasta sus huevos. Jesús estaba loco y apretaba mi cabeza contra su pene hasta casi ahogarme. Me tumbo en la cama, me abrió las piernas, me corrió la bombachita, mientras me decía lo bien que me quedaba en mi cola algo tan finito, que son las que uso siempre yo siempre, y empezó a pasarme la lengua x mis labios de abajo y por el clítoris.
-Que rica conchita que tenés Andrea- me decía mientras no paraba de meter y sacar su lengua. Yo solo gemía de placer y agarraba su cabeza apretándola contra mi entre pierna. En un momento dado no aguante mas y le dije que quería sentirlo dentro mío. Rápidamente se puso un preservativo mientras yo me saque la tanguita negra que tenía. Me subí arriba de el y agarre su miembro y me lo acomode en la entrada a ni conchita. Lentamente comencé a bajar hasta que estuvo toda adentro mío. Estaba muy mojada yo y el al palo. De a poco yo subía y bajaba y el acompañaba los movimientos del coito. Mientras lo cabalgaba el me decía lo hermosas que se veían mis tetas rebotando mientras lo haciamos y que siempre había soñado con esto que estábamos haciendo. Que placer sentía por Dios! Hacía muchísimo que no disfrutaba así. Pensé que en tantos años de casada mi esposo Juan nunca me había hecho gozar de esa manera. Y la verdad que si, pensé en el en ese momento, pero no con culpa sino con lástima porque otro hombre me estaba haciendo disfrutar y al mismo tiempo disfrutando de mi cuerpo.
Después de unos minutos Jesús me pidió si podíamos cambiar de posición y me puso en cuatro. Yo arquee ni cuerpito levanté mi cola esperando la penetración, que llego de un solo empujón, hasta el fondo. Su miembro entraba y salía cada vez más rapido de mi concha y nuestros gemidos aumentaban más y más. Hasta que en un momento dado acabamos. Fue un éxtasis que, como les decía, no había vivido en años con mis esposo en la cama. Sentí que veía las estrellas.
Nos quedamos un rato así acostados, relajados desnudos en la cama. Cómo tratando de caer en lo que había pasado. Una semana antes ni nos hablábamos y hoy se había convertido en mi macho y yo en su mujer, aunque solo fuera por algunos minutos.
Nos vestimos y nos fuimos del motel. Unas cuadras antes de llegar a casa me baje por las dudas para que nadie nos fuera a ver llegando juntos. Nos dimos un beso con lengua y nos despedimos hasta la próxima. Porque si, hubieron más encuentros con mis vecino hoy. Pero eso es tema para otro relato...

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