You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Espiada en el rancho final

Al día siguiente la verdad me la pasé bien raro.

No sabía qué pensar de lo que había pasado con mi cachetero. Una parte de mí estaba asustada, otra estaba enojada, pero también había una parte que me daba mucha pena admitir… y era que no podía dejar de pensar en eso.

El día fue normal, o lo más normal que podía ser en ese rancho perdido. Mi abuela se quedó platicando con la señora casi todo el día, de esas pláticas eternas de familia que una ni entiende bien. Yo solo me quedaba sentada escuchando, tomando café, mirando alrededor, sintiéndome fuera de lugar.

Amado no estuvo en toda la mañana. Se fue temprano a cortar leña y creo que también a cazar algo, no recuerdo bien. Lo que sí recuerdo fue que la señora dijo algo que se me quedó muy grabado.

Dijo que su hijo nunca se había casado por cuidarla.

Que desde que ella empezó con el problema de la pierna, él se quedó ahí. Que antes era distinto, que pudo haber tenido otra vida, pero se quedó en ese rancho con ella.

Y no sé… eso me cambio la perspectiva.

Porque sí, lo del cachetero había estado demasiado raro, demasiado morboso, pero también empecé a verlo de otra forma. Como un hombre solo. Un hombre que llevaba años ahí metido, sin mujer, sin vida propia, cuidando a su mamá en una casa vieja en medio de la nada.

No estoy justificando nada, no sé ni qué opinión tengo ahora, pero en ese momento me dejó pensando muchísimo.

Por eso tampoco dije nada.

No le conté a mi abuela. No hice drama. No pregunté. Solo me lo guardé.

En la tarde Amado regresó. Venía sudado, con la ropa sucia, oliendo mal. Casi no habló. Cenamos todos juntos y mi abuela ya estaba empezando a acomodar sus cosas porque al día siguiente nos íbamos temprano.

Y ahí fue cuando me entró una sensación sabía que era mi última noche en ese raro lugar.. sentía como si algo en mí quisiera cerrar eso de una forma que ni yo entendía.

Más tarde dije que iba a bañarme.

Agarré mis cosas y caminé al baño otra vez. El cielo ya estaba apagándose, no era de noche completamente, pero ya se sentía ese aire feo del campo cuando empieza a oscurecer. Yo iba nerviosa, pero no como el primer día.


Entré al baño, puse mis cosas donde siempre y me quedé un momento parada, escuchando. No sabía si él estaba cerca. No sabía si me estaba viendo.

Pero esa duda fue justo lo que me calentó.
Me bañé despacio.
Y sí… voy a ser honesta. Di espectáculo, no sé si había alguien mirando por esos huecos de la madera, pero yo actué como si sí. Me enjaboné el cuerpo, me toqué el pecho, me apreté los pezones, me quedé quieta de ratos solo para escuchar si afuera había algún ruido.

Me daba vergüenza, pero también me prendía demasiado imaginarlo ahí, escondido, viéndome como si yo fuera algo que jamás iba a volver a tener enfrente.

En un momento me dejé llevar más. Me apoyé contra la madera vieja y me toqué un poco, sin hacer ruido, mordiendo los labios, con miedo de que alguien me escuchara. Fue rápido, nunca habia frotado tanto, incluso meti un par de dedos, no era ruidosa pero segura de que se escuchaba como lo esta haciendo.

No sé si él me vio, esa es la parte que todavía me da vueltas. Tal ves fue peligroso hacer eso pero lo disfrute y a dia de hoy es una de mis mejores experiencias masturbándome..

Cuando terminé, me vestí despacio. Me puse la otra ropa interior porque solo llevaba dos, pero la tanga que había usado ese día la dejé ahí.
Esta vez la dejé a propósito.

Salí con el pelo mojado, las piernas temblando poquito y la cara caliente. Caminé de regreso a la casa sin mirar atrás, aunque me moría por hacerlo.


A la mañana siguiente nos fuimos temprano. Mi abuela se despidió de la señora, yo me despedí de lejos de Amado. Él no dijo mucho, solo me miró de esa forma seria.

Pasaron seis años.

Jamás regresé a ese rancho. No sé qué fue de ellos. No sé si la señora sigue viva. No sé si Amado sigue ahí, solo, cuidando esa casa vieja, viviendo la misma rutina de siempre.

A veces me acuerdo y no sé qué sentir.

No sé si estuvo mal. No sé si fui tonta. No sé si fui morbosa. Tal vez todo junto.

Pero si les soy sincera… hay una parte de mí que piensa que, si algún día regresara, tal vez me gustaría alegrarle la vida a ese pobre hombre aunque sea un rato. De verdad lo haría.

Porque al final, mínimo se quedó con un obsequio mío.

Y con uno de los shows más raros y calientes que le he dado a alguien.

1 comentarios - Espiada en el rancho final

wero91dub
Ufff tremenda putita que eres, esa parte morbosa es algo único, que buen festín se dio amado, estoy seguro que si estuvo ahí se la arranco con lo que vio