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Dale duro a Mamá XIII

Sofi anunció su boda hace un mes. Se casa con Alex en seis meses. Todo el mundo está feliz: mi mamá, mi papá (que sigue intentando volver con Ana), la familia… Todos menos yo. Aunque sabía que esto iba a pasar, una parte de mí se sintió extraña cuando me lo dijo.

Una noche, como a las once y media, recibí un mensaje suyo:

Sofi: Estoy afuera de tu casa. Mamá salió con papá y no regresa hasta mañana. Quiero hablar contigo.
Abri. —Cierra la puerta —me dijo bajito.

Dale duro a Mamá XIII

Lo hice. Me quedé parado frente a ella.

—Dany… me voy a casar —dijo mirándome a los ojos—. Y antes de hacerlo… quiero una última vez contigo. Solo una. Sin que mamá se entere. Quiero despedirme de esto… de nosotros.

No hizo falta decir más. Me acerqué, la tomé de la cara y la besé con fuerza. Sofi respondió con la misma hambre. Sus manos bajaron rápido a mi pantalón y sacó mi verga ya dura.

—Quiero que me cojas como antes… como cuando me usabas de venganza contra mamá —susurró mientras me masturbaba.

La tiré sobre la cama, le quité la camiseta y la minifalda, dejé completamente desnuda. Su cuerpo joven seguía siendo una delicia: tetas grandes y firmes, cintura estrecha y ese culo redondo, duro y respingón que tanto me gustaba.

La puse en cuatro y le separé las nalgas. Su concha ya estaba mojada. Le di una nalgada fuerte y se la metí de un solo golpe hasta el fondo.

— ¡Ayyy hermanito! —gimió Sofi, agarrando las sábanas.

Empecé a cogérmela con ganas, profundo y rápido. Sus nalgas firmes rebotaban contra mi pelvis con cada embestida. Le di varias nalgadas más, dejando mis huellas rojas en su piel.

— ¿Esto es lo que querías, Sofi? ¿Una última cogida antes de casarte?
— ¡Sí! ¡Cógeme duro! ¡Quiero acordarme de tu verga cuando esté con él! —gemía sin vergüenza.

La saqué, le escupí en el ano y empecé a metérsela por el culo. Sofi soltó un gemido largo y ronco, pero empujó hacia atrás hasta que la tuve toda adentro.

— ¡Puta madre… qué rico se siente! —jadeó—. Métemela toda en el culo, Dany… quiero que me des por atrás como le das a mamá.

La cogí fuerte por el culo, agarrado de sus caderas, viendo cómo su ano apretado tragaba mi verga una y otra vez. Sofi se corrió violentamente, temblando y apretándome. Yo no aguanté mucho más. La saqué y le descargué chorros gruesos de leche caliente sobre las nalgas y la espalda.

Se quedó tirada boca abajo, respirando agitada, con mi corrida escurriéndole por el culo.

Después de un rato se dio la vuelta, me miró y me dijo con una mezcla de tristeza y deseo:

—Esta fue la última vez, Dany. Cuando me case… esto se termina. Pero quería llevarme un buen recuerdo tuyo.
Me besó profundamente, se levantó, se puso la camiseta y antes de salir de su cuarto me dijo bajito:
—Gracias por ser mi secreto más rico, hermanito.

La despedida de soltera de Sofi fue un viernes. Como a las 4 de la mañana, borracha, con el maquillaje corrido y vestida con un vestido corto negro que apenas le cubría el culo. Yo estaba en mi departamento cuando recibí su mensaje:

Sofi: Estoy abajo. Ábreme. Es la última vez.

Bajé a abrir. Apenas entró al departamento me empujó contra la pared y me besó con desesperación. Olía a alcohol, perfume y pecado.

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—Dany… solo esta noche —susurró con la voz entrecortada—. Mañana soy la prometida perfecta… pero hoy quiero que me cojas como tu puta por última vez.

No llegamos ni a la cama. La cargué hasta el sofá, le subí el vestido y le arranqué la tanguita. Su concha estaba empapada. La puse a horcajadas sobre mí y se la metí de un solo golpe hasta el fondo.

— ¡Aaaahhh hermanito! —gimió fuerte, clavándome las uñas en los hombros.

Sofi empezó a moverse como loca, dando sentones fuertes y rápidos. Sus tetas rebotaban en mi cara mientras yo le agarraba ese culo firme y joven con ambas manos, abriéndoselo.

— ¿Esto es lo que querías antes de casarte? —le gruñí mientras la ayudaba a subir y bajar.
— ¡Sí! ¡Quiero llevarme tu verga bien adentro! ¡Cógeme duro, Dany! ¡Quiero acordarme de ti cuando esté con él!

La cogí con fuerza, pero esta vez solo por la concha. La tiré boca arriba en el sofá, le abrí las piernas al máximo y la embestí profundo, mirándola a los ojos. Sus nalgas golpeaban contra mis muslos con cada metida. Sofi gemía sin control, corriéndose dos veces antes de que yo estuviera a punto.

— ¡Adentro! ¡Quiero que me llenes! —suplicó.

Me corrí profundamente dentro de su concha, soltando chorros calientes mientras ella temblaba debajo de mí. Nos quedamos abrazados un rato, sudados y jadeando.

—Esta sí fue la última, Dany… —susurró besándome suavemente—. Te quiero… pero ya no puedo seguir con esto.

Se vistió, me dio un último beso y se fue.
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Dos meses después de la boda
Sofi se casó. Fue una boda bonita, grande y llena de gente. Ana lloró, yo fingí estar feliz. Alex estaba radiante. Sofi se veía hermosa en su vestido blanco… pero cada vez que nos mirábamos, había algo oscuro entre nosotros.

Hasta que llegó la llamada.

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Era un miércoles por la tarde. Sofi me marcó llorando.

—Dany… necesito verte. Es urgente. Estoy embarazada.
Quedé congelado.
— ¿De cuánto? —pregunté con la voz ronca.
—Seis semanas… más o menos.

Hice cuentas rápidas. La despedida de soltera había sido exactamente seis semanas y media antes de la boda.

—No sé si es tuyo o de Alex… —dijo entre sollozos—. Esa noche estaba muy borracha… y Alex y yo habíamos cogido dos días antes. No sé qué voy a hacer.

Me quedé en silencio, con el corazón latiéndome fuerte.
Sofi continuó, casi en un susurro:

—Mi marido está feliz… cree que es suyo. Pero yo no dejo de pensar en esa última vez en tu departamento… en cómo me llenaste.

El peso de lo que habíamos hecho cayó sobre mí como una losa. Sofi estaba casada, embarazada… y existía una posibilidad real de que ese bebé fuera mío.
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Ana no sabe nada todavía. Sigue con sus altibajos con mi papá, sigue yendo al gym, y sigue pidiéndome que le dé tiempo para vernos. Pero ahora tengo dos secretos enormes presionándome:

Mi mamá, que me necesita cada vez más… Y mi hermana, que podría estar cargando a mi hijo.
Todo está a punto de complicarse mucho más.

Después de aquella llamada, Sofi y yo nos vimos en un café apartado. Estaba nerviosa, con los ojos hinchados. Me confesó que Alex estaba emocionadísimo con el embarazo y que ella no tenía valor para decirle la verdad.

—Dany… esto tiene que quedar entre nosotros —me dijo bajito, agarrándome la mano por debajo de la mesa—. No voy a hacer ninguna prueba. Voy a criar a este bebé con Alex. Será nuestro hijo. Tú y yo… esto se termina aquí. Para siempre.

La miré fijamente. Sentí un nudo en la garganta, pero asentí.

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—Está bien. Guardaremos el secreto. Nunca diré nada.

Nos abrazamos largo rato. Fue una despedida definitiva. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, no pasó nada sexual entre nosotros. Solo un adiós silencioso y doloroso.
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Dos meses después recibí una excelente oferta de trabajo: Jefe de Veterinarios en una gran empresa agropecuaria en Guadalajara, Jalisco. Mejor sueldo, prestaciones, auto de la empresa y un departamento pagado los primeros seis meses. Lo pensé poco. Acepté.

Le conté a Ana primero. Se puso feliz por mí, pero también triste. Sabía que significaba menos encuentros.

La mudanza fue rápida. Vendí algunas cosas, empaque lo necesario y renté un departamento bonito en Zapopan, con terraza y vista a la ciudad.

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