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El vecindario silencioso

Hola amigos de Poringa! después de mucho meditarlo decidí animarme a postear algunos relatos en lo que vengo trabajando hace un tiempo, como un escape para la monotonía laboral y el estrés que genera. Desde ya quiero agradecer a mis amigos y confidentes ElCostero1995, Missandri y Bereniegas que leyeron esto y les gusto. 
Sin mas preámbulo, comenzamos...  
(los personajes y algunos lugares son ficticios... bueno, asi)

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Corría el año 2010 en la ajetreada provincia de Mendoza; el calor del final de la primavera ya se hacía sentir y no dejaba dudas de que sería otro verano pesado para la gente. En las afueras de la ciudad, entre el piedemonte y el desierto, se encontraban estos nuevos proyectos inmobiliarios, barrios semiprivados y otros todos cerrados, donde la gente de clase media compraba casas y terrenos para construir, alejándose del pesado calor que genera la ciudad y el ruido. 

Martin y su familia llevaban 1 año viviendo en el barrio Ventisca, ubicado en el departamento de Luján de Cuyo, a unos 30 minutos de la capital provincial. Este nuevo barrio tenía al menos 20 familias viviendo ahí, y tenía lugar para albergar 20 familias más. La familia de Martin no era muy grande; constaba de su padre Alberto, de 48 años, de su mamá Cecilia, de 45 años, su hermano pequeño de 16 y el mismo, que ya había cumplido los 18 años. Se consideraban de clase media, pues Alberto era dueño y gerente de una red de transporte vitivinícola que les propiciaba un buen sustento. 

La casa de Martin era normal, para los estándares del barrio. Dos pisos bien acondicionados, un patio trasero grande y con pileta, doble cochera techada y un ático, que solo se usaba para dejar cosas. Las demás casas eran cuanto menos mucho más grandes y lujosas, a veces para familias de dos o hasta 6 integrantes. Pero las mas llamativas son las de sus vecinos colindantes. Por un lado se encontraban los Suares, una pareja de empresarios que rozaban los 40 años y que nunca habían tenido hijos, y por el otro los Bulytco, una familia de ascendencia rusa con los que Martin se llevaba muy bien, pues el hijo mayor era compañero de colegio de Martin, el joven Leslie. 

Ya corriendo el mes de noviembre, Martin y Leslie tenían que empezar a planificar sus vacaciones; ambos querían irse a pasear por ahí, habiendo terminado casi por completo su primer año en la universidad. 
Martin: Loco, te digo que quiero ir a la playa... ya conozco la montaña de memoria; además, quiero ver minas en bikini.

Leslie: Yo lo sé, hermano, pero podemos ir a Reñaca, Bariloche... algo más turístico que ir a tirarnos en la arena. Minas hay en todos lados...
Martin: Eso lo sé, pero quiero ir al mar; no es mucho lo que pido.

La realidad es que Martin, sin querer admitirlo, le gustaba ver con poca ropa a Leslie... Llevaba tiempo pensándolo, pero no sabía cómo encarar el tema. No sentía que fuera algo sentimental, pero sí algo físico; algo se activaba en él Ambos eran similares físicamente, casi 1,85 m de altura, ambos deportistas; incluso Martin vio desnudo a su amigo en más de una ocasión, por eso las ideas. Tanto Martin como Leslie se consideraban heterosexuales en todo el término de la palabra, ambos teniendo parejas mujeres, sexo con mujeres y viendo porno con mujeres... pero Martin tenía nuevos pensamientos. El viaje, el mar, la poca ropa, tal vez eran una excusa para poder contemplarlo tranquilo, sentir cómo su verga se empezaba a poner morcillona cuando lo veía sin remera... nada más eso.

Leslie: Te digo que hay agua y playa en otros destinos, inclusive en Córdoba, en las sierras de San Luis... No necesariamente hay que viajar 1600 km hasta la costa argentina.

Martin salió de sus pensamientos... y tenía razón, podía verlo y compartir con él en otros destinos, pero lo llamaba el mar.

Martin: Lo sé, pero hay más oportunidades, más aventuras si nos vamos más lejos... otra gente, otra provincia. Siempre suma eso.

Leslie vio que la conversación estaba perdida, así que solo sacó su teléfono y se puso a teclear, avisándole a sus padres que tenían una decisión con Martin. A lo cual este último se puso contento, notando cómo su bulto se ponía algo caliente. 

En 2 semanas sería el comienzo del viaje; tenían que ponerse al día y armar las valijas, armar el cronograma de viaje entre colectivos y aviones y tener todo listo. Entonces, el inicio de diciembre cambió el rumbo de los planes. Leslie empezó a comportarse extraño; ya no tenía tanto tiempo para juntarse con Martin, se iba algunas noches a la semana y, para malestar de Martin, canceló el viaje.

Leslie: Te digo que está todo bien, pero tengo que hacer unas cosas en casa- dijo intentando servirse agua en el vaso que tenía enfrente.
Martin: Vos no me estás diciendo algo… tu viejo es el que labura en la casa, él arregla todo. No digo que no lo hagas vos también, pero cancelar el viaje es extremo. – intentaba no ponerse eufórico, pero era lo único que le salía decir.
Leslie: Estás sobrepensando, hermano. Tengo que arreglar unas cosas en el patio; además, tengo que cuidar a mi hermana más chica. Se va a quedar sola la mayor parte del verano porque mi vieja se va a Córdoba con mis abuelos… Vamos a estar mi viejo y yo. 
Martin: Es que no tiene sentido… a menos… a menos que te hayas enganchado con una minita y no me digas… - Realmente pasó ese pensamiento por su cabeza, y le dio bronca que pudiera ser por eso que cancelaba el viaje… o era otra cosa.
Leslie: Nada que ver, loco, de verdad te digo. Si fuera así, te lo digo de una; vos lo sabes, me conoces. Realmente estoy complicado en casa y mi viejo me pidió ayuda, nada más. —Termino de explicar este, dejando el vaso arriba de la mesa y mirando a Martin de manera muy seria.

A Martin no le quedó otra que tragarse su mal humor y mirar a su amigo… tenía razón, Leslie le contaría cualquier cosa. Empezó a hacerse la idea de que no habría viaje. 

Martin: Entiendo… está bien loco, no nos vamos nada entonces. Pero sí nos podemos juntar durante el verano, ¿no? 
Leslie: Sí, de una que sí… Solo los días que no esté trabajando o dormido por el calor, jaja. Tenemos pileta y aire acondicionado, así que genial. 

Por lo menos sí va a haber agua, y voy a poder compartir eso en la pileta con él —pensaba Martin, intentando no desanimarse. Podía verlo sin remera otras muchas veces más.
Para después de las fiestas de Navidad y Año Nuevo, Martin ya daba por sentado que pasaba algo más; su amigo seguía actuando raro, distante por momentos, desaparecido en otros. El 2 de enero, la madre de Leslie, Valentine, se fue para Córdoba con sus maletas, dejando a su padre, Dimitri, solo con él y con la hermana pequeña, Tatiana. Con este hecho, empezó a ver que Leslie ya tardaba más tiempo en contestar los mensajes, y siempre venía su padre, del otro lado de la medianera, trabajando en el jardín. 
Los martes y jueves eran los días que Leslie aparecía. Aprovechaban el día para estar en la pileta y jugar en la Play. Notaba que su amigo dormía más, comía más y estaba más animado… pero sobre todo notaba las pequeñas marcas en su espalda.

Martin: Che, laburar en el jardín te está dejando cicatrices, jaja –dijo sin dejar de verle la espalda.
Leslie: Ah, esto… sí, la verdad que me cansa mucho, pero está bien… creo.
Martin: Por lo menos tenés tiempo para venir a boludear acá y tirarnos a la pileta.
Leslie: Sí, necesito tirarme un poco y tomar fresco, unas horas aunque sea… Esta noche vuelvo para casa porque mañana temprano arranco. –le dijo a su amigo, viendo que ponía cara de nada.
Martin: No te hagas drama… me quedaré hasta tarde jugando, o pajeándome, ya veré –dijo entre risas, pero agarrándose el paquete a ver si su amigo lo miraba, cosa que no pasaba. 

Para las 21 h, Leslie se fue de la casa en dirección a la suya, dejando a Martin con su familia para cenar. Cuando terminaron, cada uno volvió a su cuarto: los padres de Martin a su habitación para ver una película, el hermano se fue al estudio para usar la computadora y él se fue al garaje a buscar unas cosas. Mientras revisaba las herramientas del padre, escuchó que algo se movía por delante del portón del garaje doble, cosa que le llamó la atención. Se acercó a una rendija que daba hacia afuera y creyó ver una figura que pasaba por enfrente de su casa y se dirigía a la casa contigua, a la casa de los Suárez. 

La curiosidad le pudo; en un barrio cerrado es intrigante cuando alguien se mueve en la noche. Así que se puso manos a la obra e intentó seguir a la figura que iba caminando despacio por el frente de su casa. Martín solo lo seguía por dentro de la casa, ya siendo las 23 h aprox. Pasó por el living, la puerta de entrada (donde no pudo ver nada más) y por el estudio.

Aquí se encontró con algo que no esperaba. Su hermano estaba con los auriculares puestos, viendo una película porno. Tenía la puerta semiabierta y se lo podía ver casi desnudo, con la pija muy dura en la mano mientras se la agitaba rítmicamente. Martin se quedó de piedra viendo la escena, ver el pene de no menos de 17 centímetros del hermano lo dejo un poco pasmado, pero entendía que al tener 16 años las hormonas están más calientes que nunca y lo dejo tranquilo pero no pudo evitar sentir su propia pija dura mirando eso, como su hermano sudaba mientras se masturbaba lentamente, pero con un ritmo duro. 

La curiosidad que lo había absorto hizo que retomara el paso, siguiendo a la sombra que iba hacia la casa de los Suares. Al llegar al extremo del living, pudo asomarse por una ventana sin hacer ruido, y pudo divisar una figura que entraba por la puerta del jardín y se adentraba hacia la casa. Por suerte, él podía ver este sector de la casa desde la ventana de la habitación del hermano, así que aprovechó a subir mientras este estaba ocupado masturbándose con tantas ganas. Por lo cual, subió apresuradamente y entró en la habitación, llegando hasta la ventana. Lo que vio lo dejó sin palabras. 

Leslie se estaba escabullendo por el patio de los vecinos, en dirección a la puerta trasera de la cocina. Al llegar ahí, la puerta se abrió rápidamente, y la señora Jazmín Suares, la mujer del matrimonio, lo recibió desnuda, tomándolo de la cara y dándole un profundo beso. Martin no entendía qué estaba pasando, pero ver esa escena, sumado a la previa de la masturbación de su hermano, solo daba como resultado que su verga de 18 centímetros quisiera salir del pantalón corto que tenía. 

Su amigo le había mentido... sí estaba enganchado con una mina, pero nunca pensó en la vecina Jazmín, una auténtica milf de 40 tantos años. Era un tipo con suerte, pensó, pero ese pensamiento se borró cuando se dio cuenta de que el auto del señor Suárez también estaba en la casa. O sea, que estaba adentro también. Martin solo podía ver como Jazmin, mientas no dejaba de besar a Leslie, empezaba a frotar su mano contra el paquete del muchacho, haciendo que se pusiera duro al instante, para posteriormente bajarle el pantalón y dejarlo al aire, cosa que Martin agradeció poder ver  a su amigo completamente erecto. Paso seguido, ambos entraron a la casa y cerraron la puerta, dejando a voyeur con la verga muy dura mientras chorreaba líquido preseminal en los pantalones.

Martin ahora entendía… por eso desaparecía, por eso no se quiso ir de viaje. Estaba cogiendo con la vecina MILF a expensas del marido. ¿Pero cómo ¿Cómo inicio eso? ¿Por qué no le había comentado? ¿Qué era ese sentimiento que sentía, celos o rabia? Ya era tarde para volcarse a eso, así que Martin solo pudo volver a su habitación, cerrar la puerta con llave y dejarse llevar por una profunda paja para relajarse. Paja que hizo que acabara como nunca, llenándose el pecho con su propio semen caliente y dejándole la cabeza dando vueltas… En la mañana buscaría respuestas.
Fin de la primera parte… 

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