Basado en parte en hecho reales con mi esposa:
La cena fue un preludio de lo que se venía.
Estábamos en el restaurante italiano, yo sentado frente a Sofía. Ese vestido negro se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Sus tetas enormes apenas contenidas, el escote tan profundo que se le veía el borde de las areolas cada vez que respiraba. Ese culo de diosa apenas cubierto cuando se sentaba. Carita de ángel, pero ojos de puta.
Marcos no disimulaba ni un carajo. Cada vez que Sofía se inclinaba para agarrar la copa, él le clavaba la mirada en las tetas.
— Sofi… esas tetas hoy están tremendas, que te paso??—soltó Marcos en un momento, con una sonrisa de picara
Sofía se rio, mordiéndose el labio, y me miró de reojo.
—¿Te molesta que tu amigo me mire las tetas, amor? —me preguntó con voz inocente, pero la mano por debajo de la mesa ya me estaba tocando la verga.
Carla, sentada al lado de Marcos, soltó una carcajada baja y le pasó la mano por el muslo a mi novia.
—A mí no me molesta… de hecho me pone cachonda.
Sofía se sonrojó, pero no se tapó. Al contrario, sacó pecho.
—Es que estoy mojada desde que salimos de casa… —confesó bajito—. Este vestido me roza la concha todo el tiempo.
Marcos se acomodó en la silla, claramente duro.
Yo tenía la verga tiesa debajo de la mesa y solo podía tragar saliva. Pagamos la cuenta entre risas y miradas cargadas. Los tres ya estaban bastante borrachos. Yo manejaba.
Subimos al auto. Yo solo adelante. Atrás: Sofía en el medio, Marcos a su izquierda, Carla a su derecha.
Ni bien arranqué, Sofía soltó:
—Estoy demasiado caliente… no aguanto más.
Miré por el retrovisor justo cuando ella le metió la lengua en la boca a Marcos. Se besaban como animales. Carla le bajó el escote a Sofía de un tirón, sacándole las tetas afuera.
—Mirá qué tetas de puta tiene tu novia —le dijo Carla a Marcos mientras se las apretaba fuerte, pellizcándole los pezones—. Están durísimos.
Sofía jadeaba y le bajó el cierre a Marcos sin pedir permiso. Sacó esa verga gruesa, venosa y pesada, ya completamente dura.
—Mmm… qué rica verga tiene tu amigo, amor —me dijo mirándome por el espejo mientras abría la boca y se la tragaba hasta las bolas de un solo golpe.
—¡mierda, qué garganta profunda! —gruñó Marcos, agarrándole la cabeza con las dos manos y cogiendole la boca con fuerza—. Chupá, puta. Chupá la verga de tu amigo mientras tu novio mira.
Yo apretaba el volante, la pija a punto de explotar.
—Más fuerte, Marcos… cogele la boca —pedí con voz ronca.
Carla se rio como loca y le levantó el vestido a Sofía hasta la cintura. Le arrancó la tanga y le metió tres dedos de golpe en la concha.
—Está empapadísima, la trola. Chorrea por los muslos. ¿Te gusta que te traten de puta delante de tu novio, eh?
Sofía sacó la verga de la boca solo para gritar:
—¡Sí! ¡Me encanta! ¡Soy una puta! ¡Quiero que me cojan los dos delante de él!
Detuve el auto en una zona oscura al costado de la ruta. Me pasé atrás volando.
Sofía me miró con ojos vidriosos de puta en celo.
—Vení, cornudo… mirá cómo me van a romper.
Marcos la puso a cuatro patas en el asiento trasero. Le escupió en la concha y le metió toda la verga de una sola estocada brutal.
—¡Aaaahhh! ¡Qué verga! ¡Me estás partiendo! —gritó Sofía.
—Callate y tomala, puta —le contestó Marcos dándole nalgadas fuertes que resonaban en el auto—. Este culo es mío ahora.
Yo me senté adelante de ella, saqué mi verga y se la metí hasta el fondo de la garganta.
—Chupá, mi amor… chupá mientras te cogen como a una perra.
Carla se desnudó, se sentó al lado y me metió la concha en la cara.
—Coméme el orto mientras mirás cómo le dan por el culo a tu novia, cornudito.
Marcos cambió de agujero. Le escupió en el ano y le metió la verga completa en el culo de un empujón.
—¡Me estás rompiendo el orto! ¡Sí! ¡Más fuerte, hijo de puta! ¡Destruime! —aullaba Sofía entre arcadas con mi verga en la boca.
Yo no aguantaba más.
—Subite encima mío, puta.
Sofía se sentó en mi verga, metiéndosela toda en la concha empapada. Empezó a cabalgarme como loca, sus tetas rebotando en mi cara. Marcos se colocó atrás y le metió la verga otra vez en el culo.
— ¡Me están rompiendo los dos agujeros! ¡Lléname de leche! —gritaba descontrolada.
Carla se tocaba la concha mirando y me decía:
—Mirá cómo gime tu novia con dos vergas adentro… sos un cornudo de mierda y te encanta, ¿verdad?
Sofía se corrió gritando como loca, chorros de concha saliéndole por todos lados, apretándonos las vergas. Marcos fue el siguiente:
—¡Tomá, puta! ¡Toda la leche en el orto! —y le descargó chorros espesos adentro del culo.
Yo no aguanté más y le llené la concha hasta rebalsar.
Cuando terminamos, Sofía estaba destruida: concha y culo abiertos y rojos, semen blanco chorreando de ambos agujeros, cara llena de baba, lágrimas y rímel corrido. Me miró con esa carita linda de ángel y me dijo jadeando:
—Llevame a casa, amor… quiero que me sigan cogiendo toda la noche. Quiero que me usen como una puta barata.
La cena fue un preludio de lo que se venía.
Estábamos en el restaurante italiano, yo sentado frente a Sofía. Ese vestido negro se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Sus tetas enormes apenas contenidas, el escote tan profundo que se le veía el borde de las areolas cada vez que respiraba. Ese culo de diosa apenas cubierto cuando se sentaba. Carita de ángel, pero ojos de puta.
Marcos no disimulaba ni un carajo. Cada vez que Sofía se inclinaba para agarrar la copa, él le clavaba la mirada en las tetas.
— Sofi… esas tetas hoy están tremendas, que te paso??—soltó Marcos en un momento, con una sonrisa de picara
Sofía se rio, mordiéndose el labio, y me miró de reojo.
—¿Te molesta que tu amigo me mire las tetas, amor? —me preguntó con voz inocente, pero la mano por debajo de la mesa ya me estaba tocando la verga.
Carla, sentada al lado de Marcos, soltó una carcajada baja y le pasó la mano por el muslo a mi novia.
—A mí no me molesta… de hecho me pone cachonda.
Sofía se sonrojó, pero no se tapó. Al contrario, sacó pecho.
—Es que estoy mojada desde que salimos de casa… —confesó bajito—. Este vestido me roza la concha todo el tiempo.
Marcos se acomodó en la silla, claramente duro.
Yo tenía la verga tiesa debajo de la mesa y solo podía tragar saliva. Pagamos la cuenta entre risas y miradas cargadas. Los tres ya estaban bastante borrachos. Yo manejaba.
Subimos al auto. Yo solo adelante. Atrás: Sofía en el medio, Marcos a su izquierda, Carla a su derecha.
Ni bien arranqué, Sofía soltó:
—Estoy demasiado caliente… no aguanto más.
Miré por el retrovisor justo cuando ella le metió la lengua en la boca a Marcos. Se besaban como animales. Carla le bajó el escote a Sofía de un tirón, sacándole las tetas afuera.
—Mirá qué tetas de puta tiene tu novia —le dijo Carla a Marcos mientras se las apretaba fuerte, pellizcándole los pezones—. Están durísimos.
Sofía jadeaba y le bajó el cierre a Marcos sin pedir permiso. Sacó esa verga gruesa, venosa y pesada, ya completamente dura.
—Mmm… qué rica verga tiene tu amigo, amor —me dijo mirándome por el espejo mientras abría la boca y se la tragaba hasta las bolas de un solo golpe.
—¡mierda, qué garganta profunda! —gruñó Marcos, agarrándole la cabeza con las dos manos y cogiendole la boca con fuerza—. Chupá, puta. Chupá la verga de tu amigo mientras tu novio mira.
Yo apretaba el volante, la pija a punto de explotar.
—Más fuerte, Marcos… cogele la boca —pedí con voz ronca.
Carla se rio como loca y le levantó el vestido a Sofía hasta la cintura. Le arrancó la tanga y le metió tres dedos de golpe en la concha.
—Está empapadísima, la trola. Chorrea por los muslos. ¿Te gusta que te traten de puta delante de tu novio, eh?
Sofía sacó la verga de la boca solo para gritar:
—¡Sí! ¡Me encanta! ¡Soy una puta! ¡Quiero que me cojan los dos delante de él!
Detuve el auto en una zona oscura al costado de la ruta. Me pasé atrás volando.
Sofía me miró con ojos vidriosos de puta en celo.
—Vení, cornudo… mirá cómo me van a romper.
Marcos la puso a cuatro patas en el asiento trasero. Le escupió en la concha y le metió toda la verga de una sola estocada brutal.
—¡Aaaahhh! ¡Qué verga! ¡Me estás partiendo! —gritó Sofía.
—Callate y tomala, puta —le contestó Marcos dándole nalgadas fuertes que resonaban en el auto—. Este culo es mío ahora.
Yo me senté adelante de ella, saqué mi verga y se la metí hasta el fondo de la garganta.
—Chupá, mi amor… chupá mientras te cogen como a una perra.
Carla se desnudó, se sentó al lado y me metió la concha en la cara.
—Coméme el orto mientras mirás cómo le dan por el culo a tu novia, cornudito.
Marcos cambió de agujero. Le escupió en el ano y le metió la verga completa en el culo de un empujón.
—¡Me estás rompiendo el orto! ¡Sí! ¡Más fuerte, hijo de puta! ¡Destruime! —aullaba Sofía entre arcadas con mi verga en la boca.
Yo no aguantaba más.
—Subite encima mío, puta.
Sofía se sentó en mi verga, metiéndosela toda en la concha empapada. Empezó a cabalgarme como loca, sus tetas rebotando en mi cara. Marcos se colocó atrás y le metió la verga otra vez en el culo.
— ¡Me están rompiendo los dos agujeros! ¡Lléname de leche! —gritaba descontrolada.
Carla se tocaba la concha mirando y me decía:
—Mirá cómo gime tu novia con dos vergas adentro… sos un cornudo de mierda y te encanta, ¿verdad?
Sofía se corrió gritando como loca, chorros de concha saliéndole por todos lados, apretándonos las vergas. Marcos fue el siguiente:
—¡Tomá, puta! ¡Toda la leche en el orto! —y le descargó chorros espesos adentro del culo.
Yo no aguanté más y le llené la concha hasta rebalsar.
Cuando terminamos, Sofía estaba destruida: concha y culo abiertos y rojos, semen blanco chorreando de ambos agujeros, cara llena de baba, lágrimas y rímel corrido. Me miró con esa carita linda de ángel y me dijo jadeando:
—Llevame a casa, amor… quiero que me sigan cogiendo toda la noche. Quiero que me usen como una puta barata.
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