Unos días después llegó la reunión general de padres de familia en el auditorio del colegio. El lugar estaba lleno. Tú te sentaste en las filas centrales junto a Alejandra, quien cruzaba las piernas con elegancia, luciendo un vestido ceñido que resaltaba sus curvas. Leticia estaba unas filas más adelante, volteando de vez en cuando con esa mirada de puta complacida que ya no disimulaba.
La directora Adriana subió al estrado con autoridad. Llevaba una falda lápiz negra muy ajustada que marcaba su culo redondo y firme, una blusa blanca semi-transparente que dejaba entrever el encaje del sujetador, y tacones altos que hacían que sus piernas se vieran interminables. Su cabello recogido en una coleta alta le daba ese aire de mujer seria y profesional… que solo tú y unas cuantas sabían que era puro teatro.
Adriana comenzó su discurso, pero sus ojos recorrieron el auditorio hasta posarse en ti. Sonrió levemente y empezó a hablar con voz firme:
—Gracias a todos por asistir. Es importante que los padres se involucren activamente en la educación de sus hijos… y que estén dispuestos a meterse de lleno en los asuntos del colegio cuando sea necesario.
Mientras hablaba, se giró ligeramente de lado, apoyando una mano en la mesa y empujando discretamente el culo hacia atrás, marcándolo bajo la falda.
—Hay temas que requieren dedicación profunda… a veces hay que abrir espacios que normalmente están cerrados y trabajarlos con fuerza hasta que queden bien resueltos.
Varios padres asintieron sin entender el doble sentido. Tú sí. Adriana continuó, mirándote directamente un segundo más de lo normal:
—Anoche estuve preparando esta reunión y… me di cuenta de que hay orificios que necesitan ser llenados correctamente para que todo fluya. A veces duele un poco al principio, pero después se siente tan lleno, tan profundo… que uno no quiere que termine.
Se pasó la lengua por los labios disimuladamente y apretó los muslos. Leticia, desde su asiento, se removió incómoda, apretando sus propios muslos al recordar cómo la habías reventado días atrás.
Adriana siguió:
—Quiero agradecer especialmente a ciertos padres que siempre responden cuando se les llama para resolver problemas urgentes… incluso fuera de horario y en lugares discretos. Padres que no tienen miedo de usar todas sus herramientas para abrir y corregir lo que haga falta.
Sus ojos volvieron a ti. Bajó un poco la voz, como si contara un secreto:
—Anoche mismo estuve practicando… y todavía siento los efectos. Caminar se siente diferente cuando algo grueso y caliente te ha dejado bien abierta por dentro.
Alejandra, a tu lado, soltó una risita baja y te apretó la verga con fuerza. Se inclinó hacia tu oído y susurró:
—Esta puta está hablando de tu verga delante de todos… Mírala, está mojada solo de recordarlo.
Adriana continuó su presentación, pero cada cierto tiempo lanzaba otra indirecta:
—Recuerden que la disciplina a veces requiere mano dura… y verga firme. —Se corrigió rápidamente con una sonrisa—: Quiero decir, carácter firme. Aunque hay mamás y directoras que preferimos el primer término.
El auditorio rio por la “broma”. Tú recibiste otro mensaje en el teléfono:
Adriana:
Estoy empapada. Ven detrás del estrado en 5 minutos. Quiero que me des por el culo mientras todavía hablo por el micrófono. No aguanto más. Te excusaste con Alejandra diciéndole que ibas al baño.
Ella te miró con ojos brillantes de excitación y te susurró:
—Ve y rómpeselo bien duro. Quiero oler su culo en ti cuando regreses.
Llegaste detrás del escenario. Adriana ya te esperaba con la falda subida hasta la cintura, sin bragas, inclinada sobre una mesa y abriendo sus nalgas con ambas manos. Su ano rosado brillaba de lo mojada que estaba.
—No hay mucho tiempo —jadeó—. Métemela ya. Quiero sentir cómo me abres mientras termino la reunión.
Le escupiste en el culo, le metiste dos dedos y luego presionaste la cabeza gruesa de tu verga contra su ano. Adriana mordió su brazo cuando empujaste. Centímetro a centímetro, su culo apretado te tragó entero hasta el fondo. Empezaste a follarla con fuerza, agarrándola de la coleta mientras sus tetas rebotaban contra la mesa.
—Joder… sí… rómpeme el culo, papi —gemía bajito—. Más fuerte… quiero que me chorreé tu leche durante toda la segunda parte de la reunión.
La taladraste salvajemente. El camerino se llenó del sonido húmedo de carne contra carne y de sus gemidos ahogados. Adriana se corrió primero, temblando entera y apretándote el verga con el culo. Cuando no pudiste más, se la metiste hasta los huevos y te vaciaste profundo, llenándole las entrañas de semen espeso.
Al sacarla, su ano quedó grotescamente abierto, rojo e hinchado, con gruesos hilos de tu corrida escapando y corriendo por sus muslos. Adriana se arrodilló, te limpió la verga con la boca y luego se puso de nuevo la falda, sin limpiarse.
—Quiero que me gotee mientras hablo —susurró con voz ronca.
Regresaste a tu asiento. Alejandra te olió y sonrió.
—Hueles a culo de directora… Qué puta tan descarada.
En el estrado, Adriana continuó la reunión con las mejillas sonrojadas y la voz ligeramente entrecortada. Caminaba con cuidado, apretando los muslos. En un momento, mientras explicaba algo sobre “mantener los canales de comunicación abiertos”, se giró y dijo:
—Hay que asegurarse de que todo entre bien… y que salga todavía mejor después.
Luego miró directamente hacia donde estabas sentado y añadió con una sonrisa peligrosa:
—Alejandra, tu esposo es un ejemplo de colaboración. Siempre dispuesto a darlo todo… especialmente por atrás cuando hace falta.
Alejandra levantó la mano con elegancia y respondió en voz alta, con tono inocente pero cargado de morbo:
—Gracias, directora. Mi marido es muy generoso con su… tiempo y su esfuerzo. Cuando alguien necesita que la llenen bien profundo, él nunca falla. ¿Verdad, amor?
El auditorio aplaudió sin entender nada. Leticia volteó con cara de envidia pura.
Al terminar la reunión, Adriana se acercó a ustedes dos. Se paró frente a Alejandra y le dijo con voz baja, solo para ustedes:
—Gracias por venir. Tu esposo resolvió un problema muy… grande que tenía pendiente. Todavía lo siento chorreando.
Alejandra se levantó, se acercó a ella y le contestó al oído, pero lo suficientemente alto para que escucharas:
—Qué bueno que te haya podido ayudar. Me encanta cuando llega a casa oliendo a otras putas especialmente si son del colegio. Sobre todo cuando es la directora la que le chupa la verga después de haber estado en su culito. Sigue así, Adriana… quiero que mi marido te use el culo cada vez que te dé la gana.
Mientras me cuentes los detalles después, todo está bien.
Adriana se mordió el labio, sonrojada, y se alejó caminando con las piernas ligeramente abiertas, sintiendo tu semen escaparse con cada paso.
Esa noche, en casa, Alejandra te folló como loca mientras le contabas cada detalle. Al final, mientras se corría apretándote, te miró a los ojos y te dijo con total claridad:
—Quiero que te sigas cogiendo a todas las putas de este colegio. A Leticia, a Miss Danny, a Adriana… a quien se te antoje. Quiero que les destroces el coño y el culo, que las llenes de leche y que ellas caminen chorreando de ti.
Yo soy tu esposa, la que sabe todo y la que te recibe al final con el coño mojado de escuchar cómo las usas. Conviértete en el semental de este lugar, amor.
La directora Adriana subió al estrado con autoridad. Llevaba una falda lápiz negra muy ajustada que marcaba su culo redondo y firme, una blusa blanca semi-transparente que dejaba entrever el encaje del sujetador, y tacones altos que hacían que sus piernas se vieran interminables. Su cabello recogido en una coleta alta le daba ese aire de mujer seria y profesional… que solo tú y unas cuantas sabían que era puro teatro.
Adriana comenzó su discurso, pero sus ojos recorrieron el auditorio hasta posarse en ti. Sonrió levemente y empezó a hablar con voz firme:
—Gracias a todos por asistir. Es importante que los padres se involucren activamente en la educación de sus hijos… y que estén dispuestos a meterse de lleno en los asuntos del colegio cuando sea necesario.
Mientras hablaba, se giró ligeramente de lado, apoyando una mano en la mesa y empujando discretamente el culo hacia atrás, marcándolo bajo la falda.
—Hay temas que requieren dedicación profunda… a veces hay que abrir espacios que normalmente están cerrados y trabajarlos con fuerza hasta que queden bien resueltos.
Varios padres asintieron sin entender el doble sentido. Tú sí. Adriana continuó, mirándote directamente un segundo más de lo normal:
—Anoche estuve preparando esta reunión y… me di cuenta de que hay orificios que necesitan ser llenados correctamente para que todo fluya. A veces duele un poco al principio, pero después se siente tan lleno, tan profundo… que uno no quiere que termine.
Se pasó la lengua por los labios disimuladamente y apretó los muslos. Leticia, desde su asiento, se removió incómoda, apretando sus propios muslos al recordar cómo la habías reventado días atrás.
Adriana siguió:
—Quiero agradecer especialmente a ciertos padres que siempre responden cuando se les llama para resolver problemas urgentes… incluso fuera de horario y en lugares discretos. Padres que no tienen miedo de usar todas sus herramientas para abrir y corregir lo que haga falta.
Sus ojos volvieron a ti. Bajó un poco la voz, como si contara un secreto:
—Anoche mismo estuve practicando… y todavía siento los efectos. Caminar se siente diferente cuando algo grueso y caliente te ha dejado bien abierta por dentro.
Alejandra, a tu lado, soltó una risita baja y te apretó la verga con fuerza. Se inclinó hacia tu oído y susurró:
—Esta puta está hablando de tu verga delante de todos… Mírala, está mojada solo de recordarlo.
Adriana continuó su presentación, pero cada cierto tiempo lanzaba otra indirecta:
—Recuerden que la disciplina a veces requiere mano dura… y verga firme. —Se corrigió rápidamente con una sonrisa—: Quiero decir, carácter firme. Aunque hay mamás y directoras que preferimos el primer término.
El auditorio rio por la “broma”. Tú recibiste otro mensaje en el teléfono:
Adriana:
Estoy empapada. Ven detrás del estrado en 5 minutos. Quiero que me des por el culo mientras todavía hablo por el micrófono. No aguanto más. Te excusaste con Alejandra diciéndole que ibas al baño.
Ella te miró con ojos brillantes de excitación y te susurró:
—Ve y rómpeselo bien duro. Quiero oler su culo en ti cuando regreses.
Llegaste detrás del escenario. Adriana ya te esperaba con la falda subida hasta la cintura, sin bragas, inclinada sobre una mesa y abriendo sus nalgas con ambas manos. Su ano rosado brillaba de lo mojada que estaba.
—No hay mucho tiempo —jadeó—. Métemela ya. Quiero sentir cómo me abres mientras termino la reunión.
Le escupiste en el culo, le metiste dos dedos y luego presionaste la cabeza gruesa de tu verga contra su ano. Adriana mordió su brazo cuando empujaste. Centímetro a centímetro, su culo apretado te tragó entero hasta el fondo. Empezaste a follarla con fuerza, agarrándola de la coleta mientras sus tetas rebotaban contra la mesa.
—Joder… sí… rómpeme el culo, papi —gemía bajito—. Más fuerte… quiero que me chorreé tu leche durante toda la segunda parte de la reunión.
La taladraste salvajemente. El camerino se llenó del sonido húmedo de carne contra carne y de sus gemidos ahogados. Adriana se corrió primero, temblando entera y apretándote el verga con el culo. Cuando no pudiste más, se la metiste hasta los huevos y te vaciaste profundo, llenándole las entrañas de semen espeso.
Al sacarla, su ano quedó grotescamente abierto, rojo e hinchado, con gruesos hilos de tu corrida escapando y corriendo por sus muslos. Adriana se arrodilló, te limpió la verga con la boca y luego se puso de nuevo la falda, sin limpiarse.
—Quiero que me gotee mientras hablo —susurró con voz ronca.
Regresaste a tu asiento. Alejandra te olió y sonrió.
—Hueles a culo de directora… Qué puta tan descarada.
En el estrado, Adriana continuó la reunión con las mejillas sonrojadas y la voz ligeramente entrecortada. Caminaba con cuidado, apretando los muslos. En un momento, mientras explicaba algo sobre “mantener los canales de comunicación abiertos”, se giró y dijo:
—Hay que asegurarse de que todo entre bien… y que salga todavía mejor después.
Luego miró directamente hacia donde estabas sentado y añadió con una sonrisa peligrosa:
—Alejandra, tu esposo es un ejemplo de colaboración. Siempre dispuesto a darlo todo… especialmente por atrás cuando hace falta.
Alejandra levantó la mano con elegancia y respondió en voz alta, con tono inocente pero cargado de morbo:
—Gracias, directora. Mi marido es muy generoso con su… tiempo y su esfuerzo. Cuando alguien necesita que la llenen bien profundo, él nunca falla. ¿Verdad, amor?
El auditorio aplaudió sin entender nada. Leticia volteó con cara de envidia pura.
Al terminar la reunión, Adriana se acercó a ustedes dos. Se paró frente a Alejandra y le dijo con voz baja, solo para ustedes:
—Gracias por venir. Tu esposo resolvió un problema muy… grande que tenía pendiente. Todavía lo siento chorreando.
Alejandra se levantó, se acercó a ella y le contestó al oído, pero lo suficientemente alto para que escucharas:
—Qué bueno que te haya podido ayudar. Me encanta cuando llega a casa oliendo a otras putas especialmente si son del colegio. Sobre todo cuando es la directora la que le chupa la verga después de haber estado en su culito. Sigue así, Adriana… quiero que mi marido te use el culo cada vez que te dé la gana.
Mientras me cuentes los detalles después, todo está bien.
Adriana se mordió el labio, sonrojada, y se alejó caminando con las piernas ligeramente abiertas, sintiendo tu semen escaparse con cada paso.
Esa noche, en casa, Alejandra te folló como loca mientras le contabas cada detalle. Al final, mientras se corría apretándote, te miró a los ojos y te dijo con total claridad:
—Quiero que te sigas cogiendo a todas las putas de este colegio. A Leticia, a Miss Danny, a Adriana… a quien se te antoje. Quiero que les destroces el coño y el culo, que las llenes de leche y que ellas caminen chorreando de ti.
Yo soy tu esposa, la que sabe todo y la que te recibe al final con el coño mojado de escuchar cómo las usas. Conviértete en el semental de este lugar, amor.
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