You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Coji con mi hermano

Era el 2020, pleno quilombo de la pandemia. Yo tengo 27 años, durante la pandemia tenia 21, me llamo Delfi, y estaba encerrada en Casa. Éramos tres: mamá, yo y mi hermano Matias, que tenía 20 durante la pandemia.
Con la cuarentena estricta no salíamos ni a la esquina. Mamá laburaba desde la pieza con Zoom todo el día, con auriculares y puerta cerrada. Nosotros dos nos pasábamos las horas tirados en la living, viendo series, comiendo delivery y aburriéndonos como locos. Yo soy petiza, 1.60 como mucho, pero tengo un culo grande, de esos que llenan los jeans y que siempre me miran en la calle. Matias era alto y flaco, calladito, de esos que no hablaban mucho de minas.
Una noche, después de tres meses encerrados, la cosa se puso pesada. Hacía calor, yo estaba en shortcito de algodón y remera sin corpiño, tirada en el sillon. Matias se sentó al lado mío y empezó a moverse incómodo. Se notaba que estaba caliente. Yo también. Llevaba semanas sin ver a nadie, sin un beso, sin nada. La mano sola ya no alcanzaba.
—Che, Delfi… ¿no te pasa que estás re podrida de no coger? —me largó de repente, medio en voz baja, mirando la tele.
Me reí nerviosa, pero la verdad es que sí. Le contesté sin filtro:
—Obvio, boludo. Estoy que exploto. Y vos, virgen total, ¿no?
Se puso rojo como tomate. Me confesó que nunca había estado con una mina. Tenía 20 y cero experiencia. Me dio ternura y, al mismo tiempo, algo se me prendió adentro.
Esa misma noche, después de que mamá se durmió, nos quedamos viendo una peli en mi pieza. Empezamos a hablar bajito, cada vez más cerca. Yo sentía que me mojaba solo de pensarlo. Al final le dije:
—Mirá, Mati… los dos necesitamos desahogarnos. Nadie se va a enterar. Es solo… necesidad, ¿viste?
No hizo falta decir más. Me besó torpe, pero con ganas. Le saqué la remera, le bajé el pantalón de jogging y ahí estaba: su pija de 9 centímetros, parada, dura, nada mal. No era un monstruo, pero para mí en ese momento era perfecta. Me servía y punto.
Me saqué el pantalon y la tanga, me puse en cuatro sobre la cama, culona como soy, y él se acomodó atrás. Le temblaban las manos cuando me agarró las caderas. Le dije bajito, con voz de puta:
—Metémela despacito, Mati… así, boludo.
Entró fácil. Estaba re mojada. Empezó a bombear, al principio medio descoordinado, pero le fui enseñando. Le agarré una mano y se la puse en mi culo, para que apretara.
—Más fuerte, dale… usame.
Gemía bajito para no hacer ruido. Me encantaba sentirlo atrás, sus huevos chocando contra mí. Era virgen pero tenía ritmo. A los pocos minutos ya me estaba dando bien, agarrándome fuerte de las caderas. Yo movía el culo en círculos, apretándolo adentro. Me vine primero, mordiendo la almohada para no gritar. Él duró un poco más y terminó adentro mío, temblando entero.
Después nos quedamos abrazados, sudados, respirando fuerte.
—Gracias, Delfi… —me dijo al oído.
—Shh, callate. Mañana repetimos si querés —le contesté sonriendo en la oscuridad.

0 comentarios - Coji con mi hermano