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Dulces 28 Cap. 6

El afrodisiaco se había apoderado por completo de los sentidos de Dulce. Todo lo que veía, olía o sentía la lanzaba a un estado de excitación animal que jamás había experimentado. Cada latido de su corazón enviaba oleadas de calor líquido directamente a su clítoris hinchado. Sus pezones palpitaban bajo las pezoneras, su vagina chorreaba sin control y su mente se llenaba de imágenes obscenas que antes la habrían avergonzado.
El stripper con el miembro más grande se colocó frente a ella. Sin darle tiempo a reaccionar, sujetó su cabeza con ambas manos y empujó lentamente su enorme pene entre sus labios. Dulce abrió la boca por instinto. El grosor la obligó a estirar los labios al máximo. Centímetro a centímetro, el miembro invadió su boca, llegó a su garganta y siguió bajando hasta que su nariz quedó pegada al pubis rasurado del hombre. No podía respirar. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero en vez de apartarse, gimió alrededor del pene, succionándolo con desesperación mientras la lujuria corría como fuego por sus venas.
Dulces 28 Cap. 6


La orgía a su alrededor se volvió cada vez más caótica.
Brenda, todavía de rodillas, había sido colocada en una nueva posición: recostada de lado sobre el sillón. Un mesero sin playera se acercó y ella, con los pies descalzos y hábiles, atrapó el pene erecto del hombre entre sus plantas. Comenzó a masturbarlo con movimientos lentos y expertos, presionando la verga gruesa entre sus arcos mientras el mesero gemía y empujaba las caderas. Al mismo tiempo, otro stripper la penetraba por la vagina con embestidas profundas y húmedas.

Stripper


A pocos metros, dos strippers se follaron entre sí sin pudor. Uno se inclinó sobre la mesa, separando las nalgas, mientras el otro escupía sobre su propio pene y lo introducía de un golpe en el ano de su compañero. Ambos gemían como animales, follando con fuerza, los testículos golpeando contra la piel sudorosa.

Infidelidad



Tania, por su parte, estaba siendo devorada. Un hombre del público —un tipo corpulento y sin sticker visible— se acercó sin pedir permiso, le bajó el tanga y hundió dos dedos gruesos en su coño empapado. Tania soltó un gemido sorprendido, pero no lo detuvo; al contrario, empujó las caderas hacia atrás, pidiendo más. El hombre la masturbaba con violencia mientras uno de los strippers le follaba la boca.

engano



Los strippers, entre embestida y embestida, tomaban botellas que pasaban de mano en mano. Dulce reconoció el líquido rosa brillante: era exactamente la misma “bebida energética” que Tania le había dado en el coche horas antes. Bebían grandes tragos directamente de la botella, dejando que algunos chorros cayeran sobre sus pechos y penes, brillando bajo las luces rojas.

Pronto, cuatro strippers rodearon completamente a Dulce. Era el inicio de un blowbang intenso.
Embriagada por el efecto del líquido rosa, Dulce se entregó por completo. Tomó dos penes enormes con sus pequeñas manos y comenzó a lamer y besar las cabezas gruesas y brillantes. El tercero y el cuarto golpeaban suavemente contra sus mejillas mientras ella alternaba entre ellos con avidez.

fiesta



Su coño goteaba abundantemente. Podía sentir cómo sus jugos le corrían por el interior de los muslos, empapando el tanga negro de encaje. Al mismo tiempo, sentía un palpitar intenso y profundo en su cuello uterino, un instinto primitivo que le susurraba desde lo más hondo que necesitaba ser follada, que necesitaba sentir esos penes enormes abriéndola y llenándola. Ese pensamiento la hizo sentir una punzada de culpa —«esto ya es serle infiel a Héctor»—, pero el afrodisiaco ahogaba rápidamente cualquier remordimiento.
Cada verga era una experiencia diferente y abrumadora. Eran mucho más grandes, pesadas y calientes que la de Héctor. La textura era aterciopelada pero recorrida por venas gruesas y palpitantes que sentía claramente bajo su lengua. Estaban durísimos, irradiando calor, y tenían un olor masculino limpio y ligeramente dulce que la mareaba de placer. El sabor era una mezcla salada y almizclada del preseminal espeso que no dejaba de brotar.

Dulce escupía abundante saliva sobre ellos, los baboseaba sin vergüenza y los chupaba con verdadera hambre. Metía uno tan profundo como podía hasta que le provocaba arcadas, sacaba el pene cubierto de hilos gruesos de saliva y pasaba inmediatamente al siguiente.

relato



Uno de ellos vertió líquido rosa directamente sobre su propio pene. El líquido corrió por toda la longitud, goteando desde la cabeza hinchada.

—Chúpalo así, cumpleañera —ordenó.

Dulce obedeció. Lamió y succionó el pene empapado en la bebida rosa. El sabor dulce combinado con el sabor de la carne caliente la volvió aún más loca. Chupaba, lamía, besaba y frotaba su cara contra ellos, dejando que el preseminal y el líquido rosa le ensuciaran las mejillas, los labios y el mentón.

Cada vez más espectadores del público se acercaban, formando un círculo amplio alrededor de la mesa VIP. Hombres y mujeres observaban el espectáculo con los ojos brillantes. Algunos habían metido discretamente la mano dentro de sus pantalones o debajo de sus faldas, tocándose lentamente mientras veían cómo Dulce y sus amigas eran usadas sexualmente en medio del bar.

Dulces 28 Cap. 6



Dulce estaba perdida en un mar de penes enormes cuando, de repente, unas ganas incontrolables de orinar la invadieron. Su vejiga se sentía a punto de explotar.

Intentó apartarse, empujando suavemente los muslos de los strippers.

—Espe… esperen… necesito ir al baño… —jadeó con voz débil y entrecortada.

Pero antes de que pudiera alejarse, Rondo —el stripper negro enorme— se colocó detrás de ella. Con un movimiento rápido y fuerte, agarró el tanga negro empapado de Dulce y lo arrancó de un solo tirón. La tela se rompió con facilidad, dejando su vagina completamente expuesta: hinchada, de un rosa intenso, brillando por sus propios jugos y con el pequeño corazón afeitado a la vista de todo el público.

Una oleada de vergüenza invadió a Dulce por un segundo, pero se transformó casi instantáneamente en una excitación aún más intensa. Su coño palpitó con fuerza, contrayéndose visiblemente, y eso provocó que las ganas de orinar se volvieran casi incontrolables.

Antes de que pudiera reaccionar, Rondo la tomó firmemente por la cintura y la jaló hacia él.
—¡No! ¡Espera! ¡Por favor! —gritó Dulce con pánico real, temiendo que fuera a penetrarla de un solo golpe.
Sin embargo, Rondo no la penetró. Colocó su miembro negro, grueso y venoso entre sus muslos, presionándolo firmemente contra sus labios vaginales hinchados y su clítoris. Comenzó a frotar su verga con movimientos violentos y largos. El grosor era brutal; Dulce sentía cada vena gruesa deslizándose entre sus labios empapados, golpeando y frotando directamente su clítoris con cada embestida. El calor de ese pene enorme entre sus piernas la sumió en un trance profundo del que no podía escapar. Sus ojos se pusieron vidriosos y solo pudo gemir con cada roce.

Stripper



Mientras tanto, los otros tres strippers continuaban masajeando violentamente pero de forma erótica todo su cuerpo. Manos fuertes apretaban sus tetas, pellizcaban sus pezones, recorrían su espalda y nalgas. Su piel menuda estaba completamente cubierta de baba, preseminal espeso y el líquido rosa aromático, brillando bajo las luces del bar.

Infidelidad

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