Parte 1: https://www.poringa.net/posts/relatos/6303973/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani.html
Parte 2: https://www.poringa.net/posts/relatos/6307161/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-2.html
Parte 3: https://www.poringa.net/posts/relatos/6317491/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-3.html
Parte 4: https://www.poringa.net/posts/relatos/6321125/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-4.html
Abrí los ojos con la luz del sol filtrándose por las cortinas del cuarto de Elena. Ella seguía dormida a mi lado, desnuda, con el pelo revuelto y el cuerpo marcado por la noche anterior: chupones rojizos en las tetas, leves marcas de dedos en las caderas y un brillo seco entre los muslos. La había cogido como un animal en el living, en el sillón y después en la cama, acabando adentro suyo varias veces sin cuidarnos.
Me quedé un momento mirándola. Era tan chiquita y frágil al lado mío… pero anoche había pedido que la cogiera fuerte, que la tratara como a una puta. Y yo lo hice.
—Elena… —le susurré, pasándole la mano por la espalda—. Despertate. Tenemos que ir a la farmacia.
Ella abrió despacio esos ojos verdes y la realidad le pegó de golpe. Se incorporó sobre un codo, tapándose instintivamente los pechos con la sábana.
—Ay, la puta madre… es verdad —murmuró, mordiéndose el labio—.
El apartamento estaba hecho un desastre: ropa tirada por todo el living (su vestidito negro, mi remera, la tanga), almohadones en el piso, olor fuerte a sexo todavía en el aire.
Nos levantamos. Elena se puso una remera holgada y un short de jean. Yo me vestí con la misma ropa de ayer. Salimos sin desayunar todavía.
Caminamos hasta la panadería de la esquina y pedimos dos cafés con leche para llevar, medialunas y un par de bizcochos. Después fuimos directo a la farmacia. La mujer de atrás del mostrador ni nos miro, nos dio la pastilla, y Elena pagó en silencio, colorada de la verguenza, y salimos con la bolsita.
Apenas dimos unos pasos por la vereda, escuchamos una voz conocida:
—¿Elena? ¿Qué hacés por acá tan temprano?
Era Lorena. Venía caminando en dirección nuestra. Nos miró a los dos, después clavó la vista en la bolsita de la farmacia que Elena llevaba en la mano. Una sonrisa pícara se le dibujó en la cara.
—Lorena… hola —dijo Elena, claramente incómoda.
Lorena cruzó los brazos, sin moverse.
- ¿Me explican qué carajo pasa? Porque Dani me contó ayer que estaba en lo de sus viejos y que vos ibas a quedarte tranquila estudiando. Y ahora te veo saliendo de la farmacia con el mejor amigo de tu novio y con cara de haber cogido toda la noche. ¿Esa bolsita es lo que creo que es?
Elena miró alrededor. No quería hacer la escena en plena calle.
—Lorena, no acá por favor… Vamos a casa y hablamos tranquilos.
Lorena levantó una ceja, disfrutando el momento.
—Perfecto. Vamos a tu casa entonces. Porque quiero todos los detalles. Y no me vengan con boludeces.
Los tres caminamos las pocas cuadras que faltaban en silencio. Yo llevaba el desayuno. Elena apretaba la bolsita de la farmacia contra el pecho. Lorena no paraba de mirarnos de reojo.
Cuando entramos al apartamento de Elena, Lorena fue la primera en pasar. Apenas dio dos pasos, se detuvo y soltó una risita incrédula.
—Uy, la concha de la lora… Mirá cómo quedó esto. Ropa por todos lados, almohadones tirados, olor a concha y verga por todo el living. ¿Qué carajo hicieron anoche? ¿Se cogieron en cada rincón o qué?
Elena cerró la puerta rápido, muerta de vergüenza.
—Sentate, Lore. Vamos a desayunar y te contamos todo.
Nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina. Saqué los cafés y las medialunas.
—Bien. Ya estamos adentro y tranquilos. Ahora contame todo, Elena.
Elena tomó un sorbo largo de café, todavía sin tocar la medialuna. Lorena la miraba fijamente, con los codos apoyados en la mesa de la cocina.
—Todo empezó por las historias que me mandaba Sofía… la ex de él —dijo Elena en voz baja.
Lorena levantó una ceja.
—¿Sofía? ¿La ex de él?
—Sí. Al principio me reía, pero después empecé a tocarme pensando en esas historias… y cada vez más aparecía él en mis fantasías. No Dani. Él.
Elena respiró hondo y siguió:
—Hace unas semanas, mientras Dani y yo cogíamos, yo cerraba los ojos y me imaginaba que era él quien me estaba cogiendo, y por primera vez desde que estoy con Dani, pude acabar mientras me cogia. Me sentía re culpable, pero no podía parar.
Lorena soltó una risita baja.
—Qué hija de puta… la mosquita muerta resultaste siendo vos.
Elena se sonrojó, pero continuó:
—¿Y que onda esto, Dani te dio permiso o están de trampa?
—Más o menos —asintió Elena—. Con Dani tenemos nuestro arreglo hace un tiempo. Ya veniamos pensando en abrir la relacion, le conte de mis fantasias y dijo que lo hiciera mientras él estaba afuera, para que yo estuviera más tranquila, y que después le contara todo. Que le excitaba imaginarse a su mejor amigo cogiéndome.
Elena bajó la mirada hacia su café.
—Ayer él me escribió. Una cosa llevó a la otra y terminé diciéndole que viniera. Cuando llegó… ya estaba empapada desde los chats.
Lorena se inclinó hacia adelante, con los ojos brillantes de morbo.
—Ahora quiero los detalles sucios, Elena. ¿Cómo empezó todo anoche? ¿Dónde te cogió primero? Contame todo sin guardarte nada.
Elena se mordió el labio, todavía algo avergonzada, pero empezó a hablar con voz más baja y ronca:
—Cuando abrió la puerta, casi no llegamos al sillón. Me arrinconó contra la pared del living y me besó fuerte. Yo gemí apenas sentí su boca. Me subió el vestidito negro hasta la cintura y metió la mano entre mis piernas. Estaba chorreando. Me metió un dedo y me dijo al oído que cómo podía estar tan mojada. Yo le confesé que pensaba en su verga todo el tiempo, incluso cuando Dani me cogía.
Elena hizo una pausa y continuó:
—Me bajó los breteles y me chupó las tetas con ganas, mordiéndome los pezones hasta que me dolían rico. Después me levantó como si no pesara nada, me sentó en el borde del sillón, me sacó la tanga y se arrodilló. Me comió la concha como un desesperado… me lamía todo el largo, me chupaba el clítoris y metía dos dedos adentro. Acaba en su boca en menos de cinco minutos, temblando enterita.
Lorena escuchaba sin pestañear.
—¿Y después?
—Después me arrodillé yo. Le bajé el pantalón y cuando vi su verga… Dios, es mucho más gruesa y larga que la de Dani. No me entraba toda en la boca. La chupé como pude, babando todo, con los ojos llorosos del esfuerzo. Le dije que me encantaba lo grande que era.
Elena tomó aire y siguió, cada vez más suelta:
—Me puso en cuatro sobre el sillón y me la metió despacio. Ay, Lore… cómo me estiraba. Sentía que me partía al medio. Empezó suave, pero después me cogió fuerte, me pegaba nalgadas. Y yo le rogaba que más fuerte, que me cogiera como a una puta.
Lorena sonrió con morbo.
Elena se puso más colorada.
—Me cambió de posición varias veces… me cogió en 4, despues misionero y al final le pedí que me acabara adentro. Me llenó toda, Lore. Sentí los chorros calientes bien profundo. Y no fue una sola vez… me lleno dos veces más durante la noche. Por eso fuimos a la farmacia recién.
Lorena soltó un silbido bajo y se recostó en la silla, mirándonos a los dos con una mezcla de sorpresa y excitación.
—Boluda… esto es mucho más heavy de lo que imaginaba. Dani te dio luz verde para que su mejor amigo te reviente la concha y te llene de leche y vos lo disfrutaste como una perra en celo.
Elena asintió lentamente, todavía con la voz entrecortada.
—Y ahora… ¿qué van a hacer? Porque Dani vuelve mañana.
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Abrí los ojos con la luz del sol filtrándose por las cortinas del cuarto de Elena. Ella seguía dormida a mi lado, desnuda, con el pelo revuelto y el cuerpo marcado por la noche anterior: chupones rojizos en las tetas, leves marcas de dedos en las caderas y un brillo seco entre los muslos. La había cogido como un animal en el living, en el sillón y después en la cama, acabando adentro suyo varias veces sin cuidarnos.
Me quedé un momento mirándola. Era tan chiquita y frágil al lado mío… pero anoche había pedido que la cogiera fuerte, que la tratara como a una puta. Y yo lo hice.
—Elena… —le susurré, pasándole la mano por la espalda—. Despertate. Tenemos que ir a la farmacia.
Ella abrió despacio esos ojos verdes y la realidad le pegó de golpe. Se incorporó sobre un codo, tapándose instintivamente los pechos con la sábana.
—Ay, la puta madre… es verdad —murmuró, mordiéndose el labio—.
El apartamento estaba hecho un desastre: ropa tirada por todo el living (su vestidito negro, mi remera, la tanga), almohadones en el piso, olor fuerte a sexo todavía en el aire.
Nos levantamos. Elena se puso una remera holgada y un short de jean. Yo me vestí con la misma ropa de ayer. Salimos sin desayunar todavía.
Caminamos hasta la panadería de la esquina y pedimos dos cafés con leche para llevar, medialunas y un par de bizcochos. Después fuimos directo a la farmacia. La mujer de atrás del mostrador ni nos miro, nos dio la pastilla, y Elena pagó en silencio, colorada de la verguenza, y salimos con la bolsita.
Apenas dimos unos pasos por la vereda, escuchamos una voz conocida:
—¿Elena? ¿Qué hacés por acá tan temprano?
Era Lorena. Venía caminando en dirección nuestra. Nos miró a los dos, después clavó la vista en la bolsita de la farmacia que Elena llevaba en la mano. Una sonrisa pícara se le dibujó en la cara.
—Lorena… hola —dijo Elena, claramente incómoda.
Lorena cruzó los brazos, sin moverse.
- ¿Me explican qué carajo pasa? Porque Dani me contó ayer que estaba en lo de sus viejos y que vos ibas a quedarte tranquila estudiando. Y ahora te veo saliendo de la farmacia con el mejor amigo de tu novio y con cara de haber cogido toda la noche. ¿Esa bolsita es lo que creo que es?
Elena miró alrededor. No quería hacer la escena en plena calle.
—Lorena, no acá por favor… Vamos a casa y hablamos tranquilos.
Lorena levantó una ceja, disfrutando el momento.
—Perfecto. Vamos a tu casa entonces. Porque quiero todos los detalles. Y no me vengan con boludeces.
Los tres caminamos las pocas cuadras que faltaban en silencio. Yo llevaba el desayuno. Elena apretaba la bolsita de la farmacia contra el pecho. Lorena no paraba de mirarnos de reojo.
Cuando entramos al apartamento de Elena, Lorena fue la primera en pasar. Apenas dio dos pasos, se detuvo y soltó una risita incrédula.
—Uy, la concha de la lora… Mirá cómo quedó esto. Ropa por todos lados, almohadones tirados, olor a concha y verga por todo el living. ¿Qué carajo hicieron anoche? ¿Se cogieron en cada rincón o qué?
Elena cerró la puerta rápido, muerta de vergüenza.
—Sentate, Lore. Vamos a desayunar y te contamos todo.
Nos sentamos alrededor de la mesa de la cocina. Saqué los cafés y las medialunas.
—Bien. Ya estamos adentro y tranquilos. Ahora contame todo, Elena.
Elena tomó un sorbo largo de café, todavía sin tocar la medialuna. Lorena la miraba fijamente, con los codos apoyados en la mesa de la cocina.
—Todo empezó por las historias que me mandaba Sofía… la ex de él —dijo Elena en voz baja.
Lorena levantó una ceja.
—¿Sofía? ¿La ex de él?
—Sí. Al principio me reía, pero después empecé a tocarme pensando en esas historias… y cada vez más aparecía él en mis fantasías. No Dani. Él.
Elena respiró hondo y siguió:
—Hace unas semanas, mientras Dani y yo cogíamos, yo cerraba los ojos y me imaginaba que era él quien me estaba cogiendo, y por primera vez desde que estoy con Dani, pude acabar mientras me cogia. Me sentía re culpable, pero no podía parar.
Lorena soltó una risita baja.
—Qué hija de puta… la mosquita muerta resultaste siendo vos.
Elena se sonrojó, pero continuó:
—¿Y que onda esto, Dani te dio permiso o están de trampa?
—Más o menos —asintió Elena—. Con Dani tenemos nuestro arreglo hace un tiempo. Ya veniamos pensando en abrir la relacion, le conte de mis fantasias y dijo que lo hiciera mientras él estaba afuera, para que yo estuviera más tranquila, y que después le contara todo. Que le excitaba imaginarse a su mejor amigo cogiéndome.
Elena bajó la mirada hacia su café.
—Ayer él me escribió. Una cosa llevó a la otra y terminé diciéndole que viniera. Cuando llegó… ya estaba empapada desde los chats.
Lorena se inclinó hacia adelante, con los ojos brillantes de morbo.
—Ahora quiero los detalles sucios, Elena. ¿Cómo empezó todo anoche? ¿Dónde te cogió primero? Contame todo sin guardarte nada.
Elena se mordió el labio, todavía algo avergonzada, pero empezó a hablar con voz más baja y ronca:
—Cuando abrió la puerta, casi no llegamos al sillón. Me arrinconó contra la pared del living y me besó fuerte. Yo gemí apenas sentí su boca. Me subió el vestidito negro hasta la cintura y metió la mano entre mis piernas. Estaba chorreando. Me metió un dedo y me dijo al oído que cómo podía estar tan mojada. Yo le confesé que pensaba en su verga todo el tiempo, incluso cuando Dani me cogía.
Elena hizo una pausa y continuó:
—Me bajó los breteles y me chupó las tetas con ganas, mordiéndome los pezones hasta que me dolían rico. Después me levantó como si no pesara nada, me sentó en el borde del sillón, me sacó la tanga y se arrodilló. Me comió la concha como un desesperado… me lamía todo el largo, me chupaba el clítoris y metía dos dedos adentro. Acaba en su boca en menos de cinco minutos, temblando enterita.
Lorena escuchaba sin pestañear.
—¿Y después?
—Después me arrodillé yo. Le bajé el pantalón y cuando vi su verga… Dios, es mucho más gruesa y larga que la de Dani. No me entraba toda en la boca. La chupé como pude, babando todo, con los ojos llorosos del esfuerzo. Le dije que me encantaba lo grande que era.
Elena tomó aire y siguió, cada vez más suelta:
—Me puso en cuatro sobre el sillón y me la metió despacio. Ay, Lore… cómo me estiraba. Sentía que me partía al medio. Empezó suave, pero después me cogió fuerte, me pegaba nalgadas. Y yo le rogaba que más fuerte, que me cogiera como a una puta.
Lorena sonrió con morbo.
Elena se puso más colorada.
—Me cambió de posición varias veces… me cogió en 4, despues misionero y al final le pedí que me acabara adentro. Me llenó toda, Lore. Sentí los chorros calientes bien profundo. Y no fue una sola vez… me lleno dos veces más durante la noche. Por eso fuimos a la farmacia recién.
Lorena soltó un silbido bajo y se recostó en la silla, mirándonos a los dos con una mezcla de sorpresa y excitación.
—Boluda… esto es mucho más heavy de lo que imaginaba. Dani te dio luz verde para que su mejor amigo te reviente la concha y te llene de leche y vos lo disfrutaste como una perra en celo.
Elena asintió lentamente, todavía con la voz entrecortada.
—Y ahora… ¿qué van a hacer? Porque Dani vuelve mañana.
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