Una calurosa noche de febrero, salimos a un barcito en Cordón con el grupete de estudio de la facultad. Ya estábamos en tercer año de la carrera. De los que arrancamos, solo quedábamos cuatro: Dani, mi amigo de la infancia, un tipo de estatura media (1.75m) que había retomado el contacto en el bachillerato; su novia Elena, una belleza menuda de apenas 1.60m, con ojos verdes que te atrapaban y unos pechos que, en su complexión pequeña, destacaban de forma notable; Lorena, mi mejor amiga, flaquita y con un gran culo y yo, 1.83m, de complexión grande, en ese entonces bastante musculoso y con panza plana pero sin abdominales visibles.
Estábamos contando cómo habíamos arrancado el año. Dani y Elena contaban de sus días en Punta Colorada. Lore había ido con su familia a Praia do Rosa y estaba toda bronceada. Yo, por mi parte, estaba en Montevideo. Venía de dejar con Malena en diciembre y las vacaciones planeadas se habían ido al traste.
En un momento de la noche Dani me preguntó:
—¿Y vos, ya estuviste con alguien desde Malena?
Lorena soltó una carcajada y contestó por mí:
—Conociéndolo, si no se le tira alguna encima, puede pasar un año sin activar.
Todos rieron. Lore me conocía demasiado bien.
Fue Elena quien, con una sonrisa inocente, mencionó a su amiga Sofía. Ruptura reciente, ganas de volver a salir. Acepté el número para quitarme el foco de encima. Aquella conversación, que en el momento pareció solo un gesto amable, fue el primer hilo invisible que empezaría a tejer todo lo que vendría después.
La primera salida fue tranquila: café, caminata por la rambla y mucha charla. Me había parecido una piba centrada, pero se notaba que venía de una racha afectiva bastante floja. Para la segunda cita, la confianza ya era otra. Cenamos en un boliche de Parque Rodó y, entre copa y copa, la tensión física se volvió imposible de ignorar.
Fuimos subiendo de tono la conversacion y cuando nos quisimos acordar, ya estabamos en el taxi, rumbo al telo.
Entramos a los besos a la habitacion, y fuimos directo a la cama.
Ambos estabamos con meses de abstinencia, y las ganas de saciar nuestra sed de placer se podia oler a kilometros.
La fui desvistiendo hasta que quedo en ropa interior, y pude apreciar su bello cuerpo. Recorri con besos cada rincon, comenzando por el cuello y llegando a sus pies, y devuelta hasta el cuello. Devuelta ahi, le saque el soutien y deguste sus delicados pechos.
Sofia gemia, estaba entregada al placer, y yo, sin apuro, me tomaba todo el tiempo del mundo para darselo.
Baje lentamente desde sus pechos a su zona intima, besando y lamiendo cada parte del recorrido.
Al llegar, me levanto, la miro a los ojos y la beso apasionadamente, fue mi forma de pedir permiso para lo que venia despues.
Baje su ropa interior y comence a recorrela. El primer contacto de mi lengua ya la hizo estremecer, y eso era recien el comienzo. La bese y lami por completo, su humedad me exitaba demasiado y me hizo entrar en un transe donde lo unico que existia para mi en ese entonces era mi boca y su cuerpo.
Tras unos intensos minutos que disfrute como hacia tiempo no disfrutaba, Sofi llego al orgasmo, y tras un minuto de reposo quiso corresponder mi favor.
Yo ya estaba en cuero, pero fue cuando me quité lo último que Sofía se quedó literalmente muda. Se sentó en la punta de la cama, con los ojos fijos en mi "amigo".
—Pa... —fue lo único que alcanzó a decir, soltando un suspiro largo—. Te juro que no me lo esperaba. Sos un loco de contextura grande, pero esto, es un monton.
Se acercó casi con reverencia, rodeándome con sus manos pequeñas. Yo simplemente me dejé llevar, disfrutando de su asombro, sin imaginar que cada centímetro que ella estaba recorriendo iba a ser tema de conversación en el próximo té con Elena.
Sofía parecía querer devorarme.
Mi altura y mi peso la hacían sentir totalmente cubierta, casi desaparecida bajo mi cuerpo robusto.
Agarre mi amigo como si fuera un pincel, y lo pase por toda su conchita. Su humedad hacia que deslizara, era un lienzo increible.
De a poco fui entrando, un centimetro a la vez, hasta llegar a llenarla entera.
Cogimos en misionero, muy intimo, con muchos besos y miradas
Eramos dos personas dañadas curandose mutuamente del mal de amores.
Cuando terminamos, quedamos los dos empapados de sudor, mirando el techo mientras recuperábamos el aliento. Ella se acurrucó contra mi pecho, trazando círculos en mi pecho con un dedo.
—Te tengo que confesar algo —me dijo, con la voz todavía un poco ronca—. Yo... con mi ex estuve tres años. Y nunca, ni una sola vez, logré llegar al orgasmo. Pensé que era algo que simplemente no me pasaba a mí.
Me giré para mirarla, sorprendido de verdad.
—¿En serio? ¿Tres años?
—Sí. No sabía lo que era uno hasta hoy. Lo que tenés ahí abajo... y la forma en que me llenás... es todo nuevo para mi, de verdad.
Me fui de ahí sintiéndome en la cima del mundo. Caminé de vuelta a mi apartamento disfrutando del aire fresco de la madrugada, con el pecho inflado por haberle hecho descubrir a Sofía algo que ella ya daba por perdido.
Me sentía un ganador.
En mi cabeza, esa noche era un secreto hermoso entre Sofía y yo. No tenía forma de saber que, mientras yo dormía tranquilo, Sofía ya estaba redactando mentalmente el informe detallado que le daría a Elena al día siguiente.
Para mí, yo seguía siendo el "compañero de estudio". No sabía que, a partir de esa noche, para Elena y su curiosidad, yo ya me había convertido en mucho más que eso.
Estábamos contando cómo habíamos arrancado el año. Dani y Elena contaban de sus días en Punta Colorada. Lore había ido con su familia a Praia do Rosa y estaba toda bronceada. Yo, por mi parte, estaba en Montevideo. Venía de dejar con Malena en diciembre y las vacaciones planeadas se habían ido al traste.
En un momento de la noche Dani me preguntó:
—¿Y vos, ya estuviste con alguien desde Malena?
Lorena soltó una carcajada y contestó por mí:
—Conociéndolo, si no se le tira alguna encima, puede pasar un año sin activar.
Todos rieron. Lore me conocía demasiado bien.
Fue Elena quien, con una sonrisa inocente, mencionó a su amiga Sofía. Ruptura reciente, ganas de volver a salir. Acepté el número para quitarme el foco de encima. Aquella conversación, que en el momento pareció solo un gesto amable, fue el primer hilo invisible que empezaría a tejer todo lo que vendría después.
La primera salida fue tranquila: café, caminata por la rambla y mucha charla. Me había parecido una piba centrada, pero se notaba que venía de una racha afectiva bastante floja. Para la segunda cita, la confianza ya era otra. Cenamos en un boliche de Parque Rodó y, entre copa y copa, la tensión física se volvió imposible de ignorar.
Fuimos subiendo de tono la conversacion y cuando nos quisimos acordar, ya estabamos en el taxi, rumbo al telo.
Entramos a los besos a la habitacion, y fuimos directo a la cama.
Ambos estabamos con meses de abstinencia, y las ganas de saciar nuestra sed de placer se podia oler a kilometros.
La fui desvistiendo hasta que quedo en ropa interior, y pude apreciar su bello cuerpo. Recorri con besos cada rincon, comenzando por el cuello y llegando a sus pies, y devuelta hasta el cuello. Devuelta ahi, le saque el soutien y deguste sus delicados pechos.
Sofia gemia, estaba entregada al placer, y yo, sin apuro, me tomaba todo el tiempo del mundo para darselo.
Baje lentamente desde sus pechos a su zona intima, besando y lamiendo cada parte del recorrido.
Al llegar, me levanto, la miro a los ojos y la beso apasionadamente, fue mi forma de pedir permiso para lo que venia despues.
Baje su ropa interior y comence a recorrela. El primer contacto de mi lengua ya la hizo estremecer, y eso era recien el comienzo. La bese y lami por completo, su humedad me exitaba demasiado y me hizo entrar en un transe donde lo unico que existia para mi en ese entonces era mi boca y su cuerpo.
Tras unos intensos minutos que disfrute como hacia tiempo no disfrutaba, Sofi llego al orgasmo, y tras un minuto de reposo quiso corresponder mi favor.
Yo ya estaba en cuero, pero fue cuando me quité lo último que Sofía se quedó literalmente muda. Se sentó en la punta de la cama, con los ojos fijos en mi "amigo".
—Pa... —fue lo único que alcanzó a decir, soltando un suspiro largo—. Te juro que no me lo esperaba. Sos un loco de contextura grande, pero esto, es un monton.
Se acercó casi con reverencia, rodeándome con sus manos pequeñas. Yo simplemente me dejé llevar, disfrutando de su asombro, sin imaginar que cada centímetro que ella estaba recorriendo iba a ser tema de conversación en el próximo té con Elena.
Sofía parecía querer devorarme.
Mi altura y mi peso la hacían sentir totalmente cubierta, casi desaparecida bajo mi cuerpo robusto.
Agarre mi amigo como si fuera un pincel, y lo pase por toda su conchita. Su humedad hacia que deslizara, era un lienzo increible.
De a poco fui entrando, un centimetro a la vez, hasta llegar a llenarla entera.
Cogimos en misionero, muy intimo, con muchos besos y miradas
Eramos dos personas dañadas curandose mutuamente del mal de amores.
Cuando terminamos, quedamos los dos empapados de sudor, mirando el techo mientras recuperábamos el aliento. Ella se acurrucó contra mi pecho, trazando círculos en mi pecho con un dedo.
—Te tengo que confesar algo —me dijo, con la voz todavía un poco ronca—. Yo... con mi ex estuve tres años. Y nunca, ni una sola vez, logré llegar al orgasmo. Pensé que era algo que simplemente no me pasaba a mí.
Me giré para mirarla, sorprendido de verdad.
—¿En serio? ¿Tres años?
—Sí. No sabía lo que era uno hasta hoy. Lo que tenés ahí abajo... y la forma en que me llenás... es todo nuevo para mi, de verdad.
Me fui de ahí sintiéndome en la cima del mundo. Caminé de vuelta a mi apartamento disfrutando del aire fresco de la madrugada, con el pecho inflado por haberle hecho descubrir a Sofía algo que ella ya daba por perdido.
Me sentía un ganador.
En mi cabeza, esa noche era un secreto hermoso entre Sofía y yo. No tenía forma de saber que, mientras yo dormía tranquilo, Sofía ya estaba redactando mentalmente el informe detallado que le daría a Elena al día siguiente.
Para mí, yo seguía siendo el "compañero de estudio". No sabía que, a partir de esa noche, para Elena y su curiosidad, yo ya me había convertido en mucho más que eso.
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