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La dentista y su paciente

En una clínica dental tranquila de barrio, donde el olor a menta y desinfectante se mezclaba con música suave de fondo, trabajaba Melisa, una dentista joven conocida por su paciencia y su forma amable de tratar a cada paciente.
La dentista y su paciente


Jeremías llegó una mañana con algo de nervios. No le gustaban mucho las consultas médicas, pero desde el primer momento en que Melisa lo saludó con una sonrisa sincera, se sintió más tranquilo.
—No te preocupes, va a ser rápido —le dijo ella, ajustándose los guantes.
Durante la revisión, hablaron de cosas simples: el clima, el estudio, los planes para el fin de semana. Jeremías se sorprendió riéndose en medio de una consulta dental, algo que nunca le había pasado.
Con el paso de las visitas —porque tuvo que volver un par de veces más— esa conversación casual se fue volviendo más natural. Ya no era solo paciente y dentista: había una confianza creciente, una comodidad especial.
Un día, al terminar el turno, Jeremías dudó un segundo antes de irse.
—Che… gracias por hacer tremendo esfuerzo para soposrtame—dijo, medio en broma.
Melisa sonrió.
—Es parte del trabajo… aunque algunos pacientes lo hacen más fácil.
Ese comentario quedó flotando entre los dos, acompañado de una complicidad nueva.
Cuando Jeremías salió de la clínica, se dio cuenta de que ya no pensaba en el torno ni en las consultas… sino en la próxima vez que la vería.
Y Melisa, mientras ordenaba el consultorio, también se encontró sonriendo sin darse cuenta.
Con el paso de los días, Jeremías empezó a encontrar excusas pequeñas para no dejar pasar tanto tiempo entre consulta y consulta. Un control más, una limpieza pendiente… cualquier motivo parecía válido.
Melisa lo notaba, claro. No era difícil. Pero lejos de incomodarla, le resultaba curioso… y, en cierto modo, agradable.
Una tarde, cuando el consultorio ya estaba casi vacío, Jeremías llegó sin turno. Se asomó con timidez por la puerta.
—Perdón… ¿estás muy ocupada?
Melisa levantó la vista de unos papeles y sonrió al verlo.
—Justo estaba por terminar. ¿Qué pasó?
Él dudó un segundo, rascándose la nuca.
—La verdad… nada urgente. Solo quería saber si… —se quedó en silencio, buscando las palabras— si te gustaría tomar un café algún día. Fuera de acá, digo.
El consultorio quedó en silencio por un instante, como si hasta el reloj hubiera decidido esperar la respuesta.
Melisa lo observó con una mezcla de sorpresa y calidez. No era una situación que se diera todos los días, pero la sinceridad en la voz de Jeremías era difícil de ignorar.
-tengo una idea mejor - dijo ella y se acerca a el y lo comienza a besar y en ese momento ella se desnuda y jeremias empieza a comerla toda.
-Mmm hace mucho no me dan una buena chupada de concha- ella Jeremías empieza a deleitarse con esa hermosa concha, absorbía todos sus jugos que eran riquisimos mientras ella gemia agarrandome la cabeza para que se la siga chupando, le empiezo a meter dedos, 1, 2 y hasta 3 mientras seguia lamiendo de su nectar y la putita gemia con más intensidad. Despúes de un rato se acuesta en la camilla y ella le baja los pantalones.
-A ver la pija que me voy a comer- dice ella se quita el pantalon y se sorprende y mordiendose el labio me dice
-Es el doble de grande que la de mi marido- y el le reponde
-Dale chupala bebe-
Ella le empieza a chupar, era increible el pete que hacia, era una experta, en un momento la agarra de la cabeza y se la mete de una hasta el fondo, Melisa tiene multiples arcadas y le golpea la pierna para que la deje salir, cuando la suelta Melisa dice -No seas tan bru..- En eso lq vuelve a agarrar la cabeza y se la meto hasta el fondo por más tiempo
-Callate y chupa puta de mierda, mira como me peteas, te encanta.- dice Jeremías. Estube metiendo y sacando mi pija hasta el fondo de su garganta un poco más hasta que Melisa empezo a hacerlo por si misma -Eso es putitaa que bien la chupaaas, sos toda una profesional, cuantas pijas abras chupado trolita.- dice el.
Despúes de la excelente chupada que dio ella le agarra la pija y me dice -Ahora vas a ver lo profesional que soy-
Se sube encima encima de el y metiendose la pija en su conchita me empieza a cabalgar como nunca, era increible su manera de cabalgar la pija, la dominaba como queria, era inagotable y sus gemidos inigualables -Mmm ahh si mmm te gusta como te cabalgo?- dice ella -Si putita me encantas- dice el. La ponge a ella abajo y le empiezo a bombear con todo, le cruzaba las piernas por atras de la espalda y el le daba bomba mientras la besaba -Mmm que bien me coges así así ahhhh- decía ella gimiendo. Están así una rato más y después de varias horas y de varias terminadas, se visten y el se despide de ella y quedan en verse para la próxima seción.

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