Él y yo
Mi amigo y yo nos conocemos desde hace más de 20 años. Desde jóvenes empezamos a trabajar en la misma empresa. Antes de eso no nos conocíamos, pero después de estar en contacto dentro de la misma empresa, fuimos formando una relación de amistad. Él me invitó a su casa, conocí a su familia (mujer e hijos). Yo lo invité a mi casa, solo o con su familia (Yo siempre soltero hasta hoy en día inclusive).
Y ya con eso se darán cuenta de quién es quién en esta relación. La verdad es que siempre hubo un histeriqueo entre nosotros dos. Él me contaba que de soltero y también después de casado tuvo relaciones sexuales con gays pasivos de nuestra ciudad. Algunos tapados y otros abiertamente gays, mi amigo les mandaba para adentro sin ningún prejuicio.
Flotaba en el ambiente que yo era gay. Nunca se me conoció una novia, nunca me casé, nada de estar juntado con hijos. Nada de nada. Tampoco me veían con hombres. Pero el rumor siempre estaba.
Pienso que a mi amigo, hetero flexible, le gustaba mi parte femenina. Porque tengo unos ciertos ademanes, y también una forma de pensar y de manejarme en la vida, parecida a las forma de una mujer.
Eso a algunos heteros les atrae, ver tu parte femenina.
Luego de 18 años, la empresa donde trabajábamos, cerró. Mi amigo y yo dejamos de trabajar juntos, pero seguimos siendo amigos y seguimos estando en contacto.
Y resulta que mi amigo estaba mal con su mujer por temas de plata, al quedarse sin trabajo, los problemas surgen. Y, después de 20 años de matrimonio, se enteró de que su esposa lo estaba engañando. Por supuesto que voló todo por los aires. Él hizo un escándalo universal, duraron menos de un mes más y se terminaron separando. Tras lo cual, mi amigo andaba cabizbajo llorando por los rincones. Solitario, triste y aburrido. Traté de levantarle el ánimo sin mucho éxito. Eso le duró un tiempo hasta que, por sí solo después de hacer el duelo, empezó a verse como el mismo hombre animado, conversador y sonriente de antes.
Una tarde recibí un mensaje de mi amigo diciendo que andaba buscando alguna mina para coger, para que le saque la leche. Ya hacía 3 meses que se había separado y desde entonces no había tenido relaciones. Me preguntó si conocía alguna. Le respondí que no. Yo solía tener el número de una chica que trabajaba en su casa, pero después cambió el número y no volví a tener contacto con ella. Mi amigo me pidió que si supiera de alguna, que le avise. Le respondí que lo haría y ahí quedó el asunto.
A los dos o tres días me volvió a escribir, preguntando si conocía alguna mina para coger. "No quiero nada, solamente que me chupe la pija", me dijo. "No es para ponerse de novio, ni siquiera para coger. Con que me chupe la pija me alcanza", insistió. Le respondí que no conocía a ninguna. "No importa", dijo. "Ya va a salir algo... ¡Jajaja!".
Tras lo cual me dijo que de última le iba a decir a un tal "Daniel" que le chupe la pistola.
YO: No sé quién es Daniel. Creo que no lo conozco.
MI AMIGO: Es un vecino que tengo acá a la vuelta. Es puto y siempre me jode para tener algo conmigo. Siempre le dije que no, que seamos amigos como siempre. - Y luego continuó - Si no le digo a él y listo. Lo único que quiero es que me chupen la pistola, nada más. ¡Jajaja!
Por supuesto, mi mente volaba para todos lados. Se me hacía raro que mi amigo me estuviera diciendo eso, ¡justo a mí! ¡A mí, que siempre flotó en el aire que yo soy gay! ¡Que siempre estuvo ese histeriqueo entre nosotros dos! Y, sabiendo el historial de mi amigo haciendo de activo con hombres gays pasivos, no quedaba dudas de que estaba dispuesto a que un hombre le chupe la pistola. No sé a ustedes, pero a mí en ese momento me pareció una propuesta indirecta. Sentí que indirectamente estaba proponiendo o preguntándome si yo le chuparía la pistola.
La realidad es que mi amigo siempre me gustó. Es un hombre varonil, de piel blanca un poco bronceada como los actores de cine, con los años su pelo castaño se estaba poniendo grisáceo, tiene grandes y hermosos ojos verdes, cuerpo gordito, morrudo como a mí me gusta. Yo no estaba dispuesto a desperdiciar esta oportunidad, no le iba a dejar el lugar a una tonta loca que ni siquiera conozco, pudiendo hacerlo yo mismo.
El aire se cortaba con un cuchillo. Los dos estábamos en línea, aunque ninguno decía nada. Luego de unos minutos me decidí y le dije:
YO: Si querés yo lo puedo hacer.
MI AMIGO: ¿DEn serio, vos me lo arías?
Él dejaba espacios entrecortados y escribía con errores de ortografía. Era señal de que estaba nervioso o ansioso. Unos minutos después, continué:
YO: Sí. Yo lo haría. Es cuestión de probar...
MI AMIGO: No sabés komo me salvas con esto! ¡Te lo agradezco mucho!
YO: No tenés nada que agradecer. Un día que estés libre nos ponemos de acuerdo y venís a mi casa.
MI AMIGO: ¡Daleee! Te tomo la palabra... y gracias por lo prometido!
Algunos días después, mi amigo me manda un mensaje preguntando si estaba libre. Le contesté que sí. Entonces, me preguntó si podía venir a mi casa. Mi corazón empezó a latir de emoción, pero también de nervios. Después de tantos años de ver y desear a mi amigo, por fin se me iba a dar. Quedamos para un par de horas después y a la hora en punto apareció él en su moto. Totalmente preparado, recién bañado, perfumado, bien vestido, peinado bien prolijo. Mi amigo vino bien preparado para la cita como quien visita a una novia.
Eso me encantó. Era mi sueño hecho realidad. Que un macho hetero, venga a visitarme para tener relaciones conmigo, que se prepare y se vista especialmente para mí. Yo me sentía como una princesa en un cuento de hadas.
Lo hice pasar, me pidió que pusiera la pava para tomar mate. Nos sentamos a la mesa mirando algo random en la tele, y cuando se calentó el agua para el mate, fui a la cocina a buscar la pava. Cuando volví, mi amigo estaba parado al lado de la silla. Dejé la pava en la mesa, y mi amigo me agarró la mano y la llevó a su bulto. Mientras sostenía mi mano en su bulto, con la otra mano me manoteó el culo y me apretó fuerte.
Me sorprendió esa situación porque fue sin esperar demasiado, sin mediar palabra. Fue directo y sin vueltas, con esa mirada pícara que yo le conocía de años. A lo macho, al estilo de los hombres de antes.
Su verga se sentía ya dura a través del pantalón. Se sentía gruesa y apretada por el calzoncillo. Los huevos grandes y redondos se insinuaban también a través del pantalón. Entonces, quitó la mano de mi cola y la puso en mi nuca. Y con un leve empujón, llevó mi cabeza hacia su bulto. Me hizo arrodillar, y yo puse toda mi cara sobre su entrepierna. Sentí su olor de hombre, mezclado con el olor a perfume y a ropa recién lavada. Él suspiró con un jadeo suave y varonil.
Empezó a desabrocharse el cinto y yo continué con el botón del pantalón y descubrí su verga, sacándola del calzoncillo slip.
Su verga es gruesa, blanca, un poco torcida a la izquierda. Ya estaba casi totalmente dura. Le descubrí la cabeza, tras lo cual él volvió a suspirar, a jadear, esta vez con más fuerza.
Empecé a chupársela con suavidad, pero con ganas. Yo estaba viviendo mi sueño, así que quería disfrutar cada momento.
Mi amigo me hizo levantar del suelo y me guio hasta la cama, hasta mi cama. Él conocía bien la casa porque ya había estado varias veces.
Se acostó sobre el borde de la cama, boca arriba, con su verga bien dispuesta para que yo lo siga chupando
Me senté al lado de él, le hice bajar el pantalón y el calzoncillo para tener más libertad de chupar bien todo, y me dispuse a mi tarea. La tarea más gloriosa del mundo. Dispuesto a complacer a mi hombre, a mi amigo, a ese macho heterosexual que estaba acostado en mi cama totalmente relajado, entregado a recibir y dar placer.
Lo chupé como yo lo sabía hacer. Primero con más suavidad sobre la cabeza. Tratando de pasar la lenguita por todo el contorno de la cabeza, erotizándolo de esa manera.
Mi amigo suspiraba. Pero también, al ver mis habilidades sexuales, abría los ojos un poco sorprendido.
Se dejaba hacer, pero también se lo notaba ansioso. Muy caliente. De vez en cuando me agarraba la cabeza y clavaba su verga hasta mi garganta. No me dejaba hacer, se dejaba vencer por la ansiedad y quería cogerme la boca.
Ni bien lo empecé a tocar,
sus huevos ya estaban duros. Había venido bien afeitado en la entrepierna, eso me encanta. Cuando un hombre se prepara así, pone cuidado en los detalles, eso me encanta. Su verga se sentía suave y bien limpita. Da asco cuando los tipos no se quieren bañar y pretenden que les chupen la pija sucia y peluda. Algo que aprendí en mis años de experiencia es que, cuando un hombre está muy caliente porque le gusta la situación, porque ya estuvo cogiendo un rato largo, o porque hace mucho tiempo que no coge, los huevos se le ponen duros. En vez de colgar, los huevos se ponen contra el cuerpo, contra la ingle. Hay que moverlos para abajo, para que no se suban tanto porque al final le terminan doliendo al hombre.
Mi amigo estaba en esa situación casi desde el principio. Con la pija bien dura, gruesa, largando juguito y los huevos bien duro subidos a la ingle, contra el tronco de la verga.
Mi tentación era hacerlo acabar, pero no quise ser tan tonto y preferí alargar un poco el momento.
Mi amigo se levantó, ya se lo notaba muy excitado, me hizo una seña para que me diera vuelta. Pero antes, con mi cabeza de costado mirando hacia él, casi a la altura de la cama, me metió su pija en la boca y me empujó dos veces, metiéndome la cabeza de su pija hasta la garganta. Eso me sorprendió porque no me lo esperaba. Y ese movimiento hizo que su verga se pusiera totalmente tiesa, dura como la más dura de las rocas. Entonces sí, me empecé a sacar el pantalón y me puse en cuatro sobre el borde de la cama. Mi amigo puso un poco de saliva sobre la cabeza de su pene, y escupió un poco el agujerito de mi culo. Yo estaba sin coger desde hacía meses, así que mi cola estaba totalmente cerrada.
Él empezó a empujar y yo empecé a gemir. La sentía penetrándome, esa verga dura, gruesa y viril, estaba clavándose en mi cola sin prisa, pero sin piedad. Mi amigo sabía lo que hacía. Me penetraba con ganas pero sin hacerme daño. Se notaba que tenía mucha experiencia. Me estaba clavando una y otra vez, mientras gemía con su voz ronca de macho y moviéndose con movimientos rítmicos.
Es muy claro cuando un hombre sabe coger. Te puede hacer la cola sin hacerte doler. Te hace dilatar bien, te acomoda a la mejor posición y logra que los dos sintamos placer.
Mi amigo no duró mucho. En cuestión de minutos empezó a gemir más fuerte, casi gritando, gruñendo como un oso furioso. Empezó a agarrarme fuerte de las caderas y a clavarme con más fuerza, bien adentro. Su verga se sentía dura, penetrante, latiendo dentro de mí. Largó grandes chorros de leche, entre gemidos, jadeos y respiración fuerte. Fue un momento muy caliente, placentero y fatal.
Fatal porque en ese preciso momento me enamoré de él.
Mi amigo me había preñado. Fui cogido por mi mejor amigo. Me hizo la cola, se la chupé y me acabó adentro.
Los dos estábamos un poco sorprendidos por lo que habíamos hecho. Por lo que habíamos vivido.
De mi parte quedé súper feliz. Él estaba aliviado y contento. Pero después de un par de minutos, simplemente se despidió y se fue, con la excusa de que tenía que volver a su casa porque nadie sabía que había salido.
Eso me hizo sentir un poco desolado, despojado. Lo que para mí era un sueño, para él era una "aliviada" con un puto. Me partió el corazón...
Por supuesto que nuestra relación siguió y continúa hasta hoy en día cuando ya ha pasado un año de aquella primera vez. Una relación un poco turbia, debido a los intereses y sentimientos encontrados.
De mi parte, me enamoré de él. Me hizo el novio durante meses. Me escribía todos los días, varios mensajes a la mañana, a la siesta, y antes de dormirse a la noche. Me venía a visitar una, dos, y hasta cuatro veces por semana. Siempre para coger. Comíamos algo, mirábamos la tele, cogíamos, dormía la siesta conmigo, y después se iba. Era tal cual una relación de noviazgo.
Para mí, como dije muchas veces, era el sueño de toda princesa: tener a un hombre heterosexual, totalmente dedicado a vos, que viene bañadito, cambiado, perfumado, con la mejor predisposición para verte y complacerte sexualmente mientras, de paso, se complace a sí mismo. Sin embargo, dentro de su mente siempre estuvo bien claro que yo no era más que un entretenimiento hasta que consiguiera lo que realmente quería: una mujer.
Y cuando la consiguió, cuando volvió a ponerse de novio con una mujer, me dejó de lado. Me habló claramente, con frialdad y dureza. Lo nuestro nunca iba a prosperar porque a él "le gustan las mujeres", según dijo.
¡¿Cómo?! ¿Y todas las veces que viniste y se te paró la pija? ¿Todas las veces que me escribiste a cualquier hora del día y de la noche, diciendo que te gustaba como te la chupaba, cómo te gustaba mi cola, diciéndome lo bien que la pasaste conmigo y cómo te encantó lo que habíamos hecho? ¿Todos esos mensajes diciendo que me cuide porque hace mucho calor, que tome mucha agua, que más tarde ibas a venir a verme?
Me sentí usado, desahuciado, deprimido y abandonado. Porque yo me enamoré, y para mí, las cosas nunca estuvieron claras. Me hablaba y me visitaba como a una novia, y de un día para el otro, resulta que yo no le gusto porque soy un hombre. ¡ANDÁ!
Así son los heteros flexibles. Mi consejo es, para todas ustedes chicas trans y chicos gays, no se metan nunca con un hetero. Es al pedo. Es perder tiempo y energía. A ellos nunca los vas a conquistar. Nunca se van a quedar con vos. Los vas a tener mientras ellos quieran reafirmar su masculinidad. Quieren probar con otro hombre, para después volver a las mujeres y así confirmar que son hombres. Porque probaron, no les gustó, supuestamente... y vuelven a su vida normal con mujeres.
Aunque, como dije, todavía seguimos teniendo relaciones sexuales de vez en cuando. Porque nuestra amistad sigue, a pesar del desencuentro amoroso. Yo lo veo y siento algo por él, además de calentura, sigo enamorado. Y a él se le sigue calentando la pija, se le sigue parando la pija cada vez que me ve, acordándose de lo que hicimos y pensando en lo que podemos hacer.
Si quieren puedo contar un poco más de los encuentros sexuales que tuvimos. Algunos son muy calientes. Hasta tuvimos sexo en lugares públicos, casi rozando el exhibicionismo. Si quieren que cuente más, déjenlo en los comentarios.
¡Besos y nunca se enamoren de un hetero!
Mi amigo y yo nos conocemos desde hace más de 20 años. Desde jóvenes empezamos a trabajar en la misma empresa. Antes de eso no nos conocíamos, pero después de estar en contacto dentro de la misma empresa, fuimos formando una relación de amistad. Él me invitó a su casa, conocí a su familia (mujer e hijos). Yo lo invité a mi casa, solo o con su familia (Yo siempre soltero hasta hoy en día inclusive).
Y ya con eso se darán cuenta de quién es quién en esta relación. La verdad es que siempre hubo un histeriqueo entre nosotros dos. Él me contaba que de soltero y también después de casado tuvo relaciones sexuales con gays pasivos de nuestra ciudad. Algunos tapados y otros abiertamente gays, mi amigo les mandaba para adentro sin ningún prejuicio.
Flotaba en el ambiente que yo era gay. Nunca se me conoció una novia, nunca me casé, nada de estar juntado con hijos. Nada de nada. Tampoco me veían con hombres. Pero el rumor siempre estaba.
Pienso que a mi amigo, hetero flexible, le gustaba mi parte femenina. Porque tengo unos ciertos ademanes, y también una forma de pensar y de manejarme en la vida, parecida a las forma de una mujer.
Eso a algunos heteros les atrae, ver tu parte femenina.
Luego de 18 años, la empresa donde trabajábamos, cerró. Mi amigo y yo dejamos de trabajar juntos, pero seguimos siendo amigos y seguimos estando en contacto.
Y resulta que mi amigo estaba mal con su mujer por temas de plata, al quedarse sin trabajo, los problemas surgen. Y, después de 20 años de matrimonio, se enteró de que su esposa lo estaba engañando. Por supuesto que voló todo por los aires. Él hizo un escándalo universal, duraron menos de un mes más y se terminaron separando. Tras lo cual, mi amigo andaba cabizbajo llorando por los rincones. Solitario, triste y aburrido. Traté de levantarle el ánimo sin mucho éxito. Eso le duró un tiempo hasta que, por sí solo después de hacer el duelo, empezó a verse como el mismo hombre animado, conversador y sonriente de antes.
Una tarde recibí un mensaje de mi amigo diciendo que andaba buscando alguna mina para coger, para que le saque la leche. Ya hacía 3 meses que se había separado y desde entonces no había tenido relaciones. Me preguntó si conocía alguna. Le respondí que no. Yo solía tener el número de una chica que trabajaba en su casa, pero después cambió el número y no volví a tener contacto con ella. Mi amigo me pidió que si supiera de alguna, que le avise. Le respondí que lo haría y ahí quedó el asunto.
A los dos o tres días me volvió a escribir, preguntando si conocía alguna mina para coger. "No quiero nada, solamente que me chupe la pija", me dijo. "No es para ponerse de novio, ni siquiera para coger. Con que me chupe la pija me alcanza", insistió. Le respondí que no conocía a ninguna. "No importa", dijo. "Ya va a salir algo... ¡Jajaja!".
Tras lo cual me dijo que de última le iba a decir a un tal "Daniel" que le chupe la pistola.
YO: No sé quién es Daniel. Creo que no lo conozco.
MI AMIGO: Es un vecino que tengo acá a la vuelta. Es puto y siempre me jode para tener algo conmigo. Siempre le dije que no, que seamos amigos como siempre. - Y luego continuó - Si no le digo a él y listo. Lo único que quiero es que me chupen la pistola, nada más. ¡Jajaja!
Por supuesto, mi mente volaba para todos lados. Se me hacía raro que mi amigo me estuviera diciendo eso, ¡justo a mí! ¡A mí, que siempre flotó en el aire que yo soy gay! ¡Que siempre estuvo ese histeriqueo entre nosotros dos! Y, sabiendo el historial de mi amigo haciendo de activo con hombres gays pasivos, no quedaba dudas de que estaba dispuesto a que un hombre le chupe la pistola. No sé a ustedes, pero a mí en ese momento me pareció una propuesta indirecta. Sentí que indirectamente estaba proponiendo o preguntándome si yo le chuparía la pistola.
La realidad es que mi amigo siempre me gustó. Es un hombre varonil, de piel blanca un poco bronceada como los actores de cine, con los años su pelo castaño se estaba poniendo grisáceo, tiene grandes y hermosos ojos verdes, cuerpo gordito, morrudo como a mí me gusta. Yo no estaba dispuesto a desperdiciar esta oportunidad, no le iba a dejar el lugar a una tonta loca que ni siquiera conozco, pudiendo hacerlo yo mismo.
El aire se cortaba con un cuchillo. Los dos estábamos en línea, aunque ninguno decía nada. Luego de unos minutos me decidí y le dije:
YO: Si querés yo lo puedo hacer.
MI AMIGO: ¿DEn serio, vos me lo arías?
Él dejaba espacios entrecortados y escribía con errores de ortografía. Era señal de que estaba nervioso o ansioso. Unos minutos después, continué:
YO: Sí. Yo lo haría. Es cuestión de probar...
MI AMIGO: No sabés komo me salvas con esto! ¡Te lo agradezco mucho!
YO: No tenés nada que agradecer. Un día que estés libre nos ponemos de acuerdo y venís a mi casa.
MI AMIGO: ¡Daleee! Te tomo la palabra... y gracias por lo prometido!
Algunos días después, mi amigo me manda un mensaje preguntando si estaba libre. Le contesté que sí. Entonces, me preguntó si podía venir a mi casa. Mi corazón empezó a latir de emoción, pero también de nervios. Después de tantos años de ver y desear a mi amigo, por fin se me iba a dar. Quedamos para un par de horas después y a la hora en punto apareció él en su moto. Totalmente preparado, recién bañado, perfumado, bien vestido, peinado bien prolijo. Mi amigo vino bien preparado para la cita como quien visita a una novia.
Eso me encantó. Era mi sueño hecho realidad. Que un macho hetero, venga a visitarme para tener relaciones conmigo, que se prepare y se vista especialmente para mí. Yo me sentía como una princesa en un cuento de hadas.
Lo hice pasar, me pidió que pusiera la pava para tomar mate. Nos sentamos a la mesa mirando algo random en la tele, y cuando se calentó el agua para el mate, fui a la cocina a buscar la pava. Cuando volví, mi amigo estaba parado al lado de la silla. Dejé la pava en la mesa, y mi amigo me agarró la mano y la llevó a su bulto. Mientras sostenía mi mano en su bulto, con la otra mano me manoteó el culo y me apretó fuerte.
Me sorprendió esa situación porque fue sin esperar demasiado, sin mediar palabra. Fue directo y sin vueltas, con esa mirada pícara que yo le conocía de años. A lo macho, al estilo de los hombres de antes.
Su verga se sentía ya dura a través del pantalón. Se sentía gruesa y apretada por el calzoncillo. Los huevos grandes y redondos se insinuaban también a través del pantalón. Entonces, quitó la mano de mi cola y la puso en mi nuca. Y con un leve empujón, llevó mi cabeza hacia su bulto. Me hizo arrodillar, y yo puse toda mi cara sobre su entrepierna. Sentí su olor de hombre, mezclado con el olor a perfume y a ropa recién lavada. Él suspiró con un jadeo suave y varonil.
Empezó a desabrocharse el cinto y yo continué con el botón del pantalón y descubrí su verga, sacándola del calzoncillo slip.
Su verga es gruesa, blanca, un poco torcida a la izquierda. Ya estaba casi totalmente dura. Le descubrí la cabeza, tras lo cual él volvió a suspirar, a jadear, esta vez con más fuerza.
Empecé a chupársela con suavidad, pero con ganas. Yo estaba viviendo mi sueño, así que quería disfrutar cada momento.
Mi amigo me hizo levantar del suelo y me guio hasta la cama, hasta mi cama. Él conocía bien la casa porque ya había estado varias veces.
Se acostó sobre el borde de la cama, boca arriba, con su verga bien dispuesta para que yo lo siga chupando
Me senté al lado de él, le hice bajar el pantalón y el calzoncillo para tener más libertad de chupar bien todo, y me dispuse a mi tarea. La tarea más gloriosa del mundo. Dispuesto a complacer a mi hombre, a mi amigo, a ese macho heterosexual que estaba acostado en mi cama totalmente relajado, entregado a recibir y dar placer.
Lo chupé como yo lo sabía hacer. Primero con más suavidad sobre la cabeza. Tratando de pasar la lenguita por todo el contorno de la cabeza, erotizándolo de esa manera.
Mi amigo suspiraba. Pero también, al ver mis habilidades sexuales, abría los ojos un poco sorprendido.
Se dejaba hacer, pero también se lo notaba ansioso. Muy caliente. De vez en cuando me agarraba la cabeza y clavaba su verga hasta mi garganta. No me dejaba hacer, se dejaba vencer por la ansiedad y quería cogerme la boca.
Ni bien lo empecé a tocar,
sus huevos ya estaban duros. Había venido bien afeitado en la entrepierna, eso me encanta. Cuando un hombre se prepara así, pone cuidado en los detalles, eso me encanta. Su verga se sentía suave y bien limpita. Da asco cuando los tipos no se quieren bañar y pretenden que les chupen la pija sucia y peluda. Algo que aprendí en mis años de experiencia es que, cuando un hombre está muy caliente porque le gusta la situación, porque ya estuvo cogiendo un rato largo, o porque hace mucho tiempo que no coge, los huevos se le ponen duros. En vez de colgar, los huevos se ponen contra el cuerpo, contra la ingle. Hay que moverlos para abajo, para que no se suban tanto porque al final le terminan doliendo al hombre.
Mi amigo estaba en esa situación casi desde el principio. Con la pija bien dura, gruesa, largando juguito y los huevos bien duro subidos a la ingle, contra el tronco de la verga.
Mi tentación era hacerlo acabar, pero no quise ser tan tonto y preferí alargar un poco el momento.
Mi amigo se levantó, ya se lo notaba muy excitado, me hizo una seña para que me diera vuelta. Pero antes, con mi cabeza de costado mirando hacia él, casi a la altura de la cama, me metió su pija en la boca y me empujó dos veces, metiéndome la cabeza de su pija hasta la garganta. Eso me sorprendió porque no me lo esperaba. Y ese movimiento hizo que su verga se pusiera totalmente tiesa, dura como la más dura de las rocas. Entonces sí, me empecé a sacar el pantalón y me puse en cuatro sobre el borde de la cama. Mi amigo puso un poco de saliva sobre la cabeza de su pene, y escupió un poco el agujerito de mi culo. Yo estaba sin coger desde hacía meses, así que mi cola estaba totalmente cerrada.
Él empezó a empujar y yo empecé a gemir. La sentía penetrándome, esa verga dura, gruesa y viril, estaba clavándose en mi cola sin prisa, pero sin piedad. Mi amigo sabía lo que hacía. Me penetraba con ganas pero sin hacerme daño. Se notaba que tenía mucha experiencia. Me estaba clavando una y otra vez, mientras gemía con su voz ronca de macho y moviéndose con movimientos rítmicos.
Es muy claro cuando un hombre sabe coger. Te puede hacer la cola sin hacerte doler. Te hace dilatar bien, te acomoda a la mejor posición y logra que los dos sintamos placer.
Mi amigo no duró mucho. En cuestión de minutos empezó a gemir más fuerte, casi gritando, gruñendo como un oso furioso. Empezó a agarrarme fuerte de las caderas y a clavarme con más fuerza, bien adentro. Su verga se sentía dura, penetrante, latiendo dentro de mí. Largó grandes chorros de leche, entre gemidos, jadeos y respiración fuerte. Fue un momento muy caliente, placentero y fatal.
Fatal porque en ese preciso momento me enamoré de él.
Mi amigo me había preñado. Fui cogido por mi mejor amigo. Me hizo la cola, se la chupé y me acabó adentro.
Los dos estábamos un poco sorprendidos por lo que habíamos hecho. Por lo que habíamos vivido.
De mi parte quedé súper feliz. Él estaba aliviado y contento. Pero después de un par de minutos, simplemente se despidió y se fue, con la excusa de que tenía que volver a su casa porque nadie sabía que había salido.
Eso me hizo sentir un poco desolado, despojado. Lo que para mí era un sueño, para él era una "aliviada" con un puto. Me partió el corazón...
Por supuesto que nuestra relación siguió y continúa hasta hoy en día cuando ya ha pasado un año de aquella primera vez. Una relación un poco turbia, debido a los intereses y sentimientos encontrados.
De mi parte, me enamoré de él. Me hizo el novio durante meses. Me escribía todos los días, varios mensajes a la mañana, a la siesta, y antes de dormirse a la noche. Me venía a visitar una, dos, y hasta cuatro veces por semana. Siempre para coger. Comíamos algo, mirábamos la tele, cogíamos, dormía la siesta conmigo, y después se iba. Era tal cual una relación de noviazgo.
Para mí, como dije muchas veces, era el sueño de toda princesa: tener a un hombre heterosexual, totalmente dedicado a vos, que viene bañadito, cambiado, perfumado, con la mejor predisposición para verte y complacerte sexualmente mientras, de paso, se complace a sí mismo. Sin embargo, dentro de su mente siempre estuvo bien claro que yo no era más que un entretenimiento hasta que consiguiera lo que realmente quería: una mujer.
Y cuando la consiguió, cuando volvió a ponerse de novio con una mujer, me dejó de lado. Me habló claramente, con frialdad y dureza. Lo nuestro nunca iba a prosperar porque a él "le gustan las mujeres", según dijo.
¡¿Cómo?! ¿Y todas las veces que viniste y se te paró la pija? ¿Todas las veces que me escribiste a cualquier hora del día y de la noche, diciendo que te gustaba como te la chupaba, cómo te gustaba mi cola, diciéndome lo bien que la pasaste conmigo y cómo te encantó lo que habíamos hecho? ¿Todos esos mensajes diciendo que me cuide porque hace mucho calor, que tome mucha agua, que más tarde ibas a venir a verme?
Me sentí usado, desahuciado, deprimido y abandonado. Porque yo me enamoré, y para mí, las cosas nunca estuvieron claras. Me hablaba y me visitaba como a una novia, y de un día para el otro, resulta que yo no le gusto porque soy un hombre. ¡ANDÁ!
Así son los heteros flexibles. Mi consejo es, para todas ustedes chicas trans y chicos gays, no se metan nunca con un hetero. Es al pedo. Es perder tiempo y energía. A ellos nunca los vas a conquistar. Nunca se van a quedar con vos. Los vas a tener mientras ellos quieran reafirmar su masculinidad. Quieren probar con otro hombre, para después volver a las mujeres y así confirmar que son hombres. Porque probaron, no les gustó, supuestamente... y vuelven a su vida normal con mujeres.
Aunque, como dije, todavía seguimos teniendo relaciones sexuales de vez en cuando. Porque nuestra amistad sigue, a pesar del desencuentro amoroso. Yo lo veo y siento algo por él, además de calentura, sigo enamorado. Y a él se le sigue calentando la pija, se le sigue parando la pija cada vez que me ve, acordándose de lo que hicimos y pensando en lo que podemos hacer.
Si quieren puedo contar un poco más de los encuentros sexuales que tuvimos. Algunos son muy calientes. Hasta tuvimos sexo en lugares públicos, casi rozando el exhibicionismo. Si quieren que cuente más, déjenlo en los comentarios.
¡Besos y nunca se enamoren de un hetero!
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