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Primeros pasos con Elena y Dani 4

Parte 1: https://www.poringa.net/posts/relatos/6303973/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani.html


Parte 2: https://www.poringa.net/posts/relatos/6307161/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-2.html 


Parte 3: https://www.poringa.net/posts/relatos/6317491/Primeros-pasos-con-Elena-y-Dani-3.html


Elena soltó un gemido bajito apenas mis labios chocaron con los suyos. La tenía arrinconada contra la pared del living, mi cuerpo grande cubriéndola por completo. Ella, tan chiquita con su 1.60m, parecía desaparecer entre mis brazos. Mis manos bajaron rápido por su cintura, apretando ese culito firme que se marcaba debajo del vestidito negro corto.

—Dios… por fin —susurró contra mi boca, mordiéndome el labio inferior—. Estoy hace meses pensando en esto… me tenés loca.

No perdí tiempo. Le subí el vestido hasta la cintura de un tirón y metí la mano entre sus piernas. Estaba empapada. La tela de la tanga ya no aguantaba nada. La corrí a un costado y pasé dos dedos por su conchita caliente, sintiendo cómo se abría sola de pura necesidad.

—Estás chorreando, Elenita… —le dije al oído, mientras le metía un dedo despacio—. ¿Tanto pensaste en mi verga?

Ella asintió, con los ojos verdes entrecerrados y la respiración agitada.

—Todo el tiempo… cada vez que Dani me cogía pensaba en vos. 

La besé más fuerte, bajando por su cuello hasta llegar a esas tetas que tanto había fantaseado. Le bajé los breteles del vestido y sorpresa, estaba sun soutien, y ahí estaban ellas: redondas, firmes, con esos pezones invertidos que me habían vuelto loco en la foto. Me metí uno a la boca y lo chupé con ganas, mientras mis dedos seguían trabajando abajo. Los succionaba hasta que se pararan y despues recorria todo el pezon erecto alternando sentido horario y antihorario. Elena arqueó la espalda y gimió más alto, agarrándome la cabeza con las dos manos.

—Chupame las tetas… así… fuerte —rogó.

La levanté en el aire sin esfuerzo y la llevé hasta el sillón del living. La senté en el borde, le abrí las piernas bien ancho y me arrodillé entre ellas. Le baje la tanga en camara lenta y me quedé mirando esa conchita depilada, rosada y brillando de humedad.

—Qué linda que la tenés… —murmuré, antes de bajar la boca.

Empecé despacio: besos suaves en los labios mayores, luego la lengua recorriendo todo el largo, saboreando su gusto salado. Cuando llegué al clítoris lo rodeé con la punta de la lengua y Elena dio un saltito, clavándome las uñas en los hombros.

—¡Ay, mierda…! —gimió—. No pares… seguí ahí.

La devoré. Lamía, chupaba, metía la lengua adentro y volvía al botoncito hinchado. Dos dedos entraban y salían fácil de lo mojada que estaba. Ella movía las caderas contra mi cara, desesperada, soltando gemiditos cada vez más agudos. 

De repente su cuerpo se tensó y soltó con voz entrecortada:

—Estoy por acabar…

La seguí lamiendo sin piedad, moviendo los dedos más rápido. Elena arqueó la espalda y soltó un gemido largo, casi un grito ahogado, mientras se corría fuerte contra mi boca. Sentí cómo su concha se contraía alrededor de mis dedos y soltaba más jugo caliente. La seguí lamiendo suave hasta que bajó la ola.

Cuando levantó la cabeza, tenía la cara roja y los ojos brillantes.

—Ahora te toca a vos —dijo con una sonrisa traviesa.

Se bajó del sillón, se arrodilló frente a mí y me bajó el pantalón de un tirón. Mi verga saltó libre, dura como piedra, gruesa y venosa. Elena se quedó mirándola varios segundos con los ojos bien abiertos, una mezcla de sorpresa y admiración pura en la cara.

—Boludo… es mucho más grande que la de Dani —susurró, casi sin aliento—. Más gruesa… más larga… no sé si me va a entrar toda en la boca.

La agarró con las dos manos (aún le sobraba bastante) y empezó a chuparla con ganas. Primero le dio besitos y lamidas por toda la cabeza, después intentó bajarla más profundo. No llegaba ni a la mitad. Cada vez que intentaba meterla más, se le llenaba la boca y tenía que retroceder, babeando muchísimo. La saliva le corría por la barbilla y por los dedos mientras me la trabajaba con las dos manos y la boca al mismo tiempo.

La observaba desde arriba, fascinado. Ver a esa pendeja tan linda y chiquita esforzándose tanto por meterse la verga en la boca me ponía a mil. Hacía ruidos húmedos, gorgoteos, y cada tanto se sacaba la verga de la boca para tomar aire, mirándome con los ojos llorosos de esfuerzo pero llenos de deseo.

—No me entra toda… es demasiado gruesa —dijo jadeando, mientras seguía masturbándome —. La de Dani entra fácil… pero esta… dios, me encanta lo grande que es.

Volvió a intentarlo, abriendo la boca lo máximo posible, bajando hasta donde podía y usando la lengua para recorrer la parte de abajo. Me tenía hipnotizado. Ver cómo luchaba por metérsela, cómo le costaba y cómo igual lo disfrutaba, me ponía todavía más duro.

—Quiero que me cojas toda —dijo soltándola un segundo, con hilos de saliva colgando de sus labios—. Quiero sentirla toda adentro.

La levanté, la puse en cuatro sobre el sillón y me posicioné detrás. Le pasé la verga por la concha varias veces, mojándola bien, y empecé a entrar despacio. Centímetro a centímetro. Elena soltaba aire entre dientes.

—Despacio… ay, cómo me estirás… seguí… más…

Cuando estuve hasta el fondo, los dos gemimos. Empecé a moverme, primero lento y profundo, después más fuerte. El sonido de mi huevos chocando contra su culito llenaba el living. Le agarré la cintura con mis manos grandes y la empecé a coger más duro.

—¿Así querías? —le pregunté, dándole una nalgada suave.

—¡Sí! Más fuerte… cogeme como a una puta… —rogó.

—¿Así querías? —le repeti, dándole ahora una nalgada con toda mi fuerza.

- ¡Sí, así hijo de puta! Dios, segui asi. Me respondio, mientras veia formarse una marca roja de mi mano en su nalga derecha.

La cambié de posición varias veces: la puse arriba mio, cabalgándome mientras le apretaba las tetas; después la tire al piso y le di misionero, con sus piernas sobre mis hombros, llenándola hasta el fondo. Cada vez que acababa, me apretaba la verga y gemía mi nombre.

Después de la tercera vez de ella, yo ya no aguantaba más. Sentía que estaba a punto de explotar.

—¿Dónde querés que acabe? —le pregunté jadeando, sin dejar de embestirla.

Elena me miró a los ojos, con la cara enrojecida y la voz entrecortada:

—Adentro… llename toda.

Di las últimas embestidas fuertes y me descargué profundo dentro de ella, soltando chorros calientes. Elena tembló con otro orgasmo más suave mientras me sentía acabar.

Quedamos tirados en el piso del living, sudados y respirando pesado. Ella abajo, con todo mi peso encima.

Con las pocas fuerzas que le quedaban me dijo "Me encanto, me hiciste mierda" 

Sonreí, todavía dentro de ella, tratando de recuperar el aire y le respondi "Esto recién empieza"

Despues de un rato acostados en el piso, a Elena le cambia la cara y me dice "Boludo, me llenaste toda, yo no tomo pastillas"

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