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Un desconocido me rompió el culo de vacaciones

Decidimos hacer aquel viaje en un momento bastante bueno en nuestra pareja, fuimos a la costa con nuestro hijo y mi suegra quien hacía de abuela y niñera a la vez. Elegimos ir a Piriápolis, un lugar encantador, cerca de Montevideo con unas playas amplias y fenomenales en una época del año en que no era temporada turística; si bien el mar estaba ahí no pudimos disfrutar de el por el clima.
Elegimos un hotel cerca de la plaza Artigas, cerca del centro, con habitaciones amplias y cómodas para todos. Lo primero que hicimos fue acomodarnos, luego fuimos a dar un paseo por el lugar, en particular la playa. En el hall de entrada nos cruzamos con un mulato ojos verdes increíble, calvo, alto, no muy musculoso pero si pura fibra, elegante, con una sonrisa impecable, gestos viriles con esas manos con dedos largos y finos, con fuerte acento extranjero; incluso mayor que el nuestro.
Caminamos por la playa, fuimos a comer algo, retornamos al hotel por la tarde, volvimos a salir, cenamos por ahí y una vez más regresamos a nuestra habitación.
En la madrugada me desperté, mi marido dormía abrazado a mi apoyando su sexo en mis nalgas; lentamente me fui dando vuelta, el ronroneo algo y acaricio una de mis tetas.
Me predispuse a una sesión de sexo, una de mis manos se hundió por debajo del elástico de su bóxer para encontrar una flacidez desconcertante. En tanto acariciaba su sexo busque su boca, nos besamos aunque no sentí en el esa pasión de siempre. Su mano se perdió entre mis piernas, y como me gusta a mi, comenzó a acariciarme mi clítoris por encima de mi tanga .
En silencio comenzó a chupar mis tetas, en tanto sus dedos continuaban masajeando mi botoncito secreto; podía sentir como me iba mojando en tanto el no cambiaba de estado a pesar de la insistencia de mis dedos. Sin destaparnos me hundí bajo las sábanas y de esa forma me lleve su flácida verga a la boca; chupe, lengüetee, masajee y nada, muerte total. Le pregunte que le pasaba, nada dijo, tal vez el lugar, la presencia de los chicos tan cerca, su madre del otro lado, en fin, juró querer pero no podía. Insistió con sus dedos un rato más pero a mí no me interesaba, pronto volvimos a adoptar la misma posición inicial y nos dormimos.
El atardecer del otro día nos sorprendió en la playa, mi hijo  jugaba en la arena haciendo castillitos y la abuela los contemplaba a unos metros, sentada, mirando más hacia el mar Aprovechando la excepcional calma mi esposo y yo nos pusimos a caminar . Mi marido se sentó en una piedra redonda, hizo que yo me sentara entre sus piernas y así, sin decirnos nada, nos quedamos contemplando el mar. Al rato sentí un suave beso suyo en mi cuello, después un tenue mordisco en mi nuca, cuando mordisqueaba una de mis orejas hundió su mano por debajo del pantalón del jogging que yo llevaba puesto esa vez, me acaricio entre las piernas por encima de mis tanga  luego su mano se metió debajo de este y así pude sentir sus dedos tocarme entre mis labios vaginales.
Su otra mano fue por mis pezones, en tanto nos besábamos por encima de mis hombros. Sentados en las piedras podíamos pasar desapercibidos para todos los que estábamos ahí, de hecho mi marido se corrió un poco más abajo con lo cual yo apoye mi culo en su erección que pronto libero y sin que cambiáramos de posición comencé a masturbar. Sus dedos se movían en pequeños círculos en mi clítoris en tanto me pellizcaba suavemente mis pezones y mordía mi cuello o susurraba palabras que tanto me excitaban.
Con la intención de hacer las cosas más fáciles para ambos mis manos bajaron mi pantalón y la tanga un poco más arriba de mis rodillas, la briza húmeda del mar me acariciaba, junto con los dedos de mi marido, mi desnudez. En un momento no di más, me levante apenas buscando calzarme su sexo ardiente en el mío ya humedecido; arquee la cintura, sentí su glande juguetear entre mi ano y la vagina pero cuando comenzaba a penetrarme mi marido creyó escuchar voces con lo cual, en un movimiento levanto mi ropa e hizo que me sentara vestida sobre su erección a fin de cubrírsela por si algún intruso aparecía. Pero nada, solo nosotros, el viento y el paisaje del mar aquella tarde en Uruguay; sentía la humedad de mis piernas, las palpitaciones de mi intimidad, 
Mi humor, como es de suponer, se iba volviendo tormentoso.
Esa noche cenamos en el mismo hotel y nos fuimos a dormir temprano ya que mi marido hizo planes de ir con el niño ir  pescar mar adentro con uno de los pescadores de la zona que conocimos aquella misma tarde. Por su respiración supe que dormía profundamente, sin moverme demasiado comencé a tocarme con mis dedos, friccionaba con ahincó evitando que se me escapara algún quejido y para eso mordía la misma almohada
Nos levantamos temprano, y fuimos por el desayuno que servían en el hotel y era muy bueno. Elegimos una mesa cercanas a las ventanas, primero fueron mi esposo, los  y mi suegra hasta la mesa americana donde se sirvieron a gusto todos los manjares que allí se ofrecían, cuando fui yo coincidió que el mulato de ojos verdes entraba en la confitería acompañado por otras dos personas también elegantes como él. En ese mismo momento nuestras miradas coincidieron, el me sonrió y yo tuve la intención de devolvérsela pero me pareció inoportuno.
Aquel jueves era un día bárbaro, un soleado otoñal bellísimo, los niños y el padre se fueron felices ante la inminente aventura en el mar. Mi suegra prefirió quedarse en el hotel y descansar, en cambio yo pensé en ir a dar una vuelta por los negocios del centro y para eso llevaba una linda solera estilo hindú abotonada adelante, con bordados en negro muy por encima de mis rodillas y sandalias de taco mediano.
Caminaba de lo más suelta cuando una voz ronca con aire caribeño sonó muy cerca de mi oído, me di vuelta y ahí estaba el mulato, que supe luego en realidad era colombiano, de ojos verdes con una sonrisa fantástica. Como un verdadero caballero me saludo, enseguida entablamos una conversación y pronto nos encaminamos a un bar sabiendo que nadie en esa hermosa ciudad costera me reconocería en falta. El bar elegido no era muy elegante pero en exceso discreto, por la hora del día y la altura de la semana pocos parroquianos constituían sus clientes; entramos, sin que me dijera nada encaramos hacia las mesas del fondo.
Las mesas, redondas, estaban enmanteladas hasta el suelo y rodeados de cuatro sillas; sin que me lo indicaran me senté mirando hacia la puerta pero detrás de la mesa, en tanto que el colombiano lo hizo a la par mía. El mozo vino, levanto nuestro pedido, en tanto nosotros hablábamos de las razones por la cuales estábamos en aquella ciudad; por supuesto no le creí su discurso empresarial. Cuando el mozo regreso nosotros ya manteníamos una animada conversación, luego el hombre se fue y no volvió para nada.
Yo tenía cruzada mi pierna, en un momento como sin querer puso su mano sobre mi rodilla en tanto no dejaba de hablar. Continuábamos hablando y su mano no solo seguía ahí sino también que de a ratos hacia cortos movimientos como si me masajeara pero con suavidad. El ultimo botón de mi solera estaba desprendido, cuando la mano del colombiano comenzó, muy decidido, a subir el vestido se iba corriendo hacia arriba en tanto el no dejaba de hablarme.
Me sentía incomoda, es verdad, y aun así no hacía nada por evitar que esa mano llegara hasta mi ingles que fue cuando solté un suspiro mojándome ahí mismo, cosa que el mulato colombiano descubrió enseguida.
Si alguien nos hubiera prestado atención no podría haber notado nada raro, pues el hablaba y yo sonreía en tanto soltaba algunos suspiros. Su mano se acomodó mejor entre mis piernas y ahí mismo comenzó a tocar mi clítoris  La solera molestaba su acción, se detuvo en seco, decidido comenzó a desprenderme uno a uno los botones de abajo hacia arriba; me sorprendí ayudándolo hasta llegar a mi ombligo.
Me excitaba a mas no poder, exhibiéndome de esa manera como nunca lo había hecho en mi vida. Acerco un poco su silla, sus dedos una vez más fueron a hundirse entre mis piernas y otra vez comenzó con ese toqueteo certero que iba despertando en mi un deseo postergado. Sin que me lo indicara me senté en el borde mismo de la silla reclinándome sobre el respaldar, apenas toco mi pierna supe que quería que una de ellas la cruzara sobre la suya quedando con las mías bien separadas, ofreciendo mi sexo mojado tapado por unos ya incomoda tanga negra…
Me tenía a su merced, hacía de mi lo que quería pero le faltaba el ultimo envión para mi orgasmo, se dio cuenta de ello y dio un par de manotazos con clara intención de obligarme a sacarme mi ropa interior ahí mismo cosa que ni por asomo quería hacer. Pero bueno…era un hombre de recurso pues de su mano libre apareció una corta pluma, el filo de la navaja rozando mi piel y su movimiento para cortar el elástico de la tanga, me llevo al borde del orgasmo. Pero no pareció conforme con ese corte pues con la ayuda de su mano corto el otro elástico y así perdí, por primera vez en mi vida, mi tanga 
De la cintura para abajo desnuda, a la vista de cualquiera que tan solo se hubiera acercado a la mesa en tanto el, con sus hábiles dedos en mi intimidad, me acercaba más y más a ese deseado final; para ello me apoye mejor, con mis manos, en el borde de la silla levantando mi cintura hacia el colombiano que no dejaba de hablarme, como si tal cosa, en tanto me hacia una de esas pajas que cualquiera recordaría como memorables. De haber estado en otro lado lo hubiera dejado que me hiciera terminar pero no aguantaba más, entonces mis dedos se hicieron cargo de la situación en tanto el me acariciaba mis mejillas o bien, disimuladamente, metía sus dedos en mi boca.
Fue una acaba como las de nunca, como consuelo restregaba entre si mis rodillas, suspiraba en silencio, apretaba mis dientes y aun así un hilito de mi voz se me escapaba; apenas si espero que me recuperara para llevarme a un hotel y así someterme a su voluntad.
Ni siquiera me dio tiempo a desvestirme, me tumbo en la cama boca arriba en el borde de la cama. Se arrodillo en el suelo, con cada uno de su brazos rodeo cada una de mis piernas y así hundió su cara en mí ya sonadísima vagina, su lengua volvía a hacerme el mismo jueguito que con sus dedos. Yo sacudía mi cabeza como si estuviera posesa, en tanto mis manos se aferraban a su nuca. Fue un alivio indescriptible cuando metió sus dedos en mi vagina y el ano, entraban y salían de mi, liberando toda la frustrada pasión postergada en aquellos días; un momento después estaba ubicado entre mis piernas desnudo, pues de alguna manera se las había arreglado para deshacerse de su ropa en tanto su boca con su lengua estaban donde estaban y sus dedos donde ya dije.
Me tomo de los tobillos, abrió mis piernas en "V", sin soltarme y de un envión me penetro. No pude evitar gritar de placer, para colmo el colombiano se movía con su cintura, entraba y salía con su verga a un ritmo que pronto comencé a sentir la inminencia de un nuevo orgasmo. Quise desprenderme los botones de mi vestido pero no quiso, según dijo lo excitaba más aun de esa forma, pues lo único que no llevaba era mi tanga que había quedado caída a un costado de la silla cuando nos fuimos, a todo vapor, de aquel bar para llegar a ese intimo lugar.
El ruido de mis fluidos durante cada embestida suya me volvían más y más loca y ni hablar cuando sus huevos se estrellaban en mis nalgas. Abrí los brazos en cruz, aferre el cubrecama con cada mano y como si fuera dar el más brutal de los gritos me acabe toda arqueando mi espina dorsal hacia arriba como nunca lo había hecho; un momento después, él lo hizo dentro mío, cosa que no hubiera querido, pero no tenía aliento para impedírselo.
Casi de inmediato se acomodó a la par mía, siempre cuidando que no me quitara el vestido ni las sandalias hizo que desnudara mis tetas para chupar mis duros pezones alternando en uno y otro. No falto mucho que sintiera un brutal deseo de gozar ese momento, hundí una de mis manos entre mis piernas y pronto estuve haciéndome otra paja en tanto el mulato de ojos claros chupaba mis tetas, acariciaba mis nalgas o piernas; volví a tener otro orgasmo.
Nos quedamos quietos así, en silencio, acostados de costado mirándonos uno al otro; su mano no dejaba de recorrer mis nalgas, la raya o de vez en cuando hundir apenas uno de sus dedos en mi culo. Se lo tenía merecido, se lo iba a entregar aun cuando me partiera en dos, cosa que casi hizo.
Hizo que me pusiera en cuatro, se arrodillo detrás de mí, al agacharse escupió mi dilatado esfínter. Apenas apoyo su glande afloje mis brazos clavando así la cabeza en el colchón, entro despacio, se tomó su tiempo luego comenzó a moverse dentro mío aumentando la intensidad de su copula de manera gradual. Me tenía aferrada de la cintura, de hecho me imponía sus ritmos, cada tanto yo volvía a tocarme mi clítoris para gozar ese delicioso polvo anal. De pronto se salió, se paró al pie de la cama obligándome a correrme hasta el borde; cuando me tuvo a gusto empezó a acariciarme entre mis piernas y a besarme mis nalgas, susurrándome cosas que no lograba entender. Primero me metió un dedo en el culo, luego dos, casi al instante tres y lance un grito terrible cuando los nudillos pasaron por mi esfínter. Creí que iba a morirme ahí mismo, el dolor era terrible, le rogaba en nombre de lo más sagrado que la sacara pero hacia caso omiso a mis palabras llenas de lágrimas y llanto.
Por uno de los espejos vi su muñeca derecha atrapada entre mis nalgas, resultaba más impresionante aun ver como su brazo se movía en mi culo en tanto yo no dejaba de rogar ni llorar. Me abrace a una de las almohadas como si fuera mi propia madre, la mordía, pedía por dios y todos los santos que me soltara, que me estaba matando pero el como si nada, trataba de consolarme diciéndome cosas que no me importaban; sentía su mano ir y venir en tanto con la otra mano acariciaba mi espalda por debajo del vestido repitiéndome una y otra vez que me relajara y gozara del dolor.
Me tumbe de costado, el movimiento de su brazo seguía siendo el mismo, sentía que el dolor me ahogaba, me hacía faltar el aire, un frio sudor recorría mi cuerpo, mi rostro mezclándose con mis lágrimas. No deje de llorar en ningún momento, ni de pedir, ni rogar, ni insultar, ni de dar bufidos pero igual aquella mano, cuya habilidad tanto había admirado, seguía moviéndose una y otra vez en mi reventado culo.
Al rato mi cuerpo se relajó, mi culo y el recto se adaptaron a aquel monstruoso intruso aunque no por ello el dolor desapareció del todo. Me obligo, a pesar de mis negativas, a masturbarme y si lo hice fue bajo la promesa que sacaría sus dedos cuando tuviera mi orgasmo; y cumplió, los saco despacio apenas acabe.
Nos quedamos tumbados uno al lado del otro en la cama. Yo estaba mas que satisfecha, había tenido en apenas unas horas, muchos orgasmos, como cuando estábamos de novios con mi marido.
Pero ahí no había terminado todo, ya que podía ver como su enorme verga estaba nuevamente apuntando hacia el techo.
Me hizo levantar, y sentarme de a poco en su verga, pero clavándola en mi culo dilatado, la verdad que comenzó a dolerme nuevamente, pero esta vez el dolor se fue mucho más rápido de lo que yo me imaginaba.
Esto se sentía realmente excitante, sentarme sobre esa inmensa verga, y sentirla entrando en mi culo, sin tanto dolor, hasta llegar a chocar mis nalgas con su barriga. Estuvimos un ratito así, moviéndonos suavemente, hasta que me giró bruscamente, poniéndome en cuatro… me volvió a ensartar su verga en mi culo, pero esta vez no fue tan delicado como antes. Comenzó a taladrarme con velocidad y potencia, me la metía como si no hubiera un mañana. Mis tetas estaban al aire y se bamboleaban al ritmo de su frenético ritmo. Pude verlas por un espejo, y realmente me gustaba lo que veía, casi tanto como lo que sentía en ese momento.
Después de cogerme a gran velocidad por un rato largo, bajando la intensidad solo de a ratos, terminó por llenarme el culo de leche. Mientras lo sentía bombeándome la leche adentro, yo acariciaba mi clítoris, la sensación era única, él ya había terminado de moverse, solo sentía su verga latiendo adentro de mi culo, me seguía llenando de leche, eso hizo que tuviera un orgasmo nuevamente.
Él apoyo su cabeza y cuerpo sobre mi espalda en esa posición, su verga se fue achicando lentamente adentro de mi culo, y en un movimiento de golpe se salió, y sentía correr su leche por mis piernas.
Luego de eso, me di un baño rápido, y me fui a mi hotel rápido, para llegar antes que mi esposo y mi hijo
Los días siguientes pasaron normales por suerte, hubo mucha playa y paseos, y gracias a Dios nada de sexo, ya que mi esposo tenía esa sequía de vacaciones. Luego, al volver a casa, nos pusimos nuevamente al corriente.
Pero nunca olvidaré el placer de sentir la verga de ese colombiano de ojos verdes bien hasta adentro de mi culo dolorido, nunca olvidaré todos los orgasmos que me hizo tener, ni toda la leche que me regaló…

4 comentarios - Un desconocido me rompió el culo de vacaciones

Axel-700 +1
Te convertiste en una perra anal en tus vacaciones
culiadoor
@paraguayainfiel mmm senora casada