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Mi novia es la puta de mi tío

La reunión familiar transcurría con normalidad en el patio trasero de la casa. La música sonaba a volumen moderado y los adultos, ya con varias copas de por medio, conversaban animadamente. Yo noté que mi tío, un hombre de casi 50 años con una reputación de mujeriego, no apartaba la mirada de mi novia. Ella, con sus 19 años, lucía espectacular en esos leggings negros que se adherían a sus curvas y esa blusa negra semifajada que dejaba ver sus tetas paraditas.

"¿Te das cuenta de cómo te mira tu tío?" me susurró mi novia mientras se acurrucaba a mi lado en el sofá de jardín. "Lleva toda la noche haciéndolo, y ya se ha acercado un par de veces con pretextos obvios para rozarme."

Le dije que no le hiciera caso, que ya estaba tomado y que solo era su forma de ser, pero en el fondo me incomodaba. Mi tío era uno de esos hombres que con la edad se volvían más audaces, especialmente bajo los efectos del alcohol. Durante la siguiente hora, lo vi acercarse a ella tres veces más: una para "preguntarle la hora", otra para "ofrecerle otra bebida" y una tercera simplemente para "pasar por ahí" mientras le rozaba la espalda con su mano.

"Voy por algo de agua” anunció mi novia, levantándose de mi lado. La vi caminar hacia la cocina, y no me sorprendió ver cómo mi tío la seguía con la mirada, esperando apenas unos segundos antes de levantarse y seguirla discretamente.

La cocina estaba a oscuras excepto por la pequeña luz del extractor, creando un ambiente íntimo y privado. Mi novia había abierto la nevera y estaba buscando una botella de agua cuando sintió una presencia detrás de ella. Al volverse, se encontró cara a cara con mi tío, cuyo alcohólico aliento mezclado con su colonia la envolvió.

"Por qué me miras tanto, muchacha?" le preguntó él con una sonrisa, apoyando una mano en el refrigerador a su lado para bloquearle el paso.

Mi novia se sorprendió, pero rápidamente recuperó la compostura. "Yo no te miro, eres tú el que no me quitas los ojos de encima toda la noche” respondió mi novia, notando cómo la mirada de él descendía hasta sus pechos, donde los pezones ya se erizaban bajo la tela fina de la blusa.

"Tenías razón” admitió él, acercándose más. "Y es que no puedo evitarlo." En ese momento, su mano derecha descendió hasta el entrepierna de mi novia, apretando con firmeza sobre el legging. Ella dejó escapar un pequeño gemido involuntario. "Mmm, parece que a ti tampoco no te desagrada” murmuró él mientras comenzaba a frotarla con movimientos circulares.

"Qué haces? Nos pueden ver” contestó ella, sin apartar su mano.

"Están todos afuera, demasiado borrachos para entrar” le aseguró él, mientras con su otra mano levantaba la blusa blanca. Sus ojos se encendieron al ver los pezones erectos de mi novia. Sin dudarlo, se inclinó y pasó su lengua por ambos, haciendo que ella arqueara la espalda. "Que ricos” susurró antes de llevar ambas manos a sus nalgas, manoseándolas con fuerza.

"Traes tanguita o cachetero?" preguntó él entre besos en su cuello.

"Tanguita” respondió ella, ya perdida en la excitación.

"Y brasier?" preguntó él, aunque ya sabía la respuesta al seguir acariciando sus pechos descubiertos.

Mi tío, con la confianza que le daban las botellas que había consumido, agarró el borde de los leggings de mi novia y los deslizó lentamente hasta sus rodillas. La tanga roja que llevaba puesta contrastaba dramáticamente con su piel, y él pudo ver cómo ya se había humedecido por sus caricias.

"Date la vuelta” le ordenó con voz ronca. "Quiero ver esas nalgas en esa tanga."

Mi novia obedeció lentamente, mostrándole sus posaderas redondeadas y firmes, con la tanga roja apenas cubriendo su ano. Él se arrodilló detrás de ella, admirando la vista.

"Qué ricas se ven esas nalgas” dijo él, pasando sus manos por ellas. "Te gusta que te admire así? Quieres que te baje la tanga?"

"Sí” respondió ella con voz temblorosa. "Bájamela si quieres ver más."

Con movimientos deliberados, él deslizó la tanga roja hasta juntarla con los leggings en sus rodillas. La conchita depilada de mi novia brillaba bajo la luz de la cocina. Él se acercó y pasó su lengua áspera por su conchita, provocando un escalofrío en todo su cuerpo. Luego introdujo dos dedos, encontrándola increíblemente húmeda.

"Qué rico” gimió ella, empujando sus caderas hacia atrás para facilitar el acceso.

"Volteate” le ordenó él después de un momento, levantándose. "Dame la espalda."

Mi novia se apoyó en la barra de la cocina, sintiendo cómo él se arrodillaba detrás de ella. Pronto sintió la humedad de su lengua en su ano, lamiéndolo con insistencia. Luego sintió un dedo penetrarlo lentamente, preparándolo. Ella solo podía gemir y mover sus caderas, perdida en una mezcla de placer y culpa.

Mi tío se levantó y rápidamente se bajó los pantalones y el boxer, liberando su verga ya erecta y gruesa. La posicionó en la entrada del ano de mi novia, que estaba preparado y ansioso.

"Te gusta, putita? Te gusta que te den por el culo?" preguntó él mientras comenzaba a introducirla lentamente.

"Sí papi” respondió ella entre gemidos. "Dame por el culito."

Él comenzó a moverse con un ritmo gradual, cada vez más profundo, mientras sus manos se deslizaban bajo la blusa de mi novia para apretarle los pezones erectos. El ritmo aumentó, convirtiéndose en embestidas cada vez más fuertes.

"Quieres lechita? eres toda zorra” jadeó él, sintiendo cómo su orgasmo se aproximaba.

"Sí papi, dame tu lechita, lléname mi culito” suplicó ella, moviendo sus caderas al ritmo de sus embestidas.

Con un último movimiento profundo, mi tío eyaculó en el ano cerrado de mi novia, soltando un gemido de satisfacción. Ella gimió al sentir el calor de su semen llenándola por dentro. Se quedaron así por un momento, ambos jadeando, antes de que él se retirara lentamente.

Mi novia, sin limpiarse, se levantó la tanga roja y luego se acomodó los leggings, dejando la lechita de mi tío dentro de ella. Él se acercó y le dio un beso profundo con lengua.

"Qué buena puta eres," le susurró al oído. "Te lo haré más seguido y espero aceptes toda la leche que tengo para darte."

Mi novia sonrió, un poco avergonzada pero satisfecha. Mi tío le dio una última palmada en el trasero antes de salir discretamente de la cocina para reunirse con los demás.

Ella se quedó un momento más en la cocina, pasando su mano por su coño para darse cuenta de lo empapada que estaba. Luego, con una sonrisa cómplice para sí misma, salió para reunirse conmigo, como si nada hubiera pasado.

Esa noche, al llegar a casa, me contó todo mientras nos acostábamos. Y aunque debería haber sentido rabia o celos, solo pude sentir una extraña excitación mientras ella me describía cada detalle de su encuentro secreto en la cocina.
Mi novia es la puta de mi tío

2 comentarios - Mi novia es la puta de mi tío

Zembox1
Así se inicia el mundo de los cornudos