Una semana después estaba dando la clase y Patricia empezó a discutir con Sabrina, otra compañera. Era una gorda muy tetona, más joven y con mucho perfil de turquear a un profe con tal de subir la nota. Patricia ya me había escrito por mensaje que esa alumna le caía mal, me dijo que hablaba mal de mí a mis espaldas. No sé si decía la verdad, en realidad supongo que la gordita estaba con ganas de ordeñarme y Patricia activó unos celos descomunales.
- Sos un sucia, callate la boca.
- ¿Perdón? - respondió Sabrina.
- Patricia, salí conmigo ahora - le dije con tono serio, pero comprensivo.
De mala gana salió del aula y fuimos por un pasillo. Se comportaba como una adolescente rebelde.
- ¿Qué estás haciendo?
- No la soporto, la odio.
- Estás en una escuela, no te podés portar así.
- Pero ella…
- Ella nada, yo te vi cómo la atacaste de la nada.
Se quedó en silencio mirándome.
- Explicame qué está pasando.
- No la soporto, siempre sube comentarios al grupo diciendo que cuando la apruebes te va escribir para chuparte la pija.
Me di cuenta en ese momento que lo próximo que iba a tener que hacer era bloquear a Patricia de todas mis redes. Era un peligro.
- Eso no va a pasar, tranquila. Mirá.
Le mostré cómo bloqueaba el contacto de Sabrina. Patricia era una bomba de tiempo. Había una sola que cosa que hacer antes de desaparecer de ese curso: cogérmela bien. Volvimos al salón y hablé sobre la convivencia y la importancia de mantener vínculos sanos. Por mensaje la felicité por resolver la situación y le dije que cuando termine la clase le iba a dar un premio. Llegó la hora, salí del aula y me escabullí en el baño. Ella vino un par de minutos después y la hice pasar. Sin dudar me besó y me manoteó la verga hasta endurecerla. Se sentó en el inodoro, sacó mi chota por la bragueta y empezó a chuparla como un chupetín, succionando el glande, que ya estaba hinchado y rojo. Entonces la agarré de los hombros y la levanté. La di vuelta y le bajé la calza. Hice que se agarre del inodoro con las manos y no pude resistirme a pegarle un cachetazos en cada una de las nalgas de ese culo gordo y pálido. Verla así inclinada, hincada ante mí, me puso la chota dura y venosa. Se la metí despacito, una vez que superó el puerteo la conchita estaba toda mojada. Sentir que sometía esa veterana, que me la cogía en el baño junto al aula donde sus compañeros estudiaban me resultó muy excitante y no tardé mucho en llenarle la concha de leche. Eso es lo lindo de las que pasaron la menopausia, podés llenarlas de semen y están contentas. Seguro esa noche mi leche se iba a mezclar con la leche del marido adentro de ella, si es verdad que se la cogía todas las noches. Ella se subió la calza y salió. Me la imagino llegando a su casa con un hilo de mi guasca cayéndole por la entrepierna. Son las sumisas más placenteras las trolas viejas.
- Sos un sucia, callate la boca.
- ¿Perdón? - respondió Sabrina.
- Patricia, salí conmigo ahora - le dije con tono serio, pero comprensivo.
De mala gana salió del aula y fuimos por un pasillo. Se comportaba como una adolescente rebelde.
- ¿Qué estás haciendo?
- No la soporto, la odio.
- Estás en una escuela, no te podés portar así.
- Pero ella…
- Ella nada, yo te vi cómo la atacaste de la nada.
Se quedó en silencio mirándome.
- Explicame qué está pasando.
- No la soporto, siempre sube comentarios al grupo diciendo que cuando la apruebes te va escribir para chuparte la pija.
Me di cuenta en ese momento que lo próximo que iba a tener que hacer era bloquear a Patricia de todas mis redes. Era un peligro.
- Eso no va a pasar, tranquila. Mirá.
Le mostré cómo bloqueaba el contacto de Sabrina. Patricia era una bomba de tiempo. Había una sola que cosa que hacer antes de desaparecer de ese curso: cogérmela bien. Volvimos al salón y hablé sobre la convivencia y la importancia de mantener vínculos sanos. Por mensaje la felicité por resolver la situación y le dije que cuando termine la clase le iba a dar un premio. Llegó la hora, salí del aula y me escabullí en el baño. Ella vino un par de minutos después y la hice pasar. Sin dudar me besó y me manoteó la verga hasta endurecerla. Se sentó en el inodoro, sacó mi chota por la bragueta y empezó a chuparla como un chupetín, succionando el glande, que ya estaba hinchado y rojo. Entonces la agarré de los hombros y la levanté. La di vuelta y le bajé la calza. Hice que se agarre del inodoro con las manos y no pude resistirme a pegarle un cachetazos en cada una de las nalgas de ese culo gordo y pálido. Verla así inclinada, hincada ante mí, me puso la chota dura y venosa. Se la metí despacito, una vez que superó el puerteo la conchita estaba toda mojada. Sentir que sometía esa veterana, que me la cogía en el baño junto al aula donde sus compañeros estudiaban me resultó muy excitante y no tardé mucho en llenarle la concha de leche. Eso es lo lindo de las que pasaron la menopausia, podés llenarlas de semen y están contentas. Seguro esa noche mi leche se iba a mezclar con la leche del marido adentro de ella, si es verdad que se la cogía todas las noches. Ella se subió la calza y salió. Me la imagino llegando a su casa con un hilo de mi guasca cayéndole por la entrepierna. Son las sumisas más placenteras las trolas viejas.
2 comentarios - Me cogí una alumna de 50 años en el baño III