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Silvia se entregó a un maduro emputecida por su pija (1pte)




Silvia se entregó a un maduro emputecida por su pija (1pte)

Gracias Silvia por confiar este recuerdo para que lo transforme en relato


La pandemia había finalizado y muchos cambios ocurrieron en la vida de Silvia. Se había mudado de casa, de ciudad y de país; estaba sola en un lugar extraño, en donde no conocía a nadie; se había separado y; hace pocos meses había tenido una hija, fuera de programación, ya a los 40 años ella no esperaba esta “sorpresa”. Pero, como buena paraguaya y como lo había hecho toda su vida: bajó la cabeza y decidió seguir metiéndole hacia adelante.
 
En una casa nueva, en un lugar extraño, sin gente conocida, con su beba, se sentía sola. A los 40 años era una bella mujer deseable a pesar de tener varios hijos, sin urgencias económicas, trabajando, la vida ordenada, pero, la soledad le pesaba. Esto la llevó a comenzar a indagar por internet, mirar porno para saciarse y finalizar en Poringa!. Como todas y todos inició la navegación tímidamente, primero observando y después haciéndose una cuenta, luego publicando algunas fotos. Hasta que un día lo vio, en realidad vio su pija en un shouts: gruesa, del tamaño justo, acompañada con bellos y algunas canas. La pija de un hombre de verdad, no de un pendejo. Como desesperada Silvia fue a su perfil, le dio me gusta a todas las fotos de su poronga, le habló en chat, y quedó a la espera de una respuesta. Los días pasaban y no había respuesta, ella no podía creer que recibía decenas de mensajes y justo el que a ella le gustaba no le respondía, la frustración avanzaba, hasta que vino la respuesta. Fue una contestación gentil, agradable y respetuosa, de un caballero; eso la derritió.
 

mamada

A partir de ese momento se inició una vorágine de intercambio de fotos, conversaciones calientes, deseos y fantasías sexuales, que despertaron en Silvia, la hembra que estaba dormida. No pudo despegarse de Poringa, a toda hora del día estaba conectada. Eso elevó su líbido, ya influido por la calentura post parto y la mujer solitaria, y se transformó en una hembra en celo que se masturbaba mañana tarde y noche en su casa. Se levantaba, tomaba unos mates, fumaba un habano y se hacia la paja, a la siesta hablaba con el hombre y se masturbaba, a la noche luego de dormir a su beba, se sentaba a tomar whiski o cerveza, prendía un habano, hablaba con el hombre y se masturbaba. No le alcanzaban los dedos de la mano, inclusive se pajeaba con el habano, pensando que era la verga de su macho virtual y luego chupaba sus flujos. Estaba emputecida.      
 
Del otro lado estaba Ernesto, un hombre viudo, que vivía solo en el campo, tenía 66 años y una verga que la descontrolaba. Gentil, caballero y atento, la seducía con cada palabra, con cada foto, con las fantasías más morbosas y elogiaba su belleza. Las conversaciones no eran solamente sexuales, también hablaban de cosas cotidianas, se contaban sus vidas, lo que más enloquecía a Silvia, llevándola a una nube de enamoramiento por ese macho maduro virtual.  

madura

 
Hasta que llegó la propuesta. Silvia vive en Uruguay y Ernesto en Entre Ríos, una provincia argentina limítrofe con ese país; solo estaban a un par de horas de distancia. Él la invitó a su casa en el campo ,ella inmediatamente aceptó. Acordó con su hermana que cuide a su hija, saldría temprano a la mañana y volvería para el anochecer o por lo menos eso ella creía. Nervios, ansiedad, calentura; el viaje lo hizo sola y con la concha mojada imaginándose esa pija que tanto anhelaba.
 
El primer encuentro fue en una estación de servicio ubicada sobre la autopísta, allí él la esperaría para guiarla hacia su campo. Eso derritió a Silvia, un gesto de caballerosidad y consideración que hace muchos años nadie tenia con ella. Se trataba de un salto al vacío pues ambos no se conocían, no habían mostrado su rostro. Ella llegó con remera, un short corto(casi un putishort) ojotas, gorrita y anteojos oscuros. No estaba vestida para deslumbrar, pero si para seducir. Él, camisa azul, pantalón de jean y botas de trabajo Caterpillar, hombre maduro con canas. Se sentaron y el antiguo perfume Old Spice que llevaba él la enloqueció, era un contraste con el Versace Amarillo que olía ella, pero eso la sedujo más. Hablaron, se conocieron y Ernesto la invitó a que siga su camioneta para ir a su campo. Caminos rurales polvorientos y eternos hicieron temer a Silvia, a pesar de tener la vagina empapada pensaba: “se arrepintió y me quiere perder”; “no puede vivir tan lejos”; “me quiere llevar a un telo”; “porque no le chupe la pija en la estación deservicio así me sacaba las ganas”; “tanto viaje para nada”; hasta que finalmente llegaron al casco de una hermosa y antigua estancia.
 
El lugar parecía sacado de una revista de decoración, afuera galerías, construcción antigua y una torre; en el interior muebles antiguos, cuadros, arreglos campestres y una salamandra en un rincón calentando la fría mañana de invierno. Había un desayuno preparado para ambos y no se veía personal de servicio por ninguna parte. Iniciaron una larga charla que relajó a ella y le hizo acordar que necesitaba ir a orinar, algo que aguantaba desde la estación de servicio. Fue al baño, orinó y luego como una premonición instintiva hizo dos cosas que aún recuerda: se lavó y secó bien la vagina y se enjuagó la boca. Como una gata en celo regresó caminando lentamente y contorneando el cuerpo, allí lo vio a ese macho maduro sentado en el sillón apunto de prender un habano, eso la encendió. Caminando lentamente, moviendo las caderas y mirándolo a los ojos; se acercó y le preguntó: “¿hay leche para mí?”, el hizo una media sonrisa y contestó: “claro, servíte”. 

caliente

 
Silvia se estremeció, le quitó las botas, el pantalón de jean azul, el calzoncillo, le separó las piernas y se arrodilló frente a esa pija que tanto había visto en fotos, y por la cual tanto se había pajeado. Allí lo tenía: peludo, al natural como a ella le gusta, no era un niñito afeitado. Lo miró a los ojos y acercó su boca le dio dos besos y le pasó la lengua por el tronco. Miró la verga e hizo algo que hace con todas, le habló a la pija. “Hola papito hace mucho quería conocerte, mami te va a hacer mimos ! ” le dijo a la pija ignorando a Ernesto y luego tomó con su manolos huevos, subió hasta el nacimiento del tronco y comenzó a chuparlo lento, pero con ansiedad. Silvia se considera una “buena chupadora de pija” sabe manejar los tiempos y sobre todo disfruta ella de mamar la verga y eso sin dudas se transmite a quien recibe la mamada. Unas cuantas saboreadas de la pija de Ernesto, paró y preguntó: “¿te gusta?”, él que yacía sobre el sillón con las piernas abiertas solo respondió “siiii…”.      

viaje

 
Una mujer de 40 años sabe manejar los tiempos y Silvia es una experta en eso. Con la pija en una mano tomó un habano, lo prendió y le dio una profunda pitada, de esas que te marean y te ponen en una nube. Se lo pasó a él y comenzó nuevamente a chuparle la pija. Allí estaban los dos en una imagen casi de cine pornográfico: una mujer arrodillada, vestida con putishort, en remera corta y de ojotas; en medio de las piernas de un macho de 66 años; chupándole la verga; mientras el fumaba un habano; en el lujoso salón de una estancia entrerriana, solamente iluminados por la ventana abierta que permite ver la inmensidad del campo.     
 
Ella comenzó un juego que le encanta y sabe hacer, mientras mama una verga. Chuparla, metérsela hasta la garganta, meter los huevos en la boca, pasar la lengua desde los huevos hasta la cabeza, darle besitos; cuando veía que Ernesto estaba por acabar se detenía, tomaba el habano le daba una pitada, dejaba que la leche vuelva a los testículos, que pase la agitación y empezaba de nuevo. Sentía su concha hervir, el roce con el putishort de jean le calentaba, la vagina era un rio de jugos que mojaban su ropa interior y traspasaban a la prenda, dejando una mancha de humedad notoria. No necesitaba tocarse, el placer de chupar esa pija añorada por meses la había hecho tener un orgasmo que lo sintió mientras tenía esa hermosa pija en la garganta.
 
 
El juego de chupar y parar lo hizo varias veces, enloqueciendo a Ernesto, hasta que él le pidió acabar. Aunque tenía ganas de seguir el juego, quería que él se sienta cómodo con ella y aceptó, pero también la ansiedad de tener la leche de él en la boca la enloquecía. Abrió la boca, metió media pija, puso la mano en los huevos y los sintió endurecerse, el lechazo estaba pronto a llegar. Lo sintió caliente y sabroso, se llenó la boca de su semen y sin sacar la verga se lo tragó todo, lo saboreo con placer, mientras lo miraba a los ojos con cara de puta que acababa de satisfacer a su macho.
 

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Solo habían pasado 45 minutos, ella había calmado su calentura a medias, quería más. Tenía previsto partir a las 18 hs para volver junto a su hija del otro lado de la frontera. Sin embargo, no fue así, acordó con su hermana y se quedó 5 días a puro sexo y amor. Pero esa es otra historia.
 
CONTINUARÁ

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