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Lorena Vallejo, el fetiche de su ano rosa.

[ocupo imágenes e info de mi ex para hacer el formato, denle +10]

Lorena Vallejo, el fetiche de su ano rosa.

Lorena Vallejo tenía estaba a punto de graduarse de la prepa. Extremadamente tímida y sumisa, hablaba en susurros, bajaba la mirada y casi nunca contestaba. Le ganaba el nervio.
Su mamá, una mujer progre y activista, le había metido desde niña la idea de que como blanca privilegiada debía “mezclarse y aceptar” con migrantes, especialmente haitianos. “Tienes que ayudarlos de verdad, Lorena. Abrirte a ellos”. Esa presión terminó despertando en ella un fetiche racial profundo y conflictivo ya que solo la veían como un pedazo de carne blanca.
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El primero fue Jean, fue el que más la marcó. Haitiano de 17 años, piel negra, ya vendía droga en la prepa. La encontró sola en el patio trasero.
— Hola… yo soy Jean. Llegué de Haití… tu fumas ¿verdad? ¿No quieres ayudar?
—Aqui no... ¿Por qué preguntas?
—Yo quiero darle de comer a hermana y mamá, perdona...
Lorena solo bajó la mirada y le compró mota. Cada vez que salía empezaron a fumar juntos poco a poco. Jean era suave y delicado al principio, le comentaba como en Haití le cortan los dedos a la gente que hace eso, y que nunca había visto a una chica tan blanca como ella.
Después de mucha confianza, en una tarde calurosa, en el asiento trasero del Tsuru viejo, fumaron tanto que empezaron a experimentar algo excitante, Jean empezó a subirle la falda con lentitud sabiendo lo que quería.

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— Relaja, mi princesa de nieve… déjame tocar esto rico que tienes…
— Mm Jean no... murmuró con voz baja y cargada de deseo.
Aprovechando el calor y el exceso de sudor, sus dedos ásperos se resbalaron hasta su ano rosado. Lorena salto y gimió muy alto, haciendo que se tapara la boca con una vergüenza incalculable.
Jean notó que no dijo nada y volvió meter su dedo poco a poco, girándolo con cuidado mientras respiraba cerca de su oído.
— Qué culito apretado y rosado… tan delicado… huele tan rico a blanca sumisa… déjame oler más cerca.
Lorena solo soltó un gemido y tembló, con la cara ardiendo de vergüenza. Quería detenerse pero pudo decir nada. Jean sacó el dedo lentamente, lo olió profundo frente a ella y se lo acercó a la nariz.
— Huele tu ano sucio, Lorena… apesta delicioso. Oliendo con una cara enfermiza.
Después de seguir con su propia fiesta, quedaron mal. Lorena quedó con la mirada vidriosa y el cuerpo flojo. Jean no paraba de frotarle el ano con los dedos, lento y profundo, separándole las nalgas con cuidado.
— Mira cómo se abre despacito este culito blanco… tan caliente por dentro… qué rico se siente frotártelo así.
Lorena inhibida solo gimió bajito y temblaba. Jean sacó sus dedos, los olió con placer exagerado y se los restregó suavemente en la cara.
— Huele fuerte tu ano sucio… inhala, princesa.
Completamente drogada, Lorena apenas susurró con voz temblorosa:
— …sí… huele bien... cuando solo olía a caca y a sudor.

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Jean, no saciado, sacó el celular y la grabó con una malicia extrema: primero enfocó su cara roja y avergonzada para buscar sus llaves, luego batalló para poder meter el celular debajo de su falda entre el sudor y el calor, cuando pudo enfocó su ano rosado siendo abierto y frotado por sus dedos negros.
— Qué video tan rico… tu culito abriéndose solo para mí.
Terminando esa noche todo cambió en el fondo de Lorena.
Después de que lo enseñó con sus amigos, en pocos días se filtró en la prepa. Lorena se sintió devastada y durante varios días no le habló a Jean. Ella sentía que por más pequeño le vio la cara. El regresaba a buscarla con su cara de inocente preguntado ¿Estás enojada conmigo? ¿Yo no hice nada? Luego terminaron “como amigos”, pero con una incomodidad pesada...

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