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Freak lo cuenta P2. Trio con una muñeca

Hola, Freak! Esta es una experiencia que siempre me pone a mil. La primera vez que use un juguete con un amigo.


Juan (mi amigo) y yo nos habíamos reunido en mi casa con la excusa de una “pijamada”. Mis papás ya estaban dormidos en su habitación al otro lado de la casa, y nosotros nos encerramos en mi cuarto con la luz tenue de la lámpara de noche. El corazón me latía fuerte en el pecho cuando Juan abrió su mochila y sacó la muñeca sexual. Era un torso de silicón hiperrealista moreno: tetas grandes y suaves con pezones cafes, un culo redondo y firme, y dos entradas perfectamente moldeadas, una vaginal y otra anal, todo con esa textura cálida y elástica que se sentía casi como piel de verdad.

Nos quedamos los dos callados un momento, mirándola sobre mi cama. Éramos solo dos adolescentes inexpertos, tímidos y sin ninguna experiencia real con chicas. La idea de usar eso juntos nos ponía nerviosos y excitados al mismo tiempo.

—No sé cómo hacer esto… —murmuré, rascándome la nuca.

Juan se pasó la mano por el pelo, igual de rojo que yo.

—Podemos hacerlo por separado, pero si tu mamá se despierta y viene a ver… sería muy sospechoso que uno esté afuera esperando. Mejor nos quedamos aquí y… tratamos de ser discretos.

Asentí, tragando saliva. El morbo ya empezaba a correr por mis venas.

Juan fue el primero en animarse. Se sentó en la orilla de la cama y acercó el torso de silicón hacia él. Con manos temblorosas empezó a acariciarle las tetas, apretándolas suavemente. El silicón cedía bajo sus dedos con una suavidad increíble, como si fueran reales. Se inclinó y pasó la lengua por uno de los pezones, chupándolo con lentitud, luego el otro. El sonido húmedo de su boca contra el material llenaba la habitación. Bajó la mano y tocó la entrada vaginal, metiendo dos dedos con cuidado. Estaba seca, así que tomó la botella de lubricante que yo tenía escondida en el cajón y echó una buena cantidad. El líquido transparente y viscoso brilló bajo la luz.

Metió los dedos otra vez, ahora resbalando con facilidad dentro de esa abertura apretada y cálida. El sonido era obsceno: un chapoteo suave y húmedo cada vez que movía los dedos adentro y afuera. Juan respiraba más pesado. Vi cómo su short de pijama empezaba a abultarse notablemente. Mi propia polla también reaccionó; sentí cómo se endurecía dentro de mi ropa interior, presionando contra la tela.

—Se siente… tan real —susurró Juan, con la voz ronca. Siguió lamiendo las tetas mientras follaba el coño de silicón con los dedos, cada vez más rápido. El lubricante goteaba un poco por los bordes. Su otra mano apretaba una de las nalgas, separándola ligeramente para ver mejor la entrada anal. Estaba completamente concentrado, excitado, con las mejillas rojas.

Yo no podía dejar de mirar. El morbo de ver a mi mejor amigo haciendo eso con el juguete, los sonidos húmedos, el olor ligero a lubricante y a piel de silicón… todo me estaba poniendo a mil. Mi verga ya estaba completamente dura, palpitando.

Después de unos minutos, Juan se detuvo, jadeando. Sacó los dedos y se limpió en una toalla que teníamos cerca. Nos quedamos los dos sentados en la cama, con la muñeca entre nosotros, respirando agitados.

—Esto está muy real… —dijo él, con una sonrisa nerviosa.

Nos miramos un momento en silencio. El aire entre nosotros estaba cargado.

—¿Quieres… intentarlo tú también? O… ¿nos la follamos aquí mismo? —preguntó Juan, bajito.

Tragué saliva. El corazón me golpeaba contra las costillas.

—Aquí mismo —contesté—. Pero… hay que ser callados.

Los dos nos pusimos de pie, tímidos. Empezamos a quitarnos la ropa con las manos temblando. Primero las playeras, luego los shorts. Cuando nos bajamos los boxers, nos vimos desnudos por primera vez. 

Mi polla era de un tamaño promedio, unos 15 cm, recta, con el glande rosado y ya completamente erecta, palpitando ligeramente con cada latido. Tenía un poco de vello púbico recortado y las bolas apretadas por la excitación. La de Juan era un poco más gruesa que la mía, unos 16 cm, con una ligera curva hacia arriba y el prepucio retirado dejando ver un glande más grande y oscuro. También estaba completamente dura, con una vena marcada a lo largo del tronco. Verlo desnudo, ver su verga erecta frente a mí, generó un morbo nuevo y más intenso. Nunca había visto a otro chico así, tan cerca, tan excitado.

Los dos nos quedamos un segundo mirándonos, respirando pesado, sin decir nada. El ambiente se sentía aún más cargado ahora.

—¿Cómo quieres empezar? —pregunté en voz baja, con la garganta seca.

Juan tomó la delantera, visiblemente más decidido que yo. Con las manos todavía temblando un poco, acostó el torso de silicón boca arriba sobre mi cama, acomodando las tetas grandes hacia arriba y separando ligeramente las piernas moldeadas del juguete. El lubricante brillaba obscenamente en la entrada vaginal, resbalando un poco por los labios falsos.

Se colocó entre las “piernas” del muñeco y empezó a frotar su polla gruesa contra ese coño lubricado. El glande rosado e hinchado se deslizaba arriba y abajo por la ranura, abriéndola ligeramente con cada pasada. Juan cerró los ojos un segundo, soltando un suspiro entrecortado.

—Joder… se siente tan caliente y resbaladizo… —murmuró, casi para sí mismo.

Luego se inclinó hacia adelante y empezó a acariciar las tetas con ambas manos, apretándolas, pellizcando los pezones de silicón mientras seguía frotándose. Bajó la cara y chupó una de ellas con ganas, lamiendo y succionando ruidosamente. Su verga palpitaba contra la entrada, dejando hilos de lubricante y precum mezclados.

De pronto, empujó las caderas hacia adelante y la penetró de un solo movimiento. Su polla gruesa se hundió hasta la mitad en ese coño apretado y cálido de silicón. Juan abrió mucho los ojos y soltó un gemido ahogado, casi un jadeo de sorpresa.

—¡Ahh… mierda! —exclamó en voz baja, mordiéndose el labio—. Se siente… como si me estuviera apretando por dentro. Está tan apretado y caliente… es mejor de lo que imaginaba.

Su cuerpo se tensó completamente. Por un segundo pensé que se iba a correr ahí mismo, pero logró controlarse. Respiraba agitado, con el pecho subiendo y bajando rápido. Empezó a mover las caderas con lentitud, sacando y metiendo su verga con movimientos cortos y cuidadosos. El sonido húmedo y chapoteante del lubricante llenaba la habitación cada vez que entraba y salía. Todavía se notaba la vergüenza interna en su cara: las mejillas rojas, la mirada baja, pero la excitación era más fuerte y poco a poco ganaba confianza.

Yo me quedé sentado al borde de la cama, mirando todo con los ojos muy abiertos y el corazón latiéndome en la garganta. No podía apartar la vista de cómo su polla gruesa desaparecía una y otra vez dentro de ese coño falso. Mi propia verga estaba durísima, palpitando dolorosamente en el aire. Sin darme cuenta, mi mano derecha empezó a masturbarme lentamente, subiendo y bajando por mi tronco mientras observaba a mi amigo follando el juguete.

Me excitaba muchísimo ver a Juan así, desnudo, con la cara de placer, su verga entrando y saliendo de la muñeca. Era un morbo nuevo y poderoso que nunca había sentido.

Poco a poco me acerqué más a la cama. Extendí la mano y empecé a acariciar las tetas grandes del juguete mientras Juan seguía follándola. Las apretaba, las amasaba, imaginando que eran las tetas reales de alguna mujer… o mejor aún, las de aquella profesora culona de la escuela, la de matemáticas, que siempre llevaba pantalones ajustados que marcaban su culo enorme. Con más osadía, me incliné y lamí uno de los pezones, chupándolo con ganas mientras mi mano seguía masturbándome.

Juan aceleró un poco el ritmo, gimiendo más fuerte, sus caderas chocando contra el culo de silicón con un sonido suave y repetitivo.

—Santi… estoy a punto… —dijo con la voz entrecortada, deteniéndose de golpe y sacando su polla brillante de lubricante—. No quiero correrme todavía.

Respirando pesado, se hizo a un lado y me ofreció el juguete con una sonrisa nerviosa y excitada.

—Te toca… está bien lubricada.

Yo, sin pensarlo dos veces, tomé el torso de silicón y le di la vuelta sobre la cama, dejándolo boca abajo. Ahora quedaba expuesto el culo perfecto y redondo, con ese ano falso rosado y apretado justo en el centro. El lubricante que había usado Juan antes se había corrido un poco hacia atrás, brillando en la entrada anal.

Me arrodillé detrás del juguete, con el corazón latiendo a mil. Sin decir nada, me incliné y acerqué mi cara. Empecé a lamer ese ano de silicón con pura lujuria. Mi lengua plana pasó una y otra vez por el agujerito apretado, saboreando el gusto ligeramente dulce del lubricante mezclado con el sabor neutro del silicón. Lo lamía en círculos, presionando la punta de la lengua contra la entrada, intentando meterla un poco. Era un acto tan sucio y prohibido que me ponía aún más caliente. Chupé, besé y lamí ese culo falso como si fuera lo más delicioso del mundo, gimiendo bajito mientras mi polla goteaba precum sobre las sábanas.

Juan me miraba en silencio, respirando agitado, su verga todavía dura y brillante frente a él.

Me coloqué mejor detrás del torso de silicón, con las rodillas hundidas en el colchón. Mi polla estaba tan dura que dolía, el glande hinchado y brillante de precum. Agarré la botella de lubricante y eché un chorro generoso directamente sobre el ano falso, viendo cómo el líquido viscoso se deslizaba por la entrada apretada y caía un poco por los labios vaginales de abajo. 

—Voy a metérsela por el culo… —murmuré, más para mí que para Juan, pero él escuchó perfectamente.

Alineé mi verga con ese pequeño agujero rosado y empujé lentamente. El silicón cedió con resistencia al principio, abrazando mi glande con una presión caliente y elástica que me hizo soltar un gemido largo y bajo. Centímetro a centímetro, mi polla se fue hundiendo en el culo del juguete. Era más apretado que la vagina, más intenso. Sentí cada milímetro del interior falso apretándome como un puño caliente y resbaladizo.

—Joder, Juan… está tan apretado… —jadeé, con la voz ronca de placer—. Se siente como si me estuviera succionando la verga. Mucho más estrecho que el coño… me está apretando todo el tronco.

Cuando por fin tuve la mitad de mi polla dentro, no pude contenerme y empujé el resto de un solo golpe. Mis caderas chocaron contra las nalgas de silicón con un sonido suave y carnoso. Solté un gruñido de pura satisfacción y empecé a moverme, sacando y metiendo mi verga con movimientos lentos pero profundos. El lubricante hacía que entrara y saliera con facilidad, produciendo un sonido húmedo y obsceno que llenaba la habitación.

Mis manos agarraron con fuerza esas nalgas perfectas y redondas. Las apreté fuerte, sintiendo cómo el material suave se hundía bajo mis dedos, y luego las solté para verlas rebotar ligeramente. Sin pensarlo, levanté la mano derecha y le solté una nalgada fuerte al culo del juguete. El sonido seco resonó en el cuarto.

—Así te gusta, ¿verdad, puta? —susurré entre dientes, imaginando que no era un juguete, sino una mujer real, alguna zorra imaginaria que se había ofrecido para esto—. Te voy a romper ese culo apretado… mírate, toda abierta para mí.

Le di otra nalgada más fuerte, esta vez en la otra nalga, y luego empecé a follarla con más ritmo. Mis caderas chocaban contra su culo una y otra vez, haciendo que las tetas del juguete se aplastaran contra la cama con cada embestida. El placer era brutal. Cada vez que sacaba casi todo mi tronco y volvía a hundirme hasta el fondo, sentía cómo el ano falso me apretaba el glande y luego toda la longitud.

Levanté la mirada y vi a Juan sentado a un lado de la cama, con las piernas abiertas y la mano moviéndose con fuerza arriba y abajo de su polla gruesa y curvada. Se masturbaba rápido, con los ojos fijos en mí, en cómo mi verga desaparecía una y otra vez en el culo del juguete. Su cara estaba roja, la boca entreabierta, respirando pesado mientras se jalaba la verga con ganas.

Verlo así, masturbándose mientras me miraba follar el culo de la muñeca, me puso aún más caliente. 

—Está tan rico… —le dije a Juan, sin dejar de mover las caderas—. Se siente mejor de lo que pensaba… el culo me está ordeñando la verga. ¿Estás viendo cómo se la meto toda?

Juan solo asintió, sin dejar de masturbarse, su mano haciendo sonidos húmedos por el precum que le cubría el tronco.

Yo seguí follándola con más fuerza, apretando esas nalgas con ambas manos, separándolas para ver mejor cómo mi polla entraba y salía de ese ano apretado y brillante de lubricante. Cada embestida me hacía soltar gemidos bajos y comentarios sucios en voz baja:

—Qué culo tan rico tienes, perra…

El morbo era máximo. Mi mejor amigo masturbándose a mi lado mientras yo desahogaba toda mi lujuria en el juguete, imaginando que era una mujer cualquiera a la que estaba usando como un simple agujero.

Seguí follándola con fuerza, mis caderas chocando contra ese culo de silicón una y otra vez. Mis manos apretaban las nalgas con rudeza, separándolas para ver mejor cómo mi verga entraba y salía de su ano apretado.

—Así, zorra… toma toda mi verga en ese culo de puta —gruñí entre dientes, dejándome llevar por la fantasía—. Eres solo un agujero barato.

Cada palabra sucia parecía excitar más a Juan. Lo vi morderse el labio y masturbarse con más rapidez. De pronto se acercó por el lado, arrodillándose junto a mí. Su mano temblorosa pero decidida acarició el culo del juguete, apretando la nalga que yo no estaba sujetando mientras yo seguía embistiéndola.

—Qué culo tan rico… —murmuró Juan—. Mírala, toda abierta para ti. Es solo una puta.

Se inclinó más, acercando su rostro al lugar donde mi verga desaparecía una y otra vez. Sin aviso, escupió directamente sobre el ano del juguete, justo encima de mi tronco. El escupitajo caliente cayó sobre mi polla y se mezcló con el lubricante, haciendo que todo resbalara aún más. Sentí el calor húmedo correr por mi verga y eso me puso a mil.

—Joder… —gemí fuerte, acelerando las embestidas—. Eso se sintió demasiado bueno…

Juan sonrió con picardía y siguió alentándome, su voz baja y cargada de morbo.

—Dale más duro, Santi. Rompe ese culo de perra. Mírala cómo lo recibe todo.

Sus palabras me encendieron aún más. Los dos estábamos completamente metidos en el juego, aceptando el morbo sin vergüenza entre nosotros. Era como si hubiéramos cruzado una línea y ya no hubiera vuelta atrás.

Sentí que el orgasmo se acercaba peligrosamente. Mis bolas se tensaron y la base de mi verga empezó a palpitar. Con un esfuerzo enorme, saqué mi polla del culo del juguete con un sonido húmedo y obsceno. El ano quedó abierto, ligeramente dilatado y brillando de lubricante y saliva.

—Estuve a punto… —jadeé, respirando agitado, con la verga palpitando en el aire, roja y brillante.

Juan no perdió el tiempo. Tomó el torso de silicón con ambas manos y se acostó de espaldas en la cama. Agarró al juguete por la cintura y lo levantó, alineando su polla gruesa con la entrada vaginal. Bajó el muñeco lentamente sobre él. Su verga desapareció centímetro a centímetro dentro del coño lubricado hasta que el culo de silicón quedó completamente sentado sobre sus caderas.

—Ahhh… qué rico… —gruñó Juan, cerrando los ojos un segundo.

Desde atrás, la imagen era brutal. El culo del juguete estaba en pompa, redondo y perfecto, y entre las nalgas se veía claramente la verga de Juan enterrada hasta el fondo en el coño. El ano falso quedaba justo arriba, totalmente expuesto, suelto, brillando con el lubricante y mi saliva anterior, abierto y listo.

El morbo me golpeó como una ola. Me acerqué por detrás sin pensarlo dos veces. Me arrodillé entre las piernas de Juan, agarré mi verga todavía dura y la presioné contra ese ano lubricado. Empujé con fuerza. Mi polla se hundió en el culo del juguete mientras Juan lo follaba por la vagina al mismo tiempo.

Era una doble penetración perfecta. Sentí la presión extra del coño de silicón apretando desde el otro lado, separando solo una fina pared del material. Podía sentir la verga gruesa de Juan moviéndose justo al lado de la mía, solo separadas por esa delgada capa de silicón.

—Hostia… —gemí, apoyando las manos en la espalda del juguete—. Puedo sentir tu verga, Juan… está justo ahí, al lado de la mía.

Juan soltó un gemido largo y profundo, sus caderas empujando hacia arriba para follar el coño mientras yo empezaba a moverme dentro del culo.

—Joder, Santi… esto es demasiado… estamos follándola los dos al mismo tiempo.

Los dos empezamos a movernos, primero con ritmo descoordinado y luego encontrando un compás: yo empujando hacia abajo en el ano y Juan levantando las caderas para meterse en la vagina. El juguete se movía entre nosotros como una puta de carne y hueso, recibiendo verga por los dos agujeros a la vez. Los sonidos húmedos, los gemidos bajos de los dos y el olor a lubricante y sexo llenaban toda la habitación.

Los dos estábamos completamente perdidos en el momento. Yo follaba el culo apretado del juguete con embestidas profundas y fuertes, mientras Juan empujaba sus caderas hacia arriba, metiendo su polla gruesa una y otra vez en la vagina falsa. El silicón se movía entre nosotros como una muñeca sexual real, recibiendo verga por los dos agujeros al mismo tiempo. Cada vez que yo entraba hasta el fondo en su ano, sentía la polla de Juan rozando la mía a través de la delgada pared interna, creando una presión brutal y caliente que nos volvía locos.

—Joder, Santi… mírala cómo nos recibe los dos… —gruñó Juan, con la voz ronca y entrecortada—. U puto juguete para que la usemos como una zorra barata.

Sus manos agarraron las tetas grandes del silicón con fuerza, amasándolas, apretándolas hasta que los dedos se hundían en el material suave. Las sacudía mientras follaba el coño desde abajo, haciendo que rebotaran obscenamente.

Yo no me quedé atrás. Mis manos se clavaron en las nalgas redondas, separándolas con rudeza para ver mejor cómo mi verga entraba y salía de ese ano dilatado y brillante de lubricante y saliva. Levanté la mano y le solté una nalgada fuerte, el sonido seco resonó en la habitación.

—Así, puta… toma verga por los dos agujeros como la perra que eres —jadeé, azotándola otra vez, más fuerte—. ¿Te gusta que te follen, eh?

El juguete se movía violentamente entre nosotros. Juan aceleró sus embestidas desde abajo, levantando las caderas con fuerza, follándola como si quisiera atravesarla. Yo hacía lo mismo desde atrás, empujando hacia abajo con todo mi peso, haciendo que el silicón quedara completamente aplastado entre nuestros cuerpos. El sonido era obsceno: chapoteos húmedos, carne golpeando contra silicón, nuestros gemidos bajos y respiraciones agitadas.

Juan apretó las tetas con más fuerza, pellizcando los pezones falsos mientras seguía hablando sucio:

—Mírala… qué tetas de puta tiene. Apriétalas, Santi.

Yo obedecí. Una de mis manos bajó y empezó a amasar una de las tetas junto con la de Juan, apretando el silicón con lujuria mientras mi otra mano seguía azotando el culo una y otra vez. Las nalgadas se volvían más fuertes, dejando marcas rojas temporales en el material.

—Te vamos a llenar, zorra… —gruñí, sintiendo cómo mis bolas se tensaban peligrosamente—. Te vamos a correr hasta el fondo del culo y del coño.

Juan estaba igual de cerca. Su cara se contrajo de placer, los ojos entrecerrados, la boca abierta.

—Estoy a punto, Santi… no aguanto más… esta puta nos está ordeñando las vergas…

Yo sentía lo mismo. El orgasmo subía desde mis bolas como una ola imparable. Mis embestidas se volvieron erráticas, más profundas y brutales.

—Voy a correrme… ¡joder, me vengo! —gemí fuerte.

Con un último empujón salvaje hundí toda mi polla en el ano del juguete y exploté. Chorros calientes y espesos de semen salieron disparados dentro de su culo falso, llenándolo por completo. Mi verga palpitaba violentamente mientras me corría una y otra vez, vaciándome hasta la última gota.

Casi al mismo tiempo, Juan soltó un gruñido gutural y empujó sus caderas hacia arriba con fuerza, enterrando su polla gruesa hasta el fondo en la vagina. Sentí cómo su verga se hinchaba contra la mía a través de la pared de silicón mientras él también se corría con violencia.

—Ahhh… me corro… ¡lleno su coño! —exclamó entre dientes.

Su cuerpo se tensó debajo del juguete, sus caderas temblando mientras descargaba chorros abundantes de semen dentro de la entrada vaginal. Podía sentir los pulsos de su polla latiendo justo al lado de la mía, los dos corriéndonos al mismo tiempo dentro del mismo juguete, llenando sus dos agujeros con nuestra leche caliente.
Freak lo cuenta P2. Trio con una muñeca



Nos quedamos los dos jadeando pesadamente, todavía enterrados hasta el fondo en el silicón. Mi semen empezaba a escaparse por los bordes del ano dilatado, goteando sobre la polla de Juan y sus bolas. El juguete quedó completamente usado, los dos agujeros rebosando de semen blanco y espeso.

Poco a poco sacamos nuestras vergas, brillantes y todavía medio duras, cubiertas de lubricante y corrida. El ano y el coño del juguete quedaron abiertos, goteando nuestra leche por todos lados, dejando un desastre caliente y obsceno sobre las sábanas.

Nos miramos, respirando agitados, con una mezcla de vergüenza, satisfacción y un morbo que podríamos volver a explorar cuando quisieramos.
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