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La amiga de mi hermana 2 (última parte)

A la mañana siguiente mi hermana se levantó temprano y se fue al laburo alrededor de las 8. Yo me quedé en la cama, todavía con la pija medio dura recordando lo de anoche. No habían pasado ni veinte minutos cuando la puerta de mi pieza se abrió otra vez.
Era Sofía. Entró con el pelo liso rubio suelto, todavía con los lentes puestos, y solo una remera corta que apenas le tapaba las tetas y el culo. Me miró con una sonrisa sucia y cerró la puerta con llave.
—Ahora sí… nadie nos va a interrumpir, Matías —dijo bajito mientras se subía a la cama.
Se sacó la remera despacio, dejando que sus tetas enormes quedaran libres. Se trepó encima mío y me besó con ganas, frotando su concha ya mojada contra mi pija que se paró al instante. Me agarró la verga con la mano y empezó a masturbarme lento, mirándome por encima de los lentes.
—Anoche te portaste bien… pero hoy te quiero más fuerte —susurró.
Se bajó por mi cuerpo y me la metió en la boca otra vez. Me chupaba con más ganas que anoche, babeando todo, metiéndosela hasta la garganta y sacándola chorreando saliva. Con una mano me acariciaba los huevos mientras con la otra se tocaba el clítoris. El pelo liso rubio le caía sobre la cara y yo se lo agarraba para guiarla.
Después de un rato me soltó la pija con un “pop” y se dio vuelta, poniéndose en cuatro sobre la cama. Levantó el culo y me miró por encima del hombro.
—Primero quiero que me cojas la concha otra vez… después me vas a romper el culo como prometiste.
Le metí dos dedos para abrirla un poco y después le clavé la pija de un solo empujón. Estaba más mojada que anoche. La empecé a coger fuerte desde atrás, agarrándola de las caderas, haciendo que sus tetas enormes se balancearan y chocaran entre sí con cada embestida. El sonido mojado de su concha llenaba la pieza. Le tiraba del pelo liso rubio hacia atrás y le daba cachetadas suaves en el culo.
Sofía gemía más fuerte ahora que no había nadie en casa.
—Más fuerte… cogeme más fuerte, Matías —pedía entre jadeos.
La di vuelta, le levanté las piernas y se la metí en misionero, bien profundo. Sus tetas rebotaban en mi cara mientras yo le chupaba los pezones y le mordía el cuello. Ella me clavaba las uñas en la espalda y apretaba su concha alrededor de mi pija.
Cuando sentí que se venía, saqué la pija y le froté el clítoris rápido con la cabeza. Se corrió temblando, chorros de su jugo me mojaron la mano y la cama. Gritó mi nombre sin importarle nada.
Todavía jadeando, se puso de nuevo en cuatro, abrió bien las nalgas y me miró.
—Ahora… metémela en el culo. Despacio al principio.
Escupí un poco en mi pija y en su culito rosado, y empecé a empujar. Estaba apretadísimo. Sofía soltó un gemido largo cuando la cabeza entró. Me quedé quieto un rato para que se acostumbrara, después empecé a moverme despacio, entrando cada vez más profundo. Poco a poco su culo se aflojó y empecé a cogérselo más fuerte.
—Ay mierda… está tan llena… seguí —gemía ella, empujando el culo hacia atrás.
Le metí toda la pija en el culo y empecé a follarla con ritmo. Una mano en su cadera, la otra tirándole del pelo liso. Sus tetas enormes se balanceaban salvajemente. El culo le apretaba la pija de una forma increíble. Sofía se tocaba el clítoris mientras yo la sodomizaba, gimiendo cada vez más alto.
—No aguanto más… me voy a correr en tu culo —le avisé.
—Adentro… quiero que te corras adentro —suplicó.
Aceleré hasta que no pude más. Le metí todo y le descargué chorros gruesos y calientes bien profundo en el culo. Sofía se corrió otra vez al sentirme eyacular adentro, temblando y apretándome con el culo.
Nos quedamos un rato así, yo todavía adentro de ella, los dos jadeando. Cuando saqué la pija, un hilo de semen le corrió por el culo y el muslo.
Sofía se dio vuelta, se sacó los lentes por un segundo para limpiarse el sudor y me sonrió.
—Esto fue mejor de lo que imaginaba, Matías… —dijo, todavía respirando agitada—. La próxima vez que venga a dormir, no voy a esperar a las tres de la mañana. Te voy a buscar apenas mi hermana se duerma… o directamente te voy a llevar a mi departamento.
Se levantó, se puso la remera y me dio un último beso largo, todavía con sabor a sexo.
—Gracias por la noche y la mañana. No te olvides de mí.
Se fue caminando despacio, con el culo un poco dolorido y mi semen todavía chorreándole entre las piernas.
Yo me quedé en la cama, exhausto y sonriendo. Definitivamente, las visitas de mi hermana ya no iban a ser tan aburridas.

La amiga de mi hermana 2  (última parte)

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