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Me robé a mi suegro

Después de la muerte de mi esposo, me sumí en una profunda tristeza y depresión.
Mi vida había cambiado drásticamente, y me sentía sola, desprotegida y con un bebé de apenas unos meses.
Mi suegra me odiaba y no hallaba la hora en que me largara de su casa.
Con el tiempo comencé a notar que mi suegro me miraba de manera diferente. Últimamente había algo más en sus ojos, una lujuria oculta en su mirada que podía sentir en todo momento.
Me robé a mi suegro
Al principio, me sentí culpable por pensar así, pero no podía evitar sentirme atraída por él.
Una noche habían salido todos a un evento familiar, a mí siempre me dejaban de lado o directamente no me invitaban, me dejaban cuidando la casa.
Esa noche Carlos llegó del trabajo y le di de cenar.
Espere pacientemente el momento perfecto, se metió en la ducha y luego se metió a su cuarto, yo fui tras de él.
Mi hijo por fin se había dormido y había pasado mucho tiempo desde que había estado con mi esposo en la cama.
Ya no me importaba nada, si mi suegra terminaría por correrme de todos modos, entonces le pensaba dejar un par de cuernazos revolcándome con su marido.
Ya se imaginarán lo que pasó una vez que me vió entrar a la ducha con él, completamente desnuda.
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Decidimos ser discretos, pero la pasión entre nosotros era demasiado fuerte. Comenzamos a escapar juntos, robando momentos a escondidas. La emoción del riesgo nos excitaba.
Un día mientras cogiamos en la habitación de él, la hija de Carlos, Sofía llegó y nos vió.
Su rostro se llenó de incredulidad y dolor.
-¿Qué está pasando aquí?- preguntó con voz temblorosa.
La situación se volvió caótica.
Sofía se sintió traicionada, no solo por su padre, sino también por la mujer que había considerado una hermana.
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Después de la confrontación con Sofía, decidimos enfrentar las consecuencias juntos.
La familia se dividió.
Mi suegra abandonó a mi suegro, a mi de puta no me bajaban todos en la familia pero Carlos siempre me defendió. Eso le ardía más a la hija de puta de mi suegra.
Un día, tomamos una decisión drástica: dejar todo atrás y empezar de nuevo.
Carlos después del divorcio vendió las cosas que aún le quedaban y nos fuimos lejos.
Nos establecimos en una playa remota, donde Carlos había comprado una pequeña casa.
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Con el tiempo, Sofía y sus demas hijos se reconciliaron con él, pero mi suegra ya nunca le volvió a hablar.
Los hijos de Carlos los visitaban de nuevo algunas veces, pero esta vez, yo no era la cuñada sino la madrastra y señora de la casa.
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Varias caras sorprendidas, unas felices y algunas visiblemente molestas al ver la barriga de casi 9 meses que me plantó Carlos.
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Continuará...

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