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El síndrome de Wanda Nara

Este es otro de los relatos que quedaron dando vueltas por ahí. Decidí reescribirlo y publicarlo de nuevo porque hacer un relato cuesta, y no es justo que cualquier forro te lo copie y lo pegue adjudicándose su autoría...

Todavía no me conozco del todo. Pero ahora comprendo algunas cosas sobre mí que antes no podía. Sentimientos inevitables que me llevaban a hacer cosas de las que después me arrepentía...

Hace unos años salía con un chico con el que no me llevaba tan bien. El sexo era muy bueno pero fuera de eso no podíamos contarnos casi nada. No disfrutábamos del tiempo fuera de la cama, y creo que eso es fundamental para que una pareja funcione. Hoy sé que tu pareja debe ser tu mejor amig@. Y si no podés contarle algo a tu amig@ entonces no es tu amig@; por lo menos no de la única forma que a mí me importa. 
Ese era nuestro contexto emocional: buena química sexual rodeada de falta de confianza, chamuyos, y engaños de ambas partes, que se acrescentaban cuando peleábamos.

Ese sábado era una de esas noches. Quedé sola en casa. Mis amigas estaban con sus respectivas parejas, y yo me sentía insegura, ansiosa, inútil... Lo único que no me sentía era fea, pero eso era lo que más bronca me daba, porque me preguntaba cómo una mina como yo terminaba llorando sola en casa un sábado a la noche. Era inadmisible! Me sequé las lágrimas, me puse un poco de hielo en los ojos, y a medida que mi frente se enfriaba empezaba a sentir esas tremendas ganas de coger que no se aplacan ni con dos o tres orgasmos. Cuando no querés un consolador. Esta rubita estaba inconsolable...
Empecé a caminar nerviosa por toda la casa. Me acostaba en la cama y miraba el techo. Pensaba, flasheaba, hurgaba el celular... Mis mecanismos de defensa proyectaban en mi cabeza fotogramas de fantasías no cumplidas e hipotéticas situaciones sexuales que me ponían muy arrecha. Cuando estás así, vulnerable, buscás culpables de tu desazón. Es algo inconsciente. Como todo está mal, alguien lo tiene que pagar: tu pareja o vos misma. A mi novio le iban a bastar unos cuernos. ¿Y a mí? ¿Qué castigo merecía esta putita mala...? Cerré los ojos y no me vi empezando una nueva relación. Esto tenía que ser rápido e implacable. Tampoco me veía en alguno de esos boliches caretas lleno de estudiantes y nenes de mamá que son copias de copias... Me veía fuera de mi zona de confort. En una pieza villera, precaria, con poca luz, sucia y desordenada; subida en cuatro patas sobre una cama destendida que rechinaba, recibiendo bombazos de uno de esos guachines genéricos de gorra y camperita adidas, y gimiendo como loca al son de una de esas cumbias disléxicas y degradantes al palo, tomando vino de una botella cortada y aspirando todo el humo del ambiente...
¿Por qué esta fantasía tan común, tan poco glamorosa...? En ese momento no la pensé mucho pero ahora, un par de años después, con el affaire de Wanda Nara y L-Gante comencé a comprenderlo. A mí me gusta el Rock y el Pop. No soporto la cumbia ni el reggaeton, ni toda esta moda marginal omnipresente en todo lugar. Estos turros oversize son el otro extremo; del fitness, de la pulsión de vida, de mi inglés de instituto, de mi vie en rose, y del rock, que no siempre es tan sexual, a menos que sea Jimi Hendrix cogiéndose a la guitarra, o el Pity de Viejas Locas que te hacía chorrear con la voz... Esto iba a ser como dejarse preñar por el enemigo, como cuando te coge el del equipo rival con las camisetas puestas...
No me tenía que arreglar demasiado. Una rubita con apariencia de chetita, lejos de su café con croissant, en ese mar de gente que va a emborracharse a la puerta de los boliches era una donación. Hasta yo lo sabía. Me maquillé lo justo y necesario: nada de base, sólo un poco de rubor, brillo de labios, y los ojos apenas delineados. Pelo suelto peinado sólo con los dedos. Hoodie, camperita, bucaneras negras y pollera de jean. Y zapatillas, por si había que patear mucho.
Fui en bondi pero me bajé unas cuadras antes para parecer local y callejera. Conocía el camino, ese puente lleno de trolls escabiando, de ida y de vuelta, pero ahora no estaba con un grupete, y nadie sabía que estaba ahí. Me empecé a sentir insegura sobre mi plan, que por cierto no tenía. Mi única idea era caminar entre la multitud moviendo el culo hasta que alguien me detuviera de la mano, como pasaba siempre adentro del boliche. Escanear y parar a sorber algo, o poner una excusa cualquiera y seguir vuelteando.
El tramo antes de la zona bolichera era un playón medio tétrico con galpones enormes donde descargaban camiones, y donde se sabía que también trabajaban muchas chicas. Esta vez no lo vi tan indiferente. Estaba lleno de chicas de la vida, trans, de drogones y borrachos, de obvios delincuentes, y los "piropos" no se hicieron esperar:

_"¿Solita, chiquita?... Vení que acá tengo lo que venís a buscar...!".
 
_"¿A cuánto el pete, mami?...

_"Ese culo necesita una poronga, me parece, ¿eh?". 

Y cosas por el estilo... A veces es lindo que te piropeen, pero me entró un cagazo... Un peladito se me acercó rengueando a ofrecerme merca, y otras cosas. Tenía de todo! Era un "dealer ambulante". Le dije: "No gracias...", temblando, y escuché que alguien me gritó: "¡Putaaaa!...", entre besos y silbidos que rebotaban en las paredes y portones de esos galpones de dudosos interiores. 
Nada que ver con las veces que había pasado por ahí acompañada de mis amigos volviendo del boliche medio en pedo cuando casi amanecía. 
Decidí desistir. Abortar la misión de entregarme al enemigo por un arrebato de despecho y ansiedad. Me dio como un ataquecito de pánico.
Atravesé una especie de callejón, que era el último trecho para cruzar todo eso, ¡RE cagada! Se me hacía que me iban a apretar el culo de prepo y sin aviso, como hacía mi ex, o a meterme por la fuerza en uno de esos telos camuflados de depósitos.
 Empecé a apurar el paso, cuando veo un remis que dejaba a una persona. Casi me le tiro encima. Me subí rápido atrás y sentí un alivio... 
El tipo era un flaco, morocho, de rulos. Melena hasta la nuca. Tendría unos cincuenta y pico. Y estaba escuchando cumbia (!).
 
_"¿Adónde vamos piba? ¿Pal boliche...?".

 _"No...", le dije tímida y medio amedrentada todavía. "Para allá...", señalando y nombrando un barrio.
 
Camino a casa, la cumbia y la seguridad del auto me dieron otra idea que me devolvió a mi plan original. Acá estaba "mi turro" buscado, jaja. Obviamente, no me importaba mucho la pinta. Lo único que quería era sentir una pija escuchando cumbia. Pero, ¿cómo le decía eso? Se notaba que era uno de esos "vivos" de la calle. 

 _"Pensé que ibas al boliche...", dijo interrumpiendo mis pensamientos. 

 _"Sí, no... Iba, pero no...".

 _"¿Qué pasó...?", me preguntó.
 
_"Nada... Pasé por el playón y me asusté. Me perseguí que me querían robar, o violar...", dije con voz casi quebrada. Se me cagó de risa.

 _"Jajajajaja...! Naaaa! Robarte capaz... El celular. Pero violar ahí no. ¿Sabés el quilombo que se les arma? Ahí pagan para coger".
 
Me empezó a hablar de "la calle y la noche", hasta que nos fuimos acercando a mi barrio. 

 _"¿Hasta dónde te llevo, piba?...", me preguntó.

 Se me iba la oportunidad. Y no me había animado a decirle nada. Me iba a volver a dormir, como una boluda.

 _"Pare aquí!", le dije. 

Estábamos en una vereda sin casas, en la división entre un barrio y uno más jodido, más afín con el look del remisero. Me mostró el precio. El corazón me latía fuerte. Tomé aire y le dije con una trémula voz de putita: 

 _"Quiero... coger..,".

 _"¿Cómo?..."

 _"Tengo... ganas... de coger...", le repetí.
 
Se dio vuelta y me miró de arriba a abajo. 

 _"Soy una chica trans", le dije.


Volvió a mirar al frente, pensó algo unos segundos, y arrancando dijo:

 _"Habrías dicho antes que querías pija, mami...".

 Volanteó para la parte "jodida". 

 _"¿Adónde vamos?", le pregunté. 

 _"Y... Aquí no hay muchas opciones. Si me habrías dicho allá...".

 _"Es que no me animaba... Es la primera vez que hago esto. No soy una puta", le dije. 
(Por lo menos dos de esas cosas eran ciertas).
 
_"¿No sos una puta?...", dijo con sarcasmo. "Bueno, ahora sí lo vas a ser...". Y se carcajeó.
 
Llegamos a la zona de la cárcel, una parte con varias cuadras semi oscuras, con un par de potreros al lado. Paró ahí, y apagó todo. En lo alto, detrás de los muros con casetas y alambres de púas se veían las ventanas enrejadas de las celdas.
 
_"Pasá adelante", me ordenó. 

 Ya no tenía la amabilidad de cuando me charlaba. Ahora me trataba como lo que me dijo que iba a ser: una puta. 
Hacía un poco de frío, así que pasé rápido al asiento del acompañante 
y me senté mirándolo sin animarme a iniciar nada.
Él me agarró suavemente del mentón, y me acarició la mejilla con un pulgar duro y áspero como lija.
 
_"Mirá de bonita que sos...", me dijo. 

Se desabrochó la bragueta con la otra mano, y me bajó de la nuca hasta una pija "chocolate", dura y de buen tamaño.
 Después de unos minutos me dijo:
  
_"Qué bien que la chupás para no ser una puta, ¿eh?". Y me metió una buena apretada de orto.
 
Me subí la pollera para dejarlo jugar un ratito con mi culo. No era para nada bruto este tipo. Era flaco pero fuerte, y sabía cómo tocar y dónde. Tampoco me ahogaba ni me empujaba la cabeza. 
 Empezó a buscar preservativos en la gaveta y yo le di los que traía por el lubricante. Me untó bien el ojetito, 
se limpió la mano con una franela, sacó el volante, reclinó el asiento, y me dijo:

 _"Bueno, mami, ya estás lista para pagarme el viaje...", y me pegó un chirlito en el culo. 
 
Me levanté babeando. Me saqué la campera y el hoodie, mientras él se ponía el preservativo, y quedé en corpiño.

 _"Yo siempre uso forro, ¿sabés rubita?... Hay que cuidarse".

 _"Está bien...", le dije.

 Me bajé la falda hasta las rodillas, y con la pollera enrollada en la cintura me senté encima suyo. 
Despacito, porque esa verga negra se veía respetable. 
Me agarró de la cintura con sus manos curtidas y me empezó a empalar despacio hasta donde quiso. Yo me recosté sobre su pecho y sentí su crucifijo frío en mi espalda.
 Me sacó las tetas y me las apretó, y se empezó a mover. Yo arranqué a gemir, y él a decirme cosas, como: "No te va a quedar igual el culo después de ésta, rubita, ¿eh?...". O:
"Mirá la que no era puta, cómo come...".
¡En eso me acordé de la cumbia! Le dije que por favor prenda la radio, que quería escuchar cumbia. Me dijo: "¿Qué?". Le insistí. Él no entendía nada. Pero empezó a sintonizar el dial conmigo empotrada.
 Volvimos a movernos. Me recosté de nuevo en su pecho y cerré los ojos. La cumbia me puso al palo. Tenía la pija dura y él me empezó a pajear. Le dije que no, porque me iba a hacer acabar. Me dijo que le dé otro forro y me lo puso para que no le ensucie el auto. Le dije otra vez que no quería acabar porque se me iba a ir la excitación, y detuve su mano con las mías.
 No le importó; me agarró de las dos muñecas con una sola mano y me siguió pajeando y dándomela toda hasta que me hizo acabar, con un montón de gritos de puta bien cogida.
Empernada, me hizo sacarme el forro, anudarlo y tirarlo por la ventanilla; y que me limpiara bien la verguita con esa franela sucia. Me volví a recostar sobre él, con la pija todavía adentro. Planchada. 

_"¿Por qué me hiciste acabar...?", le pregunté. "Quería que dure más...".

 _"Porque no puedo estar aquí toda la noche, mami. Tengo que laburar. 
 Y vos ahora, te vas a tomar toda mi leche...".

Me hizo levantar, tiró su forro, y me volvió a bajar la cabeza. Se la chupé un ratito hasta que sentí con los labios cómo esa leche agria le subía por la pija y bajaba enseguida por mi garganta: una, dos, tres, cuatro, cinco descargas... La tragué toda y me incorporé. 

 _"¡La que no era puta!", me dijo y se volvió a reír.
 Me limpié la boca con la mano y me arreglé. Me sentía húmeda por todos lados. Y tenía razón: mi colita ya no era la misma, como había dicho. 
 
_"Vení...", me dijo haciéndome un gesto con la mano, y me chapó.

 _"¿Cómo te llamás?", me preguntó.
 
Le dije mi nombre y le pregunté el suyo.
  
_"Es mejor que no lo sepas", respondió.
 
Me hizo volver de nuevo atrás, y me dejó muy cerca de mi casa. Nos saludamos como chofer y pasajera, y cuando me bajé, gritando mi nombre me dijo:
 
_"¡Ahora ya sos puta...!".

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