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Chardonnay y Cabernet Sauvignon

En la ciudad de la furia, se encontraba él.
Un hombre que si osamos comparar con un vino sería similar a un Cabernet Sauvignon, un vino con mucha presencia, robusto, de aroma profundo y persistente en boca, que no se marida con cualquier comida.
Del otro lado y no menos importante, se encontraba ella, vino elegante pero está vez, su tes nos haría pensar en un vino blanco. Digamos que se asemeja al Chardonnay, frutal, fresco y de un buen cuerpo, que sabe adaptarse al lugar donde se encuentra, sumamente versátil.
Juntos se unieron en un brindis cuando sus copas chocaron y se conocieron, como la vida misma, porque el destino así lo quiso o simplemente por pura casualidad.
Sabían que no eran comprendidos por el resto del mundo, ellos entendían su juego y estaban dispuestos a jugarlo, por más que alguno de los comensales no estuviera de acuerdo.
No se dejaban llevar por el que dirán simplemente jugaban.
Chardonnay quería demostrar que en esa cena iba a ser el centro de atención y dominar el escenario, decidir quién sí, quién no, quién la probaría y especialmente cómo lo haría.
Comenzó muy bien, su bello cuerpo armonizaba y daba un sentido a cada plato, parada en medio del salón dirigida al universo como el mejor director de orquesta, marcaba los ritmos tomaba decisiones y hasta invitaba o pedía distintos tipos de situaciones, exigiendo explicaciones que no todos estaban preparados para dar pero que accedían porque habían caído bajo su encanto.
Desnudate para mí exigió, y él accedió sin dudarlo quería que lo conociera, quería demostrarle que nunca mintió y que su cuerpo por más sencillo que pareciera se entregaba a sus más mínimos deseos.
Tus ojos dime de qué color son tus ojos, sin dudarlo él contestó verdes oscuros pero verdes.
Atonita ella quedó cuando él abrió los ojos y no pudo evitar perderse en su mirada.
De golpe todo cambio, él la tomó desprevenida, tomó su cuerpo que se encontraba sediento, pero ella aún no lo sabía.
Poco a poco fue acariciando sus senos, se encontraban turgentes, firmes, esperaban ser succionados, la violencia se apoderó y él sin dudarlo quería probar su dolor, mordía intensamente sus pecho dejando marcada su dentadura como si el marcará su propiedad, en ese instante ya le pertenecía.
Deseosa de placer pidió ser penetrada, él sin embargo tenía otros deseos.
Suave y lento comenzó a jugar con su clítoris, con su vagina, introduciendo su mano para poder sentir la humedad que caída desde adentro de su cuerpo.
El la masturbaba con pasión y ella respondía contorsionándose y gimiendo para demostrarle lo bien que lo estaba gozando.
La tomó del cuello, ejerció presión para que ella supiera quién dominaba su cuerpo, la tomó con firmeza, acomodó el cuerpo entregado que ella ofrecía y sin dudarlo penetró su boca una y otra vez haciendo de ese momento uno de los más placenteros y llenos de pasión que ambos habían vivido.
Ella solo se limitaba a acompañar el movimiento de su pene dentro de su boca, estaban sincronizados.
Él la obligó a llegar al clímax donde ella solo deseaba ser violada, lo exigió lo suplicó y él accedió.
Tomó el cuerpo entregado de ella utilizándolo como un simple objeto sexual.
La penetró violentamente una y otra vez haciendo que experimente el dolor más extremo que había experimentado hasta ese día.
Para él ella no era nada, sin embargo, para ella en ese momento él lo era todo, él era su amo y si su amo se lo pedía iba a entregar su vida por él.
Jugó con su ano, jugó con su vagina, jugó con su boca y la masturbó como nadie lo había hecho, agotada imploraba clemencia él hacía caso omiso a sus súplicas y seguía disfrutando de su juguete.
Los fluidos de ella invadieron su cuerpo, su saliva caía de su boca como si fuese unas canillas mal cerrada, su vagina destilaba placer haciendo que su ano también este empapado del jugo dela pasión
El semen que había depositado él en el cuerpo de ella empezaba a salir, sus fluidos se mezclaban nuevamente, ella totalmente entregada al placer y a la lujuria descansaba tirada en el sofá donde él la había dejado.
Sin embargo parado delante de ella como macho dominante abrió una cerveza para demostrarle a ella cuál era su lugar, lo miro con placer y deseo agradeciendo el servicio recibido, él la llamó con la mano y la obligó a que limpiara su pene lleno de fluido y semen con su boca.
Como buena esclava accedió sin dudarlo.
Para humillarla aún más él se corre para darse una ducha demostrándole así el lugar que ocupaba esa noche.
Recostados los dos sobre el sofá se abrazaron y besaron, no hubo diálogo con una mirada supieron entenderse y darse cuenta que esa noche el placer pudo más.
Mordió nuevamente su cuerpo, la espalda y su cuellos se encontraban impolutos, ella lo miró y sonríe. De su boca solo se escuchó algo que lo estremeció
.., si amo.... Su puta necesitaba eso se lo merecía....
Sus cuerpos agotados descansaron hasta el amanecer.

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