You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Semillas de Cuckold 2

Capítulo 2: El descubrimiento que lo cambió todo
Marco se quedó sentado frente a la laptop de Yoselin, con el corazón latiéndole con fuerza. La bandeja de mensajes directos de Instagram estaba abierta y no podía apartar la vista. Sabía que no debía hacerlo, que estaba invadiendo su privacidad, pero la curiosidad ardía más fuerte que cualquier razonamiento moral. Sus dedos temblaron ligeramente sobre el touchpad mientras bajaba por la lista de conversaciones antiguas.
Yoselin había olvidado borrar varias charlas de mucho antes de que ellos se conocieran. Nombres que Marco nunca había escuchado: ex novios, chicos con los que había salido, amigos con derechos. Una en particular llamó su atención de inmediato. El contacto se llamaba simplemente “Carlos ❤️”.
La conversación era de hacía más de tres años, unos tres meses antes de que Marco y Yoselin se conocieran. Había decenas y decenas de mensajes, llenos de emojis de fuego, corazones rojos, caritas con ojos saltones y varios “😈” y “💦”. Marco sintió un nudo apretado en el estómago, pero no pudo resistirse y empezó a leer.
Los mensajes eran claramente sexuales. Carlos le escribía cosas como:“Todavía me acuerdo de cómo gemías anoche cuando te la metí hasta el fondo.”Yoselin respondía con fotos sugerentes y contestaciones jugosas: “Me dejaste caminando raro todo el día, cabrón 😂”
Marco siguió bajando, leyendo con atención. La conversación mostraba que llevaban varios meses viéndose regularmente. Describían encuentros detallados: cómo Carlos la cogía en el asiento trasero de su coche, cómo ella le hacía mamadas profundas en su departamento, cómo terminaban siempre con él corriéndose dentro de ella o en su boca. Yoselin escribía sin vergüenza lo mucho que le gustaba sentirlo grande y grueso, cómo le dolía rico después de cada sesión.
Una mezcla extraña y contradictoria invadió a Marco: celos intensos y un morbo caliente que le subía por todo el cuerpo. No era enojo real, porque todo había pasado mucho antes de que ellos fueran pareja. Pero leer las palabras de su esposa describiendo cómo disfrutaba con otro hombre le provocaba una sensación rara, incómoda y excitante al mismo tiempo.
Siguió bajando por la conversación. De pronto, un mensaje con foto adjunta apareció en la pantalla. Marco hizo clic para abrirla en grande.
Era una foto tomada desde el celular, en la parte trasera de un automóvil. La iluminación era tenue, pero se veía con claridad. Yoselin estaba de rodillas o medio recostada, con la cara entre las piernas de Carlos. Él estaba desnudo de la cintura para abajo. Ella todavía tenía puesta la blusa. En la mano de Yoselin, sosteniéndola con orgullo contra su mejilla, estaba la verga de Carlos.
Marco se quedó absorto, sin poder parpadear.
Era morena, gruesa y larga. Muy larga. Calculó que fácilmente llegaba a los 19 centímetros o más. Los testículos eran gordos, pesados, colgando debajo. Yoselin sonreía a la cámara, con la verga pegada a su cara, mostrando claramente lo grande que era en comparación con su rostro pequeño y bonito. Sus labios carnosos casi tocaban la cabeza gruesa y venosa. Se veía feliz, traviesa, orgullosa de tener esa verga en sus manos.
Marco tragó saliva con dificultad. Su propia verga, aunque muy gruesa y de la que siempre se había sentido orgulloso, apenas llegaba a los 15 centímetros cuando estaba completamente dura. La de Carlos era notablemente más larga y también parecía más gruesa. Era una verga potente, imponente.
Algo se removió en el estómago de Marco. Una punzada de celos intensa, pero al mismo tiempo un calor que le subía por todo el cuerpo y se concentraba en su entrepierna. Cuando bajó la mirada, se dio cuenta con sorpresa de que su verga estaba completamente dura, presionando con fuerza contra el pantalón.
No pudo resistirse más.
Miró rápidamente hacia la puerta del departamento. Yoselin aún tardaría al menos una hora en llegar. Con las manos temblando de nervios y excitación, se paró de la silla, se bajó el pantalón y el bóxer de un solo movimiento y se sentó de nuevo frente a la laptop. Su verga saltó libre, dura, palpitante y con la cabeza ya brillando de precum.
Empezó a masturbarse con desesperación, sin lubricante, solo con la mano apretada alrededor de su grosor. Sus ojos no se apartaban de la foto: la cara de Yoselin sonriendo con esa verga enorme pegada a su mejilla.
“Puta madre…” murmuró entre dientes, acelerando el movimiento.
Mientras se jalaba la verga con movimientos rápidos y nerviosos, su mente se llenó de imágenes y preguntas que lo quemaban por dentro:
¿Cuántas veces lo habrían hecho?Las conversaciones mostraban semanas, tal vez meses de verse regularmente.¿Cómo era posible que Yoselin disfrutara tanto de su verga habiendo tenido algo así de grande antes?¿La habría sentido adentro? ¿Cuántas veces se la habría metido hasta el fondo?¿Habría tenido Yoselin vergas incluso más grandes en su historial?Cuando él la cogía y sentía su vagina apretada alrededor de su verga, ¿cómo se sentiría ella teniendo una verga de esas dimensiones adentro? ¿La llenaría tanto que casi no cabría?¿Cómo le haría para chupar algo así? ¿Se la metería hasta la garganta? ¿Lloraría de placer o de esfuerzo?
Cada pensamiento lo ponía más caliente. Su mano subía y bajaba cada vez más rápido. El sonido húmedo de su piel se mezclaba con su respiración agitada. Imaginaba a Yoselin de rodillas en ese coche, abriendo la boca para recibir esa verga gruesa y larga, tragándosela lo más que podía mientras Carlos la agarraba del cabello.
El orgasmo llegó de golpe, sin aviso. Marco soltó un gemido ahogado y explotó en un chorro intenso y potente. Varios chorros gruesos salieron disparados, cayendo sobre su mano, su abdomen y hasta salpicando un poco la mesa. Se corrió más fuerte de lo que recordaba en mucho tiempo, el cuerpo temblando por la intensidad del placer.
Cuando terminó, se quedó jadeando, mirando la pantalla todavía abierta con la foto. La realidad volvió de golpe. Se sintió expuesto, culpable y extrañamente excitado al mismo tiempo.
Con rapidez, se limpió como pudo con unos pañuelos, se subió la ropa y regresó a la laptop. Se pasó la foto a su propio celular, borró el historial de navegación para no dejar rastro, pero dejó la conversación intacta. No quería que Yoselin sospechara que había estado husmeando.
Cerró la laptop y se quedó sentado en el sillón del living el resto de la tarde, pensativo, con la mente dando vueltas sin parar. Cada pocos minutos revisaba su teléfono y volvía a mirar la foto que se había enviado. Su verga volvía a endurecerse solo de verla.
Cuando escuchó la llave en la puerta, su corazón dio un salto.
Yoselin entró sonriendo, como cualquier otro día.
—Hola, amor. ¿Qué tal tu día? —preguntó mientras dejaba sus cosas y se acercaba a darle un beso.
Marco la miró, intentando que su voz sonara normal.
—Normal… ¿y el tuyo?
Pero por dentro todo había cambiado. Esa foto, esa verga, las conversaciones… ya no podía sacárselas de la cabeza. El morbo había entrado en su vida y no parecía dispuesto a salir.

0 comentarios - Semillas de Cuckold 2