
Mi nombre es Josué, tengo 25 años, vivo con mi novia Sandra, una mujer hermosa, libre, amigable y por supuesto, sexy hermosa, una mujer que roba las miradas por esas faldas cortas sobre la rodilla, esos tops que presionan tus tetas y que se marcan cuando hace frío, una chica que conocí en penúltimo año de la universidad.
Conectamos muy rápido, nos hicimos novios a pesar de su gran cantidad de pretendientes, y nos fuimos vivir apenas terminaos la universidad.
Yo comencé a trabajar en un despacho de arquitectura, y ella en lo que buscaba algo estable se dedicó a ser ama de casa, una casa heredada de la abuela, algo vieja y con urgencia en las reparaciones, y es aquí donde comienza mi historia de cornudo.
Después de ahorrar algo de dinero puse en marcha la obra, pues era tal el deterioro de la casa que nos teníamos que bañar en el patio trasero cuando el agua dejó de salir por la regadera del baño. Era un patio rodeado de algunas casas de dos edificios y un terreno vacío lleno de maleza, que aunque no tenían ventanas hacia el exterior, su se podía por los balcones si había curiosidad de parte de los vecinos; yo no tenía problema con eso, me bañaba rápido y entraba para cambiarme lejos de cualquier mirada curiosa, sin embargo mi novia no, solía tomarse su tiempo con naturalidad, como si no estuviera en el patio desnuda limpiando su cuerpo, algo que me causaba cierto revuelo pero que jamás le dije pues no había un baño en buen estado para usar.
Recuerdo haberla visto bañarse, como el agua recorría ese cuerpo desnudo, como resaltaban su seos que aunque eran de un tamaño medio eso no impedía que cada movimiento hiciera que se movieran, igual que su mayor atributo, ese par de carnosas nalgas que solía presumir de forma involuntario y la razón por la que tenía decenas de pretendientes, un respingado culo de nalgas morenas... Su ducha era lenta, como si naturalmente remarcara sus curvas con las manos y el agua; y aunque pensaba que no miraba nadie, no lo sabía, quizá era una mentira para calmar mis celos, pues quizá algún curioso podía verla y yo ni encienta. Pues desde donde la veía, no se legaban a ver los balcones de los edificios.

Es aquí cuando comienza mi calvario. cuando invité a Don Joel, un albañil que me ayudaría asacar presupuestos y sacar adelante la obra en la casa, remodelación en varias partes, un trabajo tardado y costoso que me costó a mi mujer.
7 de la mañana, mientras mi novia se vestía para hacer el desayuno yo bajaba a abrir la puerta para abrirle al maestro albañil, Don Joel, un hombre en sus 45-50 años, panzón quizá de tanta cerveza, peludo de los brazos pero fuerte, fortachón, se notaba que llevaba años en el oficio.
Lo hice pasar, hablamos y no fue una sorpresa que mientras me revisaba algunos planos abría los ojos al ver a mi novia bajar en un short que acentuaba su respingado culito, y si sostén, pues se notaban los pezones duros por el frío matutino; quise decir algo, quería decirle a mi novia que había visitas y que no había que vestir así, sin embargo mi sorpresa fue recibir un empujón, uno quizá accidental mientras Joel movía su cuerpo marido en dirección a mi novia con una sonrisa, tan amable, a diferencia de la seriedad que tenía segundos antes.
Joel. ⸻ Hola, hola... Mi nombre es Joel, soy el que va a remodelar tu casa junto a mis chalanes.
Sandra. ⸻ Oh... Hola, ¿Mi amor?, porque no me dices que hay visitas.
Ella me susurro al acercarse a mi mientras respondía a ese hombre, aunque no por ese pequeño desliz quitaba esa tan característica risilla juvenil, incluso tomando con las dos manos esa mano callosa del Don.
Sandra. ⸻ Mucho gusto, mi nombre es Sandra soy la novia de Josué, soy el ama de casa por ahora, estaré aquí para ver lo que necesiten, siéntase como en casa.
Tosí fuerte para llamar su atención, algo que logré pues regresó su vista a los planos, aunque también podía verlo dándole miradas ocasiones cuando cocinaba, como ese cuerpo joven respondía a sus movimientos.
Fueron algunas horas de discusión, de números y dinero, pues entre un gran fajo de dinero para que comprara materiales y comenzara a hacer su trabajo dentro de la casa.
La primera semana fue normal, yo salía de casa a las 7 de la mañana, el albañil llegaba a las 8 y cuando yo regresaba por la tarde a veces lo veía trabajando demoliendo una pared o quitando el revestimiento viejo; o a veces solo veía a mi mujer quien sonreía y me decía que Don José se había ido temprano.
Las remodelaciones iban bien, una pared, después otras, sin embargo poco a poco notaba algo extraño incluso molesto.
Don Joel era cada vez más confianzudo, hablaba con mi novia bastante incluso cuando llegue temprano estaba hablando con el mientras el trabajaba, risillas, empujoncitos, bromas en el oído, cosas que se repetían todos los días incluso cuando llegaba a comer, como si hablaran entre los dos cuando yo estaba ahí presente.
Una molestia que le hice saber pero que era respondida con un: "Hay tontito, solo estábamos hablando, se la pasa en casa así que me gusta ser amable, además no salgo así que me entretengo cuando hago el quehacer, hablo con él y ya..."
Algo que por supuesto me trague, tenía razón, quizá era más paranoico...
La segunda semana fue igual, y aunque me molestaba lo entendía... Sin embargo la tercera fue donde todo llegó a su limite.
Venía de hablar todos los días con él y de bromear, sin embargo mi novia comenzó a ser más... Dejada, esos shorts que usaba conmigo comenzó a usarlos en su día a día, la falta de sostén, y esas miradas que se daban eran cuanto menos molestas, pero en mi afán de confiar y de llevar la fiesta en paz lo deje pasar.
Para la tercera semana las obras comenzaron a ir más lento, a veces juraba que no había cancelado alguno, las paredes nuevas se miraban bien, pero lograba notar como las demás a veces solo avanzaban unos centímetros o donde quitaba el revestimiento viejo para cuando llegaba parecía que no había trabajado.
Esa vez llegue una hora antes, bajé del auto en silencio pero no escuchaba martilleos o la pala hacer algo, solo me acerqué a abrir cuando pude escuchar a mi novia bañarse, pues se escuchaba el agua, pensé que el albañil en había ido, hasta que escuché esa voz igual en el patio.
Don Joel. ⸻ Eso, ábrelo más linda...
Sandra. ⸻ Hay Don Joel... No puedo creer que me haga hacer esto, nada más no se acerque tanto.
No entendia lo que hablaban, así que solo dejé mis cosas en el suelo y me metí entre los matorrales del terreno vacío, si bien había una barda, sabía que había algunos huecos por ser una pared vieja que daban hacia el patio y la puerta.



Fue ahí cuando los vi, mi mujer, sobre un banco abriéndose el culo de par en par, separaba sus nalgas con las manos, tanto que podía ver su ano y su vagina.
Don Joel solo estaba de rodillas, mirando de cerca mientras veía que se masturbaba, incluso escuchaba como respiraba muy cerca de ella, pero lo que me llamó la atención fue ese pene, esa verga que aún con su mano masturbándose sobresalía esa cabeza ligeramente morena e hinchada, además de esos peludos huevos que se movían sueltos al tener los pantalones abajo, a final pude ver cómo se corría sobre el suelo, y lo supe porque sus caderas se movieron incluso había soltado un gemido ronco mientras mi novia soltaba sus nalgas y se subía las bragas además de su vestido.
Pude ver cómo tomaba agua de la pileta para limpiar, mientras Joel se acomodaba los pantalones; escucha que susurraban algo, pero no los escuchaba, hasta que pude ver como debajo del marco de la puerta se besaban, era un beso sucio, no era como el que me daba por la mañana, solo veía como sacaban sus lenguas y se entrelazaban entre salida, mientras las manos callosas de ese hombre apretaban incluso subían ese vestido para apretar esas nalgas morenas y bien formadas.
No sabía que hacer, quizá llorar, o preguntarme desde cuándo... ¿Un beso así?, ¿Dejar que se masturbara de esa forma?... Desde cuándo lo hacían, pues cuando llegaba todo parecía normal, incluso me recibía con el mismo beso de siempre.
Tiré un puñetazo a una madera lo que hizo que se cayera, así que pude ver cómo se separaban y se acomodaban.
Salí de ahí molesto, quería gritar, pero también, una gran erección entre mis pantalones incluso sentía la punta mojada, quizá por lo que había visto.
Tomé mis cosas, entre rápido con naturalidad mientras venía a mi mujer en la sala acomodándose la falda y a la lejanía la pala de nuevo, lenta como si solo lo hiciera para hacer ruido.
Yo. ⸻ Hola mi amor, ¿Y Don Joel?... Quería hablar con él, porque van muy lentas obras.
Lo pensé en seguida, desde que el ritmo había bajando quizá era cuando ese viejo aprovechaba para seducir a mi mujer, algo que por lo que había visto, había pasado.
Sandra. ⸻ Todo está bien mi amor, él aveces se tenía que ir temprano, dice que va a reponer las horas después, tu no te preocupes.
Lo defendía, incluso pensaba en cuanto tiempo lo habían estado haciendo a mis espaldas como para no avanzar en las obras.
Esos días fueron duros, y molestos pues sabía lo que pasaba cuando me iba de casa.
Las semanas siguientes fueron peores, más porque el trabajo me tenía tan ocupado que para cuando llegaba ya era de noche y mi novia estaba dormida, buscaba algún indicio de lo que hacían, pero nada, todo limpio, todo en orden... Al menos hasta que pudo revisar la basura de la obra; fue ahí cuando pude ver algunas cajas de condones usados y rotos entre los escombros, algo que quería ver aunque me enojara.
Fue ahí cuando pedí permiso en el trabajo para salir mucho antes, mi plan era llegar a casa a medio día, y espirar por dónde pudiera.
Al llegar lo único que escuché fue el agua caer desde la pila en el patio, me acerqué, me acomode donde la otra vez y al final los pude ver.
Se estaban bañando los dos, Sandra completamente desnuda mientras las manos de ese hombre recorrían ese culo moreno, incluso subía por su abdomen para apretar sus tetas y sus pezones morenos.
Escuchaba que hablaban, pero desde la distancia solo escuchaba balbuceos, pero lo que si vi me hizo sentir duro e impotente.
Pude ver cómo mi novia se ponía de rodillas para comenzar a meterse esa verga en la boca sin decir nada más, mientras el panzón de Joel acariciaba su cabello mojado y movía sus caderas al unisono en el que escuchaba las arcadas que daba mi novia al querer que todo entrara, incluso era algo que no me había hecho a mi, más allá de una mamada normal, con él parecía diferente, con hambre como si a pesar de todo estuviese esperando esa verga desde que me voy, pues cuando me movía a otra dirección podía ver cómo a pesar de las lágrimas lo miraba a los ojos, como las manos de esa chica la que era mi novia se aferraban a las piernas de se hombre.
No se cuántos minutos pasaron ¿10 o quizá 20?... No lo sabía del todo, lo que si sabía era que en ese tiempo yo ya me hubiera venido un par de veces, una forma en la que la chupaba que nunca había visto ni mucho menos sentido.

Pude ver cómo le acababa en toda la cara pues escuchaba los bufidos de ese hombre, guturales, roncos y tan llenos de energía, un chorro, después otro hasta que uno pequeño marcó el fin de esa eyaculación dejando Sabes cubierta y abriendo la boca para llevar los restos y tragarlos; no se molestó en limpiarse, pues solo sacó un condón de su bolso, aquel tirado en el suelo, sin mediar palabra solo podía ver cómo se ponía de espaldas entregándole ese jugoso culo, moviéndolo, incitando y hablando cosas que no llegaba a entender.
No pude ver más, pues solo veía por la posición el culo peludo de ese hombre igual que su espalda, pero lo que si veía era como movía sus caderas con rapidez, como si antes ella emya estuviese acostumbrada, pues solo se escuchó un gemido fuerte que pronto tapó, pues los escuchaba reír y después gemir aún más bajo, aunque si se ponía atención de lograba escuchar.
De nuevo, el tiempo pasó lento, solo escuchaba algunos golpes entre las carnes, lejano y aunque me moviera no podía verlos bien.
Hice algo peligroso, y fue tomar mis cosas y respirar, el enojo y la excitación aún lo sentía, pero aún así, saque mis llaves con fuerza para que se escuchará más de lo normal y justo después entrar tosiendo con algo de naturalidad.
Pide escuchar golpes que se detuvieron y pasos rápidos y tontos, como si no supieran que hacer.
Quizá porque ya los había visto, o es que era tan obvio que mi erección no bajaba.
Sandra. ⸻ Mi amor... Llegaste temprano, ¿Y esa sorpresa?
Pude ver al viejo Joel correr detrás para ir a "trabajar" pues comenzaba a escuchar la pala y demás sonidos con desespero.
Sonreí mientras suspiraba, dándole un beso, mirando que me había lavando la cara pero no la boca por lo que tenía ese sabor agrio al viejo, algo que me puso mucho más duro.
Yo.⸻ Salí temprano, cerraron la oficina, así que vine a ver cómo va el Don.
Me detuvo antes de entrar a verlo al baño, con una sonrisa y agitada, nerviosa, mientras me abrazaba.
Sandra.⸻ Está muy, muy... Bien, está trabajando, que tal si te bañas y preparo la comida.
Con eso saludé a Joel desde lejos y para cuando subí, me duche y bajé el ya se había ido.
Las demás semanas los trabajos se detuvieron, pero él no dejaba de ir bajo cualquier excusa, de nuevo me escapaba temprano para verla, y siempre los encontraba, mamadas en la sala cuando me asomaba por la ventana, ver qué cocinaba de suda mientras el Don como en su casa andaba desnudo soltando nalgadas, el dueño del hogar mientras no estaba.
Al final llegó la hora del todo o nada, me prepare bien, puse una cámara en la sala y otra en el cuarto, escondidas detrás de algunas cosas y puse mi plan a seguir.
Todo esto después de recibir quejas de sonidos sucios y gritos provenientes de mi casa, quejas de los vecinos que quizá pensaban era yo
Le mentí a mi mujer, dije que saldrá un día fuera, que no llegaría hasta el domingo, eso le hizo brillar los ojos incluso me dio un buen sexo esa noche, apasionada pero quizá finjia lo que sentía más al ver cómo se grande eran nuestros tamaños.



Por la mañana vi a mi novia bañarse muy temprano, se ponía linda, tanga, sostén de encaje cubiertos de su ropa habitual, mientras me hacía el dormido podía verla probarse ropa, para después regresar a dormir.
El día pasó, y con ello mi trabajo, mintiendo a mi jefe para quedarme con la excusa de trabajo, y así fue como en la tarde me conecte.
Pude verlos en el sillón, con la aventamos abiertas mientras el gordo del alabañil con las piernas abiertas y mi esposa saltando sobre su verga, genial sin remedio, escuchaba como hablaban con algo de claridad, y como gemía sin miedo.
Joel. ⸻ Muevete más perra... Salta más con ese culote, mientras tú novio no está.
Escuchaba como reía, comomse sentía el dueño de la casa y como mi novia respondia con gemidos y saltos más sonoros y sucios.

Hora tras hora, condón tras condón que dejaban tirado, no se preocupaban por limpiar, solo por seguir con el sexo.
A mitad de la noche pude ver cómo subían las escaleras por la sombra y sonido de las pisadas.
En la cama, veía como se ponía en 4 y el viejo comenzaba a bombearla con fuerza, gemidos y lo que más miedo me dio, y es que no veía condón puesto.
Joel. ⸻ Que rico culo Sandra... Lástima que tu novio no lo usa, o mejor para mi.
Sandra.⸻ No lo usa papi, tu si, me encanta cuando me das por el culo y me abres toda con tu vergota, tu si aguantas bien...
De nuevo escuchaba los cuerpos chocar con fuerza mientras la cama rechinaba y se destendia quedando todo en el suelo solo la saba puesta sobre el colchón, mi novia no paraba de gemir y de mover sus caderas para que se escuchara mucho más.
Joel. ⸻ Te voy a dar mi hijos Sandrita... No tengo condón así que queda bien preñada.
Se escuchaban cansados después de tanto hacerlo, pero aún así la verga del viejo no se bajaba.
Sandra.⸻ Si, mi amor, si, dame los adentro de mi concha, desde el primer día los quería adentro.
Joel. ⸻ Ahí te van mi amor, quédate preñadaa...
El viejo se movía más rápido hasta que al final ambos gritaron con fuerza, y puse ver cómo se quedaban pegados como fueran perros, incluso el cayó sobre ella aún teniéndola adentro, besando su espalda, mucha incluso en los labios mientras le revolvía la concha.
Al final se quedaron dormidos, y yo igual, cuando desperté le daba una mamada incluso más sexo mientras yo llegaba.
Cuando tocó manejar de regreso y entrar a la casa, al entrar solo vi a mi novia lavar las sábanas y tirar la basura, más radiante que nunca...
La primera de muchos engaños.
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