Se llamaba Sofia, mi mujer y yo Gaston, somo una familia ensamblada de toda la vida, con un hijo y nos convertimos en “los tres”, No éramos perfectos, pero éramos muy unidos. Vivíamos en una casa normal, éramos una familia mas la cual queríamos mucho del mundo, solo estar los tres, cenar viendo series, salir a caminar los domingos, aunque a veces tropezábamos, nos queríamos. Últimamente, algo había cambiado nuestro hijo se había vuelto muy cariñoso con su madre era normal, pero últimamente ese cariño era demasiado, la abrazaba por detrás mientras ella cocinaba, le besaba el cuello “de broma”, le pedía que le rascara la espalda mientras veíamos la tele. Sofia se ponía tensa, pero sonreía y no decía nada, yo lo notaba todo, ella también, pero ninguno de los dos hablaba. Era como si hubiéramos hecho un pacto silencioso de ignorar lo que estaba pasando.
Hasta que una noche lo vi claro, eran las once y media, yo había ido a la cocina a apagar las luces y al pasar por el pasillo, vi la puerta del cuarto de nuestro hijo entreabierta, la luz de su mesita estaba encendida, me acerqué sin hacer ruido, solo por curiosidad… y me quedé helado con lo que vi, estaba acostado en la cama, en una mano tenía un tanga negro de encaje de su madre, una de los que ella usaba para dormir, se lo había llevado a la nariz y lo olía profundamente mientras con la otra mano se masturbaba lento, muy lento, como si estuviera saboreando cada segundo, sus ojos estaban cerrados y susurraba algo que no llegué a entender, pero sonaba a “mamá”. Sentí un nudo en el estómago, vergüenza, rabia y algo más, algo que no quería nombrar.
Me quedé ahí, quieto, mirando, no podía moverme, vi cómo apretaba el tanga contra su cara, cómo su mano subía y bajaba con más fuerza, cómo su respiración se aceleraba. Cuando se corrió, lo hizo en silencio y se quedó un rato con los ojos cerrados, todavía oliendo la tela. Volví a la cama sin hacer ruido, Sofia estaba despierta, me miró y supe que ella también lo sabía, no dijimos nada, solo apagué la luz y me metí bajo las sábanas, esa noche lo hicimos como hacía meses que no lo hacíamos, con un placer desaforado, casi con rabia, yo pensaba en lo que había visto.
Ella también, estoy seguro, a partir de esa noche todo se volvió… más intenso. Empecé a fijarme en los detalles, Sofia dejaba sus tangas “olvidado” en el cesto de la ropa sucia del baño, justo donde nuestro hijo la podía encontrar fácil.
Yo, en vez de regañarlo o hablar con ella, me convertí en un voyeur silencioso. Cada vez que podía, me quedaba en el pasillo oscuro, mirando por la rendija de la puerta. vi tres veces más esa semana, la primera con una tanga rojo que su madre había usado el día anterior enrollado en su pija, se masturbaba frotándolo contra sí mismo, gimiendo bajito el nombre de su madre. La segunda vez lo vi oliendo un conjunto completo, tanga y sujetador en nuestro cuarto, se había corrido dentro del tanga y luego lo dobló con cuidado, como si no quisiera dejar rastro y La tercera fue la que más me marcó, Sofia estaba en la ducha y nuestro hijo entró al cuarto con sigilo, pensando que yo dormía, pero yo estaba despierto pero acostado con el corazón a mil, lo vi abrir el cajón donde su madre guardaba su ropa interior limpia, sacó una tanga blanca de algodón, uno sencillo, de los que usaba para estar por casa, se bajó los pantalones ahí mismo de pie y empezó a masturbarse mirando hacia la puerta del baño, donde se oía el agua correr, se corrió rápido, casi con desesperación y dejo la tanga guardada. Cuando Sofia salió de la ducha, yo estaba en la cama, ella se puso el pijama sin decir nada, se metió en la cama y me besó con más fuerza de lo normal. Ninguno de los dos hablaba del tema (yo sabia que ella se daba cuenta), a todo esto sabíamos que estaba mal, sabíamos que deberíamos haberle dicho algo, haber puesto límites. Pero no podemos o no queríamos o no se que es lo que pasa realmente, solo que el morbo es más fuerte.
Cada vez que nuestro hijo se encerraba en su habitación, yo sentía esa mezcla de celos y excitación que me ponía duro al instante. Nuestro hijo seguía actuando normal. Nos abrazaba a los dos, nos decía “los quiero” antes de dormir, nos ayudaba con las compras. Nunca sospechó que lo sabíamos. Nunca se enteró de que su padre lo miraba masturbándose con las tangas de su madre. Nunca supo que su madre algo también sospechaba.
Y así seguimos, una familia normal, unida, con un secreto que nos unía aún más. Un secreto que nos excitaba en silencio, un secreto que nunca, jamás, saldría a la luz.
Es algo que no esta pasando, iremos contando mas a medida que pasen mas cosas, comenten si les gustaria saber mas.....
Hasta que una noche lo vi claro, eran las once y media, yo había ido a la cocina a apagar las luces y al pasar por el pasillo, vi la puerta del cuarto de nuestro hijo entreabierta, la luz de su mesita estaba encendida, me acerqué sin hacer ruido, solo por curiosidad… y me quedé helado con lo que vi, estaba acostado en la cama, en una mano tenía un tanga negro de encaje de su madre, una de los que ella usaba para dormir, se lo había llevado a la nariz y lo olía profundamente mientras con la otra mano se masturbaba lento, muy lento, como si estuviera saboreando cada segundo, sus ojos estaban cerrados y susurraba algo que no llegué a entender, pero sonaba a “mamá”. Sentí un nudo en el estómago, vergüenza, rabia y algo más, algo que no quería nombrar.
Me quedé ahí, quieto, mirando, no podía moverme, vi cómo apretaba el tanga contra su cara, cómo su mano subía y bajaba con más fuerza, cómo su respiración se aceleraba. Cuando se corrió, lo hizo en silencio y se quedó un rato con los ojos cerrados, todavía oliendo la tela. Volví a la cama sin hacer ruido, Sofia estaba despierta, me miró y supe que ella también lo sabía, no dijimos nada, solo apagué la luz y me metí bajo las sábanas, esa noche lo hicimos como hacía meses que no lo hacíamos, con un placer desaforado, casi con rabia, yo pensaba en lo que había visto.
Ella también, estoy seguro, a partir de esa noche todo se volvió… más intenso. Empecé a fijarme en los detalles, Sofia dejaba sus tangas “olvidado” en el cesto de la ropa sucia del baño, justo donde nuestro hijo la podía encontrar fácil.
Yo, en vez de regañarlo o hablar con ella, me convertí en un voyeur silencioso. Cada vez que podía, me quedaba en el pasillo oscuro, mirando por la rendija de la puerta. vi tres veces más esa semana, la primera con una tanga rojo que su madre había usado el día anterior enrollado en su pija, se masturbaba frotándolo contra sí mismo, gimiendo bajito el nombre de su madre. La segunda vez lo vi oliendo un conjunto completo, tanga y sujetador en nuestro cuarto, se había corrido dentro del tanga y luego lo dobló con cuidado, como si no quisiera dejar rastro y La tercera fue la que más me marcó, Sofia estaba en la ducha y nuestro hijo entró al cuarto con sigilo, pensando que yo dormía, pero yo estaba despierto pero acostado con el corazón a mil, lo vi abrir el cajón donde su madre guardaba su ropa interior limpia, sacó una tanga blanca de algodón, uno sencillo, de los que usaba para estar por casa, se bajó los pantalones ahí mismo de pie y empezó a masturbarse mirando hacia la puerta del baño, donde se oía el agua correr, se corrió rápido, casi con desesperación y dejo la tanga guardada. Cuando Sofia salió de la ducha, yo estaba en la cama, ella se puso el pijama sin decir nada, se metió en la cama y me besó con más fuerza de lo normal. Ninguno de los dos hablaba del tema (yo sabia que ella se daba cuenta), a todo esto sabíamos que estaba mal, sabíamos que deberíamos haberle dicho algo, haber puesto límites. Pero no podemos o no queríamos o no se que es lo que pasa realmente, solo que el morbo es más fuerte.
Cada vez que nuestro hijo se encerraba en su habitación, yo sentía esa mezcla de celos y excitación que me ponía duro al instante. Nuestro hijo seguía actuando normal. Nos abrazaba a los dos, nos decía “los quiero” antes de dormir, nos ayudaba con las compras. Nunca sospechó que lo sabíamos. Nunca se enteró de que su padre lo miraba masturbándose con las tangas de su madre. Nunca supo que su madre algo también sospechaba.
Y así seguimos, una familia normal, unida, con un secreto que nos unía aún más. Un secreto que nos excitaba en silencio, un secreto que nunca, jamás, saldría a la luz.
Es algo que no esta pasando, iremos contando mas a medida que pasen mas cosas, comenten si les gustaria saber mas.....
1 comentarios - Familia unida