"Lo sé, lo sé... vamos Rebeca... sólo pasará un rato..." Te lo juro...

— Mmm.... está bien... pero tiene que ser rápido...
"Sí... si..."
"-A pesar de mi edad, ya no tenía dudas de lo que pasaba dentro, porque era más que evidente lo que mi tía le hacía a mi papá en secreto a mamá. Fue por esta razón que cuando cesó la conversación pegué uno de mis ojos al ojo de la cerradura, desde donde se podía ver claramente el interior de la habitación. Vi a mi padre y a mi tía abrazarse apasionadamente mientras se desnudaban con una velocidad increíble. Las prendas cayeron al suelo una encima de la otra, mientras sus manos se acariciaban con un deseo irreprimible que atestiguaba la lujuria secreta de sus encuentros ocultos. Pronto se hizo evidente la desnudez de ambos y también la desesperación de acostarse, al ver que mi padre llevaba en sus brazos el delicado y blanco cuerpo de la tía Rebe, quien con los ojos cerrados se dejó llevar por él a su propia cama. Una vez allí,Papá abrió las piernas y las levantó hacia arriba, metiendo ambos pies detrás de las aberturas de la cabecera. De esta manera el cuerpo de mi tía quedó doblado con el culo abierto y de cara al cuerpo sudoroso de mi padre, que ya blandía su tremendo cañón de pie con una de sus manos. Se acomodó apresuradamente entre las extremidades divididas en tijera y colocó la cabeza de su pene enrojecido a la entrada de su majestuosa hendidura que yo conocía tan bien. El lujoso y rubio tesoro de la tía Rebe se abrió con avidez ante la perspectiva de una penetración inminente, que llegó con fuerza ante el ataque de la polla de papá, quien se dejó caer con fuerza sobre ella y hundió su bastón vertical en las profundidades humedecidas de mi tía cachonda. Con ardientes movimientos los dos comenzaron el clásico tambaleo mientras el pene de papá entraba y salía a toda velocidad de esa gruta rosada,que recibió con alegría y placer el trozo de carne caliente hundido hasta la empuñadura en su. Por supuesto que nunca salí del ojo de la cerradura, conteniendo esas escenas inolvidables por primera vez en mi vida; Bueno, debo decir que aunque jugué muchas cosas con mi tía, con mi mamá y con mi propio padre, nunca había visto vivir a un hombre y a una mujer. Era obvio lo que las visiones calientes causaban en los pliegues de mi conejito, quien, temblando de deseo, contrajo lujuria al sentir pasar la clásica baba dentro de mi hendidura. Al no tener otra opción a mano, comencé a tocar el interior de mis muslos insertando un dedo meñique en mi canal secreto, sin dejar de observar el tremendo acoplamiento que ambos me ofrecían. Unos minutos después escuché los ansiosos gemidos de mi tía,quien no pudo silenciar sus sentimientos ante la proximidad del orgasmo y le gritó como loca a mi padre lo que estaba a punto de experimentar:

— Más rápido... más rápido de lo que voy... más rápido... Más
Deseando complacerla y al mismo tiempo aumentar el delirio de sus espasmos, mi padre intensificó sus embestidas hundiendo su polla hinchada con más fuerza y velocidad en el intrincado pasaje abierto, hasta que por fin mi tía explotó en un delicioso sonajero que la hizo desatar las piernas de la cabecera y envolverlas alrededor de la nuca de papá. También sintió los efectos del bramido al descargar furiosamente en el delicioso panecillo de la tía Rebe, quien alegremente recibió la abundante lluvia lechosa apretando el bastón hacia adentro con sus músculos vaginales. Vi que momentos después los dos se quedaron quietos, besándose en la boca con gusto, como si se agradecieran mutuamente por el tremendo momento de calor que se habían prodigado. Como siempre, fue mi tía quien, con su habitual moderación, le dijo a papá:
—Ya Oscar... debes irte ahora... No quiero que tengamos una sorpresa...
"Sí..." respondió, sacándole la polla
Me di cuenta de que era hora de retirarme a mi habitación, así que abandoné mi puesto de observación y entré en mi dormitorio. Al estar arropado en mi cama no podía olvidar esas escenas lujuriosas de sus cuerpos cohabitando con tanta alegría, así que no tuve más remedio que hundir mis dedos nuevamente en los míos con la intención de saciarlos. Creo que oriné varias veces esa noche y luego me quedé dormido por agotamiento."
"Oh mamita... ¿entonces tu papá y tu tía Rebe tuvieron sexo?
"Sí, bonito..." pero no lo supe hasta esa noche cuando sin querer los descubrí...
"Sí..." Debe haber sido muy agradable ver todo eso, ¿verdad?
"Por supuesto, Rubicita... fue más que eso...
— ¿De verdad te gustó observar todo lo que hicieron esa noche, mami?
"Sí..." Fue algo que realmente me encantó, pequeña... no tienes idea de lo sabroso que puede ser...
— Oh mami... Me gustaría verte haciendo eso con mi papá...
"¿De verdad te gustaría?"
"Sí... por supuesto que lo es..."
"Entonces algún día cumpliré tu deseo..." pero tenemos que hacerlo de tal manera que él no lo sepa... así será mejor...
-Sí...como dices mami...pero ¿qué más pasó?
— Déjame seguir diciéndote..

"Sí..."
“Al día siguiente ya me sentía perfectamente bien, así que dejé la cama y me integré a mi vida normal. Fue por eso que cuando conocí a mi tía en la sala, ambos nos abrazamos muy felices de volver a vernos. Ella me dijo:
—Elsie... Necesito que hablemos...
"Sí, tía—¿quieres que hablemos aquí?"
— No... no... será mejor que vengas conmigo... Iremos a la tienda y te compraré unos dulces...
-Sí...vamos...
Salimos a la calle y mientras caminábamos por el camino ella me preguntó:
"Dime, querida mía... ¿Qué dijo tu mamá cuando los pillé haciendo esa noche?
"Oh nada, tía... Él no dijo nada...
"¿En serio?... qué extraño... Pensé que estaba preocupado por eso...
"Bueno, si al principio estabas preocupado..." pero luego recuperó la compostura... Quizás pensó que no te habías dado cuenta...
— ¿Ah, pero claro?... si eran simplemente buenos cuando entré...
"Sí..." Lo sé, tía... pero probablemente no lo crea...
"Está bien..." No hay problema con eso... pero dime algo, Elsie...
-Sí, tía...

— ¿Te gusta que tu mamá te haga eso?
— Oh sí, tía... por supuesto que me gusta... Me siento muy bien cuando me pone el supositorio, pero me siento más hermosa cuando me pone el dedo para que no salga...
"No me mientas, sé muy bien que no sólo te mete el dedo en el culo, sino que también te lo mete en el...
—Oh sí, claro... —aprovecha para ponerme otro delante... y me siento deliciosa, tía...
-Sí, ya veo... y tienes razón, bonita... eso es muy delicioso...
-Sí, tía... Me encanta que me haga eso... Pero dime ¿te molesta que me toque?
— No... no... ¿cómo crees... que ella es tu madre y yo sólo soy tu tía...
-Sí, lo sé... pero ¿quieres que te diga algo?
"Dime...
—Me gusta hacerlo contigo más que con ella...
"Oh... ¿En serio?.... ¿es cierto lo que dices, mi pequeño?
-Sí, tía... No te estoy mintiendo...
-¿Por qué dices eso, Elsie?
"Porque me gusta mucho más estar contigo que con ella..." No niego que disfruto lo que ella me hace... pero los pequeños juegos que me has enseñado son más calientes... más ricos... No sé cómo explicártelo...
"No tengas prisa, querida mía... Te entiendo perfectamente...y me alegro mucho de que me digas que...
"Eso es genial, tía..."
"Pero bueno, Elsie.... Te invité a salir porque quería decirte algo..." Tengo una pequeña sorpresa para ti que sé que te gustará...
"Oh... ¿y qué es?
— Fíjate que mi amiga Anita y yo estamos preparando otra sesión para mañana por la tarde, y quería pedirte que me acompañes... ¿Quieres?
— Oh claro, tía... sí quiero... llevarme...
"Sí, lo haré..." Le pediré permiso a mi hermana.
"Está bien..." Dime tú, ¿no?
"Sí..." Te lo diré...
Debido a las circunstancias no hubo problema para que mi madre me diera permiso para salir con mi tía al día siguiente. Así que tomamos un taxi y nos dirigimos al barrio donde vivía la amiga y amante de la tía Rebe. Tengo la impresión de que prepararon todo con antelación, aprovechando seguramente las largas ausencias de la madre de Anita, porque cuando llegamos a su casa estaba sola. Anita nos recibió con cariño, poniendo especial énfasis en mí, abrazándome tiernamente y sonriéndome constantemente, siendo evidente la alegría y gozo que mi presencia producía en ella. También me di cuenta de que tanto mi tía como su amiga y compañera de escuela tenían una predilección particular por la práctica de la pedofilia, utilizándome para satisfacer sus propias pasiones. Y por supuesto me dejé llevar por ellos sabiendo que sus enseñanzas didácticas,Además de calentarme y causarme una alegría intensa, también me ayudó a aprender todas esas cosas ocultas que se abrieron paso ante mi mente infantil. Dado que los dos amigos tomaron el hecho de hacer los deberes como pretexto para disfrutar de sus juegos secretos en los que ahora me hacían participar, lo cierto es que aprovecharon parte de su tiempo para realizar sus tareas escolares. Fue por esta razón que Anita me dijo:

"Elsita... primero haremos los deberes y luego jugaremos un rato. ¿Quieres salir un rato para no aburrirte?
"Sí..." Esperaré en el patio”, respondí sonriendo
-Está bien... pero no salgas de casa... Bine?
"Está bien.
Al ver que estaba sudando, me dio un refresco para refrescarme un poco mientras se ponían a trabajar entre una pila de libros abiertos. Salí atrás y cuando vi una pequeña silla en el patio fui, me senté en ella y comencé a observar las nubes mientras disfrutaba de la bebida. En ese momento recordé lo que había visto la vez anterior en el patio cercano, cuando ese hombre se había masturbado frente a mí con la evidente intención de que lo viera. Fue por esta razón que no pude evitar mirar hacia allí, comprobando que no había nadie allí. Estaba absorto en contemplar el horizonte, cuando de repente escuché una especie de silbido proveniente del área de la casa de al lado. Miré hacia allí y vi al mismo joven de unos veinte años que ahora me sonreía. Le devolví la sonrisa, lo que debió haberle causado cierta sensación de confianzaporque acercándose a mí dijo:
"Hola... ¿Cómo estás, Elsita?
"Oh... ¿Sabes mi nombre? Respondí sorprendido.
"Por supuesto que lo sé..."
"Pero cómo...
"Porque mi primo me dijo que..."
"¿Y quién es tu primo?"
— Anita...
— Bueno... No lo sabía..." Dije dudosamente
"Ves... y también sé que siempre vienes con tu tía Rebeca, que es compañera de colegio de mi prima pequeña... y él viene a hacer los deberes con ella...
-Sí...es verdad.

-¿Quieres que te acompañe un rato para que no estés solo?
— Si quieres...
Mientras estaba sentado en el suelo, las ideas comenzaron a fluir en mi cabeza, sospechando que tal vez todo lo que lo había visto hacer la vez anterior era parte del jugo que me estaban enseñando. Entonces, abandonando mis preocupaciones, me preparé para cooperar en este nuevo episodio para descubrir qué estaba conspirando el hombre para hacer conmigo. Realmente no tuve que esperar mucho para descubrirlo, ya que me di cuenta de que él miraba insistentemente mis piernas, que desde su perspectiva podía ver perfectamente en mis muslos. Sintiendo su mirada ardiente deseando penetrar con ardor en el oscuro pasaje de mis piernas, pensé que sería algo nuevo participar de alguna manera, así distraídamente comencé a abrirlas poco a poco para que él se conformara con su anhelada contemplación. En cierto momento me agaché para recoger la botella de refresco del suelo y ofrecerle una bebidacon lo que aproveché para quedarme con mis extremidades totalmente a su disposición y donde seguramente ahora podía ver claramente mis bragas. Atento a sus reacciones noté que sus mejillas adquirieron un tono rojizo, lo que indica que mi estrategia había funcionado. Se deleitaba con la observación sin parpadear ni un momento, sin querer perderse por nada en el mundo de espectáculo que mis rincones ocultos le ofrecían. Después de un rato de divertirnos de esa manera, pude ver que el bulto crecía debajo de sus pantalones, por lo que lo tocaba una y otra vez con una de sus manos. Una maniobra tan obvia sólo sirvió para emocionarme más, hasta que finalmente observé cómo el joven se abría los pantalones para sacar su garrote vertical, mostrándolo descaradamente y sin ningún protocolo frente a mis ojos ardientes.Fijé mis ojos en ese pájaro negruzco que sobresalía bloqueando entre sus piernas, mientras comenzaba a frotarlo suavemente, tirando de la piel hacia arriba y hacia abajo. Toda la visión en su conjunto sólo sirvió para preparar el terreno, pues sabiendo que ya tenía demasiado calor, de repente me dijo:
—¿Te gusta?...¿quieres tocarlo?

"Sí... ssi..." Respondí con voz temblorosa
El joven se levantó y acercó la polla hinchada a mi cuerpo, ordenándome inmediatamente:
— Anda, tócalo... agárralo con tus manitas y frótalo lentamente...
"Pero—"
"¿Qué pasa?"
"Es solo que... Tengo miedo de que salgan a vernos..." Dije con miedo
"No lo harán, te lo aseguro..."
"¿Y cómo lo sabes?"
"Porque lo sé", respondió con decisión
Cuando escuché su comentario me di cuenta de que efectivamente esto era parte del plan de Anita y que si así fuera, de ninguna manera vendría a molestarnos. Alentado por mis propias deducciones, extendí la mano y tomé su pene enrojecido, medio doblado hacia arriba por la dureza, mirando el pequeño agujero en el centro de su glande rojo.
— Anda tállale la manita... Sirviendo suavemente, Linda...
Comencé a frotar ese cañón de carne caliente de adelante hacia atrás, moviendo mi piel lentamente mientras observaba con asombro cómo latía ese bulto magullado del que comenzaban a brotar unas gotas de elixir blanquecino. Seguí manipulando ese delicioso silbato vertical hasta que tuvo que detener mis movimientos diciendo:
"Espera, Elsita... espera... Quita la mano por un rato...
— Oh, ¿por qué? Le pregunté extrañamente
—Porque sí...espera un ratito solamente... Te lo diré cuando lo vuelvas a jugar...
Vi que el joven cerró los ojos, echando el cuerpo hacia atrás mientras su pene flotaba en el aire totalmente endurecido. Mientras miraba unas gotas más gruesas en la punta de mi pene, me di cuenta de que casi venía, que era el motivo de su inesperada petición. A pesar de la breve espera, me moría de calor, porque debo decir que aunque antes había agarrado la polla de papá cuando jugábamos al baloncesto, la verdad es que nunca lo había hecho con alguien ajeno a mi familia. En el fondo deseaba que me pidiera que me lo metiera en la boca, pues ver las gotas blanquecinas de leche saliendo del pequeño agujero en su cabeza me producía un rugido indescriptible que sólo podía calmar de esa manera. El tipo dejó pasar un par de minutos y, como si hubiera adivinado mis pensamientos, me dijo:
— ¿Te gustaría probarlo?
—Sí —respondí con la cara llena de deseo.

-Bueno, vamos... abre la boca...
No sólo obedecí su petición, sino que me acerqué lo más que pude a la cabeza de color donde barnizaba ese semen semitransparente, que ahora veía balancearse una y otra vez como si fuera la boca de un pez que acababa de ser sacado del agua y trata en vano de sacar aire para sobrevivir. Cuando me vio con la boca bien abierta, empujó su polla entre mis labios temblorosos, que recibieron con dulzura ese caramelo de placer que por primera vez entró en mi cavidad bucal. Quería aprovechar para deleitarme por completo con el sabor agridulce de su silbato endurecido, que de repente empezó a entrar y salir de mi boca una y otra vez mientras probaba con gusto los elixires blanquecinos que emanaban de su interior. No hace falta decir que esa nueva experiencia me transportó al paraíso del placer,Está claro por qué las mujeres tienen una preferencia especial por las artes mamatorias. También reconocí que aunque el sabor del pene de un hombre era muy similar al de los jugos vaginales de mi tía, era muy diferente al sabor del semen masculino del flujo femenino. Y eso debe haber sido porque la leche de un hombre es completamente diferente de los efluvios producidos por el orgasmo de una mujer. Pero pronto mis pensamientos fueron interrumpidos por el feroz golpeteo de los ríos de leche que comenzaron a brotar con fuerza del interior del silbato de aquel hombre, inundando mi garganta complaciente como una tormenta repentina, que no podía contener el flujo blanquecino y espeso de ese torbellino de semen caliente, viéndome obligado a separarme abruptamente de esa barricada de delirio. que como si fuera un resorte que se libera de repente,vibró violentamente en el espacio frente a mi cara moviéndose en todas direcciones. Mientras tragaba con deleite los abundantes arroyos de savia vital, observé cómo gran parte del agresivo torrente aterrizaba en el suelo, regando el suelo con ese fértil material lechoso. Al darse cuenta de que mi garganta se había liberado del espeso elixir al tragar toda la leche, el joven volvió a meter su polla en mi boca con la firme intención de que terminara de beber los últimos chorros que seguían fluyendo incesantemente. Ardiendo de calor y perdido en un mar de deseos indescriptibles, chupé esa polla endurecida de la que salía el líquido caliente y aceitoso con menos fuerza que antes, hasta que por fin cesó el torrente. Al darse cuenta de que ya no había licor dentro, el hombre lo sacó de entre mis labios y quitándose la camisa comenzó a limpiar el silbato fangosoy luego hice lo mismo con mi cara y mi boca, que sin duda mostraban los restos de la batalla mamatoria que habíamos tenido.

-Oh mamita... ¿significa eso que la prima de Anita estuvo de acuerdo con ella?
—Sí, Cielo Riveros... —entonces descubrí que todo lo que sospechaba era verdad...
— Mmm.... era parte del pequeño juego, ¿no?
— Exactamente...
— Oh mami... Me imagino lo que disfrutaste cuando lo chupaste... porque cuando mi papá me lo puso en la boca esa noche y lo chupé a mí también me gustó mucho...
—¿De verdad te gustó, Linda?
—Sí, mami...y yo también sabía cómo sabía su leche... ¿Recuerdas que en ese momento llegaste y nos descubriste?
-Sí, Rubicita... Lo recuerdo muy bien...
— Oh, mami.... Quiero chupar la cosita de papá otra vez...
-Lo sé, pequeño... Lo sé... pero habrá tiempo para eso...
-Sí... ¿pero me prometes que volveré a chuparle la orina a papá?
"Te lo prometo..." pero ahora déjame seguir hablando contigo porque aún no he terminado esa parte...
"Sí... si... continúa...

Para entonces ya no llevaba la cuenta de las venidas que había experimentado; pero a pesar de eso mi polla seguía pidiéndome más y más, así que le hice una señal a Mirian Caballero para que continuara con su historia.
“Cuando terminamos de limpiar, el joven me dijo que tenía que irme porque seguramente mi tía y su prima pronto saldrían a hablar conmigo. Y así fue, pues no habían pasado ni cinco minutos desde que entré en su casa, cuando Anita apareció en el patio diciéndome:
"Puedes entrar ahora, Elsita... ya hemos hecho nuestra tarea...
— ¿Y ahora jugaremos?
— Si, linda... anda, ven conmigo...
Ambos entramos a la casa y Anita cerró la puerta desde dentro. Pude ver que ella estaba tratando de asegurarse de nuestra privacidad para evitar sorpresas. Estaba claro que estaba más que dispuesta debido al intenso bramido que el acto de amamantar con ese hombre había provocado en mí, y sólo anhelaba que comenzaran su pequeño juego, que sin duda disfrutaría con mucha mayor pasión que nunca. Cuando entramos al dormitorio, mi tía Rebe ya nos estaba esperando y le dijo a su amiga:
"Annie... Creo que ya era hora...
-Sí, Rebeca. -respondió la otra-
— ¿Y esta vez qué jugaremos?
"Oh cariño, será un juego nuevo que sé que te encantará", dijo mi tía
"Sí, así es, Elsita... se llama "El toquetito" y sé que lo disfrutarás tanto como nosotros", dijo Anita
— ¿Y cómo es? Pregunté con entusiasmo y calidez

— Se trata de esto: usaremos un juguete muy especial que Anita ha guardado. ¿Es una cosita que se parece mucho al pene de un hombre... uno de nosotros primero lo hará como hombre y lo pondrá en el otro... y luego invertiremos los roles... ¿Entendiste? dijo la amiga de mi tía
"Sí..." ¿Pero qué pasa conmigo?
"Oh bonita... sólo ayudarás a quien la haga hombre..."
— Oh no... ¿y por qué? Dije un poco decepcionado
"Porque es peligroso..." todavía eres muy pequeño y esa cosa puede hacerte daño..." comentó mi tía en tono cariñoso intentando convencerme
—¿Es muy grande? Pregunté interesado
"Sí, bonita..." y lo verás ahora mismo", dijo mi tía, haciéndole señas a su amiga para que lo sacara
Anita se acercó a un viejo armario de madera con una llave en la mano y, metiéndola en el cerrojo, abrió un cajón del que sacó un dispositivo que en realidad contenía un pene de enormes dimensiones. Me sorprendió ver lo grande que era, porque cuando lo comparé mentalmente con la polla del niño que acababa de chupar en el jardín, y con la polla de mi papá cuando se folló a la tía Rebbe la noche anterior, de ninguna manera competían con ese trozo de hule rosa que parecía sujeto a correas de cuero. Pregunté de inmediato:
"¿Y entonces qué haré?"
"Oh, bonita... No te preocupes... también puedes jugarlo como hombre... pero no como mujer... ¿crees?
"Sí...si quiero..." Respondí con ardor sabiendo que también tocaría con ellos en ese nuevo acto

Con movimientos rápidos los dos amigos comenzaron a desvestirme mientras hacían lo mismo el uno con el otro. Podía oír la respiración agitada de las dos jóvenes que de repente se habían convertido en mis admirables maestras del sexo prohibido. Cuando los tres nos quedamos como Adán y Eva en el paraíso, la caliente Anita comenzó a ponerse las correas alrededor de su cintura corta, mientras mi tía embarazada la ayudaba mucho. Durante el breve intervalo pude admirar los enérgicos cuerpos de las dos mujeres, que exhibían descaradamente su exquisita y contrastante belleza, pues, como he dicho, el de mi tía era de una blancura de alabastro, mientras que el de su amiga mostraba su exuberante piel morena, que, lejos de empequeñecerla ante la otra, la hacía lucir tan hermosa como era. Cuando terminaron de sujetar el arnés alrededor de las caderas de Anita,Mi tía me tomó de la mano y me llevó a la cama, donde se colocó en posición de perrito, entendiendo que esta era sin duda la posición más adecuada para recibir al intruso de látex que vio moviéndose como un resorte frente al frondoso pubis de Anita. Ella también tomó posición en el colchón, parada justo detrás del culo de mi tía, y haciéndome señas dijo:
-Vamos Elsita...pon la punta en la entrada de la cuquita...

Obedeciendo el pedido rápidamente, tomé el bastión de goma en mis manos, aprovechando para apretarlo un poco y comprobando al mismo tiempo la suavidad y textura del material del que estaba hecho. Apunté con mi gruesa cabeza hacia la entrada de la gruta dorada de la tía Rebe, que en ese momento noté que estaba completamente mojada por efluvios vaginales, mientras que la otra caía gradualmente sobre su grupa. Con una maestría que nunca olvidaré, Anita puso su pene erguido dentro del laberinto secreto de cabello rubio de mi tía, perdiendo gradualmente de vista de sí misma y ahora dedicándose a examinar los pliegues internos de su vulva abierta y anhelante. Pronto los movimientos se intensificaron, provocando en la otra un ardor incomparable, pues empezó a gemir que aumentaba de tono,y su amiga tuvo que decirle que no gritara tan fuerte a riesgo de ser escuchada por los vecinos. Tuve que seguir siendo observador, pero no estaba menos caliente por eso, ya que no podía escapar de los efectos lujuriosos que me causaba la vista, así que sumergí uno de mis dedos en mi hendidura, masturbándome frente a los dos amantes, que ya jadeaban en una furia irreprimible. mientras continuaban moviéndose uno sobre el otro. Durante mucho tiempo Anita cabalgó sobre el culo de mi tía metiendo y sacando ese trozo de polla de goma que de repente apareció ante mis ojos para desaparecer inmediatamente de la vista, hundiéndose hasta las profundidades de sus entrañas ardientes. No sé cómo la tía Rebe pudo meter un falo tan tremendo y grueso dentro de su delicado coño,lo que me permitió comprobar que los pliegues vulvares de una mujer se dilatan al máximo cuando son penetrados por un gallo de tal tamaño. También descubrí que debido a su increíble textura, el cañón de látex desigual encajaba perfectamente en la estrecha gruta de la tía Rebe. Pero lo que más me sorprendió fue ver que una mujer bien puede interpretar el papel de un hombre sin necesidad de la presencia de hombres en absoluto, pudiendo disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «poder disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «poder disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «

"Entre gemidos agudos y bramidos, observé que la tía Rebe comenzó a aferrarse con mucha más fuerza a los muslos de su amiga, quien, al darse cuenta de que se acercaba el clímax, atacó con mayor furia y violencia a ese culo blanco del delirio, intensificando con mucha más velocidad los ataques al moño del otro. Los gritos de placer que anunciaban el orgasmo no tardaron en llegar, por lo que muy pronto mi tía explotó en una venida salvaje que, como siempre, la hizo pronunciar una serie de frases escatológicas llenas de obscenidades aludiendo al bramido que estaba experimentando. Anita, por su parte, cumplió al máximo su papel de macho, entrando y saliendo con furiosos empujones desde la hendidura vibratoria de mi tía, quien finalmente se interpuso entre gritos de alegría y una serie de palabras groseras, jadeando y sollozando con una locura sin precedentes.Cuando sus espasmos cesaron, Anita me dijo:

-Vamos, Elsita... ayúdame a sacarle la polla...
La ayudé con alegría en esa caliente maniobra expiatoria, pudiendo detectar la abundante humedad lechosa con la que había untado el tremendo candado de goma. Sintiéndose aliviada de la enorme polla, mi tía se arrojó sobre la cama con los ojos cerrados, todavía conmocionada por los delirantes momentos de placer que acababa de disfrutar. Después de un par de minutos, fue Anita quien la instó a levantarse de la cama para proceder a abrocharse el cinturón del deseo. Entre los dos colocaron el arnés alrededor de las hermosas caderas de la tía Rebe, quien después de haberla convertido en mujer, de repente y como por arte de magia se convirtió en hombre, dispuesta a ejercer su envidiable papel con el ardor que la caracterizaba. La amiga ya estaba en la misma posición de 18 piernas, con la cabeza enterrada entre las almohadas, mientras la tía Rebe la mantenía encimaexplorando con su caliente visión los intrincados secretos de su oscuro culo. Ella me hizo una seña para que me subiera a la cama con ella y me ordenó:
-Vamos, bonita... ahora pon la punta en la entrada de ella...

Una vez más asumí la deliciosa tarea de colocar la punta gruesa del miembro de goma en la grieta de la hendidura de Anita, de donde fluían abundantes ríos de efluvios seminales que sin duda contribuirían a la anhelada penetración. La tía Rebe arremetió contra el pequeño pecho abierto de su amiga, empujando el falo de látex endurecido hacia esa caverna oscura llena de pelos tan negros como la noche. Muy pronto me di cuenta de que el enorme bastión se había perdido en las profundas inmensidades del otro, mientras mi tía iniciaba el ritual danzante y rítmico que hacía la penetración más caliente, entrando y saliendo de casa de su amiga con un deleite sin igual. Cuando miré la cara de mi tía me di cuenta de lo bien que interpretaba su papel y de lo mucho que le encantaba interpretar al cazador de machosporque una sonrisa de lujuria recorrió su rostro confirmando incluso que disfrutó más de este último acto que del primero. Esta última pregunta me animó aún más a ser yo quien me pusiera las correas para sentir por primera vez en mi vida esa lascivia ardiente que vi brillar en los ojos ardientes de la tía Rebe, que seguía moviéndose violentamente montada en el oscuro culo de Anita, que ya empezaba a exhalar los ansiosos gemidos de bramidos ante los furiosos ataques de su amante. Las dos hembras permanecieron así durante varios minutos, mientras yo volvía a cargar con mi conejito, deseando furiosamente ver aquel extraño ayuntamiento. En un momento dado, fue Anita quien intensificó sus rápidos movimientos, pegándose de repente al pubis masculinizado de mi tía, de lo que deduje que pronto explotaría en un orgasmo delirante. Y efectivamente lo fue,desde que de repente empezó a gritar y sollozar pidiendo más polla al otro, que sabía complacer a su compañera de juegos moviéndose cada vez más rápido. La venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalLa venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalLa venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalprovocando que el falo de goma salga irremediablemente de su conducto frontal húmedo."provocando que el falo de goma salga irremediablemente de su conducto frontal húmedo."

"Ante semejante espectáculo y siendo presa de una lujuria desconocida, no pude evitar arrojarme encima de ese hermoso culo marrón que vi temblar de alegría, hundiendo mi pequeña lengua en su hendidura anegada para beber el diáfano y cálido elixir que fluía de su interior. Comencé a lamer y lamer locamente los rincones de su tesoro oculto y oscuro mientras el manojo de pelo negro mojaba mis mejillas, terminando tan embarrado como un gatito cuando termina de beber la leche de su plato, ante la sonrisa cómplice de satisfacción de mi tía. Habiéndose recuperado de la agonía de su llegada, Anita se sentó y le dijo a mi tía:
— Rebeca... ya es hora de que le mostremos a Elsita lo que queremos...
"Sí..." Veamos linda, ven aquí para que podamos ponerte esta cosita en la cintura...
Me acerqué a ellos más que voluntariamente, sintiendo cómo los dos amantes me abrochaban el cinturón ajustándolo a la brevedad de mis caderas. Para mí fue un verdadero placer experimentar el contacto de los dedos de las dos mujeres sobre la piel de mi cuerpo, lo que contribuyó aún más a preparar el protagonismo ansioso de mi turno. Quería sentirme hombre; quería sentirme macho; Anhelaba saber lo que se siente poner una polla dentro del coño de una mujer, sin ser un hombre de verdad, pero sí, emulando el papel característico de una masculinidad prohibida. Entonces, cuando estuve lista, me miré con esas correas puestas y el tremendo bastón de goma que sobresalía erguido frente a mi región púbica, lo que me provocó un bramido indescriptible que no puedo expresar con palabras. Antes de empezar con mis primeras enseñanzas, mi tía me preguntó:

-Ahora dime, querida mía... ¿Cuál de los dos quieres?
Sin dudarlo ni un momento le respondí con decisión:
"Para Anita..." Quiero ponerlo en Anita...y me ayudarás a colocar su polla en su hendidura...
-Está bien, Elsie... vamos, métete en la cama ahora...

— Mmm.... está bien... pero tiene que ser rápido...
"Sí... si..."
"-A pesar de mi edad, ya no tenía dudas de lo que pasaba dentro, porque era más que evidente lo que mi tía le hacía a mi papá en secreto a mamá. Fue por esta razón que cuando cesó la conversación pegué uno de mis ojos al ojo de la cerradura, desde donde se podía ver claramente el interior de la habitación. Vi a mi padre y a mi tía abrazarse apasionadamente mientras se desnudaban con una velocidad increíble. Las prendas cayeron al suelo una encima de la otra, mientras sus manos se acariciaban con un deseo irreprimible que atestiguaba la lujuria secreta de sus encuentros ocultos. Pronto se hizo evidente la desnudez de ambos y también la desesperación de acostarse, al ver que mi padre llevaba en sus brazos el delicado y blanco cuerpo de la tía Rebe, quien con los ojos cerrados se dejó llevar por él a su propia cama. Una vez allí,Papá abrió las piernas y las levantó hacia arriba, metiendo ambos pies detrás de las aberturas de la cabecera. De esta manera el cuerpo de mi tía quedó doblado con el culo abierto y de cara al cuerpo sudoroso de mi padre, que ya blandía su tremendo cañón de pie con una de sus manos. Se acomodó apresuradamente entre las extremidades divididas en tijera y colocó la cabeza de su pene enrojecido a la entrada de su majestuosa hendidura que yo conocía tan bien. El lujoso y rubio tesoro de la tía Rebe se abrió con avidez ante la perspectiva de una penetración inminente, que llegó con fuerza ante el ataque de la polla de papá, quien se dejó caer con fuerza sobre ella y hundió su bastón vertical en las profundidades humedecidas de mi tía cachonda. Con ardientes movimientos los dos comenzaron el clásico tambaleo mientras el pene de papá entraba y salía a toda velocidad de esa gruta rosada,que recibió con alegría y placer el trozo de carne caliente hundido hasta la empuñadura en su. Por supuesto que nunca salí del ojo de la cerradura, conteniendo esas escenas inolvidables por primera vez en mi vida; Bueno, debo decir que aunque jugué muchas cosas con mi tía, con mi mamá y con mi propio padre, nunca había visto vivir a un hombre y a una mujer. Era obvio lo que las visiones calientes causaban en los pliegues de mi conejito, quien, temblando de deseo, contrajo lujuria al sentir pasar la clásica baba dentro de mi hendidura. Al no tener otra opción a mano, comencé a tocar el interior de mis muslos insertando un dedo meñique en mi canal secreto, sin dejar de observar el tremendo acoplamiento que ambos me ofrecían. Unos minutos después escuché los ansiosos gemidos de mi tía,quien no pudo silenciar sus sentimientos ante la proximidad del orgasmo y le gritó como loca a mi padre lo que estaba a punto de experimentar:

— Más rápido... más rápido de lo que voy... más rápido... Más
Deseando complacerla y al mismo tiempo aumentar el delirio de sus espasmos, mi padre intensificó sus embestidas hundiendo su polla hinchada con más fuerza y velocidad en el intrincado pasaje abierto, hasta que por fin mi tía explotó en un delicioso sonajero que la hizo desatar las piernas de la cabecera y envolverlas alrededor de la nuca de papá. También sintió los efectos del bramido al descargar furiosamente en el delicioso panecillo de la tía Rebe, quien alegremente recibió la abundante lluvia lechosa apretando el bastón hacia adentro con sus músculos vaginales. Vi que momentos después los dos se quedaron quietos, besándose en la boca con gusto, como si se agradecieran mutuamente por el tremendo momento de calor que se habían prodigado. Como siempre, fue mi tía quien, con su habitual moderación, le dijo a papá:
—Ya Oscar... debes irte ahora... No quiero que tengamos una sorpresa...
"Sí..." respondió, sacándole la polla
Me di cuenta de que era hora de retirarme a mi habitación, así que abandoné mi puesto de observación y entré en mi dormitorio. Al estar arropado en mi cama no podía olvidar esas escenas lujuriosas de sus cuerpos cohabitando con tanta alegría, así que no tuve más remedio que hundir mis dedos nuevamente en los míos con la intención de saciarlos. Creo que oriné varias veces esa noche y luego me quedé dormido por agotamiento."
"Oh mamita... ¿entonces tu papá y tu tía Rebe tuvieron sexo?
"Sí, bonito..." pero no lo supe hasta esa noche cuando sin querer los descubrí...
"Sí..." Debe haber sido muy agradable ver todo eso, ¿verdad?
"Por supuesto, Rubicita... fue más que eso...
— ¿De verdad te gustó observar todo lo que hicieron esa noche, mami?
"Sí..." Fue algo que realmente me encantó, pequeña... no tienes idea de lo sabroso que puede ser...
— Oh mami... Me gustaría verte haciendo eso con mi papá...
"¿De verdad te gustaría?"
"Sí... por supuesto que lo es..."
"Entonces algún día cumpliré tu deseo..." pero tenemos que hacerlo de tal manera que él no lo sepa... así será mejor...
-Sí...como dices mami...pero ¿qué más pasó?
— Déjame seguir diciéndote..

"Sí..."
“Al día siguiente ya me sentía perfectamente bien, así que dejé la cama y me integré a mi vida normal. Fue por eso que cuando conocí a mi tía en la sala, ambos nos abrazamos muy felices de volver a vernos. Ella me dijo:
—Elsie... Necesito que hablemos...
"Sí, tía—¿quieres que hablemos aquí?"
— No... no... será mejor que vengas conmigo... Iremos a la tienda y te compraré unos dulces...
-Sí...vamos...
Salimos a la calle y mientras caminábamos por el camino ella me preguntó:
"Dime, querida mía... ¿Qué dijo tu mamá cuando los pillé haciendo esa noche?
"Oh nada, tía... Él no dijo nada...
"¿En serio?... qué extraño... Pensé que estaba preocupado por eso...
"Bueno, si al principio estabas preocupado..." pero luego recuperó la compostura... Quizás pensó que no te habías dado cuenta...
— ¿Ah, pero claro?... si eran simplemente buenos cuando entré...
"Sí..." Lo sé, tía... pero probablemente no lo crea...
"Está bien..." No hay problema con eso... pero dime algo, Elsie...
-Sí, tía...

— ¿Te gusta que tu mamá te haga eso?
— Oh sí, tía... por supuesto que me gusta... Me siento muy bien cuando me pone el supositorio, pero me siento más hermosa cuando me pone el dedo para que no salga...
"No me mientas, sé muy bien que no sólo te mete el dedo en el culo, sino que también te lo mete en el...
—Oh sí, claro... —aprovecha para ponerme otro delante... y me siento deliciosa, tía...
-Sí, ya veo... y tienes razón, bonita... eso es muy delicioso...
-Sí, tía... Me encanta que me haga eso... Pero dime ¿te molesta que me toque?
— No... no... ¿cómo crees... que ella es tu madre y yo sólo soy tu tía...
-Sí, lo sé... pero ¿quieres que te diga algo?
"Dime...
—Me gusta hacerlo contigo más que con ella...
"Oh... ¿En serio?.... ¿es cierto lo que dices, mi pequeño?
-Sí, tía... No te estoy mintiendo...
-¿Por qué dices eso, Elsie?
"Porque me gusta mucho más estar contigo que con ella..." No niego que disfruto lo que ella me hace... pero los pequeños juegos que me has enseñado son más calientes... más ricos... No sé cómo explicártelo...
"No tengas prisa, querida mía... Te entiendo perfectamente...y me alegro mucho de que me digas que...
"Eso es genial, tía..."
"Pero bueno, Elsie.... Te invité a salir porque quería decirte algo..." Tengo una pequeña sorpresa para ti que sé que te gustará...
"Oh... ¿y qué es?
— Fíjate que mi amiga Anita y yo estamos preparando otra sesión para mañana por la tarde, y quería pedirte que me acompañes... ¿Quieres?
— Oh claro, tía... sí quiero... llevarme...
"Sí, lo haré..." Le pediré permiso a mi hermana.
"Está bien..." Dime tú, ¿no?
"Sí..." Te lo diré...
Debido a las circunstancias no hubo problema para que mi madre me diera permiso para salir con mi tía al día siguiente. Así que tomamos un taxi y nos dirigimos al barrio donde vivía la amiga y amante de la tía Rebe. Tengo la impresión de que prepararon todo con antelación, aprovechando seguramente las largas ausencias de la madre de Anita, porque cuando llegamos a su casa estaba sola. Anita nos recibió con cariño, poniendo especial énfasis en mí, abrazándome tiernamente y sonriéndome constantemente, siendo evidente la alegría y gozo que mi presencia producía en ella. También me di cuenta de que tanto mi tía como su amiga y compañera de escuela tenían una predilección particular por la práctica de la pedofilia, utilizándome para satisfacer sus propias pasiones. Y por supuesto me dejé llevar por ellos sabiendo que sus enseñanzas didácticas,Además de calentarme y causarme una alegría intensa, también me ayudó a aprender todas esas cosas ocultas que se abrieron paso ante mi mente infantil. Dado que los dos amigos tomaron el hecho de hacer los deberes como pretexto para disfrutar de sus juegos secretos en los que ahora me hacían participar, lo cierto es que aprovecharon parte de su tiempo para realizar sus tareas escolares. Fue por esta razón que Anita me dijo:

"Elsita... primero haremos los deberes y luego jugaremos un rato. ¿Quieres salir un rato para no aburrirte?
"Sí..." Esperaré en el patio”, respondí sonriendo
-Está bien... pero no salgas de casa... Bine?
"Está bien.
Al ver que estaba sudando, me dio un refresco para refrescarme un poco mientras se ponían a trabajar entre una pila de libros abiertos. Salí atrás y cuando vi una pequeña silla en el patio fui, me senté en ella y comencé a observar las nubes mientras disfrutaba de la bebida. En ese momento recordé lo que había visto la vez anterior en el patio cercano, cuando ese hombre se había masturbado frente a mí con la evidente intención de que lo viera. Fue por esta razón que no pude evitar mirar hacia allí, comprobando que no había nadie allí. Estaba absorto en contemplar el horizonte, cuando de repente escuché una especie de silbido proveniente del área de la casa de al lado. Miré hacia allí y vi al mismo joven de unos veinte años que ahora me sonreía. Le devolví la sonrisa, lo que debió haberle causado cierta sensación de confianzaporque acercándose a mí dijo:
"Hola... ¿Cómo estás, Elsita?
"Oh... ¿Sabes mi nombre? Respondí sorprendido.
"Por supuesto que lo sé..."
"Pero cómo...
"Porque mi primo me dijo que..."
"¿Y quién es tu primo?"
— Anita...
— Bueno... No lo sabía..." Dije dudosamente
"Ves... y también sé que siempre vienes con tu tía Rebeca, que es compañera de colegio de mi prima pequeña... y él viene a hacer los deberes con ella...
-Sí...es verdad.

-¿Quieres que te acompañe un rato para que no estés solo?
— Si quieres...
Mientras estaba sentado en el suelo, las ideas comenzaron a fluir en mi cabeza, sospechando que tal vez todo lo que lo había visto hacer la vez anterior era parte del jugo que me estaban enseñando. Entonces, abandonando mis preocupaciones, me preparé para cooperar en este nuevo episodio para descubrir qué estaba conspirando el hombre para hacer conmigo. Realmente no tuve que esperar mucho para descubrirlo, ya que me di cuenta de que él miraba insistentemente mis piernas, que desde su perspectiva podía ver perfectamente en mis muslos. Sintiendo su mirada ardiente deseando penetrar con ardor en el oscuro pasaje de mis piernas, pensé que sería algo nuevo participar de alguna manera, así distraídamente comencé a abrirlas poco a poco para que él se conformara con su anhelada contemplación. En cierto momento me agaché para recoger la botella de refresco del suelo y ofrecerle una bebidacon lo que aproveché para quedarme con mis extremidades totalmente a su disposición y donde seguramente ahora podía ver claramente mis bragas. Atento a sus reacciones noté que sus mejillas adquirieron un tono rojizo, lo que indica que mi estrategia había funcionado. Se deleitaba con la observación sin parpadear ni un momento, sin querer perderse por nada en el mundo de espectáculo que mis rincones ocultos le ofrecían. Después de un rato de divertirnos de esa manera, pude ver que el bulto crecía debajo de sus pantalones, por lo que lo tocaba una y otra vez con una de sus manos. Una maniobra tan obvia sólo sirvió para emocionarme más, hasta que finalmente observé cómo el joven se abría los pantalones para sacar su garrote vertical, mostrándolo descaradamente y sin ningún protocolo frente a mis ojos ardientes.Fijé mis ojos en ese pájaro negruzco que sobresalía bloqueando entre sus piernas, mientras comenzaba a frotarlo suavemente, tirando de la piel hacia arriba y hacia abajo. Toda la visión en su conjunto sólo sirvió para preparar el terreno, pues sabiendo que ya tenía demasiado calor, de repente me dijo:
—¿Te gusta?...¿quieres tocarlo?

"Sí... ssi..." Respondí con voz temblorosa
El joven se levantó y acercó la polla hinchada a mi cuerpo, ordenándome inmediatamente:
— Anda, tócalo... agárralo con tus manitas y frótalo lentamente...
"Pero—"
"¿Qué pasa?"
"Es solo que... Tengo miedo de que salgan a vernos..." Dije con miedo
"No lo harán, te lo aseguro..."
"¿Y cómo lo sabes?"
"Porque lo sé", respondió con decisión
Cuando escuché su comentario me di cuenta de que efectivamente esto era parte del plan de Anita y que si así fuera, de ninguna manera vendría a molestarnos. Alentado por mis propias deducciones, extendí la mano y tomé su pene enrojecido, medio doblado hacia arriba por la dureza, mirando el pequeño agujero en el centro de su glande rojo.
— Anda tállale la manita... Sirviendo suavemente, Linda...
Comencé a frotar ese cañón de carne caliente de adelante hacia atrás, moviendo mi piel lentamente mientras observaba con asombro cómo latía ese bulto magullado del que comenzaban a brotar unas gotas de elixir blanquecino. Seguí manipulando ese delicioso silbato vertical hasta que tuvo que detener mis movimientos diciendo:
"Espera, Elsita... espera... Quita la mano por un rato...
— Oh, ¿por qué? Le pregunté extrañamente
—Porque sí...espera un ratito solamente... Te lo diré cuando lo vuelvas a jugar...
Vi que el joven cerró los ojos, echando el cuerpo hacia atrás mientras su pene flotaba en el aire totalmente endurecido. Mientras miraba unas gotas más gruesas en la punta de mi pene, me di cuenta de que casi venía, que era el motivo de su inesperada petición. A pesar de la breve espera, me moría de calor, porque debo decir que aunque antes había agarrado la polla de papá cuando jugábamos al baloncesto, la verdad es que nunca lo había hecho con alguien ajeno a mi familia. En el fondo deseaba que me pidiera que me lo metiera en la boca, pues ver las gotas blanquecinas de leche saliendo del pequeño agujero en su cabeza me producía un rugido indescriptible que sólo podía calmar de esa manera. El tipo dejó pasar un par de minutos y, como si hubiera adivinado mis pensamientos, me dijo:
— ¿Te gustaría probarlo?
—Sí —respondí con la cara llena de deseo.

-Bueno, vamos... abre la boca...
No sólo obedecí su petición, sino que me acerqué lo más que pude a la cabeza de color donde barnizaba ese semen semitransparente, que ahora veía balancearse una y otra vez como si fuera la boca de un pez que acababa de ser sacado del agua y trata en vano de sacar aire para sobrevivir. Cuando me vio con la boca bien abierta, empujó su polla entre mis labios temblorosos, que recibieron con dulzura ese caramelo de placer que por primera vez entró en mi cavidad bucal. Quería aprovechar para deleitarme por completo con el sabor agridulce de su silbato endurecido, que de repente empezó a entrar y salir de mi boca una y otra vez mientras probaba con gusto los elixires blanquecinos que emanaban de su interior. No hace falta decir que esa nueva experiencia me transportó al paraíso del placer,Está claro por qué las mujeres tienen una preferencia especial por las artes mamatorias. También reconocí que aunque el sabor del pene de un hombre era muy similar al de los jugos vaginales de mi tía, era muy diferente al sabor del semen masculino del flujo femenino. Y eso debe haber sido porque la leche de un hombre es completamente diferente de los efluvios producidos por el orgasmo de una mujer. Pero pronto mis pensamientos fueron interrumpidos por el feroz golpeteo de los ríos de leche que comenzaron a brotar con fuerza del interior del silbato de aquel hombre, inundando mi garganta complaciente como una tormenta repentina, que no podía contener el flujo blanquecino y espeso de ese torbellino de semen caliente, viéndome obligado a separarme abruptamente de esa barricada de delirio. que como si fuera un resorte que se libera de repente,vibró violentamente en el espacio frente a mi cara moviéndose en todas direcciones. Mientras tragaba con deleite los abundantes arroyos de savia vital, observé cómo gran parte del agresivo torrente aterrizaba en el suelo, regando el suelo con ese fértil material lechoso. Al darse cuenta de que mi garganta se había liberado del espeso elixir al tragar toda la leche, el joven volvió a meter su polla en mi boca con la firme intención de que terminara de beber los últimos chorros que seguían fluyendo incesantemente. Ardiendo de calor y perdido en un mar de deseos indescriptibles, chupé esa polla endurecida de la que salía el líquido caliente y aceitoso con menos fuerza que antes, hasta que por fin cesó el torrente. Al darse cuenta de que ya no había licor dentro, el hombre lo sacó de entre mis labios y quitándose la camisa comenzó a limpiar el silbato fangosoy luego hice lo mismo con mi cara y mi boca, que sin duda mostraban los restos de la batalla mamatoria que habíamos tenido.

-Oh mamita... ¿significa eso que la prima de Anita estuvo de acuerdo con ella?
—Sí, Cielo Riveros... —entonces descubrí que todo lo que sospechaba era verdad...
— Mmm.... era parte del pequeño juego, ¿no?
— Exactamente...
— Oh mami... Me imagino lo que disfrutaste cuando lo chupaste... porque cuando mi papá me lo puso en la boca esa noche y lo chupé a mí también me gustó mucho...
—¿De verdad te gustó, Linda?
—Sí, mami...y yo también sabía cómo sabía su leche... ¿Recuerdas que en ese momento llegaste y nos descubriste?
-Sí, Rubicita... Lo recuerdo muy bien...
— Oh, mami.... Quiero chupar la cosita de papá otra vez...
-Lo sé, pequeño... Lo sé... pero habrá tiempo para eso...
-Sí... ¿pero me prometes que volveré a chuparle la orina a papá?
"Te lo prometo..." pero ahora déjame seguir hablando contigo porque aún no he terminado esa parte...
"Sí... si... continúa...

Para entonces ya no llevaba la cuenta de las venidas que había experimentado; pero a pesar de eso mi polla seguía pidiéndome más y más, así que le hice una señal a Mirian Caballero para que continuara con su historia.
“Cuando terminamos de limpiar, el joven me dijo que tenía que irme porque seguramente mi tía y su prima pronto saldrían a hablar conmigo. Y así fue, pues no habían pasado ni cinco minutos desde que entré en su casa, cuando Anita apareció en el patio diciéndome:
"Puedes entrar ahora, Elsita... ya hemos hecho nuestra tarea...
— ¿Y ahora jugaremos?
— Si, linda... anda, ven conmigo...
Ambos entramos a la casa y Anita cerró la puerta desde dentro. Pude ver que ella estaba tratando de asegurarse de nuestra privacidad para evitar sorpresas. Estaba claro que estaba más que dispuesta debido al intenso bramido que el acto de amamantar con ese hombre había provocado en mí, y sólo anhelaba que comenzaran su pequeño juego, que sin duda disfrutaría con mucha mayor pasión que nunca. Cuando entramos al dormitorio, mi tía Rebe ya nos estaba esperando y le dijo a su amiga:
"Annie... Creo que ya era hora...
-Sí, Rebeca. -respondió la otra-
— ¿Y esta vez qué jugaremos?
"Oh cariño, será un juego nuevo que sé que te encantará", dijo mi tía
"Sí, así es, Elsita... se llama "El toquetito" y sé que lo disfrutarás tanto como nosotros", dijo Anita
— ¿Y cómo es? Pregunté con entusiasmo y calidez

— Se trata de esto: usaremos un juguete muy especial que Anita ha guardado. ¿Es una cosita que se parece mucho al pene de un hombre... uno de nosotros primero lo hará como hombre y lo pondrá en el otro... y luego invertiremos los roles... ¿Entendiste? dijo la amiga de mi tía
"Sí..." ¿Pero qué pasa conmigo?
"Oh bonita... sólo ayudarás a quien la haga hombre..."
— Oh no... ¿y por qué? Dije un poco decepcionado
"Porque es peligroso..." todavía eres muy pequeño y esa cosa puede hacerte daño..." comentó mi tía en tono cariñoso intentando convencerme
—¿Es muy grande? Pregunté interesado
"Sí, bonita..." y lo verás ahora mismo", dijo mi tía, haciéndole señas a su amiga para que lo sacara
Anita se acercó a un viejo armario de madera con una llave en la mano y, metiéndola en el cerrojo, abrió un cajón del que sacó un dispositivo que en realidad contenía un pene de enormes dimensiones. Me sorprendió ver lo grande que era, porque cuando lo comparé mentalmente con la polla del niño que acababa de chupar en el jardín, y con la polla de mi papá cuando se folló a la tía Rebbe la noche anterior, de ninguna manera competían con ese trozo de hule rosa que parecía sujeto a correas de cuero. Pregunté de inmediato:
"¿Y entonces qué haré?"
"Oh, bonita... No te preocupes... también puedes jugarlo como hombre... pero no como mujer... ¿crees?
"Sí...si quiero..." Respondí con ardor sabiendo que también tocaría con ellos en ese nuevo acto

Con movimientos rápidos los dos amigos comenzaron a desvestirme mientras hacían lo mismo el uno con el otro. Podía oír la respiración agitada de las dos jóvenes que de repente se habían convertido en mis admirables maestras del sexo prohibido. Cuando los tres nos quedamos como Adán y Eva en el paraíso, la caliente Anita comenzó a ponerse las correas alrededor de su cintura corta, mientras mi tía embarazada la ayudaba mucho. Durante el breve intervalo pude admirar los enérgicos cuerpos de las dos mujeres, que exhibían descaradamente su exquisita y contrastante belleza, pues, como he dicho, el de mi tía era de una blancura de alabastro, mientras que el de su amiga mostraba su exuberante piel morena, que, lejos de empequeñecerla ante la otra, la hacía lucir tan hermosa como era. Cuando terminaron de sujetar el arnés alrededor de las caderas de Anita,Mi tía me tomó de la mano y me llevó a la cama, donde se colocó en posición de perrito, entendiendo que esta era sin duda la posición más adecuada para recibir al intruso de látex que vio moviéndose como un resorte frente al frondoso pubis de Anita. Ella también tomó posición en el colchón, parada justo detrás del culo de mi tía, y haciéndome señas dijo:
-Vamos Elsita...pon la punta en la entrada de la cuquita...

Obedeciendo el pedido rápidamente, tomé el bastión de goma en mis manos, aprovechando para apretarlo un poco y comprobando al mismo tiempo la suavidad y textura del material del que estaba hecho. Apunté con mi gruesa cabeza hacia la entrada de la gruta dorada de la tía Rebe, que en ese momento noté que estaba completamente mojada por efluvios vaginales, mientras que la otra caía gradualmente sobre su grupa. Con una maestría que nunca olvidaré, Anita puso su pene erguido dentro del laberinto secreto de cabello rubio de mi tía, perdiendo gradualmente de vista de sí misma y ahora dedicándose a examinar los pliegues internos de su vulva abierta y anhelante. Pronto los movimientos se intensificaron, provocando en la otra un ardor incomparable, pues empezó a gemir que aumentaba de tono,y su amiga tuvo que decirle que no gritara tan fuerte a riesgo de ser escuchada por los vecinos. Tuve que seguir siendo observador, pero no estaba menos caliente por eso, ya que no podía escapar de los efectos lujuriosos que me causaba la vista, así que sumergí uno de mis dedos en mi hendidura, masturbándome frente a los dos amantes, que ya jadeaban en una furia irreprimible. mientras continuaban moviéndose uno sobre el otro. Durante mucho tiempo Anita cabalgó sobre el culo de mi tía metiendo y sacando ese trozo de polla de goma que de repente apareció ante mis ojos para desaparecer inmediatamente de la vista, hundiéndose hasta las profundidades de sus entrañas ardientes. No sé cómo la tía Rebe pudo meter un falo tan tremendo y grueso dentro de su delicado coño,lo que me permitió comprobar que los pliegues vulvares de una mujer se dilatan al máximo cuando son penetrados por un gallo de tal tamaño. También descubrí que debido a su increíble textura, el cañón de látex desigual encajaba perfectamente en la estrecha gruta de la tía Rebe. Pero lo que más me sorprendió fue ver que una mujer bien puede interpretar el papel de un hombre sin necesidad de la presencia de hombres en absoluto, pudiendo disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «poder disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «poder disfrutar de ambos en un doble papel donde ambos se divierten al máximo protagonizando ambas naturalezas sexuales al mismo tiempo. «

"Entre gemidos agudos y bramidos, observé que la tía Rebe comenzó a aferrarse con mucha más fuerza a los muslos de su amiga, quien, al darse cuenta de que se acercaba el clímax, atacó con mayor furia y violencia a ese culo blanco del delirio, intensificando con mucha más velocidad los ataques al moño del otro. Los gritos de placer que anunciaban el orgasmo no tardaron en llegar, por lo que muy pronto mi tía explotó en una venida salvaje que, como siempre, la hizo pronunciar una serie de frases escatológicas llenas de obscenidades aludiendo al bramido que estaba experimentando. Anita, por su parte, cumplió al máximo su papel de macho, entrando y saliendo con furiosos empujones desde la hendidura vibratoria de mi tía, quien finalmente se interpuso entre gritos de alegría y una serie de palabras groseras, jadeando y sollozando con una locura sin precedentes.Cuando sus espasmos cesaron, Anita me dijo:

-Vamos, Elsita... ayúdame a sacarle la polla...
La ayudé con alegría en esa caliente maniobra expiatoria, pudiendo detectar la abundante humedad lechosa con la que había untado el tremendo candado de goma. Sintiéndose aliviada de la enorme polla, mi tía se arrojó sobre la cama con los ojos cerrados, todavía conmocionada por los delirantes momentos de placer que acababa de disfrutar. Después de un par de minutos, fue Anita quien la instó a levantarse de la cama para proceder a abrocharse el cinturón del deseo. Entre los dos colocaron el arnés alrededor de las hermosas caderas de la tía Rebe, quien después de haberla convertido en mujer, de repente y como por arte de magia se convirtió en hombre, dispuesta a ejercer su envidiable papel con el ardor que la caracterizaba. La amiga ya estaba en la misma posición de 18 piernas, con la cabeza enterrada entre las almohadas, mientras la tía Rebe la mantenía encimaexplorando con su caliente visión los intrincados secretos de su oscuro culo. Ella me hizo una seña para que me subiera a la cama con ella y me ordenó:
-Vamos, bonita... ahora pon la punta en la entrada de ella...

Una vez más asumí la deliciosa tarea de colocar la punta gruesa del miembro de goma en la grieta de la hendidura de Anita, de donde fluían abundantes ríos de efluvios seminales que sin duda contribuirían a la anhelada penetración. La tía Rebe arremetió contra el pequeño pecho abierto de su amiga, empujando el falo de látex endurecido hacia esa caverna oscura llena de pelos tan negros como la noche. Muy pronto me di cuenta de que el enorme bastión se había perdido en las profundas inmensidades del otro, mientras mi tía iniciaba el ritual danzante y rítmico que hacía la penetración más caliente, entrando y saliendo de casa de su amiga con un deleite sin igual. Cuando miré la cara de mi tía me di cuenta de lo bien que interpretaba su papel y de lo mucho que le encantaba interpretar al cazador de machosporque una sonrisa de lujuria recorrió su rostro confirmando incluso que disfrutó más de este último acto que del primero. Esta última pregunta me animó aún más a ser yo quien me pusiera las correas para sentir por primera vez en mi vida esa lascivia ardiente que vi brillar en los ojos ardientes de la tía Rebe, que seguía moviéndose violentamente montada en el oscuro culo de Anita, que ya empezaba a exhalar los ansiosos gemidos de bramidos ante los furiosos ataques de su amante. Las dos hembras permanecieron así durante varios minutos, mientras yo volvía a cargar con mi conejito, deseando furiosamente ver aquel extraño ayuntamiento. En un momento dado, fue Anita quien intensificó sus rápidos movimientos, pegándose de repente al pubis masculinizado de mi tía, de lo que deduje que pronto explotaría en un orgasmo delirante. Y efectivamente lo fue,desde que de repente empezó a gritar y sollozar pidiendo más polla al otro, que sabía complacer a su compañera de juegos moviéndose cada vez más rápido. La venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalLa venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalLa venida hizo su aparición en Anita manifestándose en una serie de empujones de su culo para que el gallo de látex se hundiera más profundamente en su hendidura, mientras lanzaba los típicos sollozos de la mujer empalada, en medio de extremos espasmos de placer que pronto la transformaron en una bestia. La tía Rebe aumentó con extraordinaria violencia sus empujones sobre el trasero de su amiga, hasta que se acostó en la cama, provocando que el falo de goma saliera irremediablemente de su húmedo conducto frontalprovocando que el falo de goma salga irremediablemente de su conducto frontal húmedo."provocando que el falo de goma salga irremediablemente de su conducto frontal húmedo."

"Ante semejante espectáculo y siendo presa de una lujuria desconocida, no pude evitar arrojarme encima de ese hermoso culo marrón que vi temblar de alegría, hundiendo mi pequeña lengua en su hendidura anegada para beber el diáfano y cálido elixir que fluía de su interior. Comencé a lamer y lamer locamente los rincones de su tesoro oculto y oscuro mientras el manojo de pelo negro mojaba mis mejillas, terminando tan embarrado como un gatito cuando termina de beber la leche de su plato, ante la sonrisa cómplice de satisfacción de mi tía. Habiéndose recuperado de la agonía de su llegada, Anita se sentó y le dijo a mi tía:
— Rebeca... ya es hora de que le mostremos a Elsita lo que queremos...
"Sí..." Veamos linda, ven aquí para que podamos ponerte esta cosita en la cintura...
Me acerqué a ellos más que voluntariamente, sintiendo cómo los dos amantes me abrochaban el cinturón ajustándolo a la brevedad de mis caderas. Para mí fue un verdadero placer experimentar el contacto de los dedos de las dos mujeres sobre la piel de mi cuerpo, lo que contribuyó aún más a preparar el protagonismo ansioso de mi turno. Quería sentirme hombre; quería sentirme macho; Anhelaba saber lo que se siente poner una polla dentro del coño de una mujer, sin ser un hombre de verdad, pero sí, emulando el papel característico de una masculinidad prohibida. Entonces, cuando estuve lista, me miré con esas correas puestas y el tremendo bastón de goma que sobresalía erguido frente a mi región púbica, lo que me provocó un bramido indescriptible que no puedo expresar con palabras. Antes de empezar con mis primeras enseñanzas, mi tía me preguntó:

-Ahora dime, querida mía... ¿Cuál de los dos quieres?
Sin dudarlo ni un momento le respondí con decisión:
"Para Anita..." Quiero ponerlo en Anita...y me ayudarás a colocar su polla en su hendidura...
-Está bien, Elsie... vamos, métete en la cama ahora...
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