Hacía dos semanas que mi marido se había ido de viaje, pero antes de salir por la puerta, firmamos el acuerdo: libertad total. Yo podía coger con quien quisiera, y no perdí el tiempo. Me metí en la página y lo encontré a Marcus. No quería cualquier cosa, quería una BBC, un negro de esos que te dejan grabada la experiencia en el cuerpo. en la boca utero y culo.... Un animal fornido, con una mirada que te decía exactamente lo que te iba a hacer.
Lo cité en mi alcoba y preparé todo.

Puse la cámara en el trípode frente a la cama; quería verme, quería registrar cada centímetro de esa primera pija negra entrando en mi cuerpo de flaca. Me puse una lencería blanca transparente que me marcaba las piernas largas y me hacía sentir una verdadera puta de lujo, lista para el desquite.

Cuando Marcus llegó, no hubo muchas palabras. Se desnudó ahí mismo y me quedé muda: tenía una verga impresionante, una chota oscura, dotada y perfecta que brillaba bajo la luz de la lámpara. Me tiré a sus pies y empecé a chuparla mucho, sin asco, bañándola en mi saliva y jugando con mis propios jugos mientras me miraba en la pantallita de la cámara. Ver mi cara de perra entregada a esa pija hermosa me ponía a mil.



Él me agarró del pelo y me tiró a la cama. Me dio vuelta y me empezó a lamer el ano y la concha bella con una lengua que conocía todos mis secretos. El intercambio de fluidos era una locura. Marcus se empezó a pasar la verga al natural por los labios de la concha, frotándome, lubricándome con mi propio deseo, hasta que se puso el forro para ir a fondo.


Se me puso atrás en cucharita y esa chota encontró el camino al toque: mi culo se abrió de par en par y me la mandó hasta el fondo de un solo viaje. Grité como una loca, pero quería más. Me di vuelta y me le subí encima; lo monté en cowgirl de frente, clavándole las uñas en los hombros, y después me di vuelta de espaldas para que la cámara grabara cómo mi culito subía y bajaba sobre esa verga negra que me sacudía entera.

Me puso en perrito y me dio con una furia que me hizo perder el sentido, hasta que no aguantó más. Se salió justo y me bañó toda la concha con su leche, un chorro blanco y tibio que quedó chorreando sobre mi piel pálida. Me quedé ahí, tirada, mirando la cámara y sabiendo que mi marido, cuando volviera, no iba a poder creer la perra en la que me había convertido.

ASI QUEDE LA CONCHA DE MI MADRE!!

Lo cité en mi alcoba y preparé todo.

Puse la cámara en el trípode frente a la cama; quería verme, quería registrar cada centímetro de esa primera pija negra entrando en mi cuerpo de flaca. Me puse una lencería blanca transparente que me marcaba las piernas largas y me hacía sentir una verdadera puta de lujo, lista para el desquite.

Cuando Marcus llegó, no hubo muchas palabras. Se desnudó ahí mismo y me quedé muda: tenía una verga impresionante, una chota oscura, dotada y perfecta que brillaba bajo la luz de la lámpara. Me tiré a sus pies y empecé a chuparla mucho, sin asco, bañándola en mi saliva y jugando con mis propios jugos mientras me miraba en la pantallita de la cámara. Ver mi cara de perra entregada a esa pija hermosa me ponía a mil.



Él me agarró del pelo y me tiró a la cama. Me dio vuelta y me empezó a lamer el ano y la concha bella con una lengua que conocía todos mis secretos. El intercambio de fluidos era una locura. Marcus se empezó a pasar la verga al natural por los labios de la concha, frotándome, lubricándome con mi propio deseo, hasta que se puso el forro para ir a fondo.


Se me puso atrás en cucharita y esa chota encontró el camino al toque: mi culo se abrió de par en par y me la mandó hasta el fondo de un solo viaje. Grité como una loca, pero quería más. Me di vuelta y me le subí encima; lo monté en cowgirl de frente, clavándole las uñas en los hombros, y después me di vuelta de espaldas para que la cámara grabara cómo mi culito subía y bajaba sobre esa verga negra que me sacudía entera.

Me puso en perrito y me dio con una furia que me hizo perder el sentido, hasta que no aguantó más. Se salió justo y me bañó toda la concha con su leche, un chorro blanco y tibio que quedó chorreando sobre mi piel pálida. Me quedé ahí, tirada, mirando la cámara y sabiendo que mi marido, cuando volviera, no iba a poder creer la perra en la que me había convertido.

ASI QUEDE LA CONCHA DE MI MADRE!!

3 comentarios - quería una BBC
ricas cachitas por tu culito mi amorrrrr💦💦💦💦