You are now viewing Poringa in Spanish.
Switch to English

Historia Real Lima - Peru - Halloween

Historia Real Lima - Peru - Halloween

Me llamo Rafael, tengo 36 años, y esta es una de esas historias que, aunque han pasado años, todavía recuerdo con una claridad casi inquietante.
Era sábado 31 de octubre, Halloween. Yo trabajaba como Uber esa noche. El ambiente estaba movido, gente disfrazada por todos lados, y las calles con ese aire festivo y desordenado típico de la madrugada.
En un momento vi a una pareja al costado de la vía. Dudé un segundo, pero decidí ofrecerles el servicio directamente. Me preguntaron si podía llevarlos hasta la avenida Gambetta. No estaba precisamente en mi ruta, así que propuse un precio razonable —no barato— y aceptaron sin problema.
Sin embargo, cuando iniciamos el trayecto, solo subió la chica en el asiento de atras.
Tendría unos 22 años. Morena, delgada, con un vestido blanco corto, sencillo pero que le quedaba muy bien. No era llamativa a primera vista, pero tenía algo… una presencia que se iba sintiendo poco a poco.
Avancé unos diez minutos con la radio encendida, sin decir nada. Hasta que decidí romper el silencio:
—¿Saliste a bailar?
Al mirarla por el retrovisor, nuestras miradas se cruzaron. Fue un instante breve, pero intenso. Había algo en sus ojos… una mezcla de complicidad y provocación.
Le pregunté si quería escuchar algún tipo de música. En lugar de responder de inmediato, se movió desde el asiento trasero hacia el centro, acercándose un poco más. Empezó a hablarme, con una voz suave, ligeramente afectada por el alcohol.
Yo conducía, mirando al frente, pero cada tanto volvía al espejo. En uno de esos momentos, noté que estaba mucho más cerca. Demasiado.
Giré ligeramente la cabeza… y su rostro estaba a centímetros del mío.
El beso simplemente pasó.
Me aparté un poco, sorprendido.
—Perdón… —dije.
Ella sonrió, con ese aliento leve a alcohol que, de alguna forma, resultaba embriagador.
Volvió a tocarme el brazo, esta vez con más decisión.
Me detuve.
Y esta vez, fui yo quien la besó con intensidad acompañando de mi mano que tocaban sus piernas y entrepiernas .
El ambiente dentro del auto cambió por completo. La tensión se volvió física, inevitable. Nos dejamos llevar. Sus manos, su cercanía, todo parecía acelerar el momento.
—¿Puedo pasar adelante? —preguntó.
Asentí.
Se sentó a mi lado, y mientras retomaba la conducción, la situación escaló rápidamente, me desabrocho el pantalon me saco el pene comenzo masturbandome como apreciando mi pene como crecia mas y mas por la exitacion y lo metio a su boca lo mojo toda con su saliba se sentia delicioso. La madrugada, las calles casi vacías, y esa conexión inesperada hicieron que todo pareciera fuera de la realidad.
En un momento, me dijo:
—Estaciónate.
Busqué un lugar tranquilo. Ella se paso atrás se quito todo lo que tenia y ahi estaba esperándome.
Primero se lo chupe como si fuera un mango o un helado luego meti despacio mi Pene mirandole a los ojos poco a poco hasta que comence acerlo fuerte y mas fuerte comenzo a gritar lo que me exitaba mas hasta que se quejo, me disculpe , me dijo no te preocupes ahora como lo quieres hacer me pregunto le dije ponte de perrito , seras mi perrita y la monte como montan los perros a sus perras ella nuevamente gritaba y me decia que le diga que es mi perrita, nuevamente se volvio a quejar y pare me dijo por que paras pense que te dolio, me contesto si me dolio pero me gusta. Le dije ahora tu subete me sente en el asiento y agarro mi pene parado lo apunto a su vajinay se lo metio lentamente parecia que disfrutaba cada centimetro comence a besarle los pechos que eran muy bonitos luego a morderlos hasta que senti que termino encima mio con un grito fuerte toque mi pene y se habia chorreado de su liquido espeso transparente. me dijo correte dentro mio a lo que no acepte me quite el preservativo y me pasturbe hasta terminar encima de su abdomen mientras me miraba a los ojos. me dijo me hubiera gustado sentirlo dentro yo tambien pensaba lo mismo pero era la primera vez que la conocia.
Cuando todo terminó, la llevé a su casa. No intercambiamos promesas, ni grandes despedidas.
Pero la historia no terminó ahí.
Han pasado casi cuatro años desde esa noche, y todavía nos vemos de vez en cuando. Nunca fue algo formal. Ambos hemos tenido parejas, hemos tomado distancia en ciertos momentos… pero siempre, de alguna manera, volvemos.
Porque lo nuestro nunca fue amor.
Fue algo distinto.
Algo que empezó en una noche de Halloween… y que, hasta hoy, sigue teniendo esa misma chispa impredecible.
Y sí… tengo más historias. Tal vez algún día también las cuente.

0 comentarios - Historia Real Lima - Peru - Halloween