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Alex y Carlos (Una fantasía que espero cumplir) Parte 2

El miércoles por la mañana Carlos despertó a Alex con una orden clara:— Hoy nada de pañal ni hoodie. Quiero a mi bebé completamente desnudo todo el día… solo con tu nueva colita.Sacó de la caja un plug anal grande con una cola de perro, larga toda hecha de goma, al girar y con cada movimiento la cola temblaba y se balanceaba estimulando la prostata de Alex, de color negro, pesada y ancha para mantener cachondo a Alex y no dejar que se le escapara. La lubricó generosamente y la insertó despacio en el culo aún sensible de Alex. El chico soltó un gemido largo cuando la base gruesa lo abrió y la cola quedo encajada entre sus nalgas, moviéndose con cada paso.


— Listo. Así vas a estar hasta que yo diga. Desnudo, enjaulado y con colita. Como el putito mascota que eres.Alex pasó todo el día así: caminando por el departamento completamente desnudo, la jaula pequeña apretándole el pene, la cola balanceándose obscenamente detrás de él cada vez que se movía o se agachaba. Cada vez que se sentaba sentía la cola presionando su próstata. Estaba constantemente excitado, goteando dentro de la jaula diminuta.Carlos trabajaba desde casa, así que podía vigilarlo todo el tiempo.A media mañana lo llamó a su escritorio:— Ven aquí, bebé. De rodillas.Alex se arrodilló entre las piernas de su papi. Carlos sacó su polla gruesa y dura y la puso frente a la cara del chico.— Mamada número uno. Lenta y profunda. Y no te atrevas a tocar tu jaulita.Alex abrió la boca y empezó a chupar. Carlos lo guiaba con una mano en su cabello, empujando su cabeza hacia abajo hasta que la polla le llegaba casi a la garganta. Lo mantuvo allí varios minutos, follándole la boca con movimientos lentos y controlados, mientras la cola de zorro se movía cada vez que Alex tragaba o gemía.— Qué boca tan caliente tiene mi niñito — gruñía Carlos—. Chúpala bien, como te enseñé.Cuando estaba cerca, Carlos lo sacó de golpe y le dio palmaditas en la mejilla.— Buena chica. Pero no te corres hoy.La segunda mamada fue después del almuerzo. Carlos estaba viendo televisión en el sofá. Llamo a Alex e hizo que se acostara boca arriba con la cabeza colgando del borde del sofá y lo folló la boca con más fuerza, haciendole una garganta profunda,  entrando y saliendo mientras la cola se agitaba entre las piernas abiertas del chico. Alex babeaba, lágrimas corriendo por sus mejillas, la jaula goteando sin parar sobre su propio vientre.— Traga todo, bebé. Quiero sentir cómo me aprietas la garganta.La tercera fue por la tarde, más larga y humillante. Carlos lo puso de cuatro patas en el suelo, cola levantada, y se sentó en el sofá frente a él. Lo hizo chupar durante casi veinte minutos seguidos: lento, luego rápido, luego lento otra vez. Cada vez que Alex intentaba acelerar para hacerlo acabar, Carlos lo detenía y lo mantenía al borde del llanto.— ¿Quieres que me corra en tu boca, verdad? — le preguntó mientras le daba suaves cachetadas con la polla mojada en la cara—. Pero ahora no. Ahora solo sirves para mantener a papi duro, para frustrarte mas y que disfrutes el sabor de papi.La cuarta mamada fue justo antes de la cena. Carlos lo sentó en su regazo, de frente, con la cola plug presionando más profundo por el peso. Mientras Alex lo chupaba con desesperación, Carlos jugaba con la jaula pequeña, girándola, apretándola, haciendo que el chico gimiera alrededor de su polla.— Mira cómo tiemblas… tan cerca y tan lejos. Eso es la negación, bebé. Esto es lo que mereces por ser mi putito.Al final del día, después de la quinta y más intensa mamada, Carlos de pie, sujetando la cabeza de Alex con ambas manos y follándole la garganta sin piedad, Carlos finalmente se corrió. Descargó chorros espesos y calientes directamente en la boca del chico, obligándolo a tragar todo mientras lo miraba a los ojos.— Buen bebé… tragaste todo como un campeón.Alex estaba destrozado: desnudo, con la cola plug aún dentro, la jaula pequeña dolorosamente apretada, labios hinchados y cansados, su cara y pecho cubiertos de saliva y lágrimas, y sin haber podido correrse ni una sola vez.Carlos lo levantó del suelo, lo abrazó contra su pecho desnudo y le susurró al oído mientras le acariciaba la espalda:— Mañana jueves vuelves al pañal y al hoodie… pero la negación continúa. Y si portas bien, quizás el viernes te deje rozar el orgasmo otra vez… o quizás no.Alex, agotado y temblando de frustración sexual, la jaula manchada de precum, solo pudo responder con voz cansada:— Sí, Papi… gracias por usarme…Carlos sonrió, le dio un beso en la frente, mientras apretaba las nalgas de Alex con sus enormes manos y dejó la cola plug dentro toda la noche mientras lo llevaba a la cama, jalandolo de la jaula de castidad.
El jueves por la mañana Carlos despertó a Alex con una palmada suave en el culo.— Levántate, bebé. Hoy vuelves a ser mi niñito de pañal.Alex, todavía desnudo y con la cola plug de la noche anterior, gimió cuando Carlos le quitó el plug lentamente. Luego lo llevó al baño, tomandolo de sus huevos llenos de leche, que asomaban de la jaula de castidad de Alex.

Durante el baño, Carlos ato las manos de alex, salio por las llaves de su jaula de castidad, las cuales estaban en su cartera, al volver libero a Alex y comenzo a recorrer cada parte de su cuerpo, asegurandose de prerstar mucha atencion en el ano de ales y en su pene, mientras con sus dedos enjabonados limpiaba profundamente el ano de alex, con su otra mano, se dedicaba a limpiar tiernamente el pene del chico, si Alex estaba cerca de correrse, Carlos paraba de inmediato, volvio a retirar todo el vello de Alex, tanto de su pene como del ano, alex siempre se mantenia sin vello y siempre suave para su papi, despues Carlos coloco en una esquina a Alex y enjuago la jaula del chico, puso el agua fria en el pene de Alex y sin darle tiempo de protestar volvio a ponerle su jaula de castidad.

Al salir del baño, le puso el pañal grueso del día: blanco con estampados infantiles discretos, bien ajustado sobre la jaula pequeña. Encima le colocó su hoodie negro oversized, que le llegaba hasta la mitad de los muslos, dejando ver apenas el bulto del pañal cuando caminaba.

— Así estás perfecto — dijo Carlos, apretando el frente del pañal con la mano—. Todo el día con pañal y hoodie, como mi bebé sumiso.Por la tarde, Carlos decidió que era hora del baño otra vez.
Esta vez llenó la bañera con agua tibia y sales. Desnudó completamente a Alex, le quitó esin contemplacion, el hoodie y abrió el pañal empapado de precum, y lo metió dentro. El chico se sentó entre las piernas de su papi, espalda contra el pecho ancho de Carlos.

El baño empezó suave: Carlos lo enjabonó con una esponja, lavándole el pecho, los brazos, la espalda… pero cuando llegó a la jaula pequeña, todo cambió.Tomó el pene enjaulado con una mano jabonosa y empezó a masturbarlo a través de los barrotes: movimientos lentos, firmes, apretando y masajeando las bolas suaves y sensibles de Alex. Con la otra mano metió dos dedos jabonosos en el culo de Alex y comenzó a masajearle la próstata con una precisión cruel.— ¿Quieres correrte, mi niñito? — le susurró al oído mientras aceleraba los movimientos—. ¿Quieres que papi te deje explotar después de tantos días?Alex gemía alto, cabeza echada hacia atrás contra el hombro de Carlos, caderas moviéndose solas dentro del agua.— ¡Sí, Papi! ¡Por favor! ¡Estoy tan cerca…!Carlos lo llevó al borde una y otra vez: aceleraba hasta que la jaula palpitaba y el chico empezaba a llorar de frustración, luego ralentizaba o sacaba los dedos por completo. Lo hizo cuatro veces seguidas. Alex sollozaba, el cuerpo entero temblando, lágrimas mezclándose con el agua del baño.— Por favor… no puedo más… duele…— Shhh, bebé. Los niñitos no se corren. Solo gotean.Después del baño frustrante, Carlos sacó a Alex cargando de la bañera, lo secó con una toalla grande y lo llevó al dormitorio. Lo puso boca abajo sobre su regazo otra vez.— Y ahora los azotes por haber suplicado tanto en el baño.¡Plaf! ¡Plaf! ¡Plaf!La mano grande de Carlos cayó fuerte y rítmicamente sobre el culo aún húmedo. Veinte azotes seguidos, alternando cachetes y en ocasiones masajeando suavemente el ano del muchacho hasta que la piel quedó roja brillante y caliente.Alex lloriqueaba contra la almohada, la jaula pequeña goteando sobre las sábanas.Cuando terminó, Carlos tomó un mameluco blanco de bebé adulto que había comprado especialmente para Alex: suave algodón, con broches en la entrepierna, estampado sutil de ositos y lo suficientemente grande para que le quedara ajustado sobre el pañal.Lo abrió por completo, acostó a Alex boca arriba y lo vistió como a un bebé gigante: primero las mangas, luego las piernas, y finalmente cerró todos los broches entre las piernas, dejando el pañal grueso bien apretado y la jaula presionada dentro.El resultado era adorable y humillante a la vez: Alex, con mameluco blanco de bebé, pañal abultado visible por los broches, cara sonrojada y ojos llorosos.Carlos lo levantó en brazos como si no pesara nada y lo sentó en su regazo en la sala, abrazándolo fuerte contra su pecho.— Mira qué lindo te ves… mi bebé grande en mameluco. Así vas a dormir hoy. Y mañana viernes… seguiremos con la negación. Quizás el sábado te deje rozar el orgasmo… o quizás siga negándotelo hasta que llores.Alex, agotado, frustrado y completamente sumiso, escondió la cara en el cuello de su papi y susurró:— Sí, Papi… soy tu bebé… gracias por cuidarme.Carlos sonrió, le besó la frente y lo meció suavemente mientras veía televisión, sintiendo cómo el mameluco crujía cada vez que Alex se movía, recordándole a ambos quién tenía el control total.
El viernes por la mañana Carlos recosto a Alex bocarriva en la cama y le abrió los broches del mameluco blanco que Alex había usado para dormir. Revisó el pañal, todavía seco, pero con una gran mancha de precum en la parte delantera, y sonrió.— Buen bebé. Hoy sigues en mameluco todo el día… pero con un regalito extra.Sacó un plug anal de silicona negra, mediano y con vibración a control remoto vía app en su teléfono. Lo lubricó bien y lo insertó despacio en el culo de Alex, empujando hasta que la base quedó bien adentro. Luego cerró de nuevo todos los broches del mameluco, dejando el pañal y la jaula pequeña bien apretados.

— Este plug va a estar encendido cuando yo quiera. Tú solo vas a sentirlo y vas a portarte bien.Durante todo el día el plug cobró vida en los momentos menos inesperados para Alex:Mientras Alex preparaba el desayuno, Carlos lo encendió en modo bajo. El chico tuvo que apoyarse en la encimera, mordiéndose el labio y gimiendo bajito mientras la vibración le masajeaba la próstata.En la sala, mientras veía televisión sentado en el sillon, Carlos subió la intensidad. Alex se retorció, las piernas temblando, el mameluco crujiendo con cada movimiento. La jaula pequeña apretaba más y más.Por la tarde, mientras Alex estava en hablando mientras jugaba desde su laptop, Carlos lo puso en ráfagas cortas y fuertes. Alex tuvo que taparse la boca con la mano para no gemir en medio de la partida.


Cada vez que estaba a punto de suplicar, Carlos lo apagaba, dejando al chico frustrado y goteando dentro del pañal.A las 7 pm, Carlos decidió que era hora de la recompensa… para él.— Ven aquí, bebé. De rodillas.Alex se arrodilló frente a su papi, todavía vestido con el mameluco blanco. Carlos abrió los broches de la entrepierna del mameluco, bajó el pañal lo justo para dejar la jaula visible y sacó su polla gruesa y dura.— Hoy vas a tomar toda mi leche. Mucha. Y no vas a derramar ni una gota.La primera mamada fue lenta y profunda. Carlos sujetaba la cabeza de Alex con ambas manos y follaba su garganta con ritmo constante. Cuando estaba cerca, empujó hasta el fondo y se corrió con un gruñido grave, descargando el primer chorro espeso directamente en la garganta del chico.— Traga, bebé… todo, toda tu lechita.Alex tragó obedientemente, ojos llorosos.No le dio descanso. Apenas dos minutos después, Carlos ya estaba duro otra vez. Lo puso de espaldas sobre el sofá, cabeza colgando del borde, y le folló la boca en posición de garganta profunda. La segunda corrida fue más abundante; Alex tuvo que tragar rápido para no ahogarse mientras la leche caliente le llenaba la boca.La tercera fue la más larga. Carlos se sentó en el sofá, hizo que Alex se subiera a horcajadas sobre sus muslos, con el mameluco abierto, pañal bajado hasta las rodillas, le quito el plug en un movimiento suave pero decidido, y lo mantuvo subiendo y bajando de su verga aun dura durante casi quince minutos. Lo guiaba arriba y abajo, follándole el culo sin piedad y de forma constante.— Vas a recibir toda la leche de papi hoy — gruñía—. Porque eres mi putita tragona.Cuando llegó al orgasmo por tercera vez, Carlos sostuvo a Alex de las caderas firmemente, pegado a su pelvis y se corrió con fuerza, inundándole el culo hasta que  el ano del chico rebosaba de semen blanco y espeso. Carlos inclino a Alex y le volvio a poner el plug para que no se derramara una sola gotae, Ales tosiendo y jadeando, con hilos de cum resbalando por su barbilla y cayendo sobre el mameluco.Carlos lo limpió con el dedo y se lo metió en la boca.— Buen bebé… tomaste tres cargas completas como un campeón.Alex estaba destrozado: labios hinchados, garganta irritada, sabor a cum por todas partes, el plug aún vibrando suavemente dentro de él y la jaula pequeña dolorosamente apretada. No había podido correrse ni una sola vez.Carlos lo levantó, cerró de nuevo los broches del mameluco, lo abrazó contra su pecho y le susurró al oído mientras lo mecía:— Hoy fuiste un muy buen niñito. Mañana sábado… vamos a jugar mucho. Quizás sea el día en que por fin te deje correrte… o quizás siga torturándote un poco más.Alex, exhausto y lleno de leche de su papi, solo pudo esconder la cara en el cuello de Carlos y murmurar:— Sí, Papi… lo que tú decidas.

Nota:
Estoy disfrutando de escribir esta fantasia que tengo, no me he parado de masturbar desde que comence, espero cumplirla algun dia.

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