Vengo adejar un relato de una confesión de una usuaria de poringa, con muchaanonimidad ya que ella no se anima a contar el suceso pero tenia muchas ganasde liberar esta historia.
ella se llama marina, es de la ciudad de Mendoza, tierra del buen vino, esto lepaso cuando tenia 22 años, mujer no tan experimentada en el sexo, muy vergonzosay tímida pero a la ves curiosa, le gusta experimentar con su cuerpo en laintimidad y explorar cada centímetro con sus propias manos.
llevaba siempre el pelo atado así nomás y una forma de hablar queparecía pedir permiso. Vergonzosa de esas que se ponen coloradas hasta porcomprar en el kiosco y con mirada media baja
Tenía una curiosidad que le picaba como mosquito en verano.No decía nada, obvio. Ni a su mejor amiga. Pero miraba, escuchaba, ataba cabos.Las charlas en la vereda, los comentarios al pasar, las risas cómplices. Todole quedaba dando vueltas.
A la tarde se sentaba en el cordón con el mate lavado,fingiendo que miraba el celular. Pero en realidad estaba atenta a todo: quiénmiraba a quién, cómo se hablaban.
Una noche, se quedó un rato más afuera. La música salía deuna casa cercana, cumbia bajita.
ella sentada con su amiga del barrio llamada clara veían que había movimientopor las calles hasta que pasan 2 chicos del barrio que ya lo conocían comocualquiera les conoce de vista, llevaban dos latas de birra, uno cada uno, enese momento les saluda y como clara era mas social se prende y le saludan a loschicos:
clara: que hacen chicos??
tomas: estamos aca en la casa del beto y vinimos para el kiosco, ustedes todobien?
clara: todo tranqui, aca tomando unos mates – responde ella dandole otro matea marina -
clara: capas ya nos cansamos del mate y esta lavado – le tira clara a loschicos mientras se rie de manera picarona y mira su lata de birra-
en ese momento marina la mira con los ojos sobresaltados tipo diciéndole ¿Quéhaces?!!
tomas: se prenden? Vamos a lo de beto si quieren!
beto: sii dale, no hay dramaa, estamos tranqui y ponemos algo de música
Clara: esta nunca sale, ¿vamo un rato mari? Dalee, total unrato y volvemos
marina se puso colorada al instante, no sabia que hacer, a lo que levanta lacabeza un segundo y cruza mirada con tomas, fue en un instante pero sintió algoraro como un cosquilleo en el brazo y piel de gallina
Marina tragó saliva. Miró a los chicos, después a la vereda, después otravez a Tomás. Él no decía nada, pero la miraba tranquilo, sin apurarla.
Y eso, raro, la calmó un poco.
Marina: Bueno… pero un rato —dijo al fin, casicomo si pidiera permiso.
Clara sonrió como si hubiera ganado algo.
Clara: Listo, ya está —tiró, levantándose de unsalto.
La casa era simple, puerta abierta, música bajita. Nadararo. Nada que diera miedo.
Eso también la dejo calmada y sorprendida al mismo tiempo amarina
Se sentaron, les alcanzaron algo para tomar y la charlaempezó a fluir. Clara, como siempre, llevaba la delantera. Beto metía chistes.Tomás hablaba de a poco, pero cada tanto le tiraba algún comentario a Marina,suave, como para incluirla.
Todo era nuevo, pero no incómodo.
En un momento, Clara se fue para la cocina conBeto, “buscando más hielo”. Marina quedó en el sillón, con la música de fondo yTomás al lado.
Tomas: ¿Siempre sos tan callada? —preguntó él, sin tono de burla.
Marina se encogió un poquito de hombros.
Marina: Un poco… sí.
Tomas: Está bien igual, Hay gente que hablademasiado.
Eso la hizo reír, bajito.
Desde la cocina llegaban las risas de Clara. La música seguía sonando. YMarina, por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en escaparse… sinoen quedarse un rato más.
Marina no estaba acostumbrada a tomar, pero le dio un sorbo, después otro.Sentía el calor subirle despacio, aflojándole los hombros.
Las risas se volvieron más fáciles. Las palabrasle salían menos pensadas.
Clara ya estaba en cualquiera, riéndose fuerte en la cocina con Beto. Elambiente era liviano, sin presiones, como si todo estuviera permitido… pero sinque nadie obligara a nada.
Tomás seguía cerca.
Tomas: ¿Estás bien? —le preguntó en un momento.
Marina asintió.
Marina: Sí… creo que sí.
Y era verdad. Por primera vez en mucho tiempo,no estaba tan pendiente de cómo se veía, de qué decir, de si estaba haciendo elridículo. Solo estaba… ahí.
Él le alcanzó la lata de birra.
Tomas: Tranqui igual, no tomes de más si noestás acostumbrada.
Marina: No, está bien… —respondió ella, perosonrió.
Se quedaron hablando de cosas simples. Elbarrio, la música, anécdotas boludas. Cada tanto se reían por cualquier pavada.Y en uno de esos momentos, cuando las risas se fueron apagando, quedaron máscerca de lo que estaban antes.
Marina lo notó. Sintió ese cosquilleo otra vez, pero más fuerte. No era solonervio ahora… era otra cosa. Algo que le daba miedo, pero también ganas de verqué pasaba si no se corría.
Tomás la miró un segundo más de lo normal.
Tomas: Si te incomoda, decime —dijo, bajito.
Ella negó con la cabeza.
Y entonces paso, tomas le comió la boca a marina, marina se sentía por dentroexplotar, los cosquilleo eran tan placenteros que nunca dudo en ningún momentode correr la cabeza, quería seguir sintiendo esa sensación y a la par ella tambiénle comía la boca a tomas, en algún momento mientras tomas la agarraba de la cinturay corría su mano hasta su pecho, ella no puso ninguna resistencia, ella seestaba dando cuenta que no era ella, pero esta marina le gustaba
ella queriendo imitar los movimiento de tomas y queriendo matar su curiosidad,bajo su mano a su bulto, sentía como se estaba endureciendo la verga de tomas yeso la calentaba mucho mas, se sentía mojar por debajo de su pantalón
tomas: te gusta? Mira como me la estas poniendo – dice mientras su mano ponesobre la de ella y hace que le agarre mas fuerte
marina: me estas calentando demasiado, vamos a otro lado, chupame las tetas –ella tiene unas tetas en promedio grande pero no inmensas
en eso tomas la agarra de la mano y van para la habitación de beto, el automáticamentese tira para las tetas de marina y le saca la remera que tenia puesta…
continuaraa…..
ella se llama marina, es de la ciudad de Mendoza, tierra del buen vino, esto lepaso cuando tenia 22 años, mujer no tan experimentada en el sexo, muy vergonzosay tímida pero a la ves curiosa, le gusta experimentar con su cuerpo en laintimidad y explorar cada centímetro con sus propias manos.
llevaba siempre el pelo atado así nomás y una forma de hablar queparecía pedir permiso. Vergonzosa de esas que se ponen coloradas hasta porcomprar en el kiosco y con mirada media baja
Tenía una curiosidad que le picaba como mosquito en verano.No decía nada, obvio. Ni a su mejor amiga. Pero miraba, escuchaba, ataba cabos.Las charlas en la vereda, los comentarios al pasar, las risas cómplices. Todole quedaba dando vueltas.
A la tarde se sentaba en el cordón con el mate lavado,fingiendo que miraba el celular. Pero en realidad estaba atenta a todo: quiénmiraba a quién, cómo se hablaban.
Una noche, se quedó un rato más afuera. La música salía deuna casa cercana, cumbia bajita.
ella sentada con su amiga del barrio llamada clara veían que había movimientopor las calles hasta que pasan 2 chicos del barrio que ya lo conocían comocualquiera les conoce de vista, llevaban dos latas de birra, uno cada uno, enese momento les saluda y como clara era mas social se prende y le saludan a loschicos:
clara: que hacen chicos??
tomas: estamos aca en la casa del beto y vinimos para el kiosco, ustedes todobien?
clara: todo tranqui, aca tomando unos mates – responde ella dandole otro matea marina -
clara: capas ya nos cansamos del mate y esta lavado – le tira clara a loschicos mientras se rie de manera picarona y mira su lata de birra-
en ese momento marina la mira con los ojos sobresaltados tipo diciéndole ¿Quéhaces?!!
tomas: se prenden? Vamos a lo de beto si quieren!
beto: sii dale, no hay dramaa, estamos tranqui y ponemos algo de música
Clara: esta nunca sale, ¿vamo un rato mari? Dalee, total unrato y volvemos
marina se puso colorada al instante, no sabia que hacer, a lo que levanta lacabeza un segundo y cruza mirada con tomas, fue en un instante pero sintió algoraro como un cosquilleo en el brazo y piel de gallina
Marina tragó saliva. Miró a los chicos, después a la vereda, después otravez a Tomás. Él no decía nada, pero la miraba tranquilo, sin apurarla.
Y eso, raro, la calmó un poco.
Marina: Bueno… pero un rato —dijo al fin, casicomo si pidiera permiso.
Clara sonrió como si hubiera ganado algo.
Clara: Listo, ya está —tiró, levantándose de unsalto.
La casa era simple, puerta abierta, música bajita. Nadararo. Nada que diera miedo.
Eso también la dejo calmada y sorprendida al mismo tiempo amarina
Se sentaron, les alcanzaron algo para tomar y la charlaempezó a fluir. Clara, como siempre, llevaba la delantera. Beto metía chistes.Tomás hablaba de a poco, pero cada tanto le tiraba algún comentario a Marina,suave, como para incluirla.
Todo era nuevo, pero no incómodo.
En un momento, Clara se fue para la cocina conBeto, “buscando más hielo”. Marina quedó en el sillón, con la música de fondo yTomás al lado.
Tomas: ¿Siempre sos tan callada? —preguntó él, sin tono de burla.
Marina se encogió un poquito de hombros.
Marina: Un poco… sí.
Tomas: Está bien igual, Hay gente que hablademasiado.
Eso la hizo reír, bajito.
Desde la cocina llegaban las risas de Clara. La música seguía sonando. YMarina, por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en escaparse… sinoen quedarse un rato más.
Marina no estaba acostumbrada a tomar, pero le dio un sorbo, después otro.Sentía el calor subirle despacio, aflojándole los hombros.
Las risas se volvieron más fáciles. Las palabrasle salían menos pensadas.
Clara ya estaba en cualquiera, riéndose fuerte en la cocina con Beto. Elambiente era liviano, sin presiones, como si todo estuviera permitido… pero sinque nadie obligara a nada.
Tomás seguía cerca.
Tomas: ¿Estás bien? —le preguntó en un momento.
Marina asintió.
Marina: Sí… creo que sí.
Y era verdad. Por primera vez en mucho tiempo,no estaba tan pendiente de cómo se veía, de qué decir, de si estaba haciendo elridículo. Solo estaba… ahí.
Él le alcanzó la lata de birra.
Tomas: Tranqui igual, no tomes de más si noestás acostumbrada.
Marina: No, está bien… —respondió ella, perosonrió.
Se quedaron hablando de cosas simples. Elbarrio, la música, anécdotas boludas. Cada tanto se reían por cualquier pavada.Y en uno de esos momentos, cuando las risas se fueron apagando, quedaron máscerca de lo que estaban antes.
Marina lo notó. Sintió ese cosquilleo otra vez, pero más fuerte. No era solonervio ahora… era otra cosa. Algo que le daba miedo, pero también ganas de verqué pasaba si no se corría.
Tomás la miró un segundo más de lo normal.
Tomas: Si te incomoda, decime —dijo, bajito.
Ella negó con la cabeza.
Y entonces paso, tomas le comió la boca a marina, marina se sentía por dentroexplotar, los cosquilleo eran tan placenteros que nunca dudo en ningún momentode correr la cabeza, quería seguir sintiendo esa sensación y a la par ella tambiénle comía la boca a tomas, en algún momento mientras tomas la agarraba de la cinturay corría su mano hasta su pecho, ella no puso ninguna resistencia, ella seestaba dando cuenta que no era ella, pero esta marina le gustaba
ella queriendo imitar los movimiento de tomas y queriendo matar su curiosidad,bajo su mano a su bulto, sentía como se estaba endureciendo la verga de tomas yeso la calentaba mucho mas, se sentía mojar por debajo de su pantalón
tomas: te gusta? Mira como me la estas poniendo – dice mientras su mano ponesobre la de ella y hace que le agarre mas fuerte
marina: me estas calentando demasiado, vamos a otro lado, chupame las tetas –ella tiene unas tetas en promedio grande pero no inmensas
en eso tomas la agarra de la mano y van para la habitación de beto, el automáticamentese tira para las tetas de marina y le saca la remera que tenia puesta…
continuaraa…..
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