Vivo en un barrio de casas bajas, soleado, tranquilo, un barrio de familias de clase media más o menos acomodada, profesionales, comerciantes, pequeños empresarios, que manda a sus hijos a escuelas privadas y se va de vacaciones a Cancún o a Bahía. Soy el único soltero de la cuadra, y por supuesto sin hijos, porque por más que me la paso llenado de lechita a culitos cuyos dueños gimen pidiendo que los embarace, no hay caso, los tipos, por más putos que sean, no quedan preñados.
Supongo que los vecinos saben que soy gay, pero nadie dice nada y yo no lo ando pregonando, no me interesa.
Nicolás se mudó con su mujer a la casa de la esquina, hace poco, unos tres o cuatro meses. Por los 30, delgado, jovial, la mujer un minón, pero con cara de orto, cara de mal cogida. Nos conocimos en la carnicería. Mientras Juan le cortaba unos bifes, yo le comía el culito con los ojos, estaba bastante bien con el jean elastizado y la playera, bronceado, elegante, con cara de ganador. Me presenté y le di la bienvenida al barrio. Es contador de una gran empresa, yo contador independiente, así que enseguida nos relacionamos. Me invitó a su casa, me presentó la mujer, vinieron a casa y de a poco nos convertimos en "buenos vecinos".
La verdad, le tenía ganas, pero no tenía aún indicios de que fuera de los míos, y en el barrio no se jode. Una tarde, de nuevo en la carnicería, nos pusimos a conversar de la situación económica y la inflación. Puteamos al gobierno, puteamos a los comerciantes y nos llenamos mutuamente de tanguerísimas quejas. Le comenté sobre el supermercado mayorista de la avenida C y de inmediato me propuso ir juntos a comprar y repartir entre ambos las compras mayoristas. Acepté de buena gana. Además los baños de ese mercado eran grandes y solitarios, buen lugar para tirar un anzuelo al agua y ver si mi vecino mordía.
Fuimos un viernes de mediados de mes, día de poca gente, en mi auto. Apenas estacioné, le dije "voy al baño, me acompañás?". Fuimos y nos pusimos a mear lado a lado. Mi pija mide unos 22 cm, por lo que cuando voy a mear nunca me arrimo al mingitorio, me gusta que se vea. Ése era el anzuelo para Nicolás, y cayó. Mientras meaba lo miré, sus ojos, de costado, estaban clavados en mi verga, su expresión lo delataba, la deseaba. Cuando se dio cuenta que lo estaba viendo, de inmediato se puso serio y llevó los ojos a su propia pija.
Hicimos las compras conversando animadamente, como si nada, guardamos las cosas en el baúl y lo invité de nuevo al baño para repetir la jugada de los mingitorios. De nuevo nadie en el baño y de nuevos sus ojos se clavaron en mi pija. Lo dejé mirar tranquilo, pero luego de unos segundos, di mi siguiente paso: con velocidad de flecha tomé su mano y la llevé a mi pija. Me miró entre asombrado y asustado, pero no retiró la mano.
-Te gusta?- No me contestó, pero sus ojos seguían clavados en mi palo y su mano ensayó un comienzo de paja. Lo tranquilicé llevando mi mano a su pija y acariciándosela. Me sonrió tímidamente.
Hice mi tercer movimiento. Lo tomé del brazo y lo empujé a la letrina que estaba detrás nuestro. Cerré la puerta y comencé a besarlo. No se resistió, me dejó entrar a su boca pero no participó de mis besos. Sin embargo su mano buscó mi pija y comenzó a apretarla. Lo tomé de los hombros, lo hice arrodillar y se la apoyé en los labios.
-¿Acá?-, no le respondí, sólo clavé mi glande en su boca. Cerró los ojos, sentí su lengua y de a poco comenzó a chupármela despacio. Abría los ojos, me miraba asustado, como preguntando si lo estaba haciendo bien, lo sentía temblar.
Lo levanté y le di un beso intenso como para saborear a full su boca con gusto a mi pija. Mis manos buscaron sus nalgas, le bajé de golpe el pantalón.
-Nooo, por favor acá noooo-, busqué su ojete y con la yema de mi dedo lo fui explorando. Con cara de terror puso las manos en mis hombros y trató de separarme. Con toda mi fuerza en sus nalgas lo volví a traer a mi.
- Nooo, Lucas, por favor, paremos-
Lo miré amoscado.
-Acá no, me da terror. Vamos a mi casa, mi jermu labura-
Subimos al auto. Tenía que evitar que el cagazo le hiciera cambiar de parecer, así que apenas me senté saqué mi verga por la bragueta y le dije:
-Si te animás, chupala, si te da miedo, pajeala despacito-
Apenas logré que su mano jugueteara con mi verga, mientras el miraba para todos lados como si todo el mundo lo estuviera por descubrir, como si la cámara del Gran Hermano nos estuviera filmando.
Hablamos poco, sólo de tanto en tanto mi mano se posaba sobre la suya, le hacía pasar la yema de su índice por la punta de mi glande para que se mojara en preseminal y le decía "tomalo", él obedientemente llevaba el dedo a su boca y lo lamía y obedientemente traía su mano a mi pija nuevamente. Por dentro yo ya me había hecho la película, mi vecino era un putito sumiso y más temprano que tarde lo iba a tener en mi cama con baby doll y jaulita de castidad.
Llegamos, bajó del auto mirando para todos lados, el barrio tranqui como siempre, pasó una vecina y nos saludó con total naturalidad. Me arrimé y le dije "viste boludo, nadie se da cuenta, dejá de cagarte en las patas". Me miró a los ojos y agachó su mirada al piso.
Entramos las bolsas a la cocina, las dejamos sobre la mesa. No le di tiempo a nada, lo arrimé a mi y empecé a comerle la boca. Al principio sólo se dejó hacer. Luego, al fin!, su lengua se enroscó con la mía y sus brazos rodearon mi cuello. Mis manos apretaron fuerte sus nalgas, gimió. Lo tomé de los hombros y lo hice arrodillar. Supo qué hacer, me abrió la bragueta, buscó mi pija babosísima y comenzó a lamerla para beber cada resto de preseminal. Cuando la dejó bien limpia, abrió suave sus labios y comenzó a mamar. Cada tanto me miraba como buscando mi aprobación.
-Seguí putita, vas bien-, le dije , mientras comencé a mover mis caderas para cogerle la boca, me desabroché el cinturón y dejé caer mi ropa, lo tomé de la cabeza y le mandé la poronga hasta el fondo, tosió, lagrimeó, me miró como suplicando, pero no dejó de mamar.
Me lo tenía que comer, estaba muy caliente. Lo incorporé.
-Desnudate toda-, lo hizo. Corrí las bolsas, lo hice acostar de espaldas sobre la mesa y le hice sujetar sus piernas. Mi lengua fue a su ojete rosadito y lamida tras lamida, gemido tras gemido del putito, se dilató como concha. Le apoyé el glande y vi su cara de putito ansioso en ese momento tan especial, cuando siente la tibieza de la pija en la entrada de su conchita de macho. De una le enterré la mitad, casi llorando, su cabecita me decía no y su mano se apoyaba en mi pubis. De otro empujón se la clavé hasta las bolas, contuvo el grito pero su "mmmmmm", mordiéndose el labio resonó en toda la cocina. No tenía derecho a esperar dilatar, ya lo estaba. Empecé el mete y saca con todo, las bolsas fueron al piso, la mesa se bamboleaba y el putito gemía. Llevé su mano a su esfínter para que sintiera mi trozo dentro de su carne, "soy tuyo" sólo dijo. Le di tremenda nalgada
-Ay no por favor Lucas, no me dejes marcada, destrozame pero que mi mujer no se entere"
-Vamos a tu dormitorio-
-Nooo, por favor no en mi cama no!-
-Vamos a tu dormitorio-, se la saqué y lo incorporé. Fuimos.
Lo hice recostar contra el respaldo, le puse un almohadón debajo del culo.
-Abrí las gambas como tu mujer-, le ordené.
Me metí entre sus piernas, se las levanté un poco y se la mandé a guardar de una. Su "ahhhhh" llenó el dormitorio, retumbó en su casa, borró cada ínfimo resto de heterosexualidad disimulada. Con cada nuevo pijazo su voz se aflautaba. Con cada nuevo pijazo la cama temblaba, lo aplastaba contra el respaldo.
La expresión de felicidad en su rostro, sus miradas embelesadas, sus lágrimas asomando, me ponían a mil.
De pronto comenzó a decir entre gemidos "ay mi concha, ay mi concha, ay, ay" y su clítoris, hasta ese momento dormido, se puso duro y llenó mi pecho con su semen. -Perdón señor, perdón"-, comenzó a decirme.
-Ya me vas a limpiar putita, ahora tomate ésta-, le saqué la pija del culo y le acabé abundantísimo como nunca, directo en la cara, comencé a darle pijazos en las mejillas, la muy putita me la agarró, se la llevó a la boca y desesperada limpió cada resto de semen y cada resto de flujo de su conchita de puto.
Me acosté y le hice lamer su semen. Descansamos un rato. Apoyó su cabecita en mi pecho y me dijo "gracias Lucas". Le di un chirlito. "ay no no Lucas, eso no, duermo desnudo y mi mujer lo va a ver!-
-Chupá putita-, le ordené. Abrí las piernas y ella, boca abajo entre mis piernas comenzó a cumplir. Veía su boca golosa, su mirada reconcentrada en su trabajo, su espalda perfecta, la "m" de sus nalgas, sus piernas largas. Esa "m" me fascinaba. Me incorporé ya con la pija dura, la acomodé en la esquina de la cama, con los pies en el piso, y la "m" se comió toda mi pija de nuevo.
-Ay Señor es insaciable, úseme por favor, úseme-
Y la usé y la usé y la usé. Cuando se la saqué, de su concha manaba semen y un hilito de sangre. La mandé a lavar y me hice jabonar la pija.
-Mostrame el cajón de las bombachas de tu mujer-. Le elegí una tanga rosa y un baby doll.
Fuimos a la cocina y me sirvió un vaso de coca, la senté en mis piernas y le di un piquito suave.
-Se portó muy bien mi putita-
-Gracias señor, soy feliz si lo hago feliz-
-Mañana venís a casa-
-Si señor, cada vez que usted quiera-
Supongo que los vecinos saben que soy gay, pero nadie dice nada y yo no lo ando pregonando, no me interesa.
Nicolás se mudó con su mujer a la casa de la esquina, hace poco, unos tres o cuatro meses. Por los 30, delgado, jovial, la mujer un minón, pero con cara de orto, cara de mal cogida. Nos conocimos en la carnicería. Mientras Juan le cortaba unos bifes, yo le comía el culito con los ojos, estaba bastante bien con el jean elastizado y la playera, bronceado, elegante, con cara de ganador. Me presenté y le di la bienvenida al barrio. Es contador de una gran empresa, yo contador independiente, así que enseguida nos relacionamos. Me invitó a su casa, me presentó la mujer, vinieron a casa y de a poco nos convertimos en "buenos vecinos".
La verdad, le tenía ganas, pero no tenía aún indicios de que fuera de los míos, y en el barrio no se jode. Una tarde, de nuevo en la carnicería, nos pusimos a conversar de la situación económica y la inflación. Puteamos al gobierno, puteamos a los comerciantes y nos llenamos mutuamente de tanguerísimas quejas. Le comenté sobre el supermercado mayorista de la avenida C y de inmediato me propuso ir juntos a comprar y repartir entre ambos las compras mayoristas. Acepté de buena gana. Además los baños de ese mercado eran grandes y solitarios, buen lugar para tirar un anzuelo al agua y ver si mi vecino mordía.
Fuimos un viernes de mediados de mes, día de poca gente, en mi auto. Apenas estacioné, le dije "voy al baño, me acompañás?". Fuimos y nos pusimos a mear lado a lado. Mi pija mide unos 22 cm, por lo que cuando voy a mear nunca me arrimo al mingitorio, me gusta que se vea. Ése era el anzuelo para Nicolás, y cayó. Mientras meaba lo miré, sus ojos, de costado, estaban clavados en mi verga, su expresión lo delataba, la deseaba. Cuando se dio cuenta que lo estaba viendo, de inmediato se puso serio y llevó los ojos a su propia pija.
Hicimos las compras conversando animadamente, como si nada, guardamos las cosas en el baúl y lo invité de nuevo al baño para repetir la jugada de los mingitorios. De nuevo nadie en el baño y de nuevos sus ojos se clavaron en mi pija. Lo dejé mirar tranquilo, pero luego de unos segundos, di mi siguiente paso: con velocidad de flecha tomé su mano y la llevé a mi pija. Me miró entre asombrado y asustado, pero no retiró la mano.
-Te gusta?- No me contestó, pero sus ojos seguían clavados en mi palo y su mano ensayó un comienzo de paja. Lo tranquilicé llevando mi mano a su pija y acariciándosela. Me sonrió tímidamente.
Hice mi tercer movimiento. Lo tomé del brazo y lo empujé a la letrina que estaba detrás nuestro. Cerré la puerta y comencé a besarlo. No se resistió, me dejó entrar a su boca pero no participó de mis besos. Sin embargo su mano buscó mi pija y comenzó a apretarla. Lo tomé de los hombros, lo hice arrodillar y se la apoyé en los labios.
-¿Acá?-, no le respondí, sólo clavé mi glande en su boca. Cerró los ojos, sentí su lengua y de a poco comenzó a chupármela despacio. Abría los ojos, me miraba asustado, como preguntando si lo estaba haciendo bien, lo sentía temblar.
Lo levanté y le di un beso intenso como para saborear a full su boca con gusto a mi pija. Mis manos buscaron sus nalgas, le bajé de golpe el pantalón.
-Nooo, por favor acá noooo-, busqué su ojete y con la yema de mi dedo lo fui explorando. Con cara de terror puso las manos en mis hombros y trató de separarme. Con toda mi fuerza en sus nalgas lo volví a traer a mi.
- Nooo, Lucas, por favor, paremos-
Lo miré amoscado.
-Acá no, me da terror. Vamos a mi casa, mi jermu labura-
Subimos al auto. Tenía que evitar que el cagazo le hiciera cambiar de parecer, así que apenas me senté saqué mi verga por la bragueta y le dije:
-Si te animás, chupala, si te da miedo, pajeala despacito-
Apenas logré que su mano jugueteara con mi verga, mientras el miraba para todos lados como si todo el mundo lo estuviera por descubrir, como si la cámara del Gran Hermano nos estuviera filmando.
Hablamos poco, sólo de tanto en tanto mi mano se posaba sobre la suya, le hacía pasar la yema de su índice por la punta de mi glande para que se mojara en preseminal y le decía "tomalo", él obedientemente llevaba el dedo a su boca y lo lamía y obedientemente traía su mano a mi pija nuevamente. Por dentro yo ya me había hecho la película, mi vecino era un putito sumiso y más temprano que tarde lo iba a tener en mi cama con baby doll y jaulita de castidad.
Llegamos, bajó del auto mirando para todos lados, el barrio tranqui como siempre, pasó una vecina y nos saludó con total naturalidad. Me arrimé y le dije "viste boludo, nadie se da cuenta, dejá de cagarte en las patas". Me miró a los ojos y agachó su mirada al piso.
Entramos las bolsas a la cocina, las dejamos sobre la mesa. No le di tiempo a nada, lo arrimé a mi y empecé a comerle la boca. Al principio sólo se dejó hacer. Luego, al fin!, su lengua se enroscó con la mía y sus brazos rodearon mi cuello. Mis manos apretaron fuerte sus nalgas, gimió. Lo tomé de los hombros y lo hice arrodillar. Supo qué hacer, me abrió la bragueta, buscó mi pija babosísima y comenzó a lamerla para beber cada resto de preseminal. Cuando la dejó bien limpia, abrió suave sus labios y comenzó a mamar. Cada tanto me miraba como buscando mi aprobación.
-Seguí putita, vas bien-, le dije , mientras comencé a mover mis caderas para cogerle la boca, me desabroché el cinturón y dejé caer mi ropa, lo tomé de la cabeza y le mandé la poronga hasta el fondo, tosió, lagrimeó, me miró como suplicando, pero no dejó de mamar.
Me lo tenía que comer, estaba muy caliente. Lo incorporé.
-Desnudate toda-, lo hizo. Corrí las bolsas, lo hice acostar de espaldas sobre la mesa y le hice sujetar sus piernas. Mi lengua fue a su ojete rosadito y lamida tras lamida, gemido tras gemido del putito, se dilató como concha. Le apoyé el glande y vi su cara de putito ansioso en ese momento tan especial, cuando siente la tibieza de la pija en la entrada de su conchita de macho. De una le enterré la mitad, casi llorando, su cabecita me decía no y su mano se apoyaba en mi pubis. De otro empujón se la clavé hasta las bolas, contuvo el grito pero su "mmmmmm", mordiéndose el labio resonó en toda la cocina. No tenía derecho a esperar dilatar, ya lo estaba. Empecé el mete y saca con todo, las bolsas fueron al piso, la mesa se bamboleaba y el putito gemía. Llevé su mano a su esfínter para que sintiera mi trozo dentro de su carne, "soy tuyo" sólo dijo. Le di tremenda nalgada
-Ay no por favor Lucas, no me dejes marcada, destrozame pero que mi mujer no se entere"
-Vamos a tu dormitorio-
-Nooo, por favor no en mi cama no!-
-Vamos a tu dormitorio-, se la saqué y lo incorporé. Fuimos.
Lo hice recostar contra el respaldo, le puse un almohadón debajo del culo.
-Abrí las gambas como tu mujer-, le ordené.
Me metí entre sus piernas, se las levanté un poco y se la mandé a guardar de una. Su "ahhhhh" llenó el dormitorio, retumbó en su casa, borró cada ínfimo resto de heterosexualidad disimulada. Con cada nuevo pijazo su voz se aflautaba. Con cada nuevo pijazo la cama temblaba, lo aplastaba contra el respaldo.
La expresión de felicidad en su rostro, sus miradas embelesadas, sus lágrimas asomando, me ponían a mil.
De pronto comenzó a decir entre gemidos "ay mi concha, ay mi concha, ay, ay" y su clítoris, hasta ese momento dormido, se puso duro y llenó mi pecho con su semen. -Perdón señor, perdón"-, comenzó a decirme.
-Ya me vas a limpiar putita, ahora tomate ésta-, le saqué la pija del culo y le acabé abundantísimo como nunca, directo en la cara, comencé a darle pijazos en las mejillas, la muy putita me la agarró, se la llevó a la boca y desesperada limpió cada resto de semen y cada resto de flujo de su conchita de puto.
Me acosté y le hice lamer su semen. Descansamos un rato. Apoyó su cabecita en mi pecho y me dijo "gracias Lucas". Le di un chirlito. "ay no no Lucas, eso no, duermo desnudo y mi mujer lo va a ver!-
-Chupá putita-, le ordené. Abrí las piernas y ella, boca abajo entre mis piernas comenzó a cumplir. Veía su boca golosa, su mirada reconcentrada en su trabajo, su espalda perfecta, la "m" de sus nalgas, sus piernas largas. Esa "m" me fascinaba. Me incorporé ya con la pija dura, la acomodé en la esquina de la cama, con los pies en el piso, y la "m" se comió toda mi pija de nuevo.
-Ay Señor es insaciable, úseme por favor, úseme-
Y la usé y la usé y la usé. Cuando se la saqué, de su concha manaba semen y un hilito de sangre. La mandé a lavar y me hice jabonar la pija.
-Mostrame el cajón de las bombachas de tu mujer-. Le elegí una tanga rosa y un baby doll.
Fuimos a la cocina y me sirvió un vaso de coca, la senté en mis piernas y le di un piquito suave.
-Se portó muy bien mi putita-
-Gracias señor, soy feliz si lo hago feliz-
-Mañana venís a casa-
-Si señor, cada vez que usted quiera-
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