Siempre fui una persona medio afeminado, jamás me gustó el fútbol, las luchas ni nada que sea físico, siempre sufrí bastante bullying, en cambio me encantaba jugar con la cocinita y los bebotes, desde chico aprendí a cocinar y lavar la ropa, tuve numerosas peleas con mi padre, en las que siempre quiso que sea como él, obviamente me obligaba y pegaba, pero aprendí a vivir con ello.
Al llegar a la adolescencia fue aún peor, ya que las actitudes homosexuales se me notaban más, pero era raro, porque a mí no me gustaban los hombres, me gustaba sentirme mujer, pero no sentía atracción por los hombres, lo que si había desarrollado era un amor inexplicable por las cosas de la casa, ahí encontré mi refugio, lavar, planchar, cocinar, limpiar, todas las tareas domésticas que me fascinaban, pero a mí papá no.
Un día tuvimos una muy fuerte discusión, él se había enterado que me gustaba vestirme con ropa femenina, ese fue el quiebre, me golpeó y arrastró por toda la casa, en medio de su locura, agarre y me escape, maldiciendo lo mientras corría por ahí llorando, termine en quien sabe dónde sentado abajo de las estrellas deseando una vida vida y que está jamás volviese atormentarme, mientras me dormí llorando por ahí.
Cuando se me cumplió el deseo la verdad no lo podía creer, ERA UNA MUJER, media madura, con estrías, la piel media arrugas, bastante caderona, con arrugas, las tetas grandes y caídas. Era exactamente lo que quería, no le hubiese cambiado ni un detalle. Tenía el cuerpo de una mujer cuarentona, casada con hijos, pero bastante cuidada para su edad, que hacía yoga o pilates y porsupuesto era ama de casa de tiempo completo, dedicada exclusivamente a su marido.

Fue enseguida a ver qué tenía en el ropero, ahí le brillaron los ojos, era incluso mejor de lo que esperaba, tacones, carteras, muchas ropa, vestidos, jeans, engomados, tops, delantales, remeras, y en un cajón tenía una cantidad exorbitante de lencería, era realmente increíble, nunca había visto tanto, tenía de todos los modelos que podés imaginar, de todos los colores distintos.

La modelo en su cuarto mientras se miraba al espejo y todavía no caía en qué ahora ese era su cuerpo, lo tocó con suavidad mientras se miraba al espejo emocionada, a partir de ahora empezaba su nueva vida de cuarentona casada.
Bajó enseguida a ver cuál era su nueva cocina, la mira fascinada, era gigante, empezó a cocinar enseguida, apenas llegué su nuevo esposo, que todavía no tenía ni la menor idea de quien era, pero algo le decía que a eso de las 8 él iba a estar ahí. Así que sacó todas sus habilidades culinarias para hacer el mejor pollo al horno con papás y verduras del mundo, mientras cocinaba, llega su hijo, un joven de 17 años, que volvía de las prácticas, muerto de hambre, saludandola, mientras ella le contesta alegré el saludo, se acerca a la cocina para pispear que hay para comer, y nota algo extraño, su madre estaba de un aparente buen humor, algo un poco raro, ella nunca suele estar tan alegre, pero no le dió importancia y se fue a bañar.
Ese joven era mi hijo menor calculo, por la foto que hay colgada en la pared, hay una mujer más grande, quedé pensando mientras terminaba de preparar la cena esperando que llegue mi nuevo esposo, mientras estaba terminando la cena, entra él que era mi esposo ahora. Ni bien llegó la saludo con una nalgada que resonó en toda la casa, mientras preguntaba que hay para cenar, que hoy vino muy hambriento.
Yo: Pollo al horno con papás y verduras.
Esposo: Genial, mis favoritas, como me conoces (mientras la arrinconaba encontra de la mesada y le daba un beso)
Por fuera pareció algo normal, pero por dentro estaba saltando de alegría en una pata, había sido con tanta naturalidad que se asombró y eso era apenas el principio.
Esposo: Bueno guardale una pata y unas papas a Dana y vamos a comer.
Fue una cena muy tranquila, charlando en familia, le preguntaron al hijo como le había ido en las prácticas, al esposo como le fue en el trabajo y a ella que estuvo haciendo en la casa, era simple, pero exactamente lo que siempre quise, después de eso nos descorchamos un vino, al rato llegó Dana a cenar, mientras nosostros estábamos entre toda y risa bebiendo y su hermano estaba en su cuarto, después de un rato, subimos nosotros a la habitación y yo ya sabía lo que venía y estaba dispuesta, después de todo está era la vida que siempre había soñado.
Él se desnudo y se acostó en la cama, yo me acerqué mientras me sacaba la ropa y me lance a él, como si fuera cosa de mi actividad diaria, empezar a lamerle la pija y a chuparle la punta para que se le pare.

Una vez ya dura se la empecé a mamar, como si lo hubiera hecho toda la vida, se la mamaba mientras iba con mi mano marcando el ritmo y pajeando el tronco su verga, para empezar chupando la cabecita de la poronga y cada bajaba que hacía me animaba a tragarme un pedazo más, así hasta que llegó un momento que tuve que sacar la mano porque tenía toda su verga en mi boca, llegando me a la garganta, mientras me daba un poco de ahorcadas experimentaba lo que era en primera persona hacer un garganta profunda, con mucha delicadeza se la chupe todo lo que pude, pero él no aguantó más, no se quería venir con eso, estaba caliente quería el plato principal.

Me puso de lado en la cama mientras con una mano me agarraba las tetas y me las manoseaba y con la otra me agarró el cuello y me asfixió con bronca, para después empezar a clavarme la pija hasta el fondo, mientras marcaba el ritmo, uno no muy acelerado, pero si muy fuerte, porque me la metía muy brusco y hasta el fondo, mientras yo apenas podía soltar unos leves gemidos, ya que no me corría bien el aire, me estaba apretando el cuello muy fuerte, pero era muy excitante, en ese momento entendí todos los placeres de ser mujer.
Él se decía al oído que me iba a coger como siempre, como su puta, que me iba a dar como la perra que soy, que acá estaba mi recompensa por portarme bien, mientras yo le gemía y le pedía porfavor que no pare, que era suya y que me haga lo que quiera.
En esa cama experimenté al maximo lo que era ser una mujer casada y la verdad fue espectacular no lo cambiaría por nada, a apartir de ahí decidí tomarme al 100% mi vida como esposa y ama de casa, ser una esposa casada era lo mejor, no tenía las obligaciones que tenía antes y ahora tenía un grupo de amigas, las señoras casadas de barrio, siempre que salía a barrer afuera alguna me saludaba, nos sentamos a charlar, tener charlar sobre nuestros maridos, de como hacemos las cosas y de algunos secretos para satisfacerlo era mi pan de cada día.

Cuando nos quedábamos solos me encantaba complacerlo, chuparle las huevos en señal de sumisión, para mostrarle que yo le pertenecía y que podía hacer conmigo lo que quiera, ya me había vuelto bastante adicta a chupársela y cada vez que podía aprovechaba y se la chupaba mientras le pegaba una buena manoteada a su verga.

Porsupuesto que como milf no podía dejar atrás lo más importante, me encanta darle sexo oral, pero porsupuesto cuando él se viene una de mis obligaciones como su esposa es tragar, no iba a desperdiciar una sola carga que suelte, me exitaba ver cómo él se volvía loco viéndome tragar toda su leche, así que siempre que podía le daba una chupada de verga y me tragaba su semen.

Cómo ama de acá también tenía que hacer todos los quehaceres, pero cocinar era mi fuerte principal, y él nunca se aguantaba, siempre que me veía cocinando y no había nadie en casa todavía, me semidesnudaba y se ponía a cogerme ahí nomás, le encantaba que lo atienda culinariamente y le encanta atenderme a mi en la cocina, cogerme encima de la mesa, encontrá de la mesada o apoyada en la heladera eran sus poses predilectas para hacerme gemir mientras esperaba que se haga la comida.

Cuando terminabamos de comer, solía darme por el otro agujero, yo gustosa me dejaba y recibía su verga por dónde sea, al principio fue doloroso, algo seca, muy brusco, pero con el pasar de las veces ya no dolió, es más empezó a ser placentero, una vez que le agarre el gusto, primero le pegó una chupada para entre sin hacerme renegar y después simplemente me dejó penetrar en la posición que él quiera, tomando mi trasero mientras me ensarta muy fuertemente con su pija y yo gimo como una milf muy putona que hace lo que sea para complacer a su marido.

Pero la verdad que no me puedo quejar, es la vida que siempre quise, ser una milf es extraordinario, hago pilates, me ocupo de tener la casa limpia y ordenada, la comida y la ropa lista y me ocupo de satisfacer sexualmente el apetito de mi esposo, era lo mejor del mundo, fue tanto que me enamore de su pija, me encanta agarrarla y masajearla, para que se relaje un poco después de un día duro, o simplemente porque quiero tocarla, él me deja, le prende que haga eso, pero porsupuesto no queda ahí.

Después se toma su tiempo para bajar la erección que le provocó dándome bien fuerte en alguna parte de la casa, mientras me hunde su verga en el fondo de mi concha a un ritmo muy rápido y yo gimo. Los gritos, demostrándole mi placer, para satisfacerlo aún más porque se que le gustan mis gritos de puta, mientras me rompe la vagina.
No sé cómo pasó, pero lo que si sabía era que está a partir de ahora iba a ser mi vida, un maravillosa esposa, casada con hijos que se dedica hacer cosas en la casa y es cogida diariamente por su varonil macho, no podía sonar mejor para mí. Fin.
Al llegar a la adolescencia fue aún peor, ya que las actitudes homosexuales se me notaban más, pero era raro, porque a mí no me gustaban los hombres, me gustaba sentirme mujer, pero no sentía atracción por los hombres, lo que si había desarrollado era un amor inexplicable por las cosas de la casa, ahí encontré mi refugio, lavar, planchar, cocinar, limpiar, todas las tareas domésticas que me fascinaban, pero a mí papá no.
Un día tuvimos una muy fuerte discusión, él se había enterado que me gustaba vestirme con ropa femenina, ese fue el quiebre, me golpeó y arrastró por toda la casa, en medio de su locura, agarre y me escape, maldiciendo lo mientras corría por ahí llorando, termine en quien sabe dónde sentado abajo de las estrellas deseando una vida vida y que está jamás volviese atormentarme, mientras me dormí llorando por ahí.
Cuando se me cumplió el deseo la verdad no lo podía creer, ERA UNA MUJER, media madura, con estrías, la piel media arrugas, bastante caderona, con arrugas, las tetas grandes y caídas. Era exactamente lo que quería, no le hubiese cambiado ni un detalle. Tenía el cuerpo de una mujer cuarentona, casada con hijos, pero bastante cuidada para su edad, que hacía yoga o pilates y porsupuesto era ama de casa de tiempo completo, dedicada exclusivamente a su marido.

Fue enseguida a ver qué tenía en el ropero, ahí le brillaron los ojos, era incluso mejor de lo que esperaba, tacones, carteras, muchas ropa, vestidos, jeans, engomados, tops, delantales, remeras, y en un cajón tenía una cantidad exorbitante de lencería, era realmente increíble, nunca había visto tanto, tenía de todos los modelos que podés imaginar, de todos los colores distintos.

La modelo en su cuarto mientras se miraba al espejo y todavía no caía en qué ahora ese era su cuerpo, lo tocó con suavidad mientras se miraba al espejo emocionada, a partir de ahora empezaba su nueva vida de cuarentona casada.
Bajó enseguida a ver cuál era su nueva cocina, la mira fascinada, era gigante, empezó a cocinar enseguida, apenas llegué su nuevo esposo, que todavía no tenía ni la menor idea de quien era, pero algo le decía que a eso de las 8 él iba a estar ahí. Así que sacó todas sus habilidades culinarias para hacer el mejor pollo al horno con papás y verduras del mundo, mientras cocinaba, llega su hijo, un joven de 17 años, que volvía de las prácticas, muerto de hambre, saludandola, mientras ella le contesta alegré el saludo, se acerca a la cocina para pispear que hay para comer, y nota algo extraño, su madre estaba de un aparente buen humor, algo un poco raro, ella nunca suele estar tan alegre, pero no le dió importancia y se fue a bañar.
Ese joven era mi hijo menor calculo, por la foto que hay colgada en la pared, hay una mujer más grande, quedé pensando mientras terminaba de preparar la cena esperando que llegue mi nuevo esposo, mientras estaba terminando la cena, entra él que era mi esposo ahora. Ni bien llegó la saludo con una nalgada que resonó en toda la casa, mientras preguntaba que hay para cenar, que hoy vino muy hambriento.
Yo: Pollo al horno con papás y verduras.
Esposo: Genial, mis favoritas, como me conoces (mientras la arrinconaba encontra de la mesada y le daba un beso)
Por fuera pareció algo normal, pero por dentro estaba saltando de alegría en una pata, había sido con tanta naturalidad que se asombró y eso era apenas el principio.
Esposo: Bueno guardale una pata y unas papas a Dana y vamos a comer.
Fue una cena muy tranquila, charlando en familia, le preguntaron al hijo como le había ido en las prácticas, al esposo como le fue en el trabajo y a ella que estuvo haciendo en la casa, era simple, pero exactamente lo que siempre quise, después de eso nos descorchamos un vino, al rato llegó Dana a cenar, mientras nosostros estábamos entre toda y risa bebiendo y su hermano estaba en su cuarto, después de un rato, subimos nosotros a la habitación y yo ya sabía lo que venía y estaba dispuesta, después de todo está era la vida que siempre había soñado.
Él se desnudo y se acostó en la cama, yo me acerqué mientras me sacaba la ropa y me lance a él, como si fuera cosa de mi actividad diaria, empezar a lamerle la pija y a chuparle la punta para que se le pare.

Una vez ya dura se la empecé a mamar, como si lo hubiera hecho toda la vida, se la mamaba mientras iba con mi mano marcando el ritmo y pajeando el tronco su verga, para empezar chupando la cabecita de la poronga y cada bajaba que hacía me animaba a tragarme un pedazo más, así hasta que llegó un momento que tuve que sacar la mano porque tenía toda su verga en mi boca, llegando me a la garganta, mientras me daba un poco de ahorcadas experimentaba lo que era en primera persona hacer un garganta profunda, con mucha delicadeza se la chupe todo lo que pude, pero él no aguantó más, no se quería venir con eso, estaba caliente quería el plato principal.

Me puso de lado en la cama mientras con una mano me agarraba las tetas y me las manoseaba y con la otra me agarró el cuello y me asfixió con bronca, para después empezar a clavarme la pija hasta el fondo, mientras marcaba el ritmo, uno no muy acelerado, pero si muy fuerte, porque me la metía muy brusco y hasta el fondo, mientras yo apenas podía soltar unos leves gemidos, ya que no me corría bien el aire, me estaba apretando el cuello muy fuerte, pero era muy excitante, en ese momento entendí todos los placeres de ser mujer.
Él se decía al oído que me iba a coger como siempre, como su puta, que me iba a dar como la perra que soy, que acá estaba mi recompensa por portarme bien, mientras yo le gemía y le pedía porfavor que no pare, que era suya y que me haga lo que quiera.
En esa cama experimenté al maximo lo que era ser una mujer casada y la verdad fue espectacular no lo cambiaría por nada, a apartir de ahí decidí tomarme al 100% mi vida como esposa y ama de casa, ser una esposa casada era lo mejor, no tenía las obligaciones que tenía antes y ahora tenía un grupo de amigas, las señoras casadas de barrio, siempre que salía a barrer afuera alguna me saludaba, nos sentamos a charlar, tener charlar sobre nuestros maridos, de como hacemos las cosas y de algunos secretos para satisfacerlo era mi pan de cada día.

Cuando nos quedábamos solos me encantaba complacerlo, chuparle las huevos en señal de sumisión, para mostrarle que yo le pertenecía y que podía hacer conmigo lo que quiera, ya me había vuelto bastante adicta a chupársela y cada vez que podía aprovechaba y se la chupaba mientras le pegaba una buena manoteada a su verga.

Porsupuesto que como milf no podía dejar atrás lo más importante, me encanta darle sexo oral, pero porsupuesto cuando él se viene una de mis obligaciones como su esposa es tragar, no iba a desperdiciar una sola carga que suelte, me exitaba ver cómo él se volvía loco viéndome tragar toda su leche, así que siempre que podía le daba una chupada de verga y me tragaba su semen.

Cómo ama de acá también tenía que hacer todos los quehaceres, pero cocinar era mi fuerte principal, y él nunca se aguantaba, siempre que me veía cocinando y no había nadie en casa todavía, me semidesnudaba y se ponía a cogerme ahí nomás, le encantaba que lo atienda culinariamente y le encanta atenderme a mi en la cocina, cogerme encima de la mesa, encontrá de la mesada o apoyada en la heladera eran sus poses predilectas para hacerme gemir mientras esperaba que se haga la comida.

Cuando terminabamos de comer, solía darme por el otro agujero, yo gustosa me dejaba y recibía su verga por dónde sea, al principio fue doloroso, algo seca, muy brusco, pero con el pasar de las veces ya no dolió, es más empezó a ser placentero, una vez que le agarre el gusto, primero le pegó una chupada para entre sin hacerme renegar y después simplemente me dejó penetrar en la posición que él quiera, tomando mi trasero mientras me ensarta muy fuertemente con su pija y yo gimo como una milf muy putona que hace lo que sea para complacer a su marido.

Pero la verdad que no me puedo quejar, es la vida que siempre quise, ser una milf es extraordinario, hago pilates, me ocupo de tener la casa limpia y ordenada, la comida y la ropa lista y me ocupo de satisfacer sexualmente el apetito de mi esposo, era lo mejor del mundo, fue tanto que me enamore de su pija, me encanta agarrarla y masajearla, para que se relaje un poco después de un día duro, o simplemente porque quiero tocarla, él me deja, le prende que haga eso, pero porsupuesto no queda ahí.

Después se toma su tiempo para bajar la erección que le provocó dándome bien fuerte en alguna parte de la casa, mientras me hunde su verga en el fondo de mi concha a un ritmo muy rápido y yo gimo. Los gritos, demostrándole mi placer, para satisfacerlo aún más porque se que le gustan mis gritos de puta, mientras me rompe la vagina.
No sé cómo pasó, pero lo que si sabía era que está a partir de ahora iba a ser mi vida, un maravillosa esposa, casada con hijos que se dedica hacer cosas en la casa y es cogida diariamente por su varonil macho, no podía sonar mejor para mí. Fin.
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