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Trío en la noche de bodas

La boda había sido un sueño en el salón de eventos de la ciudad, con la música retumbando hasta la madrugada. Carlos y Ana, recién casados, se miraban con esa mirada de “ya queremos cogernos como animales”. Pero esa noche no iba a ser solo ellos dos. Desde hacía meses, en sus chats calientes de WhatsApp y sus conversaciones, habían fantaseado con la misma idea: meter a Laura, la dama de honor, en su primera noche de bodas. Laura era la mejor amiga de Ana desde el colegio, una mujer de cuerpo escultural, tetas firmes que se asomaban en el escote del vestido azul, culo redondo y una sonrisa pícara que siempre dejaba entrever que estaba arrecha por dentro.

La fiesta ya se estaba acabando cuando Carlos y Ana la acorralaron en una esquina oscura del salón. Laura tenía una copa de vino en la mano y bailaba sola, moviendo las caderas como si ya supiera que alguien la estaba comiendo con los ojos.

Trío en la noche de bodas

—Oye, Laurita… —empezó Ana, acercándose por detrás y pegando sus tetas contra la espalda de su amiga—. ¿Te has fijado cómo nos miras toda la noche? Carlos y yo hemos estado hablando… y queremos que vengas con nosotros al hotel. No es broma, mi amor. Queremos que seas parte de nuestra primera noche de casados.

Laura soltó una risita nerviosa, pero sus mejillas se pusieron rojas al instante.

—¿Están locos? Soy la dama de honor, carajo… ¿qué van a decir los demás?

Carlos se pegó por el frente, su mano grande rozando disimuladamente la cintura de Laura mientras la música los cubría.

—Nadie va a decir nada porque nadie se va a enterar. Además… —bajó la voz y le susurró al oído—… te he visto bailando y sé que estás mojando la chucha solo de imaginarlo. Ana me contó que una vez te confesaste que te ponías arrecha pensando en tríos. ¿O me mintió mi esposa?

Laura tragó saliva. Ana aprovechó el momento y le dio un besito suave en el cuello, justo donde latía el pulso.

—Vamos, Laurita… solo esta noche. Te prometemos que te vamos a hacer acabar como nunca. Imagina: mi lengua en tu chuchita mientras Carlos te mete su verga gruesa por el culo… o al revés. Tú eliges, mi reina. Pero queremos que seas nuestra puta especial esta noche.

Laura soltó un gemidito bajito. Ya estaba perdida. El vino, la música, el calor de los cuerpos pegados y las palabras sucias de sus amigos la estaban derritiendo.

—Joder… están hablando en serio —murmuró, mordiéndose el labio—. ¿Y si me arrepiento después?
Carlos sonrió con esa cara de macho que volvía locas a todas.

—No te vas a arrepentir, mamita. Te vamos a coger tan rico que mañana vas a pedir más. Anda, di que sí. El hotel está a diez minutos, suite presidencial, cama grande… y nosotros dos listos para chuparte hasta que grites.

Ana le metió la mano disimuladamente por debajo del vestido, rozando el borde de las bragas de encaje de Laura.

—Siente… ya estás empapada, puta. Tu chocho está pidiendo verga. Ven con nosotros. Te juro que va a ser la mejor noche de tu vida.

Laura miró a uno y a otro, respirando agitada. Luego soltó una carcajada nerviosa y sexy.

—Está bien, carajo… vámonos. Pero si me hacen acabar como loca, mañana me invitan a desayunar.

La pareja se despidió de los invitados y familiares y salió riendo del salón como si nada y unos minutos después Laura también lo hizo y el estacionamiento se subió al auto de Carlos. En menos de quince minutos ya estaban en la suite del hotel. Apenas cerraron la puerta, la seducción se volvió fuego puro.
Ana fue la primera en atacar. Agarró a Laura por la nuca y le metió la lengua hasta el fondo mientras Carlos les bajaba los vestidos a las dos. Las tetas de Laura saltaron libres, pezones duros como piedritas.

pareja

—Qué tetas más ricas tienes, mamita —gruñó Carlos, arrodillándose y chupando un pezón mientras Ana le lamía el otro.

Laura ya gemía como perra en celo.

—Ay, mierda… están locos… pero no paren…

Carlos le bajó las bragas de un tirón. La chucha de Laura brillaba de tan mojada.

—Mira cómo chorrea esta puta —dijo Ana riendo, metiendo dos dedos de una vez—. Está pidiendo verga, amor.

Carlos se sacó la verga dura, gruesa y venosa, y la frotó contra la cara de Laura.

—Chúpamela primero, dama de honor. Quiero sentir esa boquita caliente que tanto coqueteaba en la boda.

Laura, ya sin vergüenza, se la metió hasta la garganta. Mamaba como profesional, saliva corriendo por la verga mientras Ana le comía la chucha por detrás, lengua metida entre los labios hinchados.

—Así, mi puta… trágatela toda —gemía Carlos, cogiéndola del pelo.

Luego la subieron a la cama. Ana se sentó en la cara de Laura, restregándole la chucha empapado contra su boca.

—Lámeme, Laurita… quiero que me comas el coño mientras mi marido te revienta el culo.

Carlos escupió en el culo de Laura, metió dos dedos para abrirla y luego empujó su verga gruesa hasta el fondo. Laura gritó de placer contra la chucha de Ana.

—¡Ay, carajo! ¡Qué verga más grande, hijo de puta! ¡Cógete mi culo!

Carlos la cogía con fuerza, las nalgas de Laura chocando contra sus huevos mientras Ana se corría en la boca de su amiga, gritando y temblando.

Después cambiaron: Carlos se acostó y Laura se sentó encima de su verga, cabalgando como loca, tetas saltando. Ana se puso detrás y le metía los dedos en el culo mientras le chupaba las tetas.

—Cógete esa verga, puta… móntala rico —le decía Ana—. Mañana vas a caminar chueca, pero valdrá la pena.

Laura acabó primero, chorros de leche saliendo de su chocho mientras gritaba “¡Me estoy corriendo, carajo! ¡Me están matando de rico!”. Carlos la llenó de semen caliente dentro del culo y Ana se lamió todo lo que chorreaba.

novios

Se pasaron la noche entera así: turnándose, lamiéndose, metiéndose verga y dedos por todos los huecos, sudados, jadeando, riendo y corriéndose una y otra vez hasta que amaneció.

Cuando el sol salió, los tres estaban abrazados en la cama king size, cuerpos pegajosos de semen y jugos.

Laura, con voz ronca y sonrisa satisfecha, murmuró:

—Joder… si esto es ser dama de honor, pídanme que sea la puta oficial del matrimonio.

Carlos y Ana se rieron y le dieron un beso triple.

—Bienvenida al club, mamita. Esta fue solo la primera noche… quedan muchas más.

Y así empezó la luna de miel más caliente que la ciudad jamás vio.

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