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La fantasía que se volvió real – Kei

La fantasía que se volvió real – Kei


En nuestras noches íntimas, cuando Fede me tocaba despacito y profundo, me susurraba bajito al oído: “Quiero que te cojas a Max otra vez, Kei… que te haga gritar más rápido que yo y te deje… toda mojada”. Al principio me sonrojaba muchísimo, bajaba la mirada, pero terminaba cediendo: sacaba la lengua solo un poquito, escupía tímida en mi mano pensando en esa polla gruesa y negra, y le respondía con voz bajita y temblorosa: “Más duro… ay, me estás partiendo… ¿así me querías ver, verdad? Se siente… tan rico…”.
Un viernes, con el corazón latiéndome en la garganta, le dije casi en un susurro: “Hagámoslo de verdad… invita a Max al hotel”. Reservamos una suite para el fin de semana. Le escribí a Max con las manos temblando mientras Fede escuchaba por teléfono: “Viene mañana… estoy nerviosa… pero ya me siento húmeda solo de pensarlo”. Llegamos temprano. Me puse la lencería negra que elegimos juntos, aunque me daba mucha vergüenza lo reveladora que era, me cubría un poco con los brazos.
Cuando Max llegó y abrió la puerta, me besó con fuerza contra la pared. Me quitó el corpiño despacio, chupó mis tetas hasta ponerme los pezones duros y sensibles. Me metió los dedos suave al principio, pero luego más rápido, y yo ya chorreaba, mordiéndome el labio fuerte para no gemir muy alto: “Ay… Max… por favor…”.
Entramos al dormitorio. Fede se quedó en la sala contigua, puerta entreabierta, escuchando todo en silencio. Besos húmedos, lenguas rozándose, mis gemiditos tímidos: “Mmm… sí… así…”. La ropa cayó al piso. Sus manos grandes me apretaron el culo, dedos gruesos abriendo mi coño empapado. “Ay… no pares… por favor…”.
Salí un segundo al baño (cerca de Fede), desnuda, con las tetas rebotando un poco, pezones hinchados y rojos, coño brillante y abierto, juguitos bajando por mis muslos. Lo vi ahí, excitado, y bajé la mirada sonrojada pero con una sonrisita tímida: “Rápido, amor… por favor…”. Me agarró por atrás, se bajó los pantalones y me la metió de una, profundo. Gemí bajito y ahogado: “Fede… ay… sí…”. Me embistió cinco veces rápidas pero suaves, sintiendo cómo apretaba alrededor de él. “Rápido… Max está esperando…”, le susurré con vergüenza y excitación. Me soltó.
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Volví al dormitorio. Max me miró intenso: “Ven aquí, preciosa… extrañaba este cuerpito”. Me puso a cuatro patas en la cama king size, rasgó el condón y me la metió entera despacio al principio, luego con fuerza. Empezó a bombear profundo: golpes firmes, la cama crujiendo bajito, piel chapoteando porque estaba muy mojada. Yo intentaba contenerme: “Sí… más rápido… ay… me estás abriendo toda…”. Él gruñía suave: “Te follo mejor que tu marido… este coñito siempre fue mío, Kei…”.
Me dejé llevar poco a poco, como en nuestras fantasías: saqué la lengua tímidamente, escupí en la sábana con pudor, puse caritas de placer contenidas y susurré bajito para que Fede oyera: “Más duro… por favor… así me querías ver, ¿verdad? Se siente… tan rico… más…”. Max aceleró agarrándome suave del pelo: “Córrete para mí, mi niña”. Me corrí una y otra vez, gimiendo bajito y desesperada: “Me corro… ay… otra vez…”. El chapoteo era suave pero constante, mis jugos corrían por las piernas. Unos 15 minutos de ritmo intenso pero controlado. Al final gruñó bajito y se corrió dentro del condón, yo jadeando: “Qué rico… no pares todavía…”.
Cuando Max se fue (beso suave y salió), volví con Fede desnuda, coño rojo e hinchado, oliendo a sexo. Me arrodillé frente a él con las mejillas ardiendo, lo masturbé despacito mientras le contaba casi en secreto: “Me besó y me quitó todo… me chupó las tetas hasta hacerme temblar… me metió los dedos y yo ya chorreaba… cuando salí y tú me la metiste rápido casi me corro del susto y el placer… luego me puso a cuatro, me la metió entera y bombeó más duro y profundo que tú… me corrí tres veces mordiéndome el labio, lengua un poquito afuera, pidiéndole bajito ‘más duro’ como fantaseábamos… y pensaba en ti escuchando todo, mi cornudito lindo”.
Le chupé despacito mientras se lo contaba, sintiendo cómo se ponía durísimo con cada detalle tímido. Se corrió en mi boca imaginando esos gemiditos contenidos en la suite. Ahora, cada vez que hablamos de repetir, bajo la mirada, saco la lengua poquito, escupo en mi mano con vergüenza y le digo bajito: “¿Quieres oírme pidiendo más duro otra vez en un hotel? ¿Así… me querías ver, Fede?

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3 comentarios - La fantasía que se volvió real – Kei

Zembox1 +1
Me encantaría tambié cogerte ,🤤🤤
Juanpialamino
Me encantaria cogerte bien fuerte pero con tu novio en la habitacion, enfrente tuyo mientras desde atras, en 4 te garcho y el nos ve y escucha
Vbcia
Que buen relato, donde puedo encontrar más asi?