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Mi cuñada el hospital y el basural

Mi cuñadita luego de yo haberla embarazado gozaba de una dualidad hermosa. Por un lado propio de su tan corta edad tenía una carita de nena impresionante. Los rasgos de la cara casi perfectos sin marcas profundas y con la piel con poquitas imperfecciones. Por el otro tenía en la mirada esa putez característica de haber nacido en la villa de tener una hermana putona y de por sobre todas las cosas haberle comido al macho y para peor (o mejor) quedar embarazada de el. Sus tatuajes en los brazos completaban esa mezcla maravillosa. Dónde por un lado parecía una nena y por el otro una puta de esquina. No sé si sería la famosa inalcanzable pero sí que era una pendeja que rajaba la tierra. Los primeros meses del embarazo la pancita se le notaba poquito pero le hacía esa curva redondita que acompañaba una cintura perfecta. La cola se le había puesto más carnosa pero igual de firme. Le habían crecido un poco las tetas y como buena turra de ley ni se calentó (ni ahí ni a lo largo de todo el embarazo) de comprarse ropa de embarazada. Usaba su misma ropita de todos los días. Calsitas ajustadas al orto tangas recontra hilito y topcitos cortos que dejaban la pancita al aire. 

Nuestra relación era algo caótica como cuñados que tienen un hijo en común pero también divertida y sobre todo muy caliente. A veces me pongo a pensar que pensarían los que atendían en el hospital la gente que iba seguido de verme a mi con básicamente dos turras preñadas en días distintos. Y es que fuera de broma a veces tenía que ir el martes con la Jesi al control al hospital de casanova y quizas el jueves con mi cuñadita al mismo lugar pero con un embarazo de menos meses. Tampoco me creo el único de que somos varios en situaciones así, fabricando los turros del futuro, pero bueno para mí en ese momento era sentirme en la puta gloria. 
La cosa es que en esta locura de ir a los hospitales con diferentes turras embarazadas llega la historia que van a conocer hoy. 

Había quedado con mi cuñadita que la acompañaba al hospital a la obstetricia, más o menos ya teníamos como quince semanas de embarazo. La Jesi más por vaga que por falta de celos nos dejó que vayamos solos. "No me jodan kiero dormir". Yo la verdad que en ese momento hubiera preferido que la llevara al hospital el novio de ese momento (el que después le hizo a la nena). No me pregunten porque pero sería porque me había hecho tan vago como la Jesi no trabajaba y quería despertarme cerca del mediodía y no a las cinco para ir hasta el hospital. Léase te garcho las veces que quieras pero no me hagas despertarme a las cinco de la mañana. Para peor tenía el Fiat 147 sin funcionar y desarmado porque yo mismo lo estaba arreglando, asique no quedaba otra que ir viajando. 

Pero cuando ella vino a despertarme esa madrugada mis ganas de llevarla aumentaron de repente. Ya se había preparado toda. Se había clavado una calsa negra brillante recontra entangada con una tanga hilito blanca que asomaba el hilito por sobre la calsa. Zapatillas Adidas bien rocha y una remerita blanca bien corta, recortada con tijera que apenas si le quedaba tapando las tetas. Sin corpiño. La verga se me puso dura de inmediato. No solamente eso maquillada bien exagerada como toda turra más en esa época y con el piercing debajo de los labios. El pelo suelto lacio y la mirada de fuego en los ojos. "Vamo pal control". Me dijo así casi con una tonadita de tema de cumbia. Yo me levanté como siempre en pelotas con la verga al aire y me di cuenta al toque como la turrita se mordía los labios mirando mi verga preñadora. Me puse un jogging deportivo sin boxer y la camiseta de San Lorenzo. Sin desayunar nada salimos para el hospital. Incluso a esa hora y arriba del colectivo (que ya estaba casi lleno) la turrita llamaba mucho, muchísimo la atención. Además ya por ejemplo en la fila para subir y con tonada de turra villera dijo: "toi embarazada loko dejen pasar dejen pasar". Y así conseguimos asientos libres. 

No habían pasado ni dos cuadras que el fuego y la calentura que teníamos ensima al estar sentados pegados nos consumió completamente. Y así sin pensarlo ni nada comenzamos a comernos a besos. Íbamos chapando lengua con lengua re calientes mal los dos. En cada beso yo sentía como la verga se me iba poniendo más y más dura chocando contra el jogging y la muy turrita me mordía el labio en cada beso, aumentaba la calentura cada vez más. El movimiento del bondi parecia que más nos exitaba porque cuando en un chape de lengua violento deslize mi mano por sobre su calsita la tenia empapada. Se había flujeado toda. Levanté un poco el hilito de su tanga todavía más arriba de dónde lo tenía. La verga se me había puesto dura durísima. Mi cuñadita sin ningún tipo de vergüenza deslizó su mano rosando con mi verga. Me tenía recontra caliente mal. No podía tocarle las tetas pero jugar con el hilito me tenía loco mal. 

Bajamos finalmente en el hospital, re calientes los dos pensando más en las ganas de garchar que en la bendición que venía en camino. La frase de mi cuñadita fue: "salimo d aka y ronpeme la concha k me importa la bendi". Lo más lindo es que en cuanto llegamos a la fila del hospital volvió a poner su carita de futura mamá preocupada por la bendi por ese hijo en camino que es una luz de sus ojos y aprovecho eso para ganar un par de lugares en la fila. Una señora llegó a decirle "pasa mamita por el bebesito" yo contenía mi risa. Si supiera. 

Ya sentados en los durísimos asientos de espera la muy turra recuperó rápidamente su turrez característica y me tiró un: "tráeme una coca dale pa y alguna galleta". Yo no tenía casi plata asique compré lo que pude pero si veía como sentada en el amarillo asiento de madera se le asomaba toda la tanguita hilito blanca por ensima de esa calsita. Vale aclarar que en el hospital más que un hospital era un puto paraíso de turras preñadas. De las imágenes más lindas que recuerdo. En el sector donde estábamos había como cien personas o más. De las cuales un setenta por ciento eran turras embarazadas. Había todas las combinaciones posibles. 
Tenías turritas primerizas con carita de nena que sabías que deberían tener la edad de mi cuñadita o apenitas más. La gran mayoría solas o con alguna amiga que les hacía el aguante. 
Había turras con un par de bendis a los gritos o corriendo por el sector. Seguramente en su tercer embarazo ya. Mayormente acompañadas por el padre de la bendi actual, no necesariamente de los tres. 
Y hasta había señoras turras embarazadas. Si créanme porque lo ví y viví demasiadas veces. Les hablo de turras de ya cuarenta años y embarazadas. Eran las que no llamaban la atención vestidas como las pendejas. Y eso me abre párrafo aparte para la verdadera hermosa imágen. El oasis de turras preñadas recontra llamativas. 
Haber ya dijimos que mi cuñadita con su calsita entangada y remerita sin corpiño era un fuego pero no era la número uno. Con una simple mirada al sector no le podía sacar los ojos de ensima a una turra bien villera toda tatuada con tatuajes bien tumberos con una calsita gris entangada a más no poder, el hilito fucsia asomando y un topcito rojo que era escotado como para ir a bailar. Sentado frente a nosotros dos pendejitas (una preñada, la otra la amiga que acompañaba) estaban que rajaban la tierra más dos. Ambas encalsadas con ortos de exposición, las ví comprando en el kiosko hablando a los gritos como buenas turras que no les importa nada. Entangadas a más no poder. Las dos con un top corto. Dudo que haya existido en todo el mundo un lugar más lindo que el hospital de La Matanza entre los años 2009 y 2015. Volvería a esa época sin dudarlo. Que hermoso sentimiento el de turró preñador. Sentís que las pibas te miran más, tu turra preñada te muestra como un trofeo y es su panza de embarazada tu mejor diploma. Recuerdo ir a mear al baño y de camino sentir una mirada. Me di vuelta y si, había dos turritas mirándome. Capaz es más flashear que otra cosa pero la sensación te hace sentir Perón. 

Bueno la cuestión es que pasamos casi todo el día en la consulta. Incluso los mejores oasis tienen algunos problemas con los tiempos. El hospital se llena de gente y la atención se vuelve muy lenta. Pero y aunque difícil de explicar sentado con la turrita tan puta vestida tan calienta pavas y tan pendeja te hacía sentir el rey del mundo, sos vos el que no se quiere ir. El que se quiere quedar a presumir su trofeo, su turra preñada..

Salimos del hospital cerca de las tres de la tarde, ni bien salimos y con toda la calentura que teníamos recobramos los besos los chapes de lengua. Caminamos hasta la parada de colectivo y empezamos a chapar bien fuerte contra la chapa de la parada. Estábamos completamente desatados mal, yo le apretaba los cachetes del orto bien fuerte con ganas. Le ponía mi verga dura apoyando y chocando contra su entrepierna. Y ella toda una turrita dejaba escapar unos ricos gemidos de placer. "Culeame toda" me dijo al oído mientras yo seguía apretando le los cachetes de la cola y sintiendo en mi bulto del joggin lo húmedo y mojado de su calsita ya toda flujeada. 

Con la calentura que teníamos íbamos a buscar como sea un lugar para garchar. Pero obviamente no íbamos a ir a un telo. Primero porque no teníamos plata y segundo porque mi cuñadita al igual que la Jesi los odian. Los detestan con todo su ser. Dicen que ahí van solo las putas y que hasta es feo para los chicos tener que pasar por la puerta de lugares así. Amo su doble vara. Con ya varios meses de vivir en la villa y en el municipio una conociendo ya varios lugares digamos escondidos. A no tantas cuadras del hospital pasan las vías del tren. En esa época cerca de uno de los cruces a nivel de via habían quedado pilas de escombros de una obra que no fue y la gente había ido generando un hermoso basural. Era como si no hubiera dónde tirar basura bueno ya fue ahí contra la vía. Sabía que ahí no había básicamente nadie más que algún cartonero asique podía ser nuestra única posibilidad. Caminamos nosé cuántas cuadras pero se que fueron un montón. Quizas mis cálculos no eran tan precisos pero igual caminar de la mano de la turrita embarazada con esa calsita bien entangada era sentirse el más turró ganador. 

Cruzamos pisando un poco de la basura y nos acomodamos detrás de una de las pilas de escombros. Empezamos a chapar ahí lengua con lengua y ya totalmente descarados yo le metía mi mano por debajo de la remerita acariciándole y tocándole bien sus tetas. Las tenía hermosas, bien redonditas firmes y con cara caricia mi cuñadita gemía se notaba que volaba de calentura. Levanté por completo su remerita y comencé a chuparle las tetas. Primero le pasaba la lengua a sus pequeños pezones y ya después lo succionaba con ganas como turro salvaje tanto asique le hice un par de chupones. Uno en cada teta. A nuestros pies botellas basura cosas tiradas. Más le chupaba las tetas y más sentía que ella se ponía loquita, estaba desesperada por mi verga. Deslize mi mano ya por dentro de su calsa y debajo de su tanguita. Tenía la concha completamente empapada. La tanga hilo toda flujeada mal. 

La preñadita se puso de espaldas a mi apoyada en la pila de escombros. Le había quedado la remera medio subida asique le asomaban las tetas. Le baje la calsita y la tanguita hilito en el mismo movimiento. Quedó frente a mis ojos esa cola divina perfecta. Bien redonda pidiendo a gritos mi verga preñadora. Me baje el joggin y con la verga toda dura cabezona mal se la metí así a lo burrito a lo salvaje sin forro sin nada, piel con piel. Mi cuñadita todavía con la conchita estrecha pero dos gritos de placer. Apartir de ahí empeze a bombearle verga bien adentro. Más le daba y ella más gemía gritaba de placer. Yo le daba fuerte salvaje caliente mal por todo el día por la situación todo. Incluso mientras pasaba el tren nosotros seguíamos culeando. No tengo idea si alguien nos vio desde el tren. Pero caliente como estábamos ni nos importo. "Si gato dame esa pija rompeme la concha" me repetía mi cuñadita mientras yo con mi mano derecha le manoseaba la teta y le daba verga a más no poder. Se mezclaba el olor de la basura con el olor de la concha olor a pescado que tenía mi cuñadita. Un paraíso. Aproveche a darle unos buenos chirlos en la cola. De esos que se sienten fuerte. "Ufff gato dame pija rompeme toda". Gritaba sarpado mi cuñadita. 

Sus gritos se intensificaron y me grito: "mira komo te acabo todo gato". En ese momento empezó a soltar flujo a más no poder. Sentía todo ese flujo en mi verga tanto así que me la saco de su concha. Veía como el flujo caía al piso mesclandose con la basura. Yo ya estaba que no daba más asique en cuanto termino de acabar mi turrita preñada yo le volví a meter la verga hasta el fondo. Sus palabras fueron toda una poesía: "lléname de leche gato aseme otro crío". Fue más que suficiente para dejarme liberar por completo y llenarla bien llenada de leche. Fueron como tres chorros bien potentes de leche dentro suyo. Mi cuñadita gemía de placer. Yo me había quedado con las piernas temblando. 

Mi cuñadita se levantó la tanguita y la calsa y como si nada hubiera pasado, sin siquiera limpiarse la concha nada, me dijo "llévame a comer algo gato tu crio tiene alta lija". 

Mi cuñada el hospital y el basural
Foto real de mi cuñadita.

Si quieren más fotos o videos de mi cuñadita los ve de por Whatsapp. Los q quieran me piden por mensaje directo

6 comentarios - Mi cuñada el hospital y el basural

Hector_maga
Que hermoso ojete, esta para bombearselo todo el dia. Tenes que hacer un post con fotos de tus turras