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En la quinta

En la quinta


Ese día hacía mucho calor, y la pileta era el gran refugio; había sido una jornada de asado en parejas y sin hijos ni nadie más que nosotros 4, mi mujer, su mejor amiga, su marido (que a estas alturas también era mi amigo) y yo. Los gin tonics bien fríos, las risas y la música y charlas sobre “permitidos”, tríos e intercambios de pareja, fueron generando el clima de tensión sexual en la pile, y el permanente desplazamiento con solamente la cabeza fuera del agua, provocando roces aparentemente inocentes entre los cuerpos, fue la chispa que encendió el fuego. Así, como sin querer, una mano rozaba una cadera o torso.
Las cosas se fueron poniendo intensas. En eso digo que voy a la cocina por más hielo, y la amiga de mi mujer dice que aprovecha para ir al baño, quedando mi mujer y el marido de su amiga en perfecta compañía. La distancia de la pileta a la cocina es grande y noto que la amiga de mi mujer no entra al baño, sino que sigue conmigo a la cocina. Hablamos trivialidades y al entrar a la cocina ella se adelanta y se agacha por una manzana en el canasto de las frutas, se da vuelta y dice: “¿Será la del pecado?”. Eso depende, si te animas a morderla, contesto.
A lo que, con una mirada muy sugerente, muerde la manzana; luego de un par de mordiscos intensos en su boca, se acerca sonriente y, todavía con algo del bocado, me dice: “Vení, no me dejes pecar solita”. Nos besamos como si hubiésemos esperado años por eso; luego de unos momentos de desenfreno, ella vuelve en sí y dice: “Esto es una locura, ¿y si nos ven?”. Entonces enciendo el monitor de las cámaras de seguridad de la casa; una de ellas muestra la pileta, y vemos que su marido y mi mujer se están comiendo la boca.
Ella sonríe y diciendo “como me gusta pecar” me besa y empieza a quitarse la bikini y yo la malla, la siento en la mesada y le como la concha, mientras amaso sus grandes tetas, gemía y se contorsionaba hasta que luengo de un rato acaba, entonces baja de las mesada y chupa mi pija con absoluta devoción, en un golpe de vista, en el monitor, mi mujer con las tetas en las baldosas atérmicas y enculada dentro de la pileta era cogida desde atrás por el marido de su mejor amiga, entonces le digo que vea esa escena y se volvió loca de calentura apoyó las manos a los costados del monitor en la pared, arqueó la espalda y entre suave y profundo para ir subiendo la intensidad, cuanto más veía la pantalla, me pedía que más duro la cogiera hasta que ambos acabamos en un solo orgasmo compartido, se dio vuelta nos besamos, volviendo a ver el monitor también había finalizado la cogida en la pileta, por lo que, hielera repleta en mano, volvimos, ellos a una distancia prudencial, charlando, todo siguió con armonía sin mencionar nada, al despedirnos ambas parejas agradecíamos a la otra por un día muy especial. Mi mujer, sonriendo, me dice que se escucharon los gemidos que venían de la cocina, pero que ella se contenía para no gemir en la pileta. No sé cómo siguió el día de la amiga y su marido, pero mi mujer me llevó de la mano al baño, metidos en la ducha, y haciéndome una paja e intercalando besos, me dice: “Me encantó esto, hablémoslo entre los cuatro y que sea nuestro secreto”.
Desde ese día, una vez al mes nos escapamos los cuatro para vivir nuestra aventura de intercambio secreta.

compartamos experiencias/material por privado.

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