Qué onda, después de ver cómo Marco se la metió completa a mi vieja en nuestra cama y la llenó de leche, ya no pude parar. Me pasaba el día entero pensando en esa escena: ella rebotando encima de él, gimiendo que su verga era más gruesa que la mía, pidiéndole que la llenara sin condón. Me jalaba en el baño del trabajo solo recordándolo. Tenía que tener prueba eterna, algo para volver a ver cuando quisiera.
El martes compré una cámara chiquita de esas que parecen cargador USB, con WiFi y grabación en la nube. La instalé en el buró de noche, apuntando directo a la cama, camuflada entre los cables del cargador del celular. La probé desde mi teléfono: ángulo perfecto, audio claro, visión nocturna si hacía falta. Todo listo sin que nadie se diera cuenta.
Le dije a mi esposa que el jueves tenía otra “junta temprana” en la maquila y que probablemente llegaría tarde otra vez. Ella puso cara de “ay qué fastidio” pero vi cómo se le aceleró la respiración un segundo. Marco, por Whats (sigo revisando su cel cuando se ducha), ya le había escrito:
“Cuñada, ¿mañana temprano? Mi carnal dice que se va temprano… 😏”
Ella le contestó:
“Sí… ven a las 8. Pero rápido, no vaya a llegar antes.”
Yo fingí salir a las 6:30 am, pero me regresé sigiloso por la puerta trasera y me metí al cuarto de servicio como siempre. Abrí la app de la cámara desde mi celular: imagen en vivo, sonido perfecto. Esperé.
A las 8:05 llegó Marco. Mi esposa lo recibió en la sala con un conjunto de lencería rojo que yo le había regalado hace meses (nunca se lo había puesto para mí). Se besaron como desesperados. Ella le dijo:
—Tu hermano anda raro últimamente… me pregunta cosas raras de ti, como si supiera algo. Pero no creo, ¿verdad?
Marco se rio y le agarró el culo:
—Tranquila, cuñada… si supiera ya habría hecho drama. Mejor aprovechemos.
La llevó a la recámara. Desde la cámara vi todo en HD: ella se quitó la lencería despacito, se puso de rodillas y se la chupó profundo, mirándolo a los ojos. Marco gemía:
—Qué boca tan rica… mejor que la de mi ex.
Luego la puso en cuatro, le metió la verga de una y empezó a bombear fuerte. Mi vieja gemía alto:

—Ay sí… cógeme más duro… ¡parteme! ¡Quiero tu leche adentro otra vez!
Marco le dio nalgadas y le dijo:
—¿Y si tu marido entra ahora? ¿Qué le dirías?
Ella se vino temblando solo con la idea:
—Le diría… que me cogiste rico… que me llenaste… ay dios, me vengo…
Se vino fuerte, chorros mojando la sábana. Marco se vino dentro, empujando profundo, y se quedó adentro un rato. Después se acostaron abrazados. Ella le dijo bajito:
—Me da miedo que algún día se entere… pero me prende tanto que no puedo parar.
Marco le contestó:
—Pues sigamos… y si se entera, tal vez le guste la idea 😏
Se ducharon juntos, limpiaron todo y Marco se fue. Yo vi la grabación completa desde el escondite: 28 minutos de puro morbo. Me vine dos veces viéndola en el celular antes de “llegar” a la casa.
Pero ahora empecé con las pistas sutiles, para que ella sienta que algo anda raro sin que yo diga nada directo:
Al llegar esa tarde, le dije casual: “Oye, ¿por qué huele a jabón de hombre en la recámara? ¿Viniste con Marco o qué?” (riendo como broma). Ella se puso nerviosa, se rio forzada y dijo: “Ay no, fue el desodorante que usé yo”.
En la cena le pregunté de la nada: “¿Te ha gustado que Marco se quede tanto tiempo? Se ve que se llevan bien…” y la miré fijo a los ojos. Ella tragó saliva y contestó: “Sí… es buena compañía cuando no estás”.
Por la noche, mientras la cogía, le susurré: “Imagínate que Marco te está viendo ahora mismo… ¿te pondrías más caliente?” Ella se vino como loca, pero después se quedó callada un rato, pensando.
Ella no sabe que tengo la cámara grabando todo, ni que ya tengo videos de ella pidiéndole a mi carnal que la llene. Pero con estas pistitas está empezando a ponerse paranoica… y yo me caliento más viéndola nerviosa, sabiendo que sigue cayendo en el morbo.
Ya planeo la siguiente “salida”: voy a dejar la cámara grabando 24/7 y voy a “olvidar” mi celular en casa con la app abierta… a ver si ella lo encuentra y ve algo.
El martes compré una cámara chiquita de esas que parecen cargador USB, con WiFi y grabación en la nube. La instalé en el buró de noche, apuntando directo a la cama, camuflada entre los cables del cargador del celular. La probé desde mi teléfono: ángulo perfecto, audio claro, visión nocturna si hacía falta. Todo listo sin que nadie se diera cuenta.
Le dije a mi esposa que el jueves tenía otra “junta temprana” en la maquila y que probablemente llegaría tarde otra vez. Ella puso cara de “ay qué fastidio” pero vi cómo se le aceleró la respiración un segundo. Marco, por Whats (sigo revisando su cel cuando se ducha), ya le había escrito:
“Cuñada, ¿mañana temprano? Mi carnal dice que se va temprano… 😏”
Ella le contestó:
“Sí… ven a las 8. Pero rápido, no vaya a llegar antes.”
Yo fingí salir a las 6:30 am, pero me regresé sigiloso por la puerta trasera y me metí al cuarto de servicio como siempre. Abrí la app de la cámara desde mi celular: imagen en vivo, sonido perfecto. Esperé.
A las 8:05 llegó Marco. Mi esposa lo recibió en la sala con un conjunto de lencería rojo que yo le había regalado hace meses (nunca se lo había puesto para mí). Se besaron como desesperados. Ella le dijo:
—Tu hermano anda raro últimamente… me pregunta cosas raras de ti, como si supiera algo. Pero no creo, ¿verdad?
Marco se rio y le agarró el culo:
—Tranquila, cuñada… si supiera ya habría hecho drama. Mejor aprovechemos.
La llevó a la recámara. Desde la cámara vi todo en HD: ella se quitó la lencería despacito, se puso de rodillas y se la chupó profundo, mirándolo a los ojos. Marco gemía:
—Qué boca tan rica… mejor que la de mi ex.
Luego la puso en cuatro, le metió la verga de una y empezó a bombear fuerte. Mi vieja gemía alto:

—Ay sí… cógeme más duro… ¡parteme! ¡Quiero tu leche adentro otra vez!
Marco le dio nalgadas y le dijo:
—¿Y si tu marido entra ahora? ¿Qué le dirías?
Ella se vino temblando solo con la idea:
—Le diría… que me cogiste rico… que me llenaste… ay dios, me vengo…
Se vino fuerte, chorros mojando la sábana. Marco se vino dentro, empujando profundo, y se quedó adentro un rato. Después se acostaron abrazados. Ella le dijo bajito:
—Me da miedo que algún día se entere… pero me prende tanto que no puedo parar.
Marco le contestó:
—Pues sigamos… y si se entera, tal vez le guste la idea 😏
Se ducharon juntos, limpiaron todo y Marco se fue. Yo vi la grabación completa desde el escondite: 28 minutos de puro morbo. Me vine dos veces viéndola en el celular antes de “llegar” a la casa.
Pero ahora empecé con las pistas sutiles, para que ella sienta que algo anda raro sin que yo diga nada directo:
Al llegar esa tarde, le dije casual: “Oye, ¿por qué huele a jabón de hombre en la recámara? ¿Viniste con Marco o qué?” (riendo como broma). Ella se puso nerviosa, se rio forzada y dijo: “Ay no, fue el desodorante que usé yo”.
En la cena le pregunté de la nada: “¿Te ha gustado que Marco se quede tanto tiempo? Se ve que se llevan bien…” y la miré fijo a los ojos. Ella tragó saliva y contestó: “Sí… es buena compañía cuando no estás”.
Por la noche, mientras la cogía, le susurré: “Imagínate que Marco te está viendo ahora mismo… ¿te pondrías más caliente?” Ella se vino como loca, pero después se quedó callada un rato, pensando.
Ella no sabe que tengo la cámara grabando todo, ni que ya tengo videos de ella pidiéndole a mi carnal que la llene. Pero con estas pistitas está empezando a ponerse paranoica… y yo me caliento más viéndola nerviosa, sabiendo que sigue cayendo en el morbo.
Ya planeo la siguiente “salida”: voy a dejar la cámara grabando 24/7 y voy a “olvidar” mi celular en casa con la app abierta… a ver si ella lo encuentra y ve algo.
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