Sábado a la mañana. Salí de casa para ir al chino. Hacía más de un mes que no me cogía a ninguno de mis putitos, había estado con mucho trabajo y ni siquiera busqué un trolito al paso para un pete en el auto. No me gusta pajearme, mis huevos explotaban. Por la calle, como siempre caminaba mirando cuanto culito pasaba delante de mis ojos, de hombre por supuesto. Los culitos con tajo delante nunca me interesaron. Al llegar a la esquina me llamó la atención un short amarillo intenso, bueno, dentro del short había un pibe de unos 30, delgado, no muy alto, de cabello medio colorado, y piel bronceada, estaba cruzando la calle con una bolsa de la verdulería. Su cara, su forma de mirar, su manera de caminar, despertaron mi olfato. Me quedé parado en la esquina para verlo pasar. Mi olfato no se equivocaba, seguro el pibe éste se la comía. Lo miré de atrás, el short amarillo era amplio y no dejaba adivinar sus nalgas pero su forma de caminar me hacía imaginar el meneo de dos nalguitas chiquitas que seguro guardaban un ojetito cogido más de una vez.
Me puse a caminar detrás de él a cierta distancia, pero ya morboseando con el contenido de ese short amarillo, sin sacar los ojos de ese trasero amarillo. Antes de llegar a la puerta del chino, el short amarillo, bueno, el pibe, intuyó que alguien lo seguía y miró hacia atrás, me vio y no dijo nada. Seguro mis ojos le estaban quemando el culo.
El short amarillo entró en el chino y yo también, lo busqué entre las estanterías y lo vi agachado buscando una botella en el estante más cerca del piso. Pasé por detrás y a pesar de la amplitud, pude ver el comienzo de una tanga en su cintura. Mi pija, sedienta desde hacía más de 30 días, se empezó a parar. Me alejé y me dediqué a lo mío, no era lugar para andar con una carpa delante, la tengo grande y como había salido con el short y sin calzones, mis 20 cm se notarían enseguida. Lo volví a ver en la caja, yo estaba embolsando mi compra y él estaba pagando, escuché su voz, no era una nena, pero tampoco un macho camionero. Me demoré y lo dejé salir.
En un minuto salí yo y lo busqué, el short amarillo caminaba alejándose de mi casa, no importaba, lo seguí. A las 2 cuadras paró en un quiosco, me detuve, me vio, compró algo, siguió, seguimos. Caminó 100 metros más. Se detuvo, me detuve, giró, me miró y vino a mi encuentro, serio, me congelé. ¿Vendría a putearme por seguirlo? Se paró frente a mi, sacó algo de la bolsa.
-En el quiosco compré este chocolate para nosotros, ¿tenés lugar para compartirlo?-
Bingo!!!
-Vení vamos a casa, vivo solo-
Charlamos apenas, me contó que no era del barrio, vivía en Misiones pero estaba de visita en casa de su hermana. Si encontraba trabajo se mudaba.
Apenas pasamos la puerta le mandé un manotazo en el short amarillo, quería descubrir lo que escondía.
Se paró en seco, giró, se colgó de mi cuello y como toda una hembrita me dijo
-Tratame suave amorcito, soy toda tuya hoy- Y comenzó a besarme con una suavidad increíble. Lo tomé de la cola, lo levanté en el aire y comiéndonos a besos lo llevé a mi cama. Le arranqué el short amarillo de un tirón. Lo que vi debajo me dejó embelesado, las nalguis más bellas que vi en mi vida, totalmente lampiñas, de formas perfectas, de diosa, suaves, sin un granito, sin vello, perfectas, únicas. Me puse loco, lo acomodé boca abajo en la cama y comencé a besar cada milímetro de esa piel tibia. Él, ni sabía como se llamaba, gemía suavecito. le frotaba mis mejillas, las lamía, las besaba, estaba totalmente loco, apasionado por ese culincito chiquito y perfecto. Al fin abrí el cofre, en el centro un asterisquito rosado, ya mojado, latía. Mi lengua se metió de una, el pibe del short amarillo casi gritó de placer, mi lengua lamió, mis labios besaron, y el pibe del short amarillo casi lloró de placer, su voz fue cambiando, se fue tornando más aguda, más melódica, casi la voz de una mujer, hasta que al fin me pidió, me rogó, que lo cogiera.
Mis 20 cm entraron como si ese esfínter fuera una concha de puta, suave, sin presión casi, hasta el fondo, sus nalguitas chiquitas me permitieron clavarlo hasta las bolas, le empecé a dar furiosamente, el putito en 4 se bamboleaba con cada pijazo, gemía con voz de mujer, pedía pija con voz de mujer, eyaculaba como hombre. Perdí la cuenta cuántas veces eyaculó, sus ovarios estaban demasiado llenos, tal vez como mis bolas. Lo di vueltas, me puse sus patitas finas y lampiñas sobre mis hombros y lo volví a coger furiosamente, sus ojos desmesuradamente abiertos, mordiéndose los labios, lloriqueando con esa extraña voz aguda, acabando otra vez sobre mi pecho como si fuera su primer polvo. Puse sus brazos en mis hombros, lo levanté ensartado y lo estrellé contra una pared, me volví loco. Con cada pijazo lo levantaba en el aire, el del short amarillo, colgado de mi cuello, estaba embelesado, gemía, me besaba, reía, con mis 20 cm ensartados en su culo se había sacado la lotería. Lo volví a llevar a la cama y patitas al hombro descargué en él mi largo mes sin coger, le inundé la concha de leche. mejor que se sentara en el baño sino el short amarillo detrás le iba a quedar empapado.
Se la saqué despacito y me apoyé en el respaldo de la cama. -Chupá-, le ordené. El pibe de short amarillo estaba recuperando el aire. -Chupá-, le ordené de nuevo. Se incorporó, se acostó boca abajo entre mis piernas y fue a cumplir con su obligación. Lamió despacito, su lengua recorrió todo mi palo y se llevó cada mínimo resto de semen que encontró en mi glande.
-Gracias mi rey-, le acaricié la cabeza.
-Cómo te llamás?-
-Para vos, Lucy, para los demás Matías-
-Lucy, mostrame cómo te quedó la concha-, de inmediato se puso en 4 y se abrió las cachitas, el hueco era enorme, el semen chorreado por sus muslos me dio demasiado morbo para quedarme quieto, le saqué una foto con mi celu para guardar como trofeo y con la pija dura de nuevo me dispuse a ensartarlo. Lucy miró su celu.
-Ay no mi amor, perdoname, mi hermana está esperando las compras!!!, me muero por comérmela toda de nuevo mi rey pero mi hermana me mata. Vuelvo esta tarde y comemos el chocolate, si?, ¿me perdonás?, si?- Con el mohincito de putita que me hizo, ¿cómo no la iba a perdonar?
Se lavó rápido el culito, se puso el short amarillo, juntamos las bolsas que habían quedado desparramadas por el piso, intercambiamos celus y partió raudo a la casa de su hermana. Ni me vestí, me lavé la pija y seguí en bolas mirando porno en la cama. A las 2 de la tarde sonó el timbre. A través de las cortinas del portal pude ver un short amarillo.
Me puse a caminar detrás de él a cierta distancia, pero ya morboseando con el contenido de ese short amarillo, sin sacar los ojos de ese trasero amarillo. Antes de llegar a la puerta del chino, el short amarillo, bueno, el pibe, intuyó que alguien lo seguía y miró hacia atrás, me vio y no dijo nada. Seguro mis ojos le estaban quemando el culo.
El short amarillo entró en el chino y yo también, lo busqué entre las estanterías y lo vi agachado buscando una botella en el estante más cerca del piso. Pasé por detrás y a pesar de la amplitud, pude ver el comienzo de una tanga en su cintura. Mi pija, sedienta desde hacía más de 30 días, se empezó a parar. Me alejé y me dediqué a lo mío, no era lugar para andar con una carpa delante, la tengo grande y como había salido con el short y sin calzones, mis 20 cm se notarían enseguida. Lo volví a ver en la caja, yo estaba embolsando mi compra y él estaba pagando, escuché su voz, no era una nena, pero tampoco un macho camionero. Me demoré y lo dejé salir.
En un minuto salí yo y lo busqué, el short amarillo caminaba alejándose de mi casa, no importaba, lo seguí. A las 2 cuadras paró en un quiosco, me detuve, me vio, compró algo, siguió, seguimos. Caminó 100 metros más. Se detuvo, me detuve, giró, me miró y vino a mi encuentro, serio, me congelé. ¿Vendría a putearme por seguirlo? Se paró frente a mi, sacó algo de la bolsa.
-En el quiosco compré este chocolate para nosotros, ¿tenés lugar para compartirlo?-
Bingo!!!
-Vení vamos a casa, vivo solo-
Charlamos apenas, me contó que no era del barrio, vivía en Misiones pero estaba de visita en casa de su hermana. Si encontraba trabajo se mudaba.
Apenas pasamos la puerta le mandé un manotazo en el short amarillo, quería descubrir lo que escondía.
Se paró en seco, giró, se colgó de mi cuello y como toda una hembrita me dijo
-Tratame suave amorcito, soy toda tuya hoy- Y comenzó a besarme con una suavidad increíble. Lo tomé de la cola, lo levanté en el aire y comiéndonos a besos lo llevé a mi cama. Le arranqué el short amarillo de un tirón. Lo que vi debajo me dejó embelesado, las nalguis más bellas que vi en mi vida, totalmente lampiñas, de formas perfectas, de diosa, suaves, sin un granito, sin vello, perfectas, únicas. Me puse loco, lo acomodé boca abajo en la cama y comencé a besar cada milímetro de esa piel tibia. Él, ni sabía como se llamaba, gemía suavecito. le frotaba mis mejillas, las lamía, las besaba, estaba totalmente loco, apasionado por ese culincito chiquito y perfecto. Al fin abrí el cofre, en el centro un asterisquito rosado, ya mojado, latía. Mi lengua se metió de una, el pibe del short amarillo casi gritó de placer, mi lengua lamió, mis labios besaron, y el pibe del short amarillo casi lloró de placer, su voz fue cambiando, se fue tornando más aguda, más melódica, casi la voz de una mujer, hasta que al fin me pidió, me rogó, que lo cogiera.
Mis 20 cm entraron como si ese esfínter fuera una concha de puta, suave, sin presión casi, hasta el fondo, sus nalguitas chiquitas me permitieron clavarlo hasta las bolas, le empecé a dar furiosamente, el putito en 4 se bamboleaba con cada pijazo, gemía con voz de mujer, pedía pija con voz de mujer, eyaculaba como hombre. Perdí la cuenta cuántas veces eyaculó, sus ovarios estaban demasiado llenos, tal vez como mis bolas. Lo di vueltas, me puse sus patitas finas y lampiñas sobre mis hombros y lo volví a coger furiosamente, sus ojos desmesuradamente abiertos, mordiéndose los labios, lloriqueando con esa extraña voz aguda, acabando otra vez sobre mi pecho como si fuera su primer polvo. Puse sus brazos en mis hombros, lo levanté ensartado y lo estrellé contra una pared, me volví loco. Con cada pijazo lo levantaba en el aire, el del short amarillo, colgado de mi cuello, estaba embelesado, gemía, me besaba, reía, con mis 20 cm ensartados en su culo se había sacado la lotería. Lo volví a llevar a la cama y patitas al hombro descargué en él mi largo mes sin coger, le inundé la concha de leche. mejor que se sentara en el baño sino el short amarillo detrás le iba a quedar empapado.
Se la saqué despacito y me apoyé en el respaldo de la cama. -Chupá-, le ordené. El pibe de short amarillo estaba recuperando el aire. -Chupá-, le ordené de nuevo. Se incorporó, se acostó boca abajo entre mis piernas y fue a cumplir con su obligación. Lamió despacito, su lengua recorrió todo mi palo y se llevó cada mínimo resto de semen que encontró en mi glande.
-Gracias mi rey-, le acaricié la cabeza.
-Cómo te llamás?-
-Para vos, Lucy, para los demás Matías-
-Lucy, mostrame cómo te quedó la concha-, de inmediato se puso en 4 y se abrió las cachitas, el hueco era enorme, el semen chorreado por sus muslos me dio demasiado morbo para quedarme quieto, le saqué una foto con mi celu para guardar como trofeo y con la pija dura de nuevo me dispuse a ensartarlo. Lucy miró su celu.
-Ay no mi amor, perdoname, mi hermana está esperando las compras!!!, me muero por comérmela toda de nuevo mi rey pero mi hermana me mata. Vuelvo esta tarde y comemos el chocolate, si?, ¿me perdonás?, si?- Con el mohincito de putita que me hizo, ¿cómo no la iba a perdonar?
Se lavó rápido el culito, se puso el short amarillo, juntamos las bolsas que habían quedado desparramadas por el piso, intercambiamos celus y partió raudo a la casa de su hermana. Ni me vestí, me lavé la pija y seguí en bolas mirando porno en la cama. A las 2 de la tarde sonó el timbre. A través de las cortinas del portal pude ver un short amarillo.
1 comentarios - El short amarillo (relato gay)
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