Qué onda, les juro que después de la escena de la regadera no pude dormir tranquilo. Cada vez que veía a mi carnal Marco en la casa, me imaginaba sus manos en las tetas de mi vieja y se me ponía dura al instante. Pero seguí fingiendo que no pasaba nada: llegaba del trabajo, saludaba a los dos como si nada, y por las noches cogía a mi esposa más fuerte que nunca, pensando en lo que había visto.
Pasaron unos días y Marco seguía quedándose “porque el depa todavía no está listo”. Yo empecé a planear en silencio. Le dije a mi vieja que el viernes tenía que quedarme hasta tarde en la maquila por un “inventario de emergencia”… mentira total. En realidad, salí temprano, pero en vez de irme a casa, me quedé en el carro estacionado a dos cuadras, con el celular en la mano listo para ver si pasaba algo.
Le mandé un mensaje a Marco desde el trabajo (para que pareciera normal):
“Carnal, voy a llegar tarde hoy, cuida a mi vieja por mí, ¿eh? Gracias bro 😅”
Él contestó rápido:
“Tranquilo carnal, aquí estoy. No te preocupes.”
Yo ya sabía que iba a aprovechar. Me regresé sigiloso a la casa, entré por la puerta trasera (que nunca cerramos con llave) y me metí al cuarto de servicio que da al pasillo. Ahí hay una rendija en la puerta que da directo a la sala y a la recámara… perfecto para espiar sin que me vean.
Llegué justo a tiempo. Mi esposa estaba en la cocina preparando algo de cenar, con un shortcito de pijama bien corto que le marca el culo y una playera sin brasier (las tetas se le transparentaban un poco).

Marco entró a la cocina “a ayudar” y se pegó atrás de ella como si nada. Le dijo algo bajito al oído y ella se rio nerviosa, pero no se apartó. Vi cómo le ponía las manos en la cintura y ella se recargó un poquito contra él.
De repente Marco le dio la vuelta, la besó en el cuello y le metió la mano por debajo de la playera. Mi vieja gimió bajito y le dijo:
—Ay Marco… no, tu hermano puede llegar en cualquier momento…
Pero no lo empujó. Al contrario, le agarró la mano y la guió hasta sus tetas. Marco le pellizcó los pezones y ella se mordió el labio fuerte. Se besaron rico, lenguas y todo, mientras él le bajaba el short despacito. Vi cómo le quitaba la tanga y le metía dos dedos directo al coño. Mi esposa se apoyó en la encimera, abrió las piernas y empezó a jadear:
—Ay sí… mételos más profundo… pero rápido, no vaya a llegar…
Marco se arrodilló y le empezó a chupar el coño ahí mismo en la cocina. Mi vieja le agarraba la cabeza, gemía bajito y le decía:
—Lámeme rico… así… pinche lengua… me vas a hacer acabar…
Yo desde mi escondite me jalaba la verga despacito, viendo cómo mi carnal le comía el coño a mi esposa como si fuera su puta personal. Ella se vino temblando, le tapó la boca con la mano para no gritar y se le escaparon chorritos que mojaron el piso.
Después se arreglaron rápido. Mi vieja se subió el short, se acomodó la playera y le dijo:
—Esto no puede volver a pasar… pero… me encantó 😏. Mañana tu hermano sale tarde… si quieres, ven antes de que llegue.
Marco sonrió y le dio un beso en la boca:
—Aquí estaré, cuñada.
Yo salí sigiloso por la puerta trasera, me fui a dar una vuelta y regresé como a las 10 pm fingiendo cansancio. Entré, los saludé y mi esposa me recibió con un beso inocente, pero con las mejillas todavía sonrojadas y el olor a sexo sutil en el aire. Esa noche la cogí en la cama y estaba más mojada y receptiva que nunca. Mientras la penetraba le susurré:
—¿Te calienta imaginar que alguien más te toca?
Ella gimió fuerte y contestó:
—Sí… imagíname con otro… cógeme más duro…
Yo me vine pensando en lo que había visto esa tarde, sabiendo que mañana Marco iba a volver y que yo “saldría tarde” otra vez… pero esta vez me iba a quedar escondido más cerca, tal vez con la cámara del celular lista.
Pasaron unos días y Marco seguía quedándose “porque el depa todavía no está listo”. Yo empecé a planear en silencio. Le dije a mi vieja que el viernes tenía que quedarme hasta tarde en la maquila por un “inventario de emergencia”… mentira total. En realidad, salí temprano, pero en vez de irme a casa, me quedé en el carro estacionado a dos cuadras, con el celular en la mano listo para ver si pasaba algo.
Le mandé un mensaje a Marco desde el trabajo (para que pareciera normal):
“Carnal, voy a llegar tarde hoy, cuida a mi vieja por mí, ¿eh? Gracias bro 😅”
Él contestó rápido:
“Tranquilo carnal, aquí estoy. No te preocupes.”
Yo ya sabía que iba a aprovechar. Me regresé sigiloso a la casa, entré por la puerta trasera (que nunca cerramos con llave) y me metí al cuarto de servicio que da al pasillo. Ahí hay una rendija en la puerta que da directo a la sala y a la recámara… perfecto para espiar sin que me vean.
Llegué justo a tiempo. Mi esposa estaba en la cocina preparando algo de cenar, con un shortcito de pijama bien corto que le marca el culo y una playera sin brasier (las tetas se le transparentaban un poco).

Marco entró a la cocina “a ayudar” y se pegó atrás de ella como si nada. Le dijo algo bajito al oído y ella se rio nerviosa, pero no se apartó. Vi cómo le ponía las manos en la cintura y ella se recargó un poquito contra él.
De repente Marco le dio la vuelta, la besó en el cuello y le metió la mano por debajo de la playera. Mi vieja gimió bajito y le dijo:
—Ay Marco… no, tu hermano puede llegar en cualquier momento…
Pero no lo empujó. Al contrario, le agarró la mano y la guió hasta sus tetas. Marco le pellizcó los pezones y ella se mordió el labio fuerte. Se besaron rico, lenguas y todo, mientras él le bajaba el short despacito. Vi cómo le quitaba la tanga y le metía dos dedos directo al coño. Mi esposa se apoyó en la encimera, abrió las piernas y empezó a jadear:
—Ay sí… mételos más profundo… pero rápido, no vaya a llegar…
Marco se arrodilló y le empezó a chupar el coño ahí mismo en la cocina. Mi vieja le agarraba la cabeza, gemía bajito y le decía:
—Lámeme rico… así… pinche lengua… me vas a hacer acabar…
Yo desde mi escondite me jalaba la verga despacito, viendo cómo mi carnal le comía el coño a mi esposa como si fuera su puta personal. Ella se vino temblando, le tapó la boca con la mano para no gritar y se le escaparon chorritos que mojaron el piso.
Después se arreglaron rápido. Mi vieja se subió el short, se acomodó la playera y le dijo:
—Esto no puede volver a pasar… pero… me encantó 😏. Mañana tu hermano sale tarde… si quieres, ven antes de que llegue.
Marco sonrió y le dio un beso en la boca:
—Aquí estaré, cuñada.
Yo salí sigiloso por la puerta trasera, me fui a dar una vuelta y regresé como a las 10 pm fingiendo cansancio. Entré, los saludé y mi esposa me recibió con un beso inocente, pero con las mejillas todavía sonrojadas y el olor a sexo sutil en el aire. Esa noche la cogí en la cama y estaba más mojada y receptiva que nunca. Mientras la penetraba le susurré:
—¿Te calienta imaginar que alguien más te toca?
Ella gimió fuerte y contestó:
—Sí… imagíname con otro… cógeme más duro…
Yo me vine pensando en lo que había visto esa tarde, sabiendo que mañana Marco iba a volver y que yo “saldría tarde” otra vez… pero esta vez me iba a quedar escondido más cerca, tal vez con la cámara del celular lista.
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