Alex tenía 19 años, un chico atlético de cabello castaño desordenado y ojos verdes penetrantes. Salía con Sofía, una chica de 18 años igual de joven y vibrante: curvas perfectas, piel morena suave, cabello negro largo y una sonrisa que lo volvía loco. Se conocieron en la uni y desde la primera cita, su química era explosiva. Follaron por primera vez en el asiento trasero de su auto viejo, con Sofía montándolo con furia, sus tetas firmes rebotando mientras gemía su nombre. "¡Más fuerte, Alex! ¡Jódeme como si fuera tuya!", le suplicaba ella, arañándole la espalda. Él la embestía sin piedad, llenándola de su leche caliente hasta que ambos colapsaban sudorosos.
Un sábado, Sofía lo invitó a su casa para conocer a su mamá. "Es soltera desde que papá se fue hace años. Es genial, verás", dijo riendo. Cuando abrió la puerta, Alex se quedó mudo. Carla, la madre de 38 años, era una diosa: madre soltera que se mantenía en forma con yoga y gimnasio. Cuerpo escultural – tetas grandes y naturales (al menos una copa D), culo redondo y firme como el de su hija pero más experimentado, cintura estrecha, labios carnosos pintados de rojo y ojos oscuros que lo devoraban. Llevaba un vestido ajustado que dejaba poco a la imaginación, sin sostén, sus pezones marcándose sutilmente.
"¡Hola, soy Carla! Sofía habla maravillas de ti", dijo con una voz ronca y seductora, abrazándolo lo suficiente para que sintiera sus tetas contra su pecho. Alex sintió su polla endurecerse al instante. Durante la cena, Carla coqueteaba descaradamente: rozaba su pierna bajo la mesa, reía de sus chistes con una mirada que gritaba "te follaría ahora mismo". Sofía no notaba nada, pero Alex fantaseaba con tenerlas a las dos, idénticas en curvas pero la madre con esa madurez viciosa.
Esa noche, mientras Sofía chupaba su verga en su cuarto –tragándosela hasta la garganta, babeando y mirándolo con ojos de puta–, Alex imaginaba a Carla uniéndose, lamiéndole las bolas mientras su hija lo montaba.
El viernes siguiente, Sofía anunció: "¡Me voy de fin de semana con las chicas a la playa! ¿Quieres venir a casa el sábado? Mamá dice que prepares la cena". Alex vio su chance. Mandó un mensaje a Carla esa noche: "Sofía me dijo que prepare la cena. ¿Alguna preferencia? ". Ella respondió rápido: "Sorpréndeme... y ven solo. Quiero conocerte mejor".
Llegó el sábado a las 7pm con vino y pasta. Carla abrió en un baby doll transparente, sin nada debajo: tetas expuestas, pezones duros, coño depilado visible a través de la tela fina. "Sofía no está, ¿verdad? Perfecto", ronroneó, jalándolo adentro y besándolo con lengua profunda, mordiéndole el labio. "Desde que te vi, supe que eras para mí. Mi hija es una niña... yo te voy a mostrar lo que es una mujer de verdad".
Lo empujó contra la pared del pasillo, arrodillándose para sacarle la polla –ya dura como roca, 20cm venosos–. "Mira qué monstruo... Sofía no sabe manejarlo como yo", gruñó, tragándosela entera en una garganta profunda experta, saliva chorreando por sus tetas. Alex le folló la boca brutalmente, agarrándola del pelo. "¡Joder, Carla, eres una puta experta!", jadeó él.
La llevó al sofá, le arrancó el baby doll y le comió el coño: jugoso, maduro, con sabor dulce y salado. Ella gritaba: "¡Sí, lame mi clítoris, chaval! ¡Hazme correr como tu novia no puede!". Eyaculó dos veces en su boca antes de penetrarla. La puso en cuatro, embistiéndola como un animal: su culo rebotando contra su pelvis, tetas colgando y balanceándose. "¡Fóllame igual que a ella! ¡Pero más duro, lléname de semen!", suplicaba. Él la volteó, la montó en misionero viendo cómo sus tetas se movían, pellizcándole los pezones mientras la apaleaba. Se corrió dentro de ella tres veces esa noche, cubriéndola de leche en la cara, tetas y coño.
Pasaron todo el fin de semana así: el domingo amaneció con un 69 en la cama de Carla –ella chupándolo mientras él le metía dedos en el culo–. Follaron en la cocina (ella inclinada sobre la isla, polla en coño mientras preparaban desayuno), ducha (agua caliente, él corriéndose en su culo jabonoso), y hasta en la habitación de Sofía –"Aquí es donde follas a mi hija? Ahora es nuestro territorio", dijo riendo mientras lo cabalgaba en la pose vaquera inversa, su culo perfecto tragándose su verga hasta las bolas.
El domingo en la noche, exhaustos y cubiertos de fluidos, Carla lo besó: "Vuelve cuando quieras. Sofía no tiene que saber... pero yo seré tu puta secreta". Alex se fue con la promesa de más, su polla ya dura pensando en el próximo encuentro familiar prohibido.
Fin.
Un sábado, Sofía lo invitó a su casa para conocer a su mamá. "Es soltera desde que papá se fue hace años. Es genial, verás", dijo riendo. Cuando abrió la puerta, Alex se quedó mudo. Carla, la madre de 38 años, era una diosa: madre soltera que se mantenía en forma con yoga y gimnasio. Cuerpo escultural – tetas grandes y naturales (al menos una copa D), culo redondo y firme como el de su hija pero más experimentado, cintura estrecha, labios carnosos pintados de rojo y ojos oscuros que lo devoraban. Llevaba un vestido ajustado que dejaba poco a la imaginación, sin sostén, sus pezones marcándose sutilmente.
"¡Hola, soy Carla! Sofía habla maravillas de ti", dijo con una voz ronca y seductora, abrazándolo lo suficiente para que sintiera sus tetas contra su pecho. Alex sintió su polla endurecerse al instante. Durante la cena, Carla coqueteaba descaradamente: rozaba su pierna bajo la mesa, reía de sus chistes con una mirada que gritaba "te follaría ahora mismo". Sofía no notaba nada, pero Alex fantaseaba con tenerlas a las dos, idénticas en curvas pero la madre con esa madurez viciosa.
Esa noche, mientras Sofía chupaba su verga en su cuarto –tragándosela hasta la garganta, babeando y mirándolo con ojos de puta–, Alex imaginaba a Carla uniéndose, lamiéndole las bolas mientras su hija lo montaba.
El viernes siguiente, Sofía anunció: "¡Me voy de fin de semana con las chicas a la playa! ¿Quieres venir a casa el sábado? Mamá dice que prepares la cena". Alex vio su chance. Mandó un mensaje a Carla esa noche: "Sofía me dijo que prepare la cena. ¿Alguna preferencia? ". Ella respondió rápido: "Sorpréndeme... y ven solo. Quiero conocerte mejor".
Llegó el sábado a las 7pm con vino y pasta. Carla abrió en un baby doll transparente, sin nada debajo: tetas expuestas, pezones duros, coño depilado visible a través de la tela fina. "Sofía no está, ¿verdad? Perfecto", ronroneó, jalándolo adentro y besándolo con lengua profunda, mordiéndole el labio. "Desde que te vi, supe que eras para mí. Mi hija es una niña... yo te voy a mostrar lo que es una mujer de verdad".
Lo empujó contra la pared del pasillo, arrodillándose para sacarle la polla –ya dura como roca, 20cm venosos–. "Mira qué monstruo... Sofía no sabe manejarlo como yo", gruñó, tragándosela entera en una garganta profunda experta, saliva chorreando por sus tetas. Alex le folló la boca brutalmente, agarrándola del pelo. "¡Joder, Carla, eres una puta experta!", jadeó él.
La llevó al sofá, le arrancó el baby doll y le comió el coño: jugoso, maduro, con sabor dulce y salado. Ella gritaba: "¡Sí, lame mi clítoris, chaval! ¡Hazme correr como tu novia no puede!". Eyaculó dos veces en su boca antes de penetrarla. La puso en cuatro, embistiéndola como un animal: su culo rebotando contra su pelvis, tetas colgando y balanceándose. "¡Fóllame igual que a ella! ¡Pero más duro, lléname de semen!", suplicaba. Él la volteó, la montó en misionero viendo cómo sus tetas se movían, pellizcándole los pezones mientras la apaleaba. Se corrió dentro de ella tres veces esa noche, cubriéndola de leche en la cara, tetas y coño.
Pasaron todo el fin de semana así: el domingo amaneció con un 69 en la cama de Carla –ella chupándolo mientras él le metía dedos en el culo–. Follaron en la cocina (ella inclinada sobre la isla, polla en coño mientras preparaban desayuno), ducha (agua caliente, él corriéndose en su culo jabonoso), y hasta en la habitación de Sofía –"Aquí es donde follas a mi hija? Ahora es nuestro territorio", dijo riendo mientras lo cabalgaba en la pose vaquera inversa, su culo perfecto tragándose su verga hasta las bolas.
El domingo en la noche, exhaustos y cubiertos de fluidos, Carla lo besó: "Vuelve cuando quieras. Sofía no tiene que saber... pero yo seré tu puta secreta". Alex se fue con la promesa de más, su polla ya dura pensando en el próximo encuentro familiar prohibido.
Fin.
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