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Estacioné el auto y al bajar le digo:
-Estoy un poco nervioso.
-Tranquilo.- Me dice mientras se para atrás mío y me masajea un poco los hombros. -Pensá en lo que te dije, nos va a dar 100 dólares a cada uno. Es un tipo con guita y sabe recompensar.
-Si, me viene bien la guita.
-Antes de entrar, te tengo que aclarar unas cositas.- Dijo seria. -¿Te acordás que le dije que éramos novios? Bueno, eso sigue en pié. Solo que él quiere que hagamos un juego. El quiere jugar a que es mi papá y va a conocer a su yerno.
-Uff, el morbo completo.- Le dije.
Ella me acarició el bulto por arriba del pantalón.
-Si, y veo que te gusta. Otra cosa, si él quiere te da su nombre. Vos podés darle el tuyo o inventarte uno. Yo no se lo dije.
-Está bien.
-Además. Traje forros. Cogemos con forro. Si él llegase a querer que me cojas sin forro le decís que son 50 dólares más. Cualquier otra cosa yo te aviso si negociamos.
-Bien.
-Más cosas. Nos va a ofrecer alcohol todo lo que te imagines. No te pongas en pedo. Después de la primera hora le empezamos a cobrar más. Yo me encargo de eso. Vos entrá y cogé tranquilo, después él me da tu parte.
-Confío en vos.
-Ahora que está mal del corazón no se droga. Pero antes si. Seguro nos va a ofrecer algo. Ojo con la merca que después no se te para.
-A claro, ¿vos vas a tomar y yo no?
-Después de la primera hora hacé lo que quieras. Pero cumplamos. Lo que sí. Ojalá nos ofrezca MD, eso si agarralo.
-Si, ¿te acordás la vez que cogimos de MD en el baño químico de la tecno? Una locura.- Le recordé.
-Si, por eso te digo. Pero bueno. Acordate que ni bien entramos es mi papá. No se si va a salir con alguna otra.
Entramos. En la recepción había una rubia impresionante con unas tetas apretadas debajo de la camisa. Marina sacó una tarjetita y le dijo “Ya tengo llave, linda. La 240”. La rubia infernal nos sonrió.
Cuando entramos al ascensor, Marina me agarró el paquete y me dijo
-Casi te la violas a la rubia eh, putito.
-Me debés el trío.- Le retruqué.
-Eso es cierto.- Dijo riendo. -Todo a su tiempo.
Entramos a la habitación. Grande, espaciosa. Una cama matrimonial, varios sillones individuales y dos mesas a las esquinas.
-Otro detallecito que no te dije. Él es el dueño del hotel. Me avisó que ya nos vió por cámaras que entramos. Que nos pongamos cómodos.
Me senté en un sillón individual. Marina fue al teléfono. Marcó un número sin dudar y dijo:
-Hola, un Dom Perignon con una copa y un Red Label con dos vasos a la 240.- Colgó y me miró: -El Dom Perignon para él.
El whisky era para mí.
Sacó dos latas de cerveza del frigobar. Nos sirvió en dos vasos y se sentó arriba mío. A los cinco minutos golpearon la puerta. Ella gritó “adelante”. Entró una morocha de pelo corto. Con un culo terrible. Marina seguía sentada arriba mío y me acariciaba como una puta sumisa. La empleada dijo “permiso” con una sonrisa y entró con la bandeja con todo lo pedido. Marina le hizo seña de que lo deje al lado de la mesa que estaba a nuestro lado.
La empleada se acercó. Marina le ordenó: serví el whisky nomás. La empleada sirvió uno y me lo dió a mí sin mirarme.
-¿Qué pasa?- Dijo Marina. -¿No te gusta mi macho?.
La empleada sonrió y nos miró de arriba a abajo a los dos.
-Si, me gusta. Son los dos muy lindos.
-Así me gusta. Terminá de servir y andate.
Cuando la empleada se iba Marina me dijo
-Esa culona se llama Tamara.
-¿Desde cuándo tan dominante vos?.
-Es un juego que tenemos. Saben que soy la nena del dueño. Les gusta, o él les paga lo suficiente para que sigan el juego.
A los pocos minutos se escuchó la puerta otra vez.
-Adelante.
Y era él. El Viejo, elegante, serio, de camisa y corbata, entró. Al verlo, Marina se levantó con fuerza y fue corriendo a abrazarlo.
-¡Papi, papi, papi!- Gritaba con voz de nena. Lo abrazó de forma muy infantil y le dio un beso en la comisura del labio. Él la recibió con templanza y seguridad.
-Te quiero presentar a mi novio.- Dijo ella. Lo agarró de la mano y lo trajo hasta mí casi saltando.
Me levanté y extendí mi mano: -Federico. Un gusto.- Le dije.
Él me devolvió el saludo y dijo: -Sergio. El papá de Marina.
Sergio se sentó en el sillón más cercano a mí. Marina buscó el Champán, le sirvió y se sentó sobre sus piernas.
-No, no.- Dijo Sergio. -Tenés que estar en las piernas de tu novio.
-Si, papi.- Dijo Marina con esa voz de niña y vino hacia mis piernas.
-¿Vas a tratar bien a mi nena?, me dijo el viejo.
-Si, siempre la trato bien.
-Mari, hermosa, te traje un regalito.- Dijo el viejo.
Abrió su portafolio y sacó una bolsa de nylon negra, grande. Marina se levantó entusiasmada, como una nena y el viejo le ordenó que lo vaya a ver al baño. Marina fue casi corriendo. Nos quedamos solos con Sergio.
-¿Está todo aclarado?- Me preguntó Sergio.
-Si, obvio.
-¿Nervioso?
-Un poco, pero el alcohol y pensar en Marina me ayuda.
-De momento la nena es mía y hace todo lo que yo diga. Al menos acá. Si te ganás mi confianza, de a poco va a ir siendo tuya.
¿Acaso no era algo de una sola vez? ¿Me tenía que ganar su confianza?
-El tiempo pasa y un hombre inteligente tiene que saber el rol que ocupa. Me toca empezar a adoptar otro rol.- Se pasó la mano por la comisura de los labios, rascándose la barba canosa.
- Marina me dijo que vos sos el indicado para ella y yo confío en lo que dice. Así que demostrame que estás hecho para mi nena.- Me dijo, guiñándome un ojo.
Sacó la billetera y agarró un sobrecito transparente. Me lo dio.
-¿MD?
-Si, ¿te gusta?
-Me encanta.
Me mojé el dedo y lo metí en el sobrecito. Saqué un poco de cristal y lo puse debajo de mi lengua.
Marina salió. Estaba vestida con una pollerita corta, roja y blanca. Medias rojas y una camisita corta azúl oscura que le dejaba el piercing del ombligo a la vista. Era una colegiala. Se había atado el pelo en dos coletas. Los tatuajes se le veían por las piernas, el abdomen y el cuello y daban un contraste excelente entre nena y trola. Fue saltando como una nena hasta la cama. Se puso en cuatro mirándonos y dijo.
-A lo que vinimos, ¿no?.
Miré a Sergio y él me devolvió un gesto de afirmación mientras movía el sillón en el que estaba sentado para ver mejor. Respiré profundo. Los nervios se habían ido y subía la excitación. Me acerqué a Marina que me miraba con su mejor cara de puta. Este era su juego y ella me iba a guiar. Le ofrecí el cristal de MD con el dedo. Ella dijo:
-Papi, ¿Me dejás que mi novio me de droga?
-Si, mi cielo.- Dijo Sergio.
-No le vas a decir a mami, ¿no, papi?.
-No mi vida, es nuestro secreto.
Marina me chupó el dedo como una gata en celo, sin perder contacto visual conmigo.
-Papi, ¿le puedo ver la verga a mi novio?.
-Si, hija. Es tu novio.
Marina me bajó los pantalones, lentamente, liberando mi verga sin perder contacto visual conmigo.
-Papi, la tiene muy grande, ¿no te molesta?
-No, hija, mejor.
Marina sacó su lengua y tocó la punta de mi verga. Me guiñó el ojo con una sonrisa perversa.



Me gusta charlar por MD. Que me cuenten qué les pareció el relato, si se calentaron o qué. Pueden decirme como les gustaría que siga, darme ideas para otros o simplemente morbosear un rato.
2 comentarios - Dónde me metí - 2
Me calentó mucho.. espero la otra parte