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Me atraparon masturbandome

Me atraparon masturbandome
Me llamo Lu, tengo 28 años y ese día el estrés me tenía al borde del colapso. Me quedé más tarde en el trabajo porque el volumen de cosas pendientes era inhumano. El cuerpo me pesaba, la cabeza me latía y sentía esa presión caliente y molesta acumulándose entre las piernas, como si todo el agobio del día se hubiera convertido en pura necesidad.
Caminé rápido hacia el baño del fondo, ese chiquito de una sola persona. Cerré con llave, aunque la verdad es que ni me importaba tanto si alguien intentaba entrar. Me subí el vestido rojo que llevaba puesto, ese ajustado que me llegaba apenas por encima de la mitad del muslo. La tela se arrugó en mi cintura. Bajé la tanga roja de encaje hasta los tobillos, dejándola colgando de un pie mientras separaba las piernas.
Apoyé la espalda contra la pared fría de azulejos. Una mano fue directo al clítoris, ya hinchado y sensible, y empecé a frotar en círculos rápidos, casi con rabia. Con la otra mano me abrí un poco más y metí dos dedos de una sola vez. Estaba tan mojada que entraron sin resistencia, resbaladizos, calientes. Me mordí el labio para no gemir fuerte mientras me los metía hasta el fondo y los curvaba buscando ese punto que me hace perder la cabeza.
Iba a acabar rápido, lo sentía venir como una ola inevitable. Los dedos entraban y salían, el sonido húmedo se escuchaba clarito en el silencio del baño. El clítoris palpitaba bajo mi palma. Justo cuando estaba a punto de correrme, la puerta se abrió.
La mujer de la limpieza. Llaves en la mano, carrito afuera, cara de sorpresa que rápidamente se transformó en otra cosa. No dijo nada. Solo se quedó ahí, parada, mirando.
Y yo no paré.
No pude. No quise.
La miré a los ojos un segundo mientras seguía follándome con los dedos, más fuerte, más rápido. Ella no se movió. Yo tampoco. Sentí cómo el orgasmo me atravesaba entero, cómo la concha se contraía alrededor de mis dedos en espasmos violentos. Gemí bajito, casi un gruñido, mientras me corría mirándola fijo. El líquido me chorreó por la mano, por el interior de los muslos.
Treinta segundos. Tal vez menos.
Volví a empezar. No saqué los dedos. Solo seguí, más lento esta vez, pero sin parar. El segundo orgasmo llegó casi de inmediato, más corto, más sucio, más intenso. Me temblaron las piernas. Apoyé mejor la espalda en la pared para no caerme.
Ella seguía ahí. Inmóvil. Mirando.
Recuperé un poco el aire, los dedos todavía dentro, palpitando. La miré de arriba abajo, todavía con el vestido levantado y la tanga colgando de un tobillo.
—Andá a trabajar, negrita —le dije con voz ronca, casi burlona—. ¿Qué mirás tanto? ¿Nunca viste una mujer acabando?
Ella apretó los labios un segundo. Después, con esa calma que tienen algunas personas cuando saben que te tienen agarrada de las pelotas, me clavó los ojos y dijo, lenta, como saboreando cada palabra:
—Se te ve la concha de puta barata desde la puerta, reina. Y todavía goteás como si fueras la primera vez que te abrís. Qué patética.
Dio media vuelta, empujó el carrito y cerró la puerta sin apuro.
Me quedé ahí, con los dedos todavía dentro, el vestido arrugado, la tanga en el suelo y una mezcla rara de vergüenza, morbo y ganas de volver a empezar.

1 comentarios - Me atraparon masturbandome

Anonimus1208
Me.la.jalaria junto contigo bebé uffff porque no avisaste?