Me llamo Erick, tengo 37 años y, joder… nunca pensé que mi vida daría este giro tan sucio, tan humillante y, al mismo tiempo, tan jodidamente excitante.
Soy un tipo normalito. Estatura media, algo de pancita que se me nota cuando me quito la camisa, lentes de armazón grueso, piel morena, de esos que en la oficina todos dicen “Erick es buena onda, muy atento”. Educado hasta el cansancio. Y sí, ingenuo… demasiado ingenuo quizás.
Sara es mi esposa, llevamos 5 años de casados , no tenemos hijos , somos una pareja moderna que no desea hijos .Ella es mi maldita perdición con piernas. Tiene 34 años pero parece de 28, siempre con esa sonrisa pícara, distraída, como si el mundo le diera risa. Cabello negro larguísimo que le cae hasta la cintura, ojos que te miran inocentes… y luego ese cuerpo. Diosa. Unas tetas enormes, pesadas, que desafían cualquier blusa decente que se ponga. Areolas grandes, oscuras, marrones chocolate, y unos pezones gruesos que se le marcan cuando tiene frío… o cuando está cachonda. Cintura de avispa, y un culo redondo, parado, de esos que cuando camina parece que te está invitando a morderlo. Pero lo que más me enloquece, lo que me hace temblar de pura calentura enferma, es su coño. Pequeño, apretadísimo, labios finitos, siempre depilado a la perfección, como si fuera una niña traviesa jugando a ser adulta. Rosa por dentro, brillante, y cuando se moja… joder, se pone tan resbaloso que parece pedir a gritos que algo lo abra sin piedad.

Todo empezó un martes cualquiera. Estaba buscando unos documentos viejos en el clóset de Sara y encontré esa caja escondida detrás de las bolsas de zapatos. La abrí sin pensar… y ahí estaba. Un dildo negro, casi marrón oscuro, cabezón como puño, venoso, con una base ancha para que no se caiga cuando lo monta. Mediría fácil 24-25 centímetros, y el grosor… joder, mi pene promedio se veía ridículo al lado. Me quedé mirando esa cosa como idiota, imaginando cómo entraba y salía de mi esposa mientras yo no estaba. Me puse durísimo al instante. Me masturbé ahí mismo, en el cuarto, oliendo todavía la caja, pensando en Sara abriendo las piernas y metiéndoselo hasta el fondo mientras gemía mi nombre… pero no. No gemía mi nombre. Gemía por ese tamaño que yo nunca le podría dar.

No me podia quedar con la duda y la calentura, necesitaba que ella me explicara que hacia esa monstruosidad escondida , esperaba que me dijera algún pretexto como ;” es algo viejo que hace años no uso “ , “o un me lo regalo un amiga pero no me gusto” , pero la respuesta de ella fue rápida y con una sonrisa ; “ mi amor lo compre hace unas semanas por mercadolibre , me daba mucha curiosidad por videos porno, vi pollas marrones enormes y el morbo me hizo adquirirlo”. Yo conteste sacado de onda ;” me hubieras dicho” ella respondio con dulzura … ay mi bebe hermoso, temía como fueras a reaccionar” , ella me abrazo y me dijo al oido , cuando quieras lo usamos en la cama , tu me lo metes, seguido de unas risas de ambos y seguimos nuestra cotidianidad .
A partir de ahí todo se volvió una espiral. Cada noche empece a ver videos porno de BBC . También vi videos de Maridos normales viendo cómo negros o machos maduros se cogían a sus esposas. Me masturbaba hasta quedar seco imaginando a Sara con uno de esos. Y entonces… apareció la idea morbosa que estaba en mi subconsciente y “si consigo algún negro con una verga enorme”
En el trabajo me venia esa idea , una y otra vez sin parar , cuando estaba metido en mis pensamientos , me hablo mi compañero el tripon ..” hey cabron , porque estas tan distraído, que mierda piensas , te estoy platicando del juego de futbol y tu no pones atencion.
El antes nombrado como “tripón” es el señor Maxwell. Tiene 58 años casi por jubilarse, solteron , piel muy morena, casi negra, con muchos tatuajes , fuerte para su edad … es pesado, imponente. Ágil de mente, cabrón, de los que siempre gana las apuestas, de los que te mira fijo y sabes que te está midiendo. Y sí… le dicen tripón por los rumores en la empresa, que el tiene una verga monstruosa, gruesa como mi muñeca, con una tripa de venas que parece mapa, y que cuando se la saca… las mujeres se quedan mudas antes de empezar a gemir.

Regresando ala escena , desperte de mi trance y sin pensarlo mucho Invité al Tripón a la casa. “Oye Maxwell, ¿por qué no vienes el sábado a ver el clasico? Cervezas, botana, relajado”. Me dijo que sí ,con esa sonrisa lenta, de quien sabe más de lo que dice.
Antes del sabado le dije a mi mujer que vendría mi compañero maxwell (el tripon) a ver el juego , ella se sorprendió ya que no suelo invitar amigos tan seguido, ella solo conoce a el tripon por alguna posada o fiesta del trabajo.
En esos días ella y yo no habíamos follado, ya llevábamos unos 15 dias aprox sin nada, supongo que cada quien se masturbaba por su lado y asi estábamos bien . Mas sin embargo, la tension sexual se sentia en la casa.
El Sabado el tripón Llegó a las 6 de la tarde. Playera polo y unos jeans viejos. Sara lo saludó con esa alegría suya, dándole un abrazo rápido… pero noté cómo sus tetas se aplastaron contra el pecho de él un segundo más de lo normal. Él le dio una palmada suave en la espalda baja, casi en la curva del culo, y le dijo: “Qué guapa estás, Sarita… siempre tan fresca”.
Sara se quedo a acompañarnos ya que también es hincha del equipo.
Yo serví las cervezas con las manos temblando un poco. El partido empezó, pero yo apenas veía la pantalla. Solo podía mirar de reojo cómo Sara se sentaba en el sillón de enfrente, con ese vestido corto blanco, inocente… pero cuando se inclinaba a servir botana, las tetas se le salían casi del escote. El tripon no quitaba los ojos. Y ella… ella lo notaba. Y sonreía.
En el medio tiempo Sara dijo que iba por más hielo. El tripon se levantó “Te ayudo, reina”. Los seguí con la mirada mientras entraban a la cocina. Escuché risas bajas. Luego silencio. Luego… un gemidito corto, ahogado. Me quedé congelado en el sillón, con la verga latiendo dentro del pantalón.
Cuando volvieron, Sara tenía las mejillas rojas y se acomodaba el vestido. Maxwell traía la cubeta de hielo… y una sonrisa de ganador. Se sentó más cerca de ella esta vez. La pierna de él rozaba la de ella cada rato y su mano a aveces posaba en su rodilla .Yo fingía ver el partido, pero mi corazón me taladraba el pecho.

Y entonces, en un comercial, Sara se estiró como gata, arqueando la espalda, haciendo que sus tetas se levantaran obscenamente. “Ay, qué calor…” murmuró. El tripon soltó una risa ronca.
“Sí, está caliente la cosa aquí, ¿verdad Erick?” me dijo mirándome directo a los ojos.
Yo solo pude asentir, con la boca seca.
Sara se levantó, dijo que iba al baño. Pasó rozándome la pierna al salir. El tripón me miró, tranquilo, y me dijo bajito:
“Tu vieja está bien sabrosa, Erick… y creo que ella lo sabe. ¿Te la follas diario?” “Eres un suertudo”
No contesté. No pude.
Porque en el fondo… quería que él siguiera hablando. Quería que él siguiera hablando. Quería verlo todo.
Sara termino aburriéndose del juego y se fue a dormir , el tripon y yo terminamos de ver el juego solos , el volvió al tema ,me pregunto “ Sara y tu no juegan en la cama cosas nuevas? .
Yo conteste “si claro nos gusta experimentar”
; “eso es bueno erick , como pareja deben de hacer cosas nuevas y morbosas” .
El insistió “ ella es caliente?” , yo ya estaba rojo por las bebidas alcohólicas y sentí que era suficiente, que se me podría salir algo subido de tono “ si ella es muy cachonda , pero ya no seas cabron eso es privado , mejor veamos el juego, solté una carcajada y el también.
esa noche mas tarde, cuando el tripon se fue, Sara me folló como nunca. Me montó con furia, pero sus gemidos eran distintos… más profundos, más hambrientos. Ella saco el dildo y me hizo clavárselo hasta el fondo , hacia tiempo que no la veía así Y cuando se corrió, con el dildo adentro ,apretando con ese coñito perfecto, juro que la escuché susurrar algo que sonó peligrosamente como:

“Más grande… necesito más grande…”
Y yo, idiota que soy… me corrí encima de ella pensando en la tripa monstruosa del Tripón abriéndola entera mientras yo miro desde la esquina, con la verga goteando y el corazón a punto de reventar.
La semana siguiente fue una puta tortura deliciosa. Cada día en la oficina sentía que el Tripón me miraba diferente, como si ya supiera que yo era su cornudo en potencia. Me saludaba con esa palmada pesada en el hombro, esa risa grave que retumbaba en mi pecho, y siempre soltaba algún comentario inocente pero cargado: “¿Cómo está Sarita, Erick? ¿Sigue tan… animada?”. Yo me ponía rojo como idiota, balbuceaba algo y él se iba riendo bajito, sabiendo que me tenía agarrado de los huevos.
Sara, por su parte, se había vuelto más descarada. Empezó a ponerse ropa que antes guardaba para “ocasiones especiales”. Blusas escotadas que dejaban ver el borde de esos sostenes push-up que hacían que sus tetas parecieran a punto de reventar, faldas cortitas que subían peligrosamente cuando se agachaba a recoger algo. Y siempre, siempre, me miraba con esa carita de niña buena mientras se cambiaba frente al espejo del cuarto, preguntándome con voz dulce: “¿Te gusta cómo me veo, amor? ¿Crees que a los demás también les guste?”.


Yo ya no aguantaba. Me la cogía todas las noches con el dildo y una desesperación patética, pero ella… ella ya no gemía igual. Se mordía el labio, cerraba los ojos, y yo sentía que se imaginaba otra cosa. Otra verga. Más gruesa. Más larga. Más oscura. Una noche, mientras la tenía encima, cabalgándome despacio, me susurró al oído con voz ronca:
“¿Te imaginas si alguien más me abriera así, Erick? ¿Alguien que me llenara de verdad… hasta que no pueda más?”.
Me corrí tan fuerte que casi me desmayo. Ella se rió bajito, me besó la frente y se fue al baño a limpiarse, dejándome ahí tirado, con la verga todavía goteando y la cabeza llena de imágenes enfermas.
El siguiente sábado llegó la revancha. volví a invitar al Tripón. Esta vez no hubo excusa de partido. Le dije que íbamos a tomar unos tequilas ,comer tacos, platicar, relajarnos. Él llegó vestido con playera sin mangas, bermuda y con una botella de tequila barata pero fuerte, de esos que queman la garganta y sueltan la lengua. Sara abrió la puerta con un vestido veraniego con florecitas, con un sostén violeta. Se le marcaban los pezones duros desde el primer segundo. Maxwell la miró de arriba abajo sin disimulo y soltó un “Mamacita… hoy sí te luciste”.
Nos sentamos en la sala. Yo en el sillón de siempre, ellos dos en el sofá grande. Sara se sentó a su lado, cruzando las piernas de forma que la falda se le subiera un poco. Conversaban, reían , comían , y yo solo podía ver cómo la mano grande de él, callosa y oscura, descansaba en el respaldo, rozando apenas el hombro desnudo de mi mujer.
En un momento Sara dijo que iba por más limones para el tequila . El tripon se levantó al instante: “Te acompaño, reina, que esto se está poniendo bueno”. Los vi entrar a la cocina. Escuché risas. Luego un silencio largo. Luego… el sonido inconfundible de un beso profundo, húmedo, de esos que no dejan espacio para dudas. Risas ,Gemidos ahogados. Una mano que sube por la pierna. El golpe suave de una nalga siendo apretada.

Me quedé paralizado. La verga me dolía de lo dura que estaba. No me moví. Solo escuché.
Cuando volvieron, Sara traía los limones , pero tenía el labio inferior hinchado y las mejillas ardiendo. El tripón se sentó más pegado a ella, con una pierna sobre el sofá, casi encerrándola. La mano que antes estaba en el respaldo ahora descansaba abierta sobre su muslo, los dedos grandes abarcando casi toda la carne suave. Sara no lo quitó. Al contrario… se acomodó más cerca.
El tripon me miró directo, con esa sonrisa de depredador viejo y experimentado.
Erick , Sara, que les parece si hacemos un juego , “ traigo estas cartas el que saque la mas baja , pierde y tiene que decir una verdad o hacer un castigo ,si no lo hace tiene que dar dinero a los demás”.
Sara y yo aceptamos , y el juego comenzó , sacamos las cartas, a mi me salió una jota, a Sara una reina y a el tripón un rey .el sonrió y dijo “los naipes nunca mienten” , que prefieres Erick, verdad o castigo y conteste verdad , el pregunto “ que es lo mas atrevido que has hecho con Sara en la cama ?” Yo no pude contestar y Perdi 10 verdes.

después el tripon perdió y de castigo se quito la playera dejando a la vista su cuerpo , viejo curtido y tatuado, el alcohol hacia lo suyo ,había buena quimica entre ellos, dos parecian grandes amigos , bromeaban acerca delas tetas y se tocaban como si se conocieran de toda una vida .


En la siguiente jugada Sara saco un as de espadas , el tripon un rey nuevamente y yo un 3 de corazones; sara habia sacado la carta mas baja y pidió decir una verdad , el tripon se adelanto “ de que color es tu brasier? ,Ella “ es color violeta “ acto seguido, nos lo mostró dejando al descubierto sus tetas, aprisionadas como globos en ese bra de encaje . El y yo aplaudimos, y el juego siguió. alguna vez , perdí yo , entregue dinero, otra perdió el tripon, también dio dinero , ella perdió y ella eligio verdad , me toco preguntarle…… “ el tamaño importa?” , ella “ si importa”


El tripón rio a carcajada “ jajaja es bueno saber eso”
,el juego avanzo sin nada relevante pero subia de tono, el jugaba mucho con ella y reian
y a continuación sara perdio dos veces seguidas en la primera ella solicito castigo , yo la castigue “que le chupara un dedo a Maxwell” , ella lo hizo muy feliz , tomándose todo el tiempo del mundo , el tripon Maxwell ya estaba demasiado animado queria comersela viva .


En la siguiente volvio a perder , y que creen que prefirio? …. Castigo, le estaba gustando y excitando ser castigada , ahora le toco a el aplicar la pena , “ Sara, muéstranos , tus pantys “ , yo pense que ella nos daria dinero pero no fue asi . Sara cerro sus ojos ,abrio sus piernas levanto su falda y mostro su panty violeta de encaje , la cual se notaba una mancha de humedad ….. mi esposa estaba humeda de ahi abajo ….
el viejo estaba incredulo ……

“Erick… tu mujer está muy caliente hoy. Creo que necesita algo que la calme. ¿Tú qué dices, amigo? ¿Me dejas ayudarla ?”
Sara soltó una risita nerviosa, pero no dijo que no. Me miró con ojos brillantes, cachondos, y murmuró bajito:
“Solo… solo un poquito, amor. Para ver cómo se siente. Te juro que después nos olvidamos de esto ”.

Yo no contesté. Solo tragué saliva. Y asentí una sola vez, temblando.
Maxwell no esperó más. Le levantó el vestido con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Sara levanto las piernas poquito a poco, dejando ver aun mas ese panty de encaje violeta ya empapada, Él metió los dedos por el borde, los deslizó despacio y sacó un gemido largo de mi mujer cuando le rozó el clítoris hinchado.


“Qué rico coñito tienes, Sarita… tan pequeñito y ya chorreando por un viejo como yo”.
Se bajo el short sin prisa. Bajó el boxer. Y entonces… la sacó.
Joder. Era monstruosa. Gruesa como mi antebrazo, venosa, casi negra, con una cabeza gorda y brillante que parecía latir sola. Mediría fácil 24-25 centímetros, y el grosor… Dios, su coño apretado iba a sufrir. Sara la miró con ojos muy abiertos, mordiéndose el labio, y soltó un “Ay no mames el rumor era cierto… está enorme”.

El tripon la agarró por la nuca con una mano, la otra en su verga, y la guió despacio hacia abajo. Sara se arrodilló entre sus piernas, el vestido subido hasta la cintura, las tetas de fuera , el culo en pompa hacia mí. La vi abrir la boca, intentando meter esa punta gorda. Apenas entraba la cabeza. Bababa como loca, gimiendo alrededor del tronco. Él le agarraba el cabello largo con las dos manos y empujaba poquito a poco, abriéndole la garganta.
Yo me había sacado la verga sin darme cuenta. Me pajeaba lento, mirando cómo mi esposa luchaba por meterse más de esa bestia en la boca. Lágrimas en los ojos, saliva chorreando por la barbilla, y aun así empujaba más.
Después de unos minutos el tripon la levantó como si no pesara nada. La sentó en el sofá, le quitó las bragas de un tirón y me las lanzo a la cara. Sara abrió las piernas bien anchas, el coñito pequeño y brillante abierto hacia mí. Él se escupió en la mano y metió 2 dedos en la raja de ella , después bajo su enorme boca hacia la intimida de mi amada y encajo toda la lengua adentro , asi estuvo unos minutos, mamando el coño de mi querida esposa ,hasta que el se canso . ella temblaba con los ojos cerrados supuse que ya habia llegado al orgasmo , el tripon se levanto y le entregue un condon en la mano, el hizo una mueca, se lo puso a regañadientes y con los jugos de ella se untó en la verga y la colocó en la entrada.

“Respira hondo, mamacita… esto va a doler rico”.Empujó despacio. La cabeza entró con un sonido húmedo y obsceno. Sara gritó, mitad dolor mitad placer, y clavó las uñas en los hombros de él. Centímetro a centímetro, él la fue abriendo. Su abdomen rozaba el de ella. Sara gemía sin parar: “Ay Dios… me estás matando… es demasiado… no pares…”.



Cuando llegó hasta el fondo, con más de la mitad adentro (porque ni todo entraba), se quedó quieto un segundo. Sara temblaba entera, los ojos en blanco. Luego empezó a moverse. Lento. Muy lento. Sacándola casi toda y volviendo a meterla, cada embestida más profunda.
Yo me corrí en la mano sin tocarme más, solo mirando cómo esa verga negra desaparecía dentro de mi esposa una y otra vez, cómo sus tetas rebotaban con cada golpe, cómo ella gritaba “Más duro… por favor… rómpeme el coñito…”.
El continuo bombeando con buen ritmo , me sorprendió la potencia fisica para su edad . La movió y la puso en cuatro patas Asi siguió con penetraciones mas fuertes , las tetones de Sara solo se balanceaban bruscamente y de vez en cuando el los apretaba sin parar de detonar . por fin ambos comenzaron a gritar escandalosamente y al unisono ella exclamo “me corro me corro!!! Estoy llena muy llena!!! “.
El saco su enorme polla se escucho un ruido de vacío en el coño “plop” ,quito el preservativo y arrojo su semen sobre el ojete y la raja desflorada .
Y él, el pinche Tripón, me miró mientras se la sacudía sobre ella, con una sonrisa triunfal, y me dijo:
“Tranquilo, Erick… esto apenas empieza.
Después de que el Tripón se corrió sobre Sara, el aire de la sala olía a sexo puro: sudor, semen espeso, coño mojado y ese olor fuerte a macho viejo que me ponía la piel de gallina.
Sara estaba tirada en el sofá, las piernas abiertas todavía temblando, el vestido arrugado en la cintura como un trapo. Entre sus muslos, un río blanco y espeso empezaba a escurrir hasta llegar a su coño abierto. No era el mío. Era el de él. Grueso, abundante, cremoso… se escurría lento por sus labios hinchados y rosados que ya no estaban tan cerraditos como antes. La había dejado marcada, estirada, con ese hueco que antes era solo mío ahora luciendo como una boca hambrienta que pedía más.
El tripón se subió los shorts con calma, la verga todavía medio dura colgando pesada, brillante de jugos y saliva. Me miró con esa sonrisa de ganador eterno y me dijo, casi susurrando:
“Te la dejo calentita, Erick. Anda, ve a recoger lo que te dejé de regalo… que tu mujercita necesita que la cojas bien antes de dormir.”
Sara me miró con ojos vidriosos, la respiración entrecortada. Se mordió el labio inferior y murmuró con voz ronca, casi suplicante:
“Ven, amor… ven a verme… quiero que lo sientas… que sientas cuánto me abrió…”
No sé cómo llegué hasta ahí. Las piernas me temblaban. Me arrodillé entre sus muslos abiertos, el olor a sexo me golpeó directo en la cara. Su coño estaba rojo, inflamado, los labios gruesos y separados, y ese semen blanco espeso cayendo en hilos lentos, mezclándose con sus propios jugos. Me acerqué más. Sara me agarró del cabello con suavidad, como si fuera una niña guiando a su juguete favorito.
“Lámelo, Erick… lame todo lo que me dejó el Tripón… quiero que lo pruebes… que sepas a qué sabe un hombre de verdad cuando me llena…”

Abrí la boca y puse la lengua en su entrada. El sabor era fuerte, salado, amargo, caliente. Semen fresco mezclado con el dulzor de su coño. Empecé a lamer despacio, recogiendo cada gota escurrida , me levante y e intente meter mi polla pero estaba muy flácida, volví a poner mi boca en ese agujero ,que ya no era tan pequeño. Nunca había visto su vagina así , tan floja , tan grande, Sara gemía bajito, moviendo las caderas para que mi lengua entrara más profundo.
“Más adentro… métela toda, mas!!! … sin embargo ya era todo , yo no podía llegar mas profundo ,entonces ella casi molesta, me quito y dijo “chúpame el semen de ese viejo mejor cabrón…”
Yo obedecía como idiota. Lamía, succionaba, tragaba. Sentía cómo su clítoris hinchado latía contra mi boca cada vez que pasaba por ahí. Ella se corrió otra vez, temblando, apretándome la cara contra su coño mientras gritaba mi nombre… pero yo sabía que en su cabeza seguía siendo él quien la había hecho gritar así.
Cuando terminamos en la sala, Maxwell se despidió con un beso profundo en la boca de Sara, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras yo miraba desde el suelo, con la cara empapada de sus fluidos. Luego me dio una palmada en la nuca y dijo:
“Nos vemos pronto niño, Erickcito . La próxima te la cojere en su cama… y tú vas a ayudar a que entre mejor.”
Sara y yo subimos las escaleras en silencio. Ella caminaba con las piernas un poco abiertas, todavía goteando. Entramos al cuarto matrimonial, nuestra cama grande, la que habíamos comprado cuando nos casamos, llena de recuerdos “normales”. Ahora iba a ser testigo de algo muy distinto.
Sara se quitó el vestido y se quedó desnuda, las tetas pesadas cayendo naturales, los pezones duros y oscuros apuntando al techo. Se tiró boca arriba, abrió las piernas y me miró con esa sonrisa perversa que me volvía loco.
“Ven, amor… ahora sí, cógeme tú . Quiero sentirte después de él… quiero que sientas lo flojita que me dejó…”
Me quité la ropa temblando ,ahora si ,mi pene reaccionaba . Cuando me subí encima y metí la verga… joder. Era otro mundo. Entré sin resistencia, como si mi pene promedio nadara en un mar caliente y viscoso. El semen del Tripón nos pegaba por fuera , lubricando todo, haciendo que cada embestida sonara chapoteante, obscena. Sara gemía, pero no como antes… era un gemido más suave, casi burlón.
“¿Lo sientes, Erick? ¿Sientes cómo me abrió? Tu cosita ya no toca las paredes… solo chapotea … ¿te gusta saber que otro hombre que la tiene grande me lleno ?”
Yo empujaba con furia, desesperado, pero ella solo se gemia bajito, apretándome con los muslos, susurrándome al oído cosas que me hacían correrme más rápido de lo que quería:
“La próxima vez lo invito aquí… a nuestra cama… y tú vas a estar ayudandolo, sosteniéndole las bolas mientras me la mete hasta el útero… vas a ver cómo mi pancita se hincha cada vez que empuja… vas a olerlo todo, vas a lamerlo todo…”
Me corrí dentro de ella en menos de dos minutos, mi semen era ridículo… apenas se notaba. Sara me abrazó fuerte, me besó la frente y murmuró:
“Gracias, amor… por traerme este hombre con esa enorme cosa . Mañana le digo que venga… y esta vez no te va a dejar mirar nomás. Vas a participar… vas a cooperar.”
Me quedé ahí, encima de ella, con la verga ablandándose dentro de ese coño usado, caliente y recien follado por otro hombre. Y lo peor… lo más enfermo… es que ya estaba pensando en cómo iba a ser mañana.
En cómo iba a ver esa verga monstruosa entrar y salir de mi esposa en nuestra propia cama.
En cómo iba a auxiliar al Tripón mientras él la parte en dos.
En cómo iba a dormir con el sabor de los dos en la boca.
Y joder… nunca me había sentido tan vivo.
La noche siguiente fue como si el infierno y el paraíso se hubieran mudado a nuestra casa. Sara no esperó ni un día entero. Al mediodía ya le había mandado un mensaje al Tripón: “Ven esta noche, papi… Erick está ansioso por verte en acción de nuevo”. Yo lo vi en su teléfono mientras ella se duchaba, y en lugar de enojarme, me puse duro como una piedra. Era oficial: mi esposa era adicta a esa verga monstruosa, y yo era adicto a verla convertida en una puta por ella.
El tripon llegó a las 8 de la noche, con una maleta pequeña en la mano, como si ya supiera que esto no iba a ser una visita rápida. Traía una camisa hawaiana floja y unos shorts anchos que dejaban adivinar el bulto pesado entre sus piernas. Sara lo recibió en la puerta con un beso profundo, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras yo observaba desde la sala, con las manos sudando. “Pasa, amor… esta noche es tuya. Y nuestra”, le dijo ella, guiñándole un ojo a mí.
Subimos directo al cuarto matrimonial. Sara se había cambiado a un body de red negro transparente que apenas contenía sus tetas enormes; se le veían las areolas marrones grandes como platos, y los pezones duros apuntando como balas. Su culo parado se marcaba perfecto bajo la tela, y entre las piernas, el coñito depilado y ya brillante de anticipación.
El tripon se sentó en la orilla de la cama, nuestra cama, y nos miró a los dos con esa autoridad de macho alfa que me hacía sentir como un niño. “Quítate la ropa, Erick. Y arrodíllate aquí al lado. Vas a ayudar a que tu mujercita se prepare para mí”. Obedecí sin chistar, temblando de excitación humillante. Me quedé desnudo, con mi pene promedio tieso pero ridículo al lado de lo que sabía que venía.
Sara se acercó a él, moviendo las caderas como una perra en celo. el le agarró las tetas con las manos grandes, apretándolas despacio, pellizcando los pezones hasta que ella gimió. “Mira esto, cornudo… estas ubres son mías ahora. ¿Verdad, Sarita?” Ella asintió, mordiéndose el labio: “Sí, papi… todo mío es tuyo. Mi coño, mi culo, mi boca… todo para esa tripa enorme tuya”.
Me hizo un gesto con la cabeza. “Ven aquí, Erick. Abrele las piernas a tu esposa”. Me acerqué gateando, sintiéndome patético y caliente al mismo tiempo. Sara se recostó en la cama, abrió las piernas en V, y yo las sostuve abiertas con las manos, exponiendo su coñito pequeño y apretado que ya chorreaba jugos claros. Maxwell se bajó los shorts despacio, y ahí estaba de nuevo: esa verga negra, gruesa como mi brazo, venosa y cabezona, latiendo como un animal vivo. Olía a macho, a sudor y a poder.
“Ahora, cornudito… escupe en mi verga para que entre bien lubricada en tu mujer, esta vez va a ser a mi manera, sin condones ”. No podía creerlo. Me incliné, escupí esa enorme cabeza lo más que pude, y Sara me miraba con ojos brillantes y murmuraba: “Ay amor… mírate… preparándome para que me rompa”. El tripon me acaricio el cabello y dijo Buen chico… así, moja bien mi tripa, para que le entre hasta el fondo a tu amada esposa”.
Después de unos minutos que parecieron eternos, me apartó. “Ahora ayúdame a meterla”. Sara estaba temblando de anticipación. Yo agarré esa verga al natural ,caliente , pesada con una mano (apenas la abarcaba), la coloqué en la entrada de su coño desprotegido, y el empujó despacio. Vi de cerca cómo los labios rosados de mi esposa se abrían como una flor, estirándose al máximo alrededor de esa cabeza monstruosa. Sara gritó: “Ay Dios… me está partiendo de nuevo… es tan gorda… no paren, … métanla toda”. Centímetro a centímetro, entró, y yo ahota sostenía a ella , sus piernas abiertas, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba. Cuando llegó al fondo, con su abdomen rozando el de ella, Sara se corrió al instante, temblando entera, su coño apretando esa verga como si quisiera tragársela.

Mi amo empezó a bombear lento, muy lento al principio. Sacaba casi toda la verga, brillante de jugos, y la metía de nuevo con un golpe seco que hacía rebotar las tetas de Sara. Yo estaba ahí, a un lado, pajeándome despacio, mirando cómo su coñito se deformaba con cada embestida. “Tócale las tetas, Erick… masajéalas mientras me cojo a tu esposa”. Extendí la mano y las agarré: pesadas, bamboleantes, . Las masajeé despacio, sintiendo cómo se movían brusco cada vez que él empujaba más profundo.
Sara gemía sin parar: “Más duro, papi… rómpeme… haz que mi pequeño erick vea cómo me llenas… ay Erick, míralo… su verga me llega hasta el estómago… la tuya nunca me hace sentir así”. Me dolía, pero me ponía más caliente. Nuestro amo ahora aceleró el ritmo, follándola ahora con fuerza, la cama crujiendo bajo su peso. Sus tetas rebotaban como locas, los pezones duros r. Sara se corrió dos veces más, gritando, clavando las uñas en su espalda.

Al final, el tripon gruñó como un toro: “Me vengo, Sarita… toma toda mi leche en ese coño apretado”. Empujó hasta el fondo y se quedó quieto, latiendo dentro de ella. Vi cómo sus bolas se vaciaban, bombeando chorros espesos directo al útero de mi esposa. Cuando la sacó, un río de semen blanco salió chorreando, empapando las sábanas. Sara me miró, jadeando: “Ven, amor… límpieme… lame todo lo que me dejó muestro amo”.

Gateé entre sus piernas y metí la lengua en ese coño abierto y rojo, tragando la mezcla salada de semen y jugos. El tripon me miró riendo: “Bien pequeño… eso es. Limpia bien, que voy a volver a meterla en un rato”.
Esa noche folló a Sara tres veces más. La segunda vez la puso en cuatro, con el culo en pompa, y me obligó a lamerle el ano mientras él la embestía por detrás. Sentí cómo su verga entraba y salía a centímetros de mi lengua, el olor a sexo invadiendo todo. La tercera vez la montó ella, cabalgando esa tripa como una vaquera, sus tetas rebotando en la cara de él, y yo tuve que chuparle los pezones a Sara mientras ella gemía: “Ay papi… tu verga es adictiva… no quiero otra cosa”. La cuarta fue en la madrugada, con Sara dormida de lado, y él la penetró con cariño y despacio desde atrás, mientras yo lamía sus pies.

Al amanecer, Sara se despertó acurrucada contra el pecho peludo de el, con una mano en su verga flácida pero todavía impresionante. Yo estaba en el borde, exhausto, con la cara pegajosa. Ella me miró con ojos llenos de algo nuevo: no solo lujuria, sino amor enfermizo. “Erick… amor… no puedo vivir sin esto. Sin él. Su verga me hace sentir viva, completa… me enamora cada vez que me abre. Pero te amo a ti. Eres mi esposo, mi compañero… no podría sin tus besos, sin tu ternura. Necesito a los dos”.
El tripon se despertó riendo bajito. “¿Qué dices, Sarita? ¿Quieres que me mude aquí? ¿Que sea el macho de la casa mientras tu erick nos cuida?” Sara asintió, mordiéndose el labio: “Sí, papi… ven a vivir con nosotros. Tú en nuestra cama todas las noches, follándome como quieras, y Erick… Erick nos ayudará, nos limpiará, nos verá. Seremos una familia sucia y perfecta”.
Yo no dije nada. Solo asentí, con el corazón latiendo fuerte. Porque en el fondo, lo quería. Quería ver cómo mi esposa se enamoraba más y más de esa verga enorme, cómo se volvía su esclava sexual, pero seguía siendo mía en el alma. Quería lamer sus restos todas las mañanas, prepararles el desayuno mientras ellos follan en la cocina, y dormir en el sofá escuchando sus gemidos.
Esa misma semana, nuestro señor trajo sus cosas. Se mudó a nuestra casa, a nuestra cama. Ahora duerme en el medio, con Sara pegada a su lado, y yo al borde, listo para servir. Ella lo ama por esa tripa que la parte en dos, pero me ama a mí por ser el cornudo perfecto que la deja ser libre. Y yo… yo amo esta humillación eterna, este morbo que me consume y que me hace feliz.
FIN
Soy un tipo normalito. Estatura media, algo de pancita que se me nota cuando me quito la camisa, lentes de armazón grueso, piel morena, de esos que en la oficina todos dicen “Erick es buena onda, muy atento”. Educado hasta el cansancio. Y sí, ingenuo… demasiado ingenuo quizás.
Sara es mi esposa, llevamos 5 años de casados , no tenemos hijos , somos una pareja moderna que no desea hijos .Ella es mi maldita perdición con piernas. Tiene 34 años pero parece de 28, siempre con esa sonrisa pícara, distraída, como si el mundo le diera risa. Cabello negro larguísimo que le cae hasta la cintura, ojos que te miran inocentes… y luego ese cuerpo. Diosa. Unas tetas enormes, pesadas, que desafían cualquier blusa decente que se ponga. Areolas grandes, oscuras, marrones chocolate, y unos pezones gruesos que se le marcan cuando tiene frío… o cuando está cachonda. Cintura de avispa, y un culo redondo, parado, de esos que cuando camina parece que te está invitando a morderlo. Pero lo que más me enloquece, lo que me hace temblar de pura calentura enferma, es su coño. Pequeño, apretadísimo, labios finitos, siempre depilado a la perfección, como si fuera una niña traviesa jugando a ser adulta. Rosa por dentro, brillante, y cuando se moja… joder, se pone tan resbaloso que parece pedir a gritos que algo lo abra sin piedad.

Todo empezó un martes cualquiera. Estaba buscando unos documentos viejos en el clóset de Sara y encontré esa caja escondida detrás de las bolsas de zapatos. La abrí sin pensar… y ahí estaba. Un dildo negro, casi marrón oscuro, cabezón como puño, venoso, con una base ancha para que no se caiga cuando lo monta. Mediría fácil 24-25 centímetros, y el grosor… joder, mi pene promedio se veía ridículo al lado. Me quedé mirando esa cosa como idiota, imaginando cómo entraba y salía de mi esposa mientras yo no estaba. Me puse durísimo al instante. Me masturbé ahí mismo, en el cuarto, oliendo todavía la caja, pensando en Sara abriendo las piernas y metiéndoselo hasta el fondo mientras gemía mi nombre… pero no. No gemía mi nombre. Gemía por ese tamaño que yo nunca le podría dar.

No me podia quedar con la duda y la calentura, necesitaba que ella me explicara que hacia esa monstruosidad escondida , esperaba que me dijera algún pretexto como ;” es algo viejo que hace años no uso “ , “o un me lo regalo un amiga pero no me gusto” , pero la respuesta de ella fue rápida y con una sonrisa ; “ mi amor lo compre hace unas semanas por mercadolibre , me daba mucha curiosidad por videos porno, vi pollas marrones enormes y el morbo me hizo adquirirlo”. Yo conteste sacado de onda ;” me hubieras dicho” ella respondio con dulzura … ay mi bebe hermoso, temía como fueras a reaccionar” , ella me abrazo y me dijo al oido , cuando quieras lo usamos en la cama , tu me lo metes, seguido de unas risas de ambos y seguimos nuestra cotidianidad .
A partir de ahí todo se volvió una espiral. Cada noche empece a ver videos porno de BBC . También vi videos de Maridos normales viendo cómo negros o machos maduros se cogían a sus esposas. Me masturbaba hasta quedar seco imaginando a Sara con uno de esos. Y entonces… apareció la idea morbosa que estaba en mi subconsciente y “si consigo algún negro con una verga enorme”
En el trabajo me venia esa idea , una y otra vez sin parar , cuando estaba metido en mis pensamientos , me hablo mi compañero el tripon ..” hey cabron , porque estas tan distraído, que mierda piensas , te estoy platicando del juego de futbol y tu no pones atencion.
El antes nombrado como “tripón” es el señor Maxwell. Tiene 58 años casi por jubilarse, solteron , piel muy morena, casi negra, con muchos tatuajes , fuerte para su edad … es pesado, imponente. Ágil de mente, cabrón, de los que siempre gana las apuestas, de los que te mira fijo y sabes que te está midiendo. Y sí… le dicen tripón por los rumores en la empresa, que el tiene una verga monstruosa, gruesa como mi muñeca, con una tripa de venas que parece mapa, y que cuando se la saca… las mujeres se quedan mudas antes de empezar a gemir.

Regresando ala escena , desperte de mi trance y sin pensarlo mucho Invité al Tripón a la casa. “Oye Maxwell, ¿por qué no vienes el sábado a ver el clasico? Cervezas, botana, relajado”. Me dijo que sí ,con esa sonrisa lenta, de quien sabe más de lo que dice.
Antes del sabado le dije a mi mujer que vendría mi compañero maxwell (el tripon) a ver el juego , ella se sorprendió ya que no suelo invitar amigos tan seguido, ella solo conoce a el tripon por alguna posada o fiesta del trabajo.
En esos días ella y yo no habíamos follado, ya llevábamos unos 15 dias aprox sin nada, supongo que cada quien se masturbaba por su lado y asi estábamos bien . Mas sin embargo, la tension sexual se sentia en la casa.
El Sabado el tripón Llegó a las 6 de la tarde. Playera polo y unos jeans viejos. Sara lo saludó con esa alegría suya, dándole un abrazo rápido… pero noté cómo sus tetas se aplastaron contra el pecho de él un segundo más de lo normal. Él le dio una palmada suave en la espalda baja, casi en la curva del culo, y le dijo: “Qué guapa estás, Sarita… siempre tan fresca”.
Sara se quedo a acompañarnos ya que también es hincha del equipo.
Yo serví las cervezas con las manos temblando un poco. El partido empezó, pero yo apenas veía la pantalla. Solo podía mirar de reojo cómo Sara se sentaba en el sillón de enfrente, con ese vestido corto blanco, inocente… pero cuando se inclinaba a servir botana, las tetas se le salían casi del escote. El tripon no quitaba los ojos. Y ella… ella lo notaba. Y sonreía.
En el medio tiempo Sara dijo que iba por más hielo. El tripon se levantó “Te ayudo, reina”. Los seguí con la mirada mientras entraban a la cocina. Escuché risas bajas. Luego silencio. Luego… un gemidito corto, ahogado. Me quedé congelado en el sillón, con la verga latiendo dentro del pantalón.
Cuando volvieron, Sara tenía las mejillas rojas y se acomodaba el vestido. Maxwell traía la cubeta de hielo… y una sonrisa de ganador. Se sentó más cerca de ella esta vez. La pierna de él rozaba la de ella cada rato y su mano a aveces posaba en su rodilla .Yo fingía ver el partido, pero mi corazón me taladraba el pecho.

Y entonces, en un comercial, Sara se estiró como gata, arqueando la espalda, haciendo que sus tetas se levantaran obscenamente. “Ay, qué calor…” murmuró. El tripon soltó una risa ronca.
“Sí, está caliente la cosa aquí, ¿verdad Erick?” me dijo mirándome directo a los ojos.
Yo solo pude asentir, con la boca seca.
Sara se levantó, dijo que iba al baño. Pasó rozándome la pierna al salir. El tripón me miró, tranquilo, y me dijo bajito:
“Tu vieja está bien sabrosa, Erick… y creo que ella lo sabe. ¿Te la follas diario?” “Eres un suertudo”
No contesté. No pude.
Porque en el fondo… quería que él siguiera hablando. Quería que él siguiera hablando. Quería verlo todo.
Sara termino aburriéndose del juego y se fue a dormir , el tripon y yo terminamos de ver el juego solos , el volvió al tema ,me pregunto “ Sara y tu no juegan en la cama cosas nuevas? .
Yo conteste “si claro nos gusta experimentar”
; “eso es bueno erick , como pareja deben de hacer cosas nuevas y morbosas” .
El insistió “ ella es caliente?” , yo ya estaba rojo por las bebidas alcohólicas y sentí que era suficiente, que se me podría salir algo subido de tono “ si ella es muy cachonda , pero ya no seas cabron eso es privado , mejor veamos el juego, solté una carcajada y el también.
esa noche mas tarde, cuando el tripon se fue, Sara me folló como nunca. Me montó con furia, pero sus gemidos eran distintos… más profundos, más hambrientos. Ella saco el dildo y me hizo clavárselo hasta el fondo , hacia tiempo que no la veía así Y cuando se corrió, con el dildo adentro ,apretando con ese coñito perfecto, juro que la escuché susurrar algo que sonó peligrosamente como:

“Más grande… necesito más grande…”
Y yo, idiota que soy… me corrí encima de ella pensando en la tripa monstruosa del Tripón abriéndola entera mientras yo miro desde la esquina, con la verga goteando y el corazón a punto de reventar.
La semana siguiente fue una puta tortura deliciosa. Cada día en la oficina sentía que el Tripón me miraba diferente, como si ya supiera que yo era su cornudo en potencia. Me saludaba con esa palmada pesada en el hombro, esa risa grave que retumbaba en mi pecho, y siempre soltaba algún comentario inocente pero cargado: “¿Cómo está Sarita, Erick? ¿Sigue tan… animada?”. Yo me ponía rojo como idiota, balbuceaba algo y él se iba riendo bajito, sabiendo que me tenía agarrado de los huevos.
Sara, por su parte, se había vuelto más descarada. Empezó a ponerse ropa que antes guardaba para “ocasiones especiales”. Blusas escotadas que dejaban ver el borde de esos sostenes push-up que hacían que sus tetas parecieran a punto de reventar, faldas cortitas que subían peligrosamente cuando se agachaba a recoger algo. Y siempre, siempre, me miraba con esa carita de niña buena mientras se cambiaba frente al espejo del cuarto, preguntándome con voz dulce: “¿Te gusta cómo me veo, amor? ¿Crees que a los demás también les guste?”.


Yo ya no aguantaba. Me la cogía todas las noches con el dildo y una desesperación patética, pero ella… ella ya no gemía igual. Se mordía el labio, cerraba los ojos, y yo sentía que se imaginaba otra cosa. Otra verga. Más gruesa. Más larga. Más oscura. Una noche, mientras la tenía encima, cabalgándome despacio, me susurró al oído con voz ronca:
“¿Te imaginas si alguien más me abriera así, Erick? ¿Alguien que me llenara de verdad… hasta que no pueda más?”.
Me corrí tan fuerte que casi me desmayo. Ella se rió bajito, me besó la frente y se fue al baño a limpiarse, dejándome ahí tirado, con la verga todavía goteando y la cabeza llena de imágenes enfermas.
El siguiente sábado llegó la revancha. volví a invitar al Tripón. Esta vez no hubo excusa de partido. Le dije que íbamos a tomar unos tequilas ,comer tacos, platicar, relajarnos. Él llegó vestido con playera sin mangas, bermuda y con una botella de tequila barata pero fuerte, de esos que queman la garganta y sueltan la lengua. Sara abrió la puerta con un vestido veraniego con florecitas, con un sostén violeta. Se le marcaban los pezones duros desde el primer segundo. Maxwell la miró de arriba abajo sin disimulo y soltó un “Mamacita… hoy sí te luciste”.
Nos sentamos en la sala. Yo en el sillón de siempre, ellos dos en el sofá grande. Sara se sentó a su lado, cruzando las piernas de forma que la falda se le subiera un poco. Conversaban, reían , comían , y yo solo podía ver cómo la mano grande de él, callosa y oscura, descansaba en el respaldo, rozando apenas el hombro desnudo de mi mujer.
En un momento Sara dijo que iba por más limones para el tequila . El tripon se levantó al instante: “Te acompaño, reina, que esto se está poniendo bueno”. Los vi entrar a la cocina. Escuché risas. Luego un silencio largo. Luego… el sonido inconfundible de un beso profundo, húmedo, de esos que no dejan espacio para dudas. Risas ,Gemidos ahogados. Una mano que sube por la pierna. El golpe suave de una nalga siendo apretada.

Me quedé paralizado. La verga me dolía de lo dura que estaba. No me moví. Solo escuché.
Cuando volvieron, Sara traía los limones , pero tenía el labio inferior hinchado y las mejillas ardiendo. El tripón se sentó más pegado a ella, con una pierna sobre el sofá, casi encerrándola. La mano que antes estaba en el respaldo ahora descansaba abierta sobre su muslo, los dedos grandes abarcando casi toda la carne suave. Sara no lo quitó. Al contrario… se acomodó más cerca.
El tripon me miró directo, con esa sonrisa de depredador viejo y experimentado.
Erick , Sara, que les parece si hacemos un juego , “ traigo estas cartas el que saque la mas baja , pierde y tiene que decir una verdad o hacer un castigo ,si no lo hace tiene que dar dinero a los demás”.
Sara y yo aceptamos , y el juego comenzó , sacamos las cartas, a mi me salió una jota, a Sara una reina y a el tripón un rey .el sonrió y dijo “los naipes nunca mienten” , que prefieres Erick, verdad o castigo y conteste verdad , el pregunto “ que es lo mas atrevido que has hecho con Sara en la cama ?” Yo no pude contestar y Perdi 10 verdes.

después el tripon perdió y de castigo se quito la playera dejando a la vista su cuerpo , viejo curtido y tatuado, el alcohol hacia lo suyo ,había buena quimica entre ellos, dos parecian grandes amigos , bromeaban acerca delas tetas y se tocaban como si se conocieran de toda una vida .


En la siguiente jugada Sara saco un as de espadas , el tripon un rey nuevamente y yo un 3 de corazones; sara habia sacado la carta mas baja y pidió decir una verdad , el tripon se adelanto “ de que color es tu brasier? ,Ella “ es color violeta “ acto seguido, nos lo mostró dejando al descubierto sus tetas, aprisionadas como globos en ese bra de encaje . El y yo aplaudimos, y el juego siguió. alguna vez , perdí yo , entregue dinero, otra perdió el tripon, también dio dinero , ella perdió y ella eligio verdad , me toco preguntarle…… “ el tamaño importa?” , ella “ si importa”


El tripón rio a carcajada “ jajaja es bueno saber eso”
,el juego avanzo sin nada relevante pero subia de tono, el jugaba mucho con ella y reian
y a continuación sara perdio dos veces seguidas en la primera ella solicito castigo , yo la castigue “que le chupara un dedo a Maxwell” , ella lo hizo muy feliz , tomándose todo el tiempo del mundo , el tripon Maxwell ya estaba demasiado animado queria comersela viva .


En la siguiente volvio a perder , y que creen que prefirio? …. Castigo, le estaba gustando y excitando ser castigada , ahora le toco a el aplicar la pena , “ Sara, muéstranos , tus pantys “ , yo pense que ella nos daria dinero pero no fue asi . Sara cerro sus ojos ,abrio sus piernas levanto su falda y mostro su panty violeta de encaje , la cual se notaba una mancha de humedad ….. mi esposa estaba humeda de ahi abajo ….
el viejo estaba incredulo ……

“Erick… tu mujer está muy caliente hoy. Creo que necesita algo que la calme. ¿Tú qué dices, amigo? ¿Me dejas ayudarla ?”
Sara soltó una risita nerviosa, pero no dijo que no. Me miró con ojos brillantes, cachondos, y murmuró bajito:
“Solo… solo un poquito, amor. Para ver cómo se siente. Te juro que después nos olvidamos de esto ”.

Yo no contesté. Solo tragué saliva. Y asentí una sola vez, temblando.
Maxwell no esperó más. Le levantó el vestido con calma, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Sara levanto las piernas poquito a poco, dejando ver aun mas ese panty de encaje violeta ya empapada, Él metió los dedos por el borde, los deslizó despacio y sacó un gemido largo de mi mujer cuando le rozó el clítoris hinchado.


“Qué rico coñito tienes, Sarita… tan pequeñito y ya chorreando por un viejo como yo”.
Se bajo el short sin prisa. Bajó el boxer. Y entonces… la sacó.
Joder. Era monstruosa. Gruesa como mi antebrazo, venosa, casi negra, con una cabeza gorda y brillante que parecía latir sola. Mediría fácil 24-25 centímetros, y el grosor… Dios, su coño apretado iba a sufrir. Sara la miró con ojos muy abiertos, mordiéndose el labio, y soltó un “Ay no mames el rumor era cierto… está enorme”.

El tripon la agarró por la nuca con una mano, la otra en su verga, y la guió despacio hacia abajo. Sara se arrodilló entre sus piernas, el vestido subido hasta la cintura, las tetas de fuera , el culo en pompa hacia mí. La vi abrir la boca, intentando meter esa punta gorda. Apenas entraba la cabeza. Bababa como loca, gimiendo alrededor del tronco. Él le agarraba el cabello largo con las dos manos y empujaba poquito a poco, abriéndole la garganta.
Yo me había sacado la verga sin darme cuenta. Me pajeaba lento, mirando cómo mi esposa luchaba por meterse más de esa bestia en la boca. Lágrimas en los ojos, saliva chorreando por la barbilla, y aun así empujaba más.
Después de unos minutos el tripon la levantó como si no pesara nada. La sentó en el sofá, le quitó las bragas de un tirón y me las lanzo a la cara. Sara abrió las piernas bien anchas, el coñito pequeño y brillante abierto hacia mí. Él se escupió en la mano y metió 2 dedos en la raja de ella , después bajo su enorme boca hacia la intimida de mi amada y encajo toda la lengua adentro , asi estuvo unos minutos, mamando el coño de mi querida esposa ,hasta que el se canso . ella temblaba con los ojos cerrados supuse que ya habia llegado al orgasmo , el tripon se levanto y le entregue un condon en la mano, el hizo una mueca, se lo puso a regañadientes y con los jugos de ella se untó en la verga y la colocó en la entrada.

“Respira hondo, mamacita… esto va a doler rico”.Empujó despacio. La cabeza entró con un sonido húmedo y obsceno. Sara gritó, mitad dolor mitad placer, y clavó las uñas en los hombros de él. Centímetro a centímetro, él la fue abriendo. Su abdomen rozaba el de ella. Sara gemía sin parar: “Ay Dios… me estás matando… es demasiado… no pares…”.



Cuando llegó hasta el fondo, con más de la mitad adentro (porque ni todo entraba), se quedó quieto un segundo. Sara temblaba entera, los ojos en blanco. Luego empezó a moverse. Lento. Muy lento. Sacándola casi toda y volviendo a meterla, cada embestida más profunda.
Yo me corrí en la mano sin tocarme más, solo mirando cómo esa verga negra desaparecía dentro de mi esposa una y otra vez, cómo sus tetas rebotaban con cada golpe, cómo ella gritaba “Más duro… por favor… rómpeme el coñito…”.
El continuo bombeando con buen ritmo , me sorprendió la potencia fisica para su edad . La movió y la puso en cuatro patas Asi siguió con penetraciones mas fuertes , las tetones de Sara solo se balanceaban bruscamente y de vez en cuando el los apretaba sin parar de detonar . por fin ambos comenzaron a gritar escandalosamente y al unisono ella exclamo “me corro me corro!!! Estoy llena muy llena!!! “.
El saco su enorme polla se escucho un ruido de vacío en el coño “plop” ,quito el preservativo y arrojo su semen sobre el ojete y la raja desflorada .
Y él, el pinche Tripón, me miró mientras se la sacudía sobre ella, con una sonrisa triunfal, y me dijo:
“Tranquilo, Erick… esto apenas empieza.
Después de que el Tripón se corrió sobre Sara, el aire de la sala olía a sexo puro: sudor, semen espeso, coño mojado y ese olor fuerte a macho viejo que me ponía la piel de gallina.
Sara estaba tirada en el sofá, las piernas abiertas todavía temblando, el vestido arrugado en la cintura como un trapo. Entre sus muslos, un río blanco y espeso empezaba a escurrir hasta llegar a su coño abierto. No era el mío. Era el de él. Grueso, abundante, cremoso… se escurría lento por sus labios hinchados y rosados que ya no estaban tan cerraditos como antes. La había dejado marcada, estirada, con ese hueco que antes era solo mío ahora luciendo como una boca hambrienta que pedía más.
El tripón se subió los shorts con calma, la verga todavía medio dura colgando pesada, brillante de jugos y saliva. Me miró con esa sonrisa de ganador eterno y me dijo, casi susurrando:
“Te la dejo calentita, Erick. Anda, ve a recoger lo que te dejé de regalo… que tu mujercita necesita que la cojas bien antes de dormir.”
Sara me miró con ojos vidriosos, la respiración entrecortada. Se mordió el labio inferior y murmuró con voz ronca, casi suplicante:
“Ven, amor… ven a verme… quiero que lo sientas… que sientas cuánto me abrió…”
No sé cómo llegué hasta ahí. Las piernas me temblaban. Me arrodillé entre sus muslos abiertos, el olor a sexo me golpeó directo en la cara. Su coño estaba rojo, inflamado, los labios gruesos y separados, y ese semen blanco espeso cayendo en hilos lentos, mezclándose con sus propios jugos. Me acerqué más. Sara me agarró del cabello con suavidad, como si fuera una niña guiando a su juguete favorito.
“Lámelo, Erick… lame todo lo que me dejó el Tripón… quiero que lo pruebes… que sepas a qué sabe un hombre de verdad cuando me llena…”

Abrí la boca y puse la lengua en su entrada. El sabor era fuerte, salado, amargo, caliente. Semen fresco mezclado con el dulzor de su coño. Empecé a lamer despacio, recogiendo cada gota escurrida , me levante y e intente meter mi polla pero estaba muy flácida, volví a poner mi boca en ese agujero ,que ya no era tan pequeño. Nunca había visto su vagina así , tan floja , tan grande, Sara gemía bajito, moviendo las caderas para que mi lengua entrara más profundo.
“Más adentro… métela toda, mas!!! … sin embargo ya era todo , yo no podía llegar mas profundo ,entonces ella casi molesta, me quito y dijo “chúpame el semen de ese viejo mejor cabrón…”
Yo obedecía como idiota. Lamía, succionaba, tragaba. Sentía cómo su clítoris hinchado latía contra mi boca cada vez que pasaba por ahí. Ella se corrió otra vez, temblando, apretándome la cara contra su coño mientras gritaba mi nombre… pero yo sabía que en su cabeza seguía siendo él quien la había hecho gritar así.
Cuando terminamos en la sala, Maxwell se despidió con un beso profundo en la boca de Sara, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras yo miraba desde el suelo, con la cara empapada de sus fluidos. Luego me dio una palmada en la nuca y dijo:
“Nos vemos pronto niño, Erickcito . La próxima te la cojere en su cama… y tú vas a ayudar a que entre mejor.”
Sara y yo subimos las escaleras en silencio. Ella caminaba con las piernas un poco abiertas, todavía goteando. Entramos al cuarto matrimonial, nuestra cama grande, la que habíamos comprado cuando nos casamos, llena de recuerdos “normales”. Ahora iba a ser testigo de algo muy distinto.
Sara se quitó el vestido y se quedó desnuda, las tetas pesadas cayendo naturales, los pezones duros y oscuros apuntando al techo. Se tiró boca arriba, abrió las piernas y me miró con esa sonrisa perversa que me volvía loco.
“Ven, amor… ahora sí, cógeme tú . Quiero sentirte después de él… quiero que sientas lo flojita que me dejó…”
Me quité la ropa temblando ,ahora si ,mi pene reaccionaba . Cuando me subí encima y metí la verga… joder. Era otro mundo. Entré sin resistencia, como si mi pene promedio nadara en un mar caliente y viscoso. El semen del Tripón nos pegaba por fuera , lubricando todo, haciendo que cada embestida sonara chapoteante, obscena. Sara gemía, pero no como antes… era un gemido más suave, casi burlón.
“¿Lo sientes, Erick? ¿Sientes cómo me abrió? Tu cosita ya no toca las paredes… solo chapotea … ¿te gusta saber que otro hombre que la tiene grande me lleno ?”
Yo empujaba con furia, desesperado, pero ella solo se gemia bajito, apretándome con los muslos, susurrándome al oído cosas que me hacían correrme más rápido de lo que quería:
“La próxima vez lo invito aquí… a nuestra cama… y tú vas a estar ayudandolo, sosteniéndole las bolas mientras me la mete hasta el útero… vas a ver cómo mi pancita se hincha cada vez que empuja… vas a olerlo todo, vas a lamerlo todo…”
Me corrí dentro de ella en menos de dos minutos, mi semen era ridículo… apenas se notaba. Sara me abrazó fuerte, me besó la frente y murmuró:
“Gracias, amor… por traerme este hombre con esa enorme cosa . Mañana le digo que venga… y esta vez no te va a dejar mirar nomás. Vas a participar… vas a cooperar.”
Me quedé ahí, encima de ella, con la verga ablandándose dentro de ese coño usado, caliente y recien follado por otro hombre. Y lo peor… lo más enfermo… es que ya estaba pensando en cómo iba a ser mañana.
En cómo iba a ver esa verga monstruosa entrar y salir de mi esposa en nuestra propia cama.
En cómo iba a auxiliar al Tripón mientras él la parte en dos.
En cómo iba a dormir con el sabor de los dos en la boca.
Y joder… nunca me había sentido tan vivo.
La noche siguiente fue como si el infierno y el paraíso se hubieran mudado a nuestra casa. Sara no esperó ni un día entero. Al mediodía ya le había mandado un mensaje al Tripón: “Ven esta noche, papi… Erick está ansioso por verte en acción de nuevo”. Yo lo vi en su teléfono mientras ella se duchaba, y en lugar de enojarme, me puse duro como una piedra. Era oficial: mi esposa era adicta a esa verga monstruosa, y yo era adicto a verla convertida en una puta por ella.
El tripon llegó a las 8 de la noche, con una maleta pequeña en la mano, como si ya supiera que esto no iba a ser una visita rápida. Traía una camisa hawaiana floja y unos shorts anchos que dejaban adivinar el bulto pesado entre sus piernas. Sara lo recibió en la puerta con un beso profundo, metiéndole la lengua hasta la garganta mientras yo observaba desde la sala, con las manos sudando. “Pasa, amor… esta noche es tuya. Y nuestra”, le dijo ella, guiñándole un ojo a mí.
Subimos directo al cuarto matrimonial. Sara se había cambiado a un body de red negro transparente que apenas contenía sus tetas enormes; se le veían las areolas marrones grandes como platos, y los pezones duros apuntando como balas. Su culo parado se marcaba perfecto bajo la tela, y entre las piernas, el coñito depilado y ya brillante de anticipación.
El tripon se sentó en la orilla de la cama, nuestra cama, y nos miró a los dos con esa autoridad de macho alfa que me hacía sentir como un niño. “Quítate la ropa, Erick. Y arrodíllate aquí al lado. Vas a ayudar a que tu mujercita se prepare para mí”. Obedecí sin chistar, temblando de excitación humillante. Me quedé desnudo, con mi pene promedio tieso pero ridículo al lado de lo que sabía que venía.
Sara se acercó a él, moviendo las caderas como una perra en celo. el le agarró las tetas con las manos grandes, apretándolas despacio, pellizcando los pezones hasta que ella gimió. “Mira esto, cornudo… estas ubres son mías ahora. ¿Verdad, Sarita?” Ella asintió, mordiéndose el labio: “Sí, papi… todo mío es tuyo. Mi coño, mi culo, mi boca… todo para esa tripa enorme tuya”.
Me hizo un gesto con la cabeza. “Ven aquí, Erick. Abrele las piernas a tu esposa”. Me acerqué gateando, sintiéndome patético y caliente al mismo tiempo. Sara se recostó en la cama, abrió las piernas en V, y yo las sostuve abiertas con las manos, exponiendo su coñito pequeño y apretado que ya chorreaba jugos claros. Maxwell se bajó los shorts despacio, y ahí estaba de nuevo: esa verga negra, gruesa como mi brazo, venosa y cabezona, latiendo como un animal vivo. Olía a macho, a sudor y a poder.
“Ahora, cornudito… escupe en mi verga para que entre bien lubricada en tu mujer, esta vez va a ser a mi manera, sin condones ”. No podía creerlo. Me incliné, escupí esa enorme cabeza lo más que pude, y Sara me miraba con ojos brillantes y murmuraba: “Ay amor… mírate… preparándome para que me rompa”. El tripon me acaricio el cabello y dijo Buen chico… así, moja bien mi tripa, para que le entre hasta el fondo a tu amada esposa”.
Después de unos minutos que parecieron eternos, me apartó. “Ahora ayúdame a meterla”. Sara estaba temblando de anticipación. Yo agarré esa verga al natural ,caliente , pesada con una mano (apenas la abarcaba), la coloqué en la entrada de su coño desprotegido, y el empujó despacio. Vi de cerca cómo los labios rosados de mi esposa se abrían como una flor, estirándose al máximo alrededor de esa cabeza monstruosa. Sara gritó: “Ay Dios… me está partiendo de nuevo… es tan gorda… no paren, … métanla toda”. Centímetro a centímetro, entró, y yo ahota sostenía a ella , sus piernas abiertas, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba. Cuando llegó al fondo, con su abdomen rozando el de ella, Sara se corrió al instante, temblando entera, su coño apretando esa verga como si quisiera tragársela.

Mi amo empezó a bombear lento, muy lento al principio. Sacaba casi toda la verga, brillante de jugos, y la metía de nuevo con un golpe seco que hacía rebotar las tetas de Sara. Yo estaba ahí, a un lado, pajeándome despacio, mirando cómo su coñito se deformaba con cada embestida. “Tócale las tetas, Erick… masajéalas mientras me cojo a tu esposa”. Extendí la mano y las agarré: pesadas, bamboleantes, . Las masajeé despacio, sintiendo cómo se movían brusco cada vez que él empujaba más profundo.
Sara gemía sin parar: “Más duro, papi… rómpeme… haz que mi pequeño erick vea cómo me llenas… ay Erick, míralo… su verga me llega hasta el estómago… la tuya nunca me hace sentir así”. Me dolía, pero me ponía más caliente. Nuestro amo ahora aceleró el ritmo, follándola ahora con fuerza, la cama crujiendo bajo su peso. Sus tetas rebotaban como locas, los pezones duros r. Sara se corrió dos veces más, gritando, clavando las uñas en su espalda.

Al final, el tripon gruñó como un toro: “Me vengo, Sarita… toma toda mi leche en ese coño apretado”. Empujó hasta el fondo y se quedó quieto, latiendo dentro de ella. Vi cómo sus bolas se vaciaban, bombeando chorros espesos directo al útero de mi esposa. Cuando la sacó, un río de semen blanco salió chorreando, empapando las sábanas. Sara me miró, jadeando: “Ven, amor… límpieme… lame todo lo que me dejó muestro amo”.

Gateé entre sus piernas y metí la lengua en ese coño abierto y rojo, tragando la mezcla salada de semen y jugos. El tripon me miró riendo: “Bien pequeño… eso es. Limpia bien, que voy a volver a meterla en un rato”.
Esa noche folló a Sara tres veces más. La segunda vez la puso en cuatro, con el culo en pompa, y me obligó a lamerle el ano mientras él la embestía por detrás. Sentí cómo su verga entraba y salía a centímetros de mi lengua, el olor a sexo invadiendo todo. La tercera vez la montó ella, cabalgando esa tripa como una vaquera, sus tetas rebotando en la cara de él, y yo tuve que chuparle los pezones a Sara mientras ella gemía: “Ay papi… tu verga es adictiva… no quiero otra cosa”. La cuarta fue en la madrugada, con Sara dormida de lado, y él la penetró con cariño y despacio desde atrás, mientras yo lamía sus pies.

Al amanecer, Sara se despertó acurrucada contra el pecho peludo de el, con una mano en su verga flácida pero todavía impresionante. Yo estaba en el borde, exhausto, con la cara pegajosa. Ella me miró con ojos llenos de algo nuevo: no solo lujuria, sino amor enfermizo. “Erick… amor… no puedo vivir sin esto. Sin él. Su verga me hace sentir viva, completa… me enamora cada vez que me abre. Pero te amo a ti. Eres mi esposo, mi compañero… no podría sin tus besos, sin tu ternura. Necesito a los dos”.
El tripon se despertó riendo bajito. “¿Qué dices, Sarita? ¿Quieres que me mude aquí? ¿Que sea el macho de la casa mientras tu erick nos cuida?” Sara asintió, mordiéndose el labio: “Sí, papi… ven a vivir con nosotros. Tú en nuestra cama todas las noches, follándome como quieras, y Erick… Erick nos ayudará, nos limpiará, nos verá. Seremos una familia sucia y perfecta”.
Yo no dije nada. Solo asentí, con el corazón latiendo fuerte. Porque en el fondo, lo quería. Quería ver cómo mi esposa se enamoraba más y más de esa verga enorme, cómo se volvía su esclava sexual, pero seguía siendo mía en el alma. Quería lamer sus restos todas las mañanas, prepararles el desayuno mientras ellos follan en la cocina, y dormir en el sofá escuchando sus gemidos.
Esa misma semana, nuestro señor trajo sus cosas. Se mudó a nuestra casa, a nuestra cama. Ahora duerme en el medio, con Sara pegada a su lado, y yo al borde, listo para servir. Ella lo ama por esa tripa que la parte en dos, pero me ama a mí por ser el cornudo perfecto que la deja ser libre. Y yo… yo amo esta humillación eterna, este morbo que me consume y que me hace feliz.
FIN
2 comentarios - Relato cornudo: La nueva vida de Sara y Erick