Lareunión de amigos estaba en pleno auge, risas, copas y charlascruzadas llenaban la sala. Lorena, mi mujer, destacaba sin esfuerzo:rubia, alta, de curvas generosas, caderas anchas y unas tetas enormesque atraía miradas aunque ella intentara disimularlo con su sonrisadespreocupada. Su seguridad y esa mezcla de dulzura y sensualidadhacían que todo el mundo se sintiera atraído por ella.

Esa noche, Edith estaba especialmente emocionada por presentar asu novio, Eduardo. Yo lo conocía del barrio: un tipo de mucha plata,mujeriego, siempre con historias que dejaban claro que tenía tantocarisma como recursos. Mientras los demás charlaban detrivialidades, Eduardo se quejaba con un gesto de molestia:
—Ando con unos dolores terribles. En el corralón de materiales,cada vez que levanto algo siento que me voy a romper.
No pude evitar que mi mente volcara la situación hacia nuestrarealidad: con la economía en crisis, yo sin trabajo y haciendochangas para sobrevivir, y Lorena trabajando como masajista solo paramujeres, por una cuestión de seguridad, cada oportunidad de ingresocontaba.
Un pensamiento cruzó mi cabeza y, sin que ella lo esperara, meanimé:
—Che, si querés, un día te podés venir a casa y Lore te haceunos masajes. Te vas a sentir como nuevo. Es buenísima!
Eduardo me miró sorprendido, y por un instante que se sintióeterno, sus ojos se posaron en el escote de Lorena. Su busto grande yfirme era imposible de ignorar, y el brillo en la mirada de mi mujerdelataba que ella se daba cuenta de la fijación del tipo. Un calorrecorrió mi espalda mientras sentía una mezcla de celos yexcitación: exactamente el tipo de morbo que me atraía, ver cómoalguien más la deseaba mientras yo estaba ahí, testigo.

—¿En serio? —preguntó Edith, mirandola. — Pense que solole hacías masajes a mujeres, pero buenísimo si le haces a Edu, sevive quejando de los dolores!—
—Sí… —respondió ella, intentando sonar casual, sinentender mucho lo que pasaba. —Solo porque es tu novio, no le hagoa cualquiera— Insistió.
Después de que Eduardo aceptara venir a nuestra casa en lasemana, la noche transcurrió normalmente, hasta que volvimos a casa. Nos sentamos en el sillón, y Lorena se acomodó a mi lado con esamezcla de picardía y deseo que siempre lograba ponerme alerta.

—¿Y cómo surgió lo de Eduardo? —me preguntó, con unasonrisa traviesa—. Pensé que te molestaría que masajee a unhombre, ¿no te vas a poner celoso?— mientras me acariciaba lapierna.
Sonreí, intentando mantener la calma, aunque sentía el calorsubiéndome por todo el cuerpo. Lorena se inclinó un poco máscerca, rozando mi brazo con su generoso escote, y bajó el tono devoz:
—Contame amor… ¿te excita un poco que masajee a otro hombre?
Su pregunta, directa y juguetona, me encendió. La miré de arribaa abajo: su camisola escotada dejaba entrever sus hermosas tetas, eljean ajustado realzaba sus caderas anchas, y debajo, se veía apenasla tira de la bombacha blanca. No llevaba corpiño, y cada movimientosuyo me volvía loco.
Sin dudarlo, me acerqué y empecé a subirle la camisola, dejandosus tetas al descubierto mientras ella me miraba con esa mezcla depicardía y lujuria que me calentaba mal. La charla se volviósusurros entrecortados, gemidos suaves y risas mientras nuestrasmanos exploraban y nuestras bocas se encontraban. Poco a poco, fuimosdespojándonos de la ropa, ella me desabrocho el pantalón y lo bajojunto con el boxer hasta las rodillas. Yo por mi parte, acariciabasus hermosas tetas, disfrutándonos.
—que durito te pusiste, veo que la idea te calienta!— mientrassu lengua jugaba con mis labios.
—vos me calentás, con esas tetas!
—mmmmm— gimió ella.
—decís que a Edu le gustaran?— replico.
Ese comentario me volo la cabeza, nunca habíamos fantaseado con algo asi, no juntos.
Lorena se acomodó sobre mí, apretando su pelvis contra mi verga.Sus enormes tetas rozaban contra mi torso, y yo no podía dejar derecorrer sus caderas y espalda con mis manos, sintiendo cómo miexcitación crecía.
—amor… —susurró, rozando su rostro contra elmío—. Me volvés loca, y así durito como estas, mas todavía…
—mmm, me estás matando —jadeé, mientras apretaba sus curvascon fuerza—. No sabes las ganas de cogerte que tengo...
Ella arqueó la espalda provocativa, susurrando entre gemidos:
—Mm… sí?… — mientras se ponía de pie, y comenzaba aquitarse el jean, quedando en bombacha con la blusa desprolijaproducto de mis toqueteos… —te gusta como estoy?— improvisandounos movimientos hipnotizantes




— estas hermosa amor— mi mano habia ido hacia mi vergainstintivamente para masturbarme mientras apreciaba el exuberantecuerpo de mi mujer.
—mmm me encanta verte así de caliente— mientras apretaba sustetas, me hacia desear...
—vení que no aguanto dale, sentate acá— le dije...
Lorena se acerco, paso una pierna por el costado, luego la otra,se corrió la bombacha, y suavemente ubico mi verga en la puertita desu concha...


—Mmm… me encanta lo duro que estas pendejo, estas re caliente,y solo pq voy a masajear a otro tipo, que pajero que sos
—si, viste, me re calienta pensar eso… —mientrascomenzábamos a movernos a un ritmo mas rápido, su cuerpo saltabasobre mi...
—Mm… seguí así… más fuerte… dale, llename… —gritóLore, pocas veces la habia visto asi de caliente —. Quiero sentirtu lechita… dale, acabame pendejo…
—mmmmmmmmmmmmmm— no pude contenerme ante semejante pedido….
—mmm siiii, dale que yo tambien me acabo amor…..— dijomientras me sofocaba con sus pechos y aceleraba las embestidas…
Evidentemente la situación nos volvía locos a ambos.
Nuestra respiración agitada llenaba la habitación. Nos quedamosasí un buen rato, luego en la cama volvimos a coger desenfrenados….
El día había llegado y Lorena estaba visiblemente nerviosa. Paraque pudiera trabajar tranquila y concentrarse en su masaje, le dijeque iba a salir a hacer unos trabajos de plomería en la casa de unvecino, un problema que necesitaba atención urgente en su baño.Ella asintió sin dudarlo, confiada, mientras yo sabía la verdad: noiba a ningún lado, me quedaría en casa, escondido, para ver cadadetalle de lo que sucediera. El quincho estaba preparadocuidadosamente: cerrado, vidriado, lleno de plantas y elementos quegeneraban un clima de calma, casi zen. Lorena lo había arregladopara crear un espacio de tranquilidad total, con luz suave y músicaapenas audible de fondo.
Cuando Eduardo llegó, Lorena lo recibió con su habitual dulzura.Llevaba unas calzas negras y una remera blanca, simple, discreta, pero en sucuerpo todo resultaba sugestivo. La tensión en el ambiente erapalpable, y yo sentí un cosquilleo en el estómago mientras laobservaba preparar todo. Eduardo estaba con un joggin muy fino y unaremera liviana, ropa cómoda, acorde a la ocasión. Lorena lo guióal fondo del quincho, tuvieron una breve charla casual, lo invito arecostarse sobre la camilla. Él se ubico boca abajo, entregándose ala sensación, y yo me acomodé discretamente en la ventanita paraespiar. Comenzó a masajearlo.
Los suspiros de placenteros de Eduardo no demoraron en salir.
—que bien se siente esto, sos buenísima Lore— le diho entresuspiros.
—gracias, me alegra que te gusten— respondió ellatimidamente.
Los masajes se extendieron desde la alto de su cuerpo hasta laplanta de los pies. Ahora era el momento de darse vuelta.
—ponete boca arriba—le dijo ella suavemente, sin saber lo quese venia.
Cuando Eduardo se giro, Lore se tensó de inmediato. Surespiración se aceleró y sus manos temblaban ligeramente. No podíaignorarlo: la erección de Eduardo era enorme, imposible de disimularbajo su joggin, y la sola visión la dejó visiblemente incómoda.
Eduardo, notando su incomodidad, sonrió con esa confianzaarrogante que siempre tenía. Con voz baja, casi susurrando, le hizoun comentario que parecía casual…
—perdon, es que lo estoy disfrutanto mucho, y viste como esesto….
—nono, esta bien—dijo con voz temblorosa.
Intento retomar los masaje pero la incomodidad era evidente.
—perdón, pero no puedo continuar—dijo alejándose.
—por? No muerde—dijo a modo de burla, como minimizando laincomodidad de ella.
—me parece que no da, es muy incomodo trabajar asi, sos el noviode mi amiga, yo tengo pareja— dijo ella.
El rostro de Eduardo cambio por completo —disculpa, no quieroincomodarte, sos muy buena en esto, y me gustaria continuar con elmasaje, que te parece si te propongo algo?
Lorena parpadeó, sorprendida, y retrocedió apenas un paso, susmanos sobre su abdomen como si buscaran protección.
— que? — dijo ella, casi con miedo.
— que te parece si te doy unos pesos extra para que relajes esazona de ahi? Algo asi como un “final feliz”. Te van 100 lucas??— dijo totalmente desvergonzado
Ella se quedó en silencio, procesando lo que acababa de escuchar,y yo desde la ventanita contuve la respiración. Cada músculo de sucuerpo reflejaba la tensión: no estaba segura de cómo reaccionar,pero era evidente que la propuesta había desbordado su control. Eramucha plata y nos venia muy bien.
Eduardo permaneció allí, serio pero confiado, dejando que elmomento se estirara, midiendo su efecto. La atmósfera del quinchocambió completamente: de calma y concentración, pasó a una tensióncargada de incomodidad y deseo contenido.
Lorena finalmente recuperó un poco la compostura, pero eraevidente que estaba completamente impactada. Su mente corría a milpor hora, evaluando la situación mientras su respiración seaceleraba y yo la miraba, sintiendo un calor intenso recorrerme todoel cuerpo.
La oferta de Eduardo era provocativa y directa: cien mil pesos porun “final feliz”. Su mirada se cruzó con la suya, midiendo lasituación, evaluando riesgos y posibilidades. Por un instante,parecía que iba a rechazarlo, pero finalmente, con un suspiro apenasaudible, aceptó, imponiendo su propia condición: aquello debíaquedarse entre ellos, nadie más podía enterarse. Eduardo asintió,con una sonrisa satisfecha.
Lorena se tomó un momento para recomponerse, respirando hondo,caminando un par de pasos hacia la mesa donde había preparado susutensilios de trabajo. Se movía con timidez y cuidado, ajustando suropa, preparando la situación de manera profesional. Tomo un spraycon aceite lubricante y se ubico a su lado.
—te podras sacar la remera? supongo que tendras algo debajo— dijo el.
Algo molesta, acepto, había 100 lucas extras en juego, no podia perderlos.


— ufffff— susurro Eduardo al verla.
Lore se acomodo a su lado. Le quito tímidamente el pantalon y el boxer, dejándolo solo conla remera puesta. No estaba del todo dura, y ya tenia un tamañoconsiderable. Ella se impacto, aunque intento disimular. Ante losprimeros chorros del spray la verga reacciono y se endureció deltodo. Tendría fácil unos 21, 22 cm, ancha. Con mis modestos 15 cmno tenia nada que hacer ante semejante demostración. Lore mirabaatonita.
Acerco sus manos…
No pudo evitar estremecerse al sentir la dureza de Eduardo bajosus dedos. Comenzo a acariciarlo suavemente, intentando que parezcaun masaje profesional, pero no era mas que una paja. Con cadamovimiento que Lore hacia, él arqueaba su cuerpo contra la camilla,respirando profundamente. Ella se inclinó un poco más, lo rodeocon ambas manos, notando cómo cada vena saltaba bajo la pielmientras él respiraba con fuerza.
—mmmmm… que bien se siente esto… no pares—suspiro,mientras sus manos se apoyaban sobre la camilla, apretando elplástico fuertemente.
Lorena empezó a alternar la presión, apretando firme la base yacariciando suavemente la punta con la palma, disfrutandodisimuladamente de cada reacción. La erección de Eduardo era era tremenda, y cada gemido suyo hacíaque el cuerpo de Lore reaccionara. Sus pechos erectos comenzabana marcarse suavemente en el top, y su entrepierna empezaba atraicionarla.
Desde la ventanita yo lo veía todo. Cada empuje de su cadera,cada movimiento de sus manos, cada jadeo de ambos me subía latemperatura al máximo. Ver cómo Lorena lo manejaba, cómo su cuerporeaccionaba, cómo Eduardo estaba completamente entregado a ella…me volvía loco de excitación.
—Sí… así… mmmmmmmm… —gimió Eduardo, mientras sucuerpo se arqueaba y su respiración se aceleraba. Lorena ajustaba lapresión, subiendo y bajando con ritmo firme, disfrutando de lasensación de tenerlo completamente a su merced, sintiendo cómo cadareacción de él la excitaba aún más.
Cada suspiro y gemido de Eduardo se mezclaba con el calor deLorena. Sus dedos se movían con precisión, y no tardó en notarcómo su pija se hinchaba más, cada vez más tenso, presionandocontra su mano, buscando más contacto. Ella se mordía el labiomientras lo masturbaba con fuerza, alternando movimientos rápidos ylentos, jugando con la punta, con la base, con cada parte.
—mmmm...dale… sí… más… —gimió Eduardo, —. no doymas… — mientras una de sus manos se ubicaba en la cintura deLore.
—no...—dijo con miedo.
—perdon es que estoy re caliente, dejame tocarte un poco. Te doy50 lucas mas.—
La oferta era muy tentadora. Esta vez no lo penso tanto.
—ok, un poco, pero no te tardes mucho en acabar, mi maridopodría volver.— Mientras sus manos volvían a la verga.
Ese comentario creo que lo calentó aun mas. Ni lento ni perezoso,la mano izquierda de Eduardo fue sobre el top de mi mujer, quitándoselo para luego comenzar a masajear sus tetas.

—mmmm que hermosas tetas tenes— resoplo mientras se tenzaba.
Lore se mordió el labio y continuo masturbandolo, lo hacia confiereza, lo apretaba fuerte, le gustaba ver como se hinchaba lacabeza, el trato profesional había quedado lejos.
—mmm seguí, si…. Decime algo, te gusta mi pija?? alguna veztuviste alguna así en las manos?—
Lore continuaba callada…
—dale, seguime el jueguito así acabo mas rápido...— mientrasse relamia apretando los pechos de Lore… —uffffque tetas hermosas que tenes! te gusta mi verga? Dale! —insistió
—si, es grande— dijo tímidamente
Los dedos de Eduardo jugaban con los pezones de mi mujer, mientrasella aceleraba el ritmo de la paja…
—dale, si, seguí hija de puta, dale que ya viene...— mientrassus piernas se tenzaban, y sus huevos estabana a punto de explotar…
Lore se dejaba manosear mientras lo masturbaba cada vez masrapido…
— ahhhhhhhhhhh, seeeeeeeeeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh
La leche broto como un volcán, las manos de mi mujer se llenaronde leche espesa, mientras Eduardo se retorcía de placen en lacamilla…
—ufffff por diossss— mientras la pija le latía, erahipnótico…
Nunca habíamos visto algo semejante, una acabada increible.
Lore de a poco se fue alejando mientras acomodaba su top, en buscauna carilinas para que se limpiara.
Nerviosa — toma, limpiate y cambiate rapido que puede venir—su rostro estaba coloradisimo, estaba agitada.
En cambio Eduardo se encontraba totalmente relajado.
Se limpio, se incorporo y fue por su celular. —pasame tu aliasasi te transfiero la guita, me encanto esto, cuando podemos repetir?—
Lore se sorprendió, el dio unos pasos y se ubico frente a ella.La tomo de la cintura, le apoyo levemente el bulto.
— decime cuando repetimos, te puedo dar mas plata y si te animasa mas— mientras le tiraba la boca como para un beso.
Ella dio un paso atrás—nose, despues te escribo, ahora andatepor favor antes de que venga mi marido.
—okok, no insisto— mientras se alejaba hacia la puerta delquincho, como para irse.
—gracias— le dijo ella antes de que se fuera.
El la miro, y le guiño un ojo... Ni bien puso un pie fuera de lacasa, Lore fue a cerrar y se fue directamente al baño a darse unaducha, nunca imagino que yo había visto todo...

Esa noche, Edith estaba especialmente emocionada por presentar asu novio, Eduardo. Yo lo conocía del barrio: un tipo de mucha plata,mujeriego, siempre con historias que dejaban claro que tenía tantocarisma como recursos. Mientras los demás charlaban detrivialidades, Eduardo se quejaba con un gesto de molestia:
—Ando con unos dolores terribles. En el corralón de materiales,cada vez que levanto algo siento que me voy a romper.
No pude evitar que mi mente volcara la situación hacia nuestrarealidad: con la economía en crisis, yo sin trabajo y haciendochangas para sobrevivir, y Lorena trabajando como masajista solo paramujeres, por una cuestión de seguridad, cada oportunidad de ingresocontaba.
Un pensamiento cruzó mi cabeza y, sin que ella lo esperara, meanimé:
—Che, si querés, un día te podés venir a casa y Lore te haceunos masajes. Te vas a sentir como nuevo. Es buenísima!
Eduardo me miró sorprendido, y por un instante que se sintióeterno, sus ojos se posaron en el escote de Lorena. Su busto grande yfirme era imposible de ignorar, y el brillo en la mirada de mi mujerdelataba que ella se daba cuenta de la fijación del tipo. Un calorrecorrió mi espalda mientras sentía una mezcla de celos yexcitación: exactamente el tipo de morbo que me atraía, ver cómoalguien más la deseaba mientras yo estaba ahí, testigo.

—¿En serio? —preguntó Edith, mirandola. — Pense que solole hacías masajes a mujeres, pero buenísimo si le haces a Edu, sevive quejando de los dolores!—
—Sí… —respondió ella, intentando sonar casual, sinentender mucho lo que pasaba. —Solo porque es tu novio, no le hagoa cualquiera— Insistió.
Después de que Eduardo aceptara venir a nuestra casa en lasemana, la noche transcurrió normalmente, hasta que volvimos a casa. Nos sentamos en el sillón, y Lorena se acomodó a mi lado con esamezcla de picardía y deseo que siempre lograba ponerme alerta.

—¿Y cómo surgió lo de Eduardo? —me preguntó, con unasonrisa traviesa—. Pensé que te molestaría que masajee a unhombre, ¿no te vas a poner celoso?— mientras me acariciaba lapierna.
Sonreí, intentando mantener la calma, aunque sentía el calorsubiéndome por todo el cuerpo. Lorena se inclinó un poco máscerca, rozando mi brazo con su generoso escote, y bajó el tono devoz:
—Contame amor… ¿te excita un poco que masajee a otro hombre?
Su pregunta, directa y juguetona, me encendió. La miré de arribaa abajo: su camisola escotada dejaba entrever sus hermosas tetas, eljean ajustado realzaba sus caderas anchas, y debajo, se veía apenasla tira de la bombacha blanca. No llevaba corpiño, y cada movimientosuyo me volvía loco.
Sin dudarlo, me acerqué y empecé a subirle la camisola, dejandosus tetas al descubierto mientras ella me miraba con esa mezcla depicardía y lujuria que me calentaba mal. La charla se volviósusurros entrecortados, gemidos suaves y risas mientras nuestrasmanos exploraban y nuestras bocas se encontraban. Poco a poco, fuimosdespojándonos de la ropa, ella me desabrocho el pantalón y lo bajojunto con el boxer hasta las rodillas. Yo por mi parte, acariciabasus hermosas tetas, disfrutándonos.
—que durito te pusiste, veo que la idea te calienta!— mientrassu lengua jugaba con mis labios.
—vos me calentás, con esas tetas!
—mmmmm— gimió ella.
—decís que a Edu le gustaran?— replico.
Ese comentario me volo la cabeza, nunca habíamos fantaseado con algo asi, no juntos.
Lorena se acomodó sobre mí, apretando su pelvis contra mi verga.Sus enormes tetas rozaban contra mi torso, y yo no podía dejar derecorrer sus caderas y espalda con mis manos, sintiendo cómo miexcitación crecía.
—amor… —susurró, rozando su rostro contra elmío—. Me volvés loca, y así durito como estas, mas todavía…
—mmm, me estás matando —jadeé, mientras apretaba sus curvascon fuerza—. No sabes las ganas de cogerte que tengo...
Ella arqueó la espalda provocativa, susurrando entre gemidos:
—Mm… sí?… — mientras se ponía de pie, y comenzaba aquitarse el jean, quedando en bombacha con la blusa desprolijaproducto de mis toqueteos… —te gusta como estoy?— improvisandounos movimientos hipnotizantes




— estas hermosa amor— mi mano habia ido hacia mi vergainstintivamente para masturbarme mientras apreciaba el exuberantecuerpo de mi mujer.
—mmm me encanta verte así de caliente— mientras apretaba sustetas, me hacia desear...
—vení que no aguanto dale, sentate acá— le dije...
Lorena se acerco, paso una pierna por el costado, luego la otra,se corrió la bombacha, y suavemente ubico mi verga en la puertita desu concha...


—Mmm… me encanta lo duro que estas pendejo, estas re caliente,y solo pq voy a masajear a otro tipo, que pajero que sos
—si, viste, me re calienta pensar eso… —mientrascomenzábamos a movernos a un ritmo mas rápido, su cuerpo saltabasobre mi...
—Mm… seguí así… más fuerte… dale, llename… —gritóLore, pocas veces la habia visto asi de caliente —. Quiero sentirtu lechita… dale, acabame pendejo…
—mmmmmmmmmmmmmm— no pude contenerme ante semejante pedido….
—mmm siiii, dale que yo tambien me acabo amor…..— dijomientras me sofocaba con sus pechos y aceleraba las embestidas…
Evidentemente la situación nos volvía locos a ambos.
Nuestra respiración agitada llenaba la habitación. Nos quedamosasí un buen rato, luego en la cama volvimos a coger desenfrenados….
El día había llegado y Lorena estaba visiblemente nerviosa. Paraque pudiera trabajar tranquila y concentrarse en su masaje, le dijeque iba a salir a hacer unos trabajos de plomería en la casa de unvecino, un problema que necesitaba atención urgente en su baño.Ella asintió sin dudarlo, confiada, mientras yo sabía la verdad: noiba a ningún lado, me quedaría en casa, escondido, para ver cadadetalle de lo que sucediera. El quincho estaba preparadocuidadosamente: cerrado, vidriado, lleno de plantas y elementos quegeneraban un clima de calma, casi zen. Lorena lo había arregladopara crear un espacio de tranquilidad total, con luz suave y músicaapenas audible de fondo.
Cuando Eduardo llegó, Lorena lo recibió con su habitual dulzura.Llevaba unas calzas negras y una remera blanca, simple, discreta, pero en sucuerpo todo resultaba sugestivo. La tensión en el ambiente erapalpable, y yo sentí un cosquilleo en el estómago mientras laobservaba preparar todo. Eduardo estaba con un joggin muy fino y unaremera liviana, ropa cómoda, acorde a la ocasión. Lorena lo guióal fondo del quincho, tuvieron una breve charla casual, lo invito arecostarse sobre la camilla. Él se ubico boca abajo, entregándose ala sensación, y yo me acomodé discretamente en la ventanita paraespiar. Comenzó a masajearlo.
Los suspiros de placenteros de Eduardo no demoraron en salir.
—que bien se siente esto, sos buenísima Lore— le diho entresuspiros.
—gracias, me alegra que te gusten— respondió ellatimidamente.
Los masajes se extendieron desde la alto de su cuerpo hasta laplanta de los pies. Ahora era el momento de darse vuelta.
—ponete boca arriba—le dijo ella suavemente, sin saber lo quese venia.
Cuando Eduardo se giro, Lore se tensó de inmediato. Surespiración se aceleró y sus manos temblaban ligeramente. No podíaignorarlo: la erección de Eduardo era enorme, imposible de disimularbajo su joggin, y la sola visión la dejó visiblemente incómoda.
Eduardo, notando su incomodidad, sonrió con esa confianzaarrogante que siempre tenía. Con voz baja, casi susurrando, le hizoun comentario que parecía casual…
—perdon, es que lo estoy disfrutanto mucho, y viste como esesto….
—nono, esta bien—dijo con voz temblorosa.
Intento retomar los masaje pero la incomodidad era evidente.
—perdón, pero no puedo continuar—dijo alejándose.
—por? No muerde—dijo a modo de burla, como minimizando laincomodidad de ella.
—me parece que no da, es muy incomodo trabajar asi, sos el noviode mi amiga, yo tengo pareja— dijo ella.
El rostro de Eduardo cambio por completo —disculpa, no quieroincomodarte, sos muy buena en esto, y me gustaria continuar con elmasaje, que te parece si te propongo algo?
Lorena parpadeó, sorprendida, y retrocedió apenas un paso, susmanos sobre su abdomen como si buscaran protección.
— que? — dijo ella, casi con miedo.
— que te parece si te doy unos pesos extra para que relajes esazona de ahi? Algo asi como un “final feliz”. Te van 100 lucas??— dijo totalmente desvergonzado
Ella se quedó en silencio, procesando lo que acababa de escuchar,y yo desde la ventanita contuve la respiración. Cada músculo de sucuerpo reflejaba la tensión: no estaba segura de cómo reaccionar,pero era evidente que la propuesta había desbordado su control. Eramucha plata y nos venia muy bien.
Eduardo permaneció allí, serio pero confiado, dejando que elmomento se estirara, midiendo su efecto. La atmósfera del quinchocambió completamente: de calma y concentración, pasó a una tensióncargada de incomodidad y deseo contenido.
Lorena finalmente recuperó un poco la compostura, pero eraevidente que estaba completamente impactada. Su mente corría a milpor hora, evaluando la situación mientras su respiración seaceleraba y yo la miraba, sintiendo un calor intenso recorrerme todoel cuerpo.
La oferta de Eduardo era provocativa y directa: cien mil pesos porun “final feliz”. Su mirada se cruzó con la suya, midiendo lasituación, evaluando riesgos y posibilidades. Por un instante,parecía que iba a rechazarlo, pero finalmente, con un suspiro apenasaudible, aceptó, imponiendo su propia condición: aquello debíaquedarse entre ellos, nadie más podía enterarse. Eduardo asintió,con una sonrisa satisfecha.
Lorena se tomó un momento para recomponerse, respirando hondo,caminando un par de pasos hacia la mesa donde había preparado susutensilios de trabajo. Se movía con timidez y cuidado, ajustando suropa, preparando la situación de manera profesional. Tomo un spraycon aceite lubricante y se ubico a su lado.
—te podras sacar la remera? supongo que tendras algo debajo— dijo el.
Algo molesta, acepto, había 100 lucas extras en juego, no podia perderlos.


— ufffff— susurro Eduardo al verla.
Lore se acomodo a su lado. Le quito tímidamente el pantalon y el boxer, dejándolo solo conla remera puesta. No estaba del todo dura, y ya tenia un tamañoconsiderable. Ella se impacto, aunque intento disimular. Ante losprimeros chorros del spray la verga reacciono y se endureció deltodo. Tendría fácil unos 21, 22 cm, ancha. Con mis modestos 15 cmno tenia nada que hacer ante semejante demostración. Lore mirabaatonita.
Acerco sus manos…
No pudo evitar estremecerse al sentir la dureza de Eduardo bajosus dedos. Comenzo a acariciarlo suavemente, intentando que parezcaun masaje profesional, pero no era mas que una paja. Con cadamovimiento que Lore hacia, él arqueaba su cuerpo contra la camilla,respirando profundamente. Ella se inclinó un poco más, lo rodeocon ambas manos, notando cómo cada vena saltaba bajo la pielmientras él respiraba con fuerza.
—mmmmm… que bien se siente esto… no pares—suspiro,mientras sus manos se apoyaban sobre la camilla, apretando elplástico fuertemente.
Lorena empezó a alternar la presión, apretando firme la base yacariciando suavemente la punta con la palma, disfrutandodisimuladamente de cada reacción. La erección de Eduardo era era tremenda, y cada gemido suyo hacíaque el cuerpo de Lore reaccionara. Sus pechos erectos comenzabana marcarse suavemente en el top, y su entrepierna empezaba atraicionarla.
Desde la ventanita yo lo veía todo. Cada empuje de su cadera,cada movimiento de sus manos, cada jadeo de ambos me subía latemperatura al máximo. Ver cómo Lorena lo manejaba, cómo su cuerporeaccionaba, cómo Eduardo estaba completamente entregado a ella…me volvía loco de excitación.
—Sí… así… mmmmmmmm… —gimió Eduardo, mientras sucuerpo se arqueaba y su respiración se aceleraba. Lorena ajustaba lapresión, subiendo y bajando con ritmo firme, disfrutando de lasensación de tenerlo completamente a su merced, sintiendo cómo cadareacción de él la excitaba aún más.
Cada suspiro y gemido de Eduardo se mezclaba con el calor deLorena. Sus dedos se movían con precisión, y no tardó en notarcómo su pija se hinchaba más, cada vez más tenso, presionandocontra su mano, buscando más contacto. Ella se mordía el labiomientras lo masturbaba con fuerza, alternando movimientos rápidos ylentos, jugando con la punta, con la base, con cada parte.
—mmmm...dale… sí… más… —gimió Eduardo, —. no doymas… — mientras una de sus manos se ubicaba en la cintura deLore.
—no...—dijo con miedo.
—perdon es que estoy re caliente, dejame tocarte un poco. Te doy50 lucas mas.—
La oferta era muy tentadora. Esta vez no lo penso tanto.
—ok, un poco, pero no te tardes mucho en acabar, mi maridopodría volver.— Mientras sus manos volvían a la verga.
Ese comentario creo que lo calentó aun mas. Ni lento ni perezoso,la mano izquierda de Eduardo fue sobre el top de mi mujer, quitándoselo para luego comenzar a masajear sus tetas.

—mmmm que hermosas tetas tenes— resoplo mientras se tenzaba.
Lore se mordió el labio y continuo masturbandolo, lo hacia confiereza, lo apretaba fuerte, le gustaba ver como se hinchaba lacabeza, el trato profesional había quedado lejos.
—mmm seguí, si…. Decime algo, te gusta mi pija?? alguna veztuviste alguna así en las manos?—
Lore continuaba callada…
—dale, seguime el jueguito así acabo mas rápido...— mientrasse relamia apretando los pechos de Lore… —uffffque tetas hermosas que tenes! te gusta mi verga? Dale! —insistió
—si, es grande— dijo tímidamente
Los dedos de Eduardo jugaban con los pezones de mi mujer, mientrasella aceleraba el ritmo de la paja…
—dale, si, seguí hija de puta, dale que ya viene...— mientrassus piernas se tenzaban, y sus huevos estabana a punto de explotar…
Lore se dejaba manosear mientras lo masturbaba cada vez masrapido…
— ahhhhhhhhhhh, seeeeeeeeeeeeeeee, ahhhhhhhhhhhhhhhhhh
La leche broto como un volcán, las manos de mi mujer se llenaronde leche espesa, mientras Eduardo se retorcía de placen en lacamilla…
—ufffff por diossss— mientras la pija le latía, erahipnótico…
Nunca habíamos visto algo semejante, una acabada increible.
Lore de a poco se fue alejando mientras acomodaba su top, en buscauna carilinas para que se limpiara.
Nerviosa — toma, limpiate y cambiate rapido que puede venir—su rostro estaba coloradisimo, estaba agitada.
En cambio Eduardo se encontraba totalmente relajado.
Se limpio, se incorporo y fue por su celular. —pasame tu aliasasi te transfiero la guita, me encanto esto, cuando podemos repetir?—
Lore se sorprendió, el dio unos pasos y se ubico frente a ella.La tomo de la cintura, le apoyo levemente el bulto.
— decime cuando repetimos, te puedo dar mas plata y si te animasa mas— mientras le tiraba la boca como para un beso.
Ella dio un paso atrás—nose, despues te escribo, ahora andatepor favor antes de que venga mi marido.
—okok, no insisto— mientras se alejaba hacia la puerta delquincho, como para irse.
—gracias— le dijo ella antes de que se fuera.
El la miro, y le guiño un ojo... Ni bien puso un pie fuera de lacasa, Lore fue a cerrar y se fue directamente al baño a darse unaducha, nunca imagino que yo había visto todo...
11 comentarios - Mi esposa, la masajista