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Nosotros y el joven del cine

Era una tarde lluviosa de octubre, de esas que te obligan a buscar refugio en cualquier lado. Norma y yo decidimos ir al cine para ver un thriller erótico que habíamos oído mencionar. Ella, con sus curvas que me vuelven loco –es una milf tetona con un culo redondo y perfecto–, se había puesto una pollera con volados y una blusa negra con escote generoso, ideal para nuestros juegos de exhibición sutil. Habíamos hablado varias veces de abrir la pareja a un tercero, pero hasta ahora eran solo fantasías. Compramos pochoclos en la entrada, y noté cómo algunos tipos la miraban de reojo mientras pasábamos. El cine estaba vacío, solo nosotros y la lluvia golpeando afuera.
Nos sentamos en medio de la sala, en las dos primeras butacas al lado del pasillo: yo en el asiento de adentro y ella al lado del pasillo, para que tuviera más libertad de movimiento. La película empezó, y pronto se puso caliente. Escenas de besos intensos, toques prohibidos, todo con esa tensión erótica que nos prendió fuego. Aprovechando que no había nadie, empecé a tocarla por debajo de la pollera. “Marcelo, qué travieso estás”, me susurró Norma con una sonrisa pícara, abriendo un poco las piernas para darme acceso. Yo le metí la mano en el escote, sintiendo sus tetas grandes y suaves, mientras ella me agarraba el bulto por sobre el pantalón. Estábamos muy calientes, jadeando bajito, cuando de repente se sentó un muchacho joven, como de veintipico, en un asiento del otro lado del pasillo, justo a la misma altura que nosotros.
Norma se enojó al instante. “Mierda, justo ahora”, murmuró, apartando mi mano. Yo también me frustré, porque mi verga ya estaba dura como piedra. Pero ella, siempre ingeniosa, no tardó en reaccionar. Tomó un puñado de pochoclos y, “sin querer”, dejó caer uno justo entre sus tetas. Se rió fuerte, llamando la atención del pibe. “Uy, mirá dónde cayó… justo acá”, dijo en voz alta, metiendo la mano en su escote profundo. Sacó el pochoclo lentamente, rozando sus pezones que ya se marcaban, y se lo llevó a la boca. Lo apoyó en su lengua, lamiéndolo con una sensualidad que me hizo hervir la sangre, y miró de reojo al joven, que ya no podía disimular su interés.
Nosotros y el joven del cine

Después, “accidentalmente”, se le cayó el celular al piso. “Qué torpe soy, ahora lo junto”, anunció en voz alta, parándose en el pasillo. Se agachó sin doblar las rodillas, levantándose la pollera hasta casi mostrar todo. Su culo redondo y perfecto quedó en primer plano para el pibe, que estaba a metros. Noté cómo se le dibujaba la tanga entre las nalgas, y ella tardó más de lo necesario en agarrar el teléfono, moviéndose un poco para que el espectáculo fuera completo. Se sentó de nuevo, riendo. “Marcelo, ¿te gusta jugar así? Yo estoy re caliente”, me dijo, con los ojos brillantes.
Yo, con la verga palpitando, le respondí: “Mirá vos misma si me gusta”. Llevé su mano a mi pantalón, donde sentía la dureza. Ella hizo un acting exagerado, mirándome con sorpresa. “Wow, tan duro estás… Qué verga grande tenés, amor”, dijo en voz alta, para que el joven la oyera. El pibe, que no se perdía detalle, se estiró para atrás en su asiento y empezó a agarrarse el bulto por sobre el pantalón, a propósito, para que lo viéramos. Era obvio que estaba excitado, y nosotros nos dimos cuenta. Decidimos escalar.
Ahora, a Norma se le “cayeron” más pochoclos en el escote. “Ay, amor, ayudame a sacarlos”, me pidió, con voz juguetona. Metí la mano en su blusa, acariciando sus tetas enormes, sintiendo los pezones duros como piedritas. Saqué uno, pero ella dijo: “Hay otro más abajo”. Metió su propia mano, y “accidentalmente” se le salió una teta entera, el pezón rosado expuesto al aire fresco del cine. Rió fuerte: “Ups, mirá lo que pasó”. Tardó en acomodarla, mirándose el pecho y tocándose un poco más de lo necesario, como si estuviera sola. El joven ya no miraba la película; tenía los ojos fijos en ella, agarrándose la verga cada vez más fuerte sobre el pantalón, casi masturbándose disimuladamente.
De repente, el pibe se levantó y se sentó exactamente detrás de Norma. Ella miró de reojo y me susurró: “Marcelo, me está empezando a acariciar la teta desde atrás. Eso me está calentando más”. Yo sentí una mezcla de celos y excitación brutal. “Depende de vos hasta dónde querés llegar”, le dije, con la voz ronca. Ella sonrió: “Sea hasta donde sea que se dé, amor. Quiero todo”. Metí la mano bajo su tanga, sintiendo lo mojada que estaba, y empecé a pajearla despacio, frotando su clítoris hinchado. El joven pasó ambas manos por detrás del asiento y masajeó sus tetas, apretándolas con ganas.
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Norma, sin dudar, se sacó las tetas fuera de la blusa, exponiéndolas completamente. “Tocámelas todas, no seas tímido”, le dijo al pibe en voz baja pero audible. Él se inclinó más, pellizcando sus pezones mientras yo seguía masturbándola. Ella gemía bajito: “Sí, así… qué manos tenés”. Yo no aguanté más, me agaché entre sus piernas, le corrí la tanga y empecé a chuparle la concha. Estaba empapada, dulce, y lamí su clítoris con la lengua, metiendo un dedo adentro. El joven se incorporó por detrás para tener mejor acceso a sus senos, amasándolos y tirando de los pezones. Norma acabó gimiendo fuerte, al unísono con la mujer de la película que gritaba en un orgasmo simulado. “Ahhh, sí… me vengo, Marcelo… seguí chupando”, jadeó, apretando mi cabeza contra su concha mientras temblaba.
Después de eso, no paramos. Norma se dio vuelta un poco en el asiento y le dijo al joven: “Dejame verte esa verga que te estás agarrando”. Él, sin pensarlo, se bajó el cierre y sacó su pija, dura y gruesa, empezando a pajearse. Ella la miró con hambre: “Qué linda… quiero probarla”. Se inclinó por sobre el respaldo y se la metió en la boca, chupándola con ganas, lamiendo la cabeza y tragándosela profunda. “Mmm, qué rica”, murmuraba entre chupadas. Yo, mientras, me saqué la mía y empecé a pajearme viéndola. “Norma, sos una puta tan caliente”, le dije, excitado. Ella soltó la verga un segundo: “Sí, amor, soy tu puta… mirá cómo se la chupo a este desconocido”.
El pibe gemía: “Dios, qué boca tenés… seguí”. Norma se levantó, se sacó la tanga completamente y se sentó a horcajadas sobre mí, en mi asiento. “Cogeme, Marcelo”, me ordenó, bajando sobre mi verga. Entré en su concha apretada y mojada, y empecé a bombearla fuerte. Ella rebotaba, sus tetas saltando. El joven, desde atrás, se paró y le metió la verga en la boca otra vez, cogiéndole la boca mientras yo la penetraba. “Tomá, puta… chupala toda”, le dijo él, y ella obedeció, gimiendo alrededor de su pija.
Cambiamos posiciones. Norma se arrodilló en el piso del pasillo, entre los asientos. “Quiero las dos vergas”, dijo. El pibe y yo nos paramos frente a ella. Nos chupó alternadamente, lamiendo una mientras pajeaba la otra. “Qué ricas… me encanta tener dos”, jadeaba. Luego, se puso en cuatro patas en el asiento, con el culo hacia el pasillo. Yo me puse atrás y la penetré por la concha, embistiéndola duro. “Sí, Marcelo, rompeme la concha”, gritó. El joven se sentó adelante y ella se la chupó mientras la cogía. Sus gemidos llenaban la sala, mezclados con los sonidos de la película.
El pibe no aguantó más. “Me vengo… ahí acabo…abrí la boca”, dijo. Norma lo hizo, y él le descargó toda su leche en la lengua y las tetas, leche caliente corriéndole por el pecho. Ella se lamió los labios: “Mmm, qué rica leche”. Yo aceleré, sintiendo que venía. “Norma, voy a llenarte”, avisé. “Sí, amor, adentro… dame todo”, respondió. Exploté dentro de su concha, llenándola de semen caliente mientras ella acababa de nuevo, gritando: “Ahhh, sí… me vengo con tu leche”.
Nos vestimos rápido, riendo nerviosos. El joven se fue sin decir mucho, solo un “gracias” murmurado. Norma y yo salimos del cine bajo la lluvia, más unidos que nunca. “Fue increíble, amor”, me dijo ella en el auto. “Sí, Norma… repetimos cuando quieras”.

5 comentarios - Nosotros y el joven del cine

Kazuo102 +1
Amigo me encantan tus relatos ya voy varias pajas, te puedo sugerir hacer uno de suegro nuera tipo cuckhold.

Segui asi!
pedagogo47
Excelente y hot relato . Saludos
manoglo1 +1
Ufff de mis fantasías favoritas! 😍
homoeroticus99 +1
Tremendo, cierto?
manoglo1 +1
Tengo pendiente el relato de Manuel 😉
homoeroticus99 +1
@manoglo1 léelo y me cuentas