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Universidad andina del cusco

En la Universidad Andina del Cusco, todos evitaban al profesor Navarro. Era frío, exigente y tenía fama de hacer reprobar a medio salón. Yo necesitaba aprobar su curso para no perder la beca, así que acepté sus “asesorías privadas” aunque algo en él me inquietaba.
Las primeras reuniones parecían normales. Revisábamos exámenes, corregíamos trabajos y hablábamos sobre mis bajas calificaciones. Pero cada vez que nos quedábamos solos, la atmósfera cambiaba. Sus miradas eran demasiado intensas. Sus silencios, demasiado largos.
Una noche, mientras la lluvia cubría el campus, me pidió cerrar la puerta de su oficina.
—Quiero ayudarte —dijo acercándose lentamente—. Pero necesito saber si realmente confías en mí.
No supe qué responder. Él levantó mi mentón con suavidad y me besó.
El beso fue lento al principio, casi cuidadoso, pero rápidamente se volvió intenso. Sentí sus manos recorriendo mi cuerpo mientras el miedo y la adrenalina se mezclaban con una atracción imposible de ignorar.
A partir de entonces comenzaron los encuentros secretos.
Nos veíamos en hoteles discretos del centro de Cusco o en aulas vacías después del anochecer. Había noches llenas de tensión, besos desesperados y caricias prohibidas que hacían que olvidara completamente el riesgo que estábamos tomando.
El profesor tenía una personalidad dominante fuera del aula. Le gustaba susurrarme al oído exactamente cuánto me deseaba mientras yo intentaba contener los nervios. Cada encuentro se volvía más intenso, más peligroso y más difícil de detener.
Mis notas comenzaron a mejorar rápidamente.
Demasiado rápido.
Los rumores en la universidad crecieron. Algunos compañeros decían que era imposible que alguien como yo sacara de pronto las mejores calificaciones del curso. Otros aseguraban haberme visto entrar al pabellón de docentes fuera de horario.
Todo explotó durante la semana final de exámenes.
Donde tuve que realizar asignaciónes y trabajos para otras materias y no pude verlo. A pesar de sus llamadas no pude ir a encontrarme con el.
Ante eso me dejó en claro que para seguir ayudandome debía continuar con el.
Hasta que salió mi calificación del parcial donde desaprobaba.
Tuve que tomar cartas en el asunto, fui a su oficina y me dijo que si quería aprobar ya sabía que hacer.
Sin dudarlo comencé a chupar su miembro, y me dijo voltéate y agáchate.
Hasta que algo me sorprendió y quedé helada sin saber que hacer.
Me colocó su miembro en la entrada de mi culo y me dijo respira profundo.
Empujando todo su miembro y yo comencé a llorar y gemir de placer y dolor
Desde ese entonces me volví adicta al anal.
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