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Lujuria en el Dojo

Lujuria en el Dojo

El aire en la habitación pesaba, saturado de un aroma a jazmín y deseo animal. La joven de la trenza roja ajustaba los tirantes de un sostén de encaje blanco que apenas contenía sus pechos, mientras que abajo, una tanga de seda transparente dejaba ver un bulto prominente y erecto que palpitaba con cada respiración."¿Quién de ustedes se atreve a empezar primero?" preguntó la de la trenza, con una voz que mezclaba la dulzura femenina y un hambre voraz.La chica del cabello corto y negro, vestida con un conjunto de lencería negra que apretaba sus muslos, soltó una risita nerviosa. Un plug anal de acero inoxidable brillaba en su retaguardia, expandiéndola mientras caminaba con pasos cortos."Creo que tú tienes demasiada confianza para alguien que está goteando sobre ese encaje tan caro," replicó la del cabello corto, acercándose para rozar su propia erección contra la cadera de la otra.La extranjera de ojos rasgados y cabello claro, adornada con medias de red y un corsé rojo que marcaba violentamente la longitud de su miembro, se deslizó entre ellas. En su mano sostenía un dildo de silicona negra, grueso y veteado."Menos palabras, más placer," siseó la extranjera, hundiendo el juguete con un movimiento brusco en la entrada lubricada de la pelirroja con atuendo de sirvienta.Un gemido gutural escapó de la sirvienta. Sus piernas temblaron mientras el dildo llenaba su cavidad, desplazando el aire con un sonido húmedo, un squelch viscoso que resonó en el silencio."¡Oh, Dios! Sigue... no pares," suplicó la sirvienta, arqueando la espalda mientras sus propios dedos buscaban el bulto de la chica del cabello corto."Miren cómo se marca bajo la tela," observó la de la trenza roja, bajando la mirada hacia la entrepierna de la extranjera. "Ese miembro quiere salir ya.""Entonces ayúdame a liberarlo," respondió la extranjera, mientras empezaba a frotar su glande contra el clítoris artificial de la chica del cabello corto, creando un ritmo frenético de piel contra piel.El encuentro se convirtió en un nudo de extremidades y encajes rasgados. El sonido de los cuerpos chocando, el slap rítmico de los testículos golpeando contra los muslos y el shlicking de los fluidos naturales llenaron el espacio. La de la trenza roja se posicionó detrás de la sirvienta, sustituyendo el dildo por su propia carne caliente, penetrándola con una estocada profunda que hizo que la otra gritara de placer."¡Estoy llegando! ¡Ya no aguanto más!" gritó la chica del cabello corto, mientras se masturbaba con desesperación, sintiendo cómo la presión en su próstata alcanzaba el límite."¡Hagámoslo juntos!" exclamó la extranjera, acelerando el ritmo de sus caderas.En un clímax coordinado, un espasmo colectivo sacudió sus cuerpos. El semen estalló en chorros violentos y espesos, manchando el encaje blanco, la seda negra y el rojo vibrante. El fluido blanco y caliente salpicó sus abdómenes y rostros, una explosión de liberación que los dejó jadeando, entrelazados y cubiertos de una capa brillante de deseo cumplido.


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