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La Puta Barata De Mi Bully 2

El timbre sonó seco y el estómago se me encogió de golpe. Sabía que era él, volviendo de la calle con esa furia sorda en los hombros. Fui corriendo a encajarme el vestido más corto y ajustado que tenía, ese que me marcaba cada curva, porque si lo hacía esperar un solo segundo, los gritos iban a arrancar antes de cruzar la puerta.
Entró con el saco arrugado, oliendo a asfalto y al sudor agrio de tipo que se cree dueño de todo. Apenas cruzó el umbral, me clavó los dedos en el cuello con violencia, me arrastró hasta la sala y se tiró pesado en el sillón.
— Arrodillate, perra, que vengo con la cabeza hecha pelota y necesito que me descargues toda la bronca del día. Me ordenó roncamente, abriéndose la bragueta de un tirón.
Me dejé caer sobre el piso frío y saqué su verga dura de entre los pantalones.
*— Si hace unos años me hubieran dicho que iba a terminar así...* Pensé con los ojos ardiendo de rabia, mientras le envolvía la carne con los labios. *Imaginaba que a esta edad estaría en una oficina de verdad, casada con un hombre que me respetara, no abriéndome la garganta para saciarle los vicios al infeliz que me arruinó la vida.*
— Vamos, mové la boca con ganas y sacame este estrés de encima, que no te pago para que pongas caritas de mártir. Me ladró, agarrándome del pelo con fuerza bruta.
*— Te odio tanto que cada vez que te trago el semen siento que trago veneno...* Me repetía el pensamiento con un nudo asfixiante, arrastrando la lengua por su piel. *Pero tengo que hacerle la putita y aguantar que me use, porque si le contesto mal nos deja sin comer a mí y a nuestro hijo...*
— Eso, tragamela toda hasta el fondo, mirá cómo te gusta chupar carne cuando te apretó la nuca. Se burló él, hundiéndome la pelvis con furia y obligándome a tragarme su tamaño de golpe.
— Mmmgh... ah... Siseé ahogada, con los ojos llorosos, clavándole las uñas en los muslos mientras le hacía la mejor paja oral posible para que se vaciara rápido.
*— Me vendí por migajas, me puse una cámara enfrente para que miles de pajeros me vean el culo y me transformé en la prostituta de mi propio bully...* Sentía un vacío negro quemándome por dentro. *Todo por una miseria para comprarle los pañales al nene...*
— Qué buena boca tenés cuando te ponés obediente, aunque sé que me detestás. Pero sos mía, sos mi basurero y hacés lo que quiero. Me siseó al oído, dándose impulso con las caderas.
— S-sí... soy tuya... haceme mierda la garganta si querés... Le mentí con voz melosa, arrastrándome en su juego sucio, obligando a mi garganta a relajarse mientras sentía las primeras embestidas dentro de mi boca.
— Así me gusta, perra insaciable. Abrí bien que ya me voy a vaciar adentro. Rugió Braian, estirándome el pelo hacia abajo sin piedad mientras me inundaba el paladar con su chorro caliente y espeso.
La Puta Barata De Mi Bully 2

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El departamento estaba en completo silencio, apenas interrumpido por la respiración suave de nuestro hijo que dormía en la pieza de al lado. Yo estaba apoyada en cuatro patas sobre el sillón del living, completamente desnuda, con la luz tenue de la calle filtrándose por la ventana y marcando cada curva de mi cuerpo destrozado. Braian había entrado hacía unos minutos con los ojos inyectados en sangre, oliendo a alcohol barato y con esa furia sorda que siempre descargaba conmigo. Sin decir una sola palabra, me había arrancado la ropa, me había dado vuelta y me había plantado en esa postura, sabiendo exactamente cómo hacerme sufrir.
— Apoyate bien contra el respaldar, perra, no me bajes la cola y quedate firme porque te voy a vaciar la concha hasta que no te quede alma. Me siseó al oído con esa voz ronca y pesada, dándome una palmada seca y sonora en la cadera que hizo resonar el golpe en la penumbra.
— Mmmh... Shhh... Por favor, bajá un poco la voz... El nene duerme cerquita y se va a despertar... Le supliqué en un hilo de voz, con el miedo atragantado en la garganta, sabiendo que cualquier ruido podía arruinarlo todo.
— ¿Qué te importa el pibe ahora, trola? Si total ya está acostumbrado a escuchar cómo su vieja se abre de piernas y se traga toda mi leche para ganarse el mango. Me escupió con desprecio, estirándome el pelo hacia atrás para obligarme a arquear la espalda.
*— Si hace unos años me hubieran dicho que iba a terminar así...* Pensé con los ojos ardiendo de rabia contenida, apretando los dientes contra el tapizado viejo del sillón. *Imaginaba que a esta edad estaría recibida, trabajando en algo digno, casada con un hombre que me amara y me respetara de verdad, no convertida en la prostituta personal del monstruo que me arruinó la vida.*
— Abrí bien las cachas solita, qué puta obediente sos cuando sabés que necesitás que te pague para mantener al crío. Se burló Braian, acomodándose la bragueta y apoyando todo su peso pesado contra mis riñones.
*— Te odio tanto que cada vez que me tocás siento arcadas...* Me repetía el pensamiento con un fuego ciego quemándome las entrañas. *Pero no puedo hacer nada, me da terror plantarme, me da terror que nos dejes en la calle o que le falte un plato de comida a nuestro hijo por mi culpa...*
— Mirá cómo me apretás con ese antro, sos mi bolsa de carne favorita para sacarme las de andar. Rugió el chabón, y sin ningún tipo de preámbulo me clavó sus veintitrés centímetros de un solo golpe seco y salvaje en la vagina.
— ¡Aiaaaah! ¡Mmmh, mmmh! Gemi ahogada al instante, sintiendo que la carne se me desgarraba por dentro con una estocada tan profunda que me cortó la respiración.
*— En vez de eso, mírame ahora...* Las lágrimas silenciosas empezaron a gotear por mis mejillas, empapando el almohadón. *Penetrada a la fuerza por el último hombre en este mundo con el que me hubiera gustado acostarme, usada como una muñeca de goma para grabar porno y mendigar unas monedas...*
— ¿Te duele, perra? Aguantátela en silencio como hacés siempre y poné cara de que te encanta que te rompa la concha. Me ordenó con saña, empezando a darme embestidas brutales que hacían crujir los resortes del sillón contra la pared.
— ¡Mmmh! ¡Sí... más despacio... mmmh! Gemí fingiendo desesperación, metiéndome las manos adentro de la boca para ahogar los gritos y evitar a toda costa que el nene se despertara en la habitación contigua.
*— Me trago el orgullo, las náuseas, los videos de mierda que me obligás a hacer para OnlyFans y este infierno diario...* Sentía un vacío negro y espeso en el pecho. *Todo por una miseria, vendida y humillada solo para sobrevivir al día a día...*
— Eso, mordete las manos y tragate los berrinches, que para eso te tengo acá. Mirá cómo me mojás la verga, sos una adicta a mis embestidas aunque te hagas la mártir. Se rio él, azotándome los muslos con cada estocada más rápida y pesada.
— ¡Ah, por favor... Braian... mmmh! Continué gimiendo con falsa devoción, obligando a mi cuerpo a arquearse y a recibirlo con toda la malicia de una puta sumisa, usando sus propios vicios para que se viniera rápido y se fuera de una vez.
*— Si tuviera una sola gota de valor, te diría que sos un cobarde de mierda y te escupiría la cara...* Pensaba con el corazón latiéndome a mil por hora en las sienes. *Pero tengo tanto miedo, tanto terror de quedarme sola y sin nada, que prefiero seguir abriéndome las piernas y dejar que me mates el alma en silencio...*
— ¡Toda tuya, perra del orto, tragate toda mi leche! Gritó Braian en un rugido sordo, dándome la estocada final más profunda y violenta, inundándome por completo mientras yo me quedaba temblando, rota y en absoluto silencio sobre el sillón.
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La noche anterior había vuelto a entrar a la pieza como un animal, rompiéndome la puerta a patadas y violándome sin decir una sola palabra, dejándome el cuerpo entero estrujado y dolorido en medio de la oscuridad. Cuando por fin terminó de vaciarse adentro y se calmó, no me dejó ni siquiera subir a la cama: me empujó del colchón de un manotazo y me obligó a tirarme a dormir en las baldosas frías, como si fuera un perro viejo.
Me desperté en el piso, tiritando por el frío y con la espalda hecha pedazos, sintiendo el olor a alcohol rancio que todavía flotaba en el aire. Él roncaba pesado, estirado a lo largo de la cama, con una pierna colgando y la verga gorda, dura y transpirada totalmente afuera del boxer, esperando que yo cumpliera con mi maldita obligación matutina.
Me arrastré por el suelo a gatas, con las rodillas moradas y el corazón latiéndome en la garganta del miedo y la bronca. Me acomodé abajo de la cama, abrí la boca y le envolví la carne sudada con los labios para despertarlo a chupadas, tal como me lo exigía todas las mañanas.
*— Qué locura pensar que a esta edad me imaginaba despertando al lado de un tipo que me amara, en una casa limpia, tomando unos mates tranquila...* Pensé con los ojos ardiendo de lágrimas contenidas, mientras le pasaba la lengua por la base de la verga. *En vez de eso, acá me tenés, tirada en el suelo mugriento, abriéndole la garganta a la mierda humana que me arruinó la vida antes de que pudiera empezar.*
— Mmmgh... ah... Siseé ahogada por el tamaño y el asco, sintiendo el gusto salado y pesado de su transpiración pegada al paladar.
*— Lo detesto tanto que cada vez que le toco la pija siento arcadas reales...* Me repetía el pensamiento con un fuego ciego quemándome las entrañas. *Pero no me da el alma para plantarme, tengo tanto terror de que nos deje en la calle, de que al nene le falte leche, que prefiero tragarme el orgullo y hacerle la putita sumisa que quiere ver.*
Se empezó a mover pesadamente en el colchón, abriendo los ojos de golpe con esa mirada inyectada en sangre de borracho que tanto pánico me daba. Al verme ahí abajo, tragándome su miembro de rodillas sobre el piso frío, se le dibujó una sonrisa cínica y perversa en la comisura de los labios.
— Miren a la princesita, tan atenta y servicial apenas abre los ojos. Se burló Braian con esa voz ronca de la resaca, estirando la mano para clavarme los dedos en el pelo y empezar a zamarrearme la cabeza contra su entrepierna.
— B-buen día, Braian... Te la estoy chupando bien para que te levantes de buen humor... Le mentí con una vocecita frágil, temblando de miedo y forzando una sumisión patética que me daba vergüenza a mí misma.
*— Si tuviera una sola gota de coraje, le escupiría la verga y le diría que se pudra solo...* Pensaba con las sienes latiéndome a mil por hora, mientras le movía la mano despacio para mantenerlo contento. *Pero soy una cobarde, estoy atada de pies y manos por la plata, por la comida y por esta dependencia de mierda que me creó.*
— Así me gusta, trola, que me hagas el aguante desde temprano. Mové bien la lengua que la tengo hinchada de ganas y necesito otra ronda antes de arrancar el día. Me ordenó el chabón, hundiéndome la pelvis con más fuerza.
— S-sí... lo que quieras... Te la voy a dejar bien limpiecita... Balbuceé con la boca llena, tragando saliva con dificultad y obligando a mi garganta a relajarse para que no se enojara.
*— Pensar que me metí en esta trampa grabándole contenido porno y abriendo cuentas de OnlyFans para que él se lleve todo...* Sentía un vacío negro desgarrándome el pecho. *Terminé convertida en la prostituta de mi propio bully, una esclava barata que vive asustada por si se levanta con ganas de pegarme.*
— Te queda re bien ese papel de puta obediente, aunque sé que por dentro me querés matar. Pero sos mía, mi bolsa de carne preferida. Remató el maldito con una risa burlona, obligándome a seguir tragando sin respiro hasta que se decidió a levantar del colchón.
cambio de cuerpo

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Tenía la cara enterrada contra las sábanas revueltas, con todo el peso de su cuerpo aplastándome la espalda mientras me vaciaba la concha sin piedad. El colchón crujía contra la pared y mis piernas no dejaban de temblar, aflojándose por el esfuerzo y el dolor acumulado de las horas de encaje, gritos y humillaciones.
— Quedate firme ahí, perra, no te me hagás la muerta que todavía me falta terminar de darte vuelta. Me siseó Braian con esa voz ronca y pesada, dándome un manotazo seco en la nuca para que no levantara la cabeza.
— Mmgh... por favor, aflojá un poco... ya no me siento las piernas... Balbuceé contra la tela, con la voz ahogada por el llanto y la falta de aire, sintiendo el calor espeso de sus fluidos escurriéndose por mis muslos.
— ¿Qué querés que afloje, trola? Si vine exclusivamente a usarte hasta que no te quede alma. Agradecé que te doy el gusto de atender a tu dueño. Me escupió con desprecio, tirándome del pelo hacia atrás para obligarme a arquear la espalda.
*— Qué locura...* Pensé con los ojos ardiendo de bronca, apretando los dientes contra la almohada. *Hace unos años, cuando imaginaba cómo iba a ser mi primera vez, pensaba en algo tan distinto... Creí que el día que me acostara con un hombre iba a ser por amor, con alguien tierno, que me respetara y me acariciara de verdad, no convertida en la esclava sexual del sorete que me arruinó la adolescencia.*
— Abrí bien los ojos y mirame cuando te hablo, o te creés que podés ignorarme mientras te hago mierda. Me ordenó el maldito, clavándome los dedos en la cadera con saña.
— S-sí... te escucho... lo que quieras... Le mentí con una vocecita frágil, tragándome la furia ciega que me quemaba el pecho para no darle motivos de que me pegara peor.
*— En vez de eso, mírame ahora...* Las lágrimas se me cayeron directo al colchón. *Penetrada a la fuerza, grabada como una puta para las redes sociales, abriéndome el culo y la vagina para que mi propio bully me use como un trapo viejo... Jamás me imaginé que mi vida se iba a resumir en temblar de miedo mientras una verga tan desproporcionada me destrozaba por dentro.*
— ¿Viste lo bien que te entra mi pija? Sos mi bolsa de carne favorita, por más cara de orto que pongas cuando estás sola. Se burló Braian, dándome otra estocada pesada antes de sacarse de encima de un empujón.
— Q-que te pudras... Pensé con los puños cerrados contra el suelo, muriéndome de ganas de gritárselo en la cara, de decirle que lo detesto con cada célula de mi cuerpo.
*— Pero no me da el alma para plantarme...* Me repetía el cerebro con un nudo asfixiante en la garganta. *Tengo tanto terror de que nos deje en la calle, de que al nene le falte un plato de comida, que prefiero tragarme el orgullo, fingir que me gusta y seguir sirviéndole de juguete todas las veces que se le cante el orto.*
bully

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Estaba parada frente al respaldo del sillón, doblada por la mitad con las manos aferradas al almohadón y el culo completamente expuesto. Lo único que llevaba puesto eran unos tacos altos negros que me hacían las piernas más largas, mientras el eco de sus pasos pesados me avivaba el terror en la nuca. Braian me plantó una nalgada seca que hizo temblar mis carnes y me empujó la cadera hacia adelante sin darnos tiempo a respirar.
— Mirá cómo te tiemblan las piernas, perra de cuarta, ¿así de flojita te ponés cuando te acomodo para darte por el orto? Me siseó al oído, acomodándose la verga dura contra la entrada de mi culo.
— Ah... mmmh... por favor, hacelo rápido... ya no me sostengo parada... Balbuceé con la voz temblorosa, arqueando la espalda para dejarle el paso libre a su miembro.
— ¿Querés que te apure? Si recién arrancamos, trola, aguantá los trapitos y cerrá el orto que vine a usarte un rato largo. Me ladró con desprecio, tirándome del pelo hacia atrás para obligarme a mirar el espejo de la pared.
*— Qué locura...* Pensé con los ojos clavados en mi propio reflejo, sintiendo un nudo asfixiante en el pecho. *Hace un tiempo me imaginaba de otra manera, estudiando, quizás casada con un pibe bueno, de esos que te respetan y te dan un abrazo de verdad, no convertida en la muñeca de goma de mi propio bully que me usa en pelotas y en tacos altos para matarme a traiciones por atrás.*
— Eso, quedate dura y abrime bien las cachas que me calienta verte sufrir con la carita tapada de vergüenza. Se burló él, apoyando todo su peso contra mi cintura.
— S-sí... lo que quieras... rompeme todo si querés... Le mentí con una sumisión patética, tragándome la bilis que me subía por la garganta para mantenerlo contento y que no me pateara.
*— En vez de eso, mírame ahora...* Las lágrimas se me cayeron al piso de parquet. *Expuesta, doblada como una cualquiera, vendiendo mi cuerpo en internet para pagar las cuentas y dejando que el sorete que me arruinó la adolescencia me destruya el cuerpo a exigencias diarias...*
— Mirá qué bien te entra la pija cuando te ponés en cuatro, sos mi bolsa de carne preferida para descargar la bronca del día. Rugió Braian, y sin previo aviso me clavó sus veintitrés centímetros de un solo golpe seco en el esfínter.
— ¡Aiaaaah! ¡Mmmh, la puta madre! Gemi ahogada, apretando los dientes contra el tapizado mientras el dolor me recorría la columna entera y me aflojaba las rodillas.
*— Si tuviera una sola gota de sangre en las venas, me daría media vuelta y le diría que se pudra con su plata...* Pensé con una furia ciega latiéndome en las sienes. *Pero tengo a nuestro hijo en la otra pieza, tengo una heladera vacía y un terror tremendo a quedarme en la calle sin nada, así que me trago el orgullo y sigo acá...*
— ¿Te duele, perra insaciable? Poné cara de que te encanta o te saco los tacos a patadas y te dejo tirada en el suelo. Me ordenó con saña, empezando a darme embestidas salvajes que hacían chocar mis caderas contra el respaldar.
— ¡Mmmh! ¡Sí... más fuerte, Braian... me encanta! Gemí fingiendo un placer que me daba asco, obligando a mi voz a sonar desesperada para encenderle los vicios.
*— Me trago las náuseas, las humillaciones, los videos porno que me obliga a subir y este infierno constante...* Sentí que el alma se me caía a pedazos. *Todo resumido a ser la puta barata del hombre al que más odio en este mundo...*
— Eso, llorá y pedime más, que con esa carita de sumisa me vaciás la cabeza de ganas. Apretame con el orto, trola. Se rio él, azotándome los muslos con cada estocada más pesada.
— ¡Ay, por favor... no pares... venite adentro mío! Supliqué con falsa locura, moviendo las caderas a su ritmo para obligarlo a correrse de una buena vez y que terminara esta pesadilla.
*— Ojalá un día se dé vuelta la taba...* Me repetía el pensamiento con un fuego frío recorriéndome las entrañas. *Ojalá alguien te trate exactamente igual para que sepas lo que es romperse por dentro por culpa de un cobarde...*
— ¡Toda tuya, perra del orto, tragate mi leche hasta el fondo! Rugió el chabón en un último arrebato, dándome la estocada final más violenta antes de vaciarse con todo adentro mío y dejarme temblando sobre los tacos.
feminizacion

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Estaba apoyada en cuatro patas sobre el tapizado viejo del sillón, con la espalda arqueada y las nalgas al aire mientras Braian me bombardeaba el culo a embestidas secas y pesadas. Giré la cabeza apenas hacia atrás para mirarlo de reojo, intentando calcular cuánto le faltaba para vaciarse.
— ¿Qué miras, perra sucia? ¿Te gusta cómo te rompo el orto o estás contando los minutos para que me vaya? Me escupió el chabón con la voz ronca, dándome un nalgazo tan fuerte que el eco resonó en todo el living.
— Mmmh... no, miraba para ver si... ah... si te estabas viniendo... Balbuceé con la voz quebrada, fingiendo una desesperación caliente para mantenerlo enchufado.
*— Si supieras las ganas que tengo de dar vuelta la cara, escupirte el piso y mandarte a la mierda...* Pensé apretando los dientes contra el almohadón, con el pecho lleno de una rabia sorda. *Jamás me imaginé este futuro; cuando era más chica juraba que a esta edad iba a estar casada con un tipo respetuoso, formando una familia linda y con amor, no tirada en un sillón mugriento abriéndome el culo para que mi propio bully me use como un juguete descartable.*
— ¿Querés que me corra rápido, trola? Si total te encanta sentir mi pija ahí adentro, aunque pongas carita de mártir cuando estás sola. Se burló Braian, agarrándome de los pelos para tirarme la cabeza hacia atrás.
— S-sí... haceme mierda... mmmh... lo que quieras... Le supliqué con los ojos llenos de lágrimas, poniendo mi mejor cara de puta desesperada.
*— Me da un asco terrible tener que suplicarle así, tragarme el orgullo y actuar como una calienta huevos obsesionada...* Sentía un nudo asfixiante en la garganta. *Pero sé perfectamente que si no lo complazco, si no le grabo los videos porno para que se lleve el noventa y nueve por ciento de la plata, al nene y a mí nos espera el hambre total.*
— Eso, aguantá ahí y cerrá el orto, que todavía tengo leche de sobra para vaciarte adentro de ese antro. Me siseó al oído, acelerando el ritmo de los golpes sin una pizca de piedad.
— Mmmh, dale... llename todo... ah... no aguanto más... Gemí de forma exagerada, moviendo las caderas para seguirle el juego aunque el dolor en el esfínter me fuera insoportable.
*— Pensar que el último hombre en este mundo con el que me hubiera gustado meterme es justamente este sorete...* Me repetía el cerebro con impotencia. *Y acá me tenés, rogando que me coja una y otra vez, aguantando horas de abuso porque usa mi miseria y la necesidad de mi hijo como correa.*
— Qué buena puta sumisa resultaste al final, viniste a parar exactamente a donde pertenecés, siendo mi bolsa de carne favorita. Remató el maldito con una risa cínica.
— Mmmh... sí, soy tu perra... lo que vos digas... Murmuré tragándome el llanto, aguantando las embestidas interminables hasta que por fin decidió venirse adentro mío.
puta

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El motor del auto ronroneaba flojito en la oscuridad, estacionado a media cuadra de casa. Braian se había aparecido pasadas las tres de la mañana, totalmente escabiado, con los ojos rojos y esa maña violenta de querer patear la puerta para entrar a la rastra. Como el nene se acababa de dormir y yo no quería que lo despertara con sus gritos de animal, lo había frenado antes de bajar y lo convencí de quedarnos metidos en el asiento delantero.
— No rompas todo, dale... quedate acá un ratito conmigo, querés? Le dije con la voz más dulce y fingida que me salió, rozándole el brazo por encima de la campera para calmarle la furia.
— ¿Qué hacés, perra? ¿Me querés chupar la sangre o me vas a atender acá abajo antes de que suba a romperte toda la concha? Me largó él con la voz pastosa por el alcohol, tirándome de los pelos hacia su costado.
— S-sí, te voy a hacer lo que quieras acá mismo... dejame que te acomode la ropa... Balbuceé temblando, bajándole el cierre del pantalón mientras sentía el olor a vino barato que le salía por los poros.
*— Qué desastre...* Pensé con una bronca sorda apretándome el pecho mientras le manoseaba la bragueta a oscuras. *Si levantaba la vista y recordaba cómo soñaba mi vida de pendeja, me daban ganas de llorar. Creía que a esta altura iba a estar casada con un flaco copado, viviendo en una casa ordenada, compartiendo un futuro lindo con alguien que me respetara de verdad, no metida en un auto mugriento, pajendole la verga al sorete que me arruinó los mejores años.*
— Apurá esa mano, trola, que la tengo dura como una piedra y me da igual si estamos en la calle o en la cama. Me siseó el chabón, recostándose pesado contra el respaldo y cerrando los ojos.
— Mmmh... sí, ya te la estoy lavando bien... mirá cómo se te pone para mí... Le mentí con una falsa calentura en la voz, metiéndole la mano adentro del boxer para agarrarle el miembro sudado.
*— Pero acá estoy...* Las lágrimas se me hacían un nudo caliente en la garganta mientras le movía los dedos con ritmo rápido. *Reducida a una piba patética que tiene que usar su propio cuerpo como carnada en la calle para que el bully no le destruya la puerta de casa, tapándole la boca a base de pajas y petes express para que no joda al nene.*
— Eso, agarrasela bien fuerte, te encanta andar manoseándome la pija a cualquier hora. Se burló Braian, respirando hondo y dejándose hacer con una sonrisa de asco en la jeta.
— Mmmh... sí, sos insaciable... ahora relajate un poco acá conmigo... Le seguí la corriente, rogando mentalmente que con esa bajada de caña se quedara dormido en el asiento y me perdonara la ronda de adentro.
*— Ojalá te desmayes acá mismo, ojalá te dé una borrachera tan pesada que te tengas que volver solo...* Pensaba con los dientes apretados, mientras le apretaba la verga con saña disimulada. *Te detesto tanto que me da náuseas tocarte, pero soy incapaz de plantarte cara porque sé que si te enojás me arruinás lo poco que me queda.*
— Qué buena puta sos cuando te lo proponés, mirá cómo me la ponés a punto caramelo. Me tiró él, manoseándome un pecho por arriba de la remera con desprecio.
— S-sí... descansa un cachito acá, no subamos todavía... Le supliqué en un susurro, aguantando las ganas de vomitar del asco.
*— Pensar que el último hombre que iba a tocarme de esta manera pensé que iba a ser mi pareja, alguien que me hiciera sentir mujer...* Me repetía la cabeza con un vacío tremendo. *Y terminé convertida en la esclava de mi propio acosador, abriéndome las piernas y las manos a cambio de migajas.*
— ¿Qué estás murmurando ahí abajo, tarada? ¿Querés que te agarre acá mismo en el asiento y te rompa el orto? Me retó de golpe, abriendo los ojos con chispa brava.
— N-nada, mi amor... te decía que te amo... te estoy haciendo la paja bien rica para que te calmes... Le mentí de inmediato, tragándome el orgullo hasta el fondo del alma con tal de salvar la noche.
*— Mentiras, puras mentiras de mierda...* Me decía el pensamiento con una furia ciega recorriéndome las venas. *Ojalá un día la vida te devuelva el triple de todo el infierno que me hiciste pasar desde el colegio...*
— Bueno, seguí moviendo la mano y no rompas los huevos, que con esto me conformo por ahora. Me sentenció el chabón, volviendo a cerrar los ojos mientras yo seguía ahí, atada a su capricho en la oscuridad del auto.
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El motor seguía apagado y el frío de la madrugada se metía por las rendanillas de las ventanillas del auto, pero entre nosotros el aire estaba pesado y caliente. Yo seguía encajada en el asiento del acompañante, con las piernas abiertas hacia el volante y la cabeza empujada contra el tablero, mientras Braian me ahogaba la garganta a pura embestida oral sin importarle lo apretado del lugar.
— Abrí bien el cogote, trola, que con la paja sola no te vas a salvar de atenderme como corresponde. Me escupió ronco el chabón, agarrándome de los pelos con fuerza bruta para clavarme su miembro hondo hasta la campanilla.
— Mmmh... ah... kkh... Por favor, más despacio... que me ahogo... Balbuceé con los ojos llorosos, tragando saliva con desesperación mientras sentía el olor a vino barato y transpiración metido en cada poro de mi cara.
— ¿Te ahogás? Si para eso estás, perra. Agradecé que te uso la boca acá afuera y no te despierto al crío adentro de la pieza. Me retó él, dándome un tirón seco del cuero cabelludo para marcarme el ritmo.
*— Qué asco...* Pensé con una bronca ciega quemándome las sienes, apretándole los muslos con las manos para aguantar las arcadas. *Cuando iba a la secundaria, jamás me imaginé que mi destino iba a ser este: arrodillada en el asiento mugriento de un auto, ahogándome con la verga del pibe que me hacía bullying, convertida en su basurero personal para que no entre a romper la casa.*
— Eso, tragatela toda hasta el fondo, que bien que te gusta chupar porquería. Se burló Braian, respirando agitado y dándome una palmada fuerte en la mejilla.
— S-sí... mirá cómo te la chupo... te la dejo bien limpia... Le mentí con voz temblorosa, forzando una sumisión patética para tenerlo contento y evitar que abriera la puerta de casa.
*— Yo que fantaseaba con un futuro completamente distinto...* Las lágrimas se me mezclaban con la saliva en los labios. *Me creía que a esta altura iba a estar estudiando tranquila, compartiendo mi vida con un tipo respetuoso, amoroso, casada de blanco y formando una familia de verdad, no siendo la puta barata de mi propio acosador.*
— Mové más rápido la lengua, golosa, que ya siento que me quema la cabeza y me voy a vaciar adentro tuyo. Me ordenó el chabón, hundiéndome la pelvis con furia y acortando los movimientos.
— Mmmh... mmmf... Sí, reventame la garganta... vení... Le seguí el juego con desesperación, metiéndole la mano en los huevos para apurarle el orgasmo y sacármelo de encima de una vez.
*— Pero acá estoy, atrapada en este infierno diario...* El pensamiento me taladraba el pecho como un puñal. *Obligada a tragar su semen, a grabar porno para que él se lleve la plata, a sonreírle y rogarle como una obsesionada para que no nos deje en la calle con el nene...*
— ¡Agh, mirá cómo me apretás con la boca, pedazo de puta! Rugió Braian de repente, cambiando la postura de golpe.
— ¡Mmmh! ¡No pare... hágamelo... corrase acá! Le supliqué fingiendo un placer que me daba arcadas, arqueando el espinazo contra el tapizado del auto.
*— Ojalá te ahogues vos también, ojalá un día la vida te devuelva el triple de todo el daño que me hiciste...* Pensaba con los dientes apretados, odiándolo con cada célula de mi cuerpo. *Pero soy una cobarde, tengo tanto terror de que me pegue o nos deje sin comer, que prefiero seguir tragando su porquería en silencio.*
— ¡Toda tuya, perra, tragate mi leche caliente! Gritó el maldito en un estallido sordo, dándome la última embestida seca en la boca y llenándome toda la garganta de un chorro espeso y amargo que me obligué a tragar sin respirar hasta la última gota.
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El picaporte de la puerta cedió de golpe y Braian se metió a mi habitación sin golpear, con los ojos inyectados en sangre y la respiración pesada del que viene cazando presa. Yo estaba intentando acomodar unas cosas al borde del colchón, pero no me dio tiempo ni a respirar: de un manotazo bruto me tiró hacia adelante, dejándome la mitad del torso apoyado contra la cama y el culo completamente expuesto al aire, con la cola alzada y las piernas abiertas.
— Quedate firme ahí, perra, no te me hagás la viva que hoy te voy a dar por todos lados hasta que no te quede alma. Me siseó al oído, con esa voz ronca que me helaba la sangre, mientras me estiraba el pelo hacia atrás.
— Mmmh... ah... por favor, un poco de cuidado... Balbuceé contra las sábanas, apretando los puños con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos.
— ¿Cuidado querés, trola? ¡Si vine a reventarte toda la concha por hacerte la difícil! Agradecé que te uso de juguete y te doy el gusto. Me escupió con desprecio, tirándome de los pelos con una mano para encajármela bien en la nuca y aplastarme la cara contra el colchón.
*— Qué asco...* Pensé con los ojos ardiendo de bronca contenida, mientras sentía el peso de su cuerpo abalanzándose sobre mi espalda. *Cuando iba a la secundaria, jamás me imaginé que mi vida iba a terminar así, reducida a esto. Yo fantaseaba con un futuro completamente distinto, estudiando en la facultad, imaginando que el día que me casara iba a ser con un flaco bueno, respetuoso y amoroso, no siendo la puta barata y sumisa de mi propio acosador.*
— Abrieme bien las cachas solita, que ya conozco la postura de memoria, qué buena prostituta sos cuando te pongo contra las cuerdas. Se burló el chabón, acomodándose la ropa y apoyando su verga dura contra mi entrada.
— S-sí... haceme lo que quieras... ya estoy lista para vos... Le mentí con una falsa desesperación en la voz, arqueando la columna para facilitarle la entrada y evitar que se enojara peor.
*— En vez de eso, mírame ahora...* Las lágrimas se me cayeron directo a las sábanas, mojando la tela con impotencia. *Penetrada a la fuerza, obligada a abrirme el culo y la vagina para grabar videos de OnlyFans, usada como una bolsa de carne por el último hombre en este mundo con el que me habría gustado acostarme.*
— ¿Viste cómo te encanta que te rompa el orto aunque pongas cara de mártir? Mirá cómo me mojás de las ganas que tenés, perra de mierda. Siguió insultándome con saña, dándome un manotazo sordo en la cadera que me hizo estremecer.
— ¡Aiaaaah! ¡Mmmh, sí, metémela toda... reventámela! Gemí fingiendo un placer que me daba arcadas, clavando las uñas en el colchón para aguantar la estocada brutal que me mandó de un solo golpe.
*— Si tuviera una sola gota de valor, me daría media vuelta y le diría que se pudra...* El pensamiento me taladraba las sienes como un taladro. *Pero tengo tanto terror de quedarme en la calle, de que le falte plata para comer a nuestro hijo, que prefiero tragarme el orgullo, hacerle la putita obsesionada y dejar que me despedace el alma.*
— Eso, aguantá los trapos y apretáme bien con esa concha, que hoy te voy a vaciar la cabeza a cogidas hasta que te duermas llorando. Rugió Braian, acelerando el ritmo de las embestidas y haciéndome temblar las piernas de punta a punta.
— ¡Mmmh! ¡Sí, más duro... dale a tu puta! Le seguí rogando con la voz quebrada, usando toda mi habilidad para complacerlo y que terminara rápido, aunque sabía que me esperaba una hora entera de infierno.
*— Ojalá la vida te devuelva el triple de todo el daño que me hiciste...* Me repetía el alma rota con un fuego ciego en el pecho. *Ojalá un día te mueras solo y sientas lo que es ser pisoteado...*
— Mirá cómo me apretás con ese antro, sos insaciable, por más que te hagas la sufrida sé que te encanta ser mi perra. Me remató el maldito con una risa burlona, hundiéndome la pelvis sin piedad mientras yo seguía ahí, atrapada y sin salida.
La Puta Barata De Mi Bully 2

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Entró a mi pieza sin tocar, pateando la puerta con esa furia borracha que ya conocía de memoria, dispuesto a cobrar la ronda del día sin importarle nada. Me encontró parada junto a la cama y de un manotazo seco me arrojó boca abajo sobre el colchón, abriéndome las piernas a la fuerza.
— No te me hagás la difícil ahora, perra, date vuelta y ponete en cuatro que te voy a destrozar el orto sin anestesia. Me siseó Braian con la voz áspera, bajándose el cierre de los pantalones a los tirones.
— Mmmh... no, por favor, por atrás no... me duele todavía de anoche... Le supliqué en un hilito de voz, temblando de pies a cabeza mientras apoyaba la frente contra las sábanas.
— ¿Qué te duele, trola? Si para eso te mantengo, para que abras el culo cuando a mí se me cante el orto. Me escupió él con desprecio, tirándome del pelo hacia atrás para arquearme la espalda.
*— Qué asco me das...* Pensé con los dientes apretados contra la almohada, sintiendo un fuego ciego de bronca quemándome las sienes. *Cuando iba a la secundaria y pensaba en mi vida de grande, jamás imaginé este infierno... Creí que el día que me acostara con un hombre iba a ser con alguien que me amara, que me respetara y me hiciera el amor de verdad, no convertida en la esclava anal del sorete que me hizo bullying toda la vida.*
— Abrí bien las cachas solita y recibime la pija como la puta que sos, que bien que te gusta cobrar a fin de mes. Se burló el chabón, escupiéndose la mano para lubricarse el miembro antes de clavármelo de un solo golpe seco.
— ¡Aiaaaah! ¡Mmmh, hágamelo despacio! Gemí desgarrada por el dolor agudo, sintiendo que la carne se me partía al medio con la primera embestida brutal.
*— En vez de eso, mírame ahora...* Las lágrimas se me caían a chorros, empapando el colchón mugriento. *Penetrada a la fuerza, violada en mi propia habitación, usada como una muñeca de goma para grabarme en OnlyFans y mendigar unas monedas para que el nene no pase hambre...*
— Mirá cómo me apretás con ese antro, sos mi juguete favorito para sacarme las ganas de joder. Rugió Braian, empezando a darme embestidas salvajes y pesadas que hacían temblar toda la cama.
— ¡Sí... más fuerte... reviente el culo! Le mentí forzando un tono caliente y desesperado, moviendo las caderas a su ritmo para obligarlo a correrse más rápido.
*— Ojalá te mueras ahogado en tu propio asco, ojalá alguien te trate exactamente igual para que sepas lo que se siente...* Pensaba con odio puro recorriéndome las venas. *Pero soy una cobarde sumisa, tengo tanto terror de que me deje en la calle o nos quite la plata, que prefiero tragarme el orgullo y fingir que lo disfruto.*
— Eso, aguantátela en silencio y haceme la putita caliente que sos, que me estás poniendo duro de verdad. Me siseó al oído, acelerando los golpes con una saña descontrolada.
— Mmmh... sí, lléneme todo... hágame suya... Supliqué con la voz quebrada, arqueando el cuerpo para complacerlo en su degradación.
*— Pensar que el último hombre en este mundo que iba a tocarme como mujer terminó siendo mi propio verdugo...* El pensamiento me destrozaba el pecho por dentro mientras sentía que el ritmo se volvía insoportable. *Atrapada en este círculo de porno, hambre y abusos sin salida posible.*
— ¡Toda tuya, perra del orto, tragate mi leche caliente! Gritó Braian en un estallido sordo, dándome la última estocada profunda antes de vaciarse con todo adentro de mi esfínter.
Se salió de golpe, acomodándose la ropa con total desinterés, y antes de dar el portazo se dio vuelta para mirarme con una sonrisa asquerosa.
— Chau, trola, mirá cómo te quedó el culo abierto chorreando mi leche... das asco pero servís re bien para esto. Me tiró de burla desde el umbral, dejándome tirada, rota y destrozada en medio de la habitación.
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