Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy boca abajo, hundiendo la cara en las sábanas mientras siento cómo su verga gigante me invade el culo sin piedad. El dolor es tan intenso que mis gritos llenan la habitación, y en un acto de desesperación, trato de estirar la mano hacia atrás para agarrar su verga, para frenarlo, para pedir un respiro... pero apenas siento el calor de su piel, mis dedos traicioneros cambian de opinión. En lugar de empujarlo, termino agarrando mis propias nalgas y abriéndolas de par en par, exponiendo mi centro para que él me rompa todavía más fuerte. "¡Eso es, puta! ¡Abrite bien para tu dueño!", me grita mientras sus embestidas me hacen sentir que me parte en dos. Soy Alejandra, la que ya no tiene frenos, la que prefiere ser destrozada analmente por el rey antes que volver a ser nadie.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Él se sienta con autoridad y me ordena que me acomode frente a él. Tengo que abrirme las nalgas con mis propias manos, mirándolo a los ojos, mientras bajo centímetro a centímetro sobre su verga. Siento cómo me estira, cómo mis tetas saltan con cada pequeño movimiento. Me hace ir lento, disfrutando de mi cara de angustia y placer. "Mirá cómo te entra, Alejandra, sos un guante para mí", me dice con esa sonrisa de superioridad que me vuelve loca. Pasé de ser la invisible a ser la chica que se abre de nalgas por voluntad propia solo para que él vea cómo su propiedad lo recibe.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Nos escapamos al baño en medio de la fiesta y me sube arriba de la mesada. Estoy cabalgándolo con desesperación, el ruido de la música afuera se mezcla con mis gemidos. Él no se queda quieto; me agarra las nalgas y me las separa con una fuerza bruta mientras yo subo y bajo, dejando mi vagina totalmente expuesta a su mirada y al aire frío del baño. No soy su novia, no soy su cita; soy la puta que él trajo para usar en el cubículo sucio, y ver cómo él me abre como un trofeo mientras me garcha me hace sentir que finalmente tengo un propósito: ser su descarga.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Esta es la humillación que me rompió por completo. Mi papá, el mismo que le pidió a este pibe que "me hiciera popular" pensando en estatus social, ahora está ahí, parado con el celular, grabando cómo me pajeo a su dueño. Estoy solo con una camisa, mis piernas desnudas a la vista de mi propio padre, mientras el popular está acostado, disfrutando del show. Lo miro a él, al pibe que me domina, con una fascinación enfermiza. No siento vergüenza por mi viejo, siento orgullo de que vea en qué me convertí: la puta favorita del que manda. "Graba bien, viejo, que se vea cómo tu hija me sirve", dice él, y yo solo acelero el ritmo de mi mano, perdida en su poder.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy estampada contra la pared, pero no estamos solos. Su novia, la chica más linda de la escuela, se acerca por detrás. En lugar de pelear, ella se ríe y me agarra las nalgas, tirando de ellas hacia afuera para que él tenga el camino libre. Siento cómo él me rompe mientras su amiga me mira con asco y diversión. "Mirá qué abierta está esta zorra, amor", le dice ella a él. Ser usada por él es una cosa, pero que su círculo íntimo me manipule como a una muñeca inflable mientras él me garcha es el nivel de degradación que me hace entender que ya no soy humana, soy un objeto comunitario para ellos.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy arrodillada, tratando de cumplir con mi tarea de chupar su verga, mientras él descansa acostado. Pero su amiga me agarra de la nuca y me mueve la cabeza con violencia, de arriba hacia abajo, obligándome a tragármela hasta la base, haciéndome lagrimear y tener arcadas. Ella me saca la verga de la boca con un tirón de pelo y le dice a él: "Mirá esta puta, sí que sirve, ¡cómo se la traga!". Me tratan como si fuera un perro aprendiendo un truco, y yo solo puedo mirarlos desde el suelo, con la saliva chorreando, esperando que me den la orden de seguir.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy arriba suyo, cabalgando con ritmo, rodeada de sus "otras" chicas. Una de ellas me estruja los pezones hasta que me duele, y la otra mete sus dedos en mi vagina, tocándome justo donde la verga de él entra y sale. Me usan entre todos, soy el centro de su diversión grupal. "Gemí para nosotras, Alejandra", me ordenan, y yo pierdo el sentido de quién me está tocando, solo sé que soy la puta del popular y que sus amigas tienen tanto derecho sobre mi cuerpo como él.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me obliga a arrodillarme frente a él y no quiere que use las manos; quiere que sea mi garganta la que haga todo el trabajo. Me agarra del pelo con una fuerza bruta y me hunde su verga hasta el fondo, golpeándome la glotis una y otra vez. Siento que me falta el aire, mis ojos se ponen en blanco y las lágrimas me corren por la cara, pero no me detengo. Él se ríe mientras me dice: *"Dale, tragátela toda, que para esto servís, para ser mi depósito". Soy la puta que se atraganta con orgullo, demostrando que no hay límite que no rompa por él.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me hizo tirar toda mi ropa de "chica bien" y me compró este uniforme de puta: una camisa negra desprendida y unas medias de red que él mismo rompió con sus manos antes de empezar. Estoy arriba suyo, cabalgándolo con un ritmo frenético, mientras siento sus manos como garras clavadas en mis caderas, guiando cada uno de mis movimientos. Me mira con desprecio y me dice: *"Mirate, Alejandra, quién iba a decir que la nena de la biblioteca se movía así para el rey del colegio". Soy su trofeo personal, vestida solo para su placer.

Así me tiene el *popular de la escuela. Después de usarme y dejarme la cara totalmente bañada en su leche, me deja ahí tirada en el piso, exhausta y agitada. Pero mi trabajo no termina ahí. Me ordena levantarme, toda sucia y chorreando, para ir a la cocina a prepararle algo de comer. Tengo que servirlo con una sonrisa mientras siento su semen secándose en mi piel. *"Cociname algo rico, perrita, que en un rato te voy a volver a romper" me grita desde la cama. Soy su sirvienta en la mesa y su puta en la cama, y esa es mi nueva realidad.

Así me tiene el *popular de la escuela. Estoy usando el conjunto de lencería carísimo que mi papá me compró creyendo que era para "sentirme linda", pero la realidad es que lo uso para que él me destroce. Me pongo en cuatro, él se arrodilla atrás y yo misma me corro la tanga hacia un costado, ofreciéndole mi intimidad. Muevo el culo de arriba abajo, provocándolo, mientras gimo de pura necesidad. Él me azota y me dice: *"Si tu viejo viera para qué usamos su regalito, se muere del asco". Me encanta la traición, me encanta ser la puta que gasta la plata de la familia en complacer al bully.

Así me tiene el *popular de la escuela. Antes de salir para el boliche, me obliga a grabarme un video en el espejo. Me levanto el vestido de fiesta despacio, mostrando que no tengo nada debajo, ni tanga, ni nada. Se lo mando por WhatsApp y él lo reenvía al grupo con sus amigos. *"Miren cómo viene Alejandra hoy, lista para que la usemos en el baño", pone de caption. Entro a la fiesta sabiendo que todos los pibes ya me vieron desnuda y que soy la puta oficial de la noche.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me tiró agua y aceite sobre la blusa blanca hasta que se volvió totalmente transparente y se me pegó a la piel. Se para atrás mío y mete las manos por adentro de la tela, amasándome las tetas con una posesividad que me da escalofríos. Me aprieta los pezones hasta que me duele y me dice al oído: *"Toda la escuela te está mirando las tetas, pero solo yo las puedo tocar así". Soy su objeto de exhibición, marcada por sus manos bajo la ropa mojada.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estamos de costado, yo con mis medias de liga y el corpiño puesto, mientras él me penetra desde atrás. En cada embestida, me susurra lo mucho que le gusta que sea tan estrecha y cómo me va a ir dilatando hasta que no sirva para nadie más. Siento su verga entrando cada vez más profundo, tocándome el alma, mientras yo muerdo la almohada para no despertar a nadie. Me está arruinando para cualquier otro hombre y yo solo quiero que siga empujando.

Así me tiene el *popular de la escuela. En el living de su casa, con la minifalda levantada hasta la cintura, me tiene en cuatro sobre los almohadones. Me agarra del pelo con una mano, tirándome la cabeza hacia atrás para que lo mire, y con la otra guía su verga directo a mi centro. Me empuja con una violencia que me hace saltar y me dice: *"Acá mandan mi verga, Alejandra, aprendé tu lugar". Soy la reina de su sillón, pero solo porque soy la puta que mejor se deja usar.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Él se sienta con autoridad y me ordena que me acomode frente a él. Tengo que abrirme las nalgas con mis propias manos, mirándolo a los ojos, mientras bajo centímetro a centímetro sobre su verga. Siento cómo me estira, cómo mis tetas saltan con cada pequeño movimiento. Me hace ir lento, disfrutando de mi cara de angustia y placer. "Mirá cómo te entra, Alejandra, sos un guante para mí", me dice con esa sonrisa de superioridad que me vuelve loca. Pasé de ser la invisible a ser la chica que se abre de nalgas por voluntad propia solo para que él vea cómo su propiedad lo recibe.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Nos escapamos al baño en medio de la fiesta y me sube arriba de la mesada. Estoy cabalgándolo con desesperación, el ruido de la música afuera se mezcla con mis gemidos. Él no se queda quieto; me agarra las nalgas y me las separa con una fuerza bruta mientras yo subo y bajo, dejando mi vagina totalmente expuesta a su mirada y al aire frío del baño. No soy su novia, no soy su cita; soy la puta que él trajo para usar en el cubículo sucio, y ver cómo él me abre como un trofeo mientras me garcha me hace sentir que finalmente tengo un propósito: ser su descarga.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Esta es la humillación que me rompió por completo. Mi papá, el mismo que le pidió a este pibe que "me hiciera popular" pensando en estatus social, ahora está ahí, parado con el celular, grabando cómo me pajeo a su dueño. Estoy solo con una camisa, mis piernas desnudas a la vista de mi propio padre, mientras el popular está acostado, disfrutando del show. Lo miro a él, al pibe que me domina, con una fascinación enfermiza. No siento vergüenza por mi viejo, siento orgullo de que vea en qué me convertí: la puta favorita del que manda. "Graba bien, viejo, que se vea cómo tu hija me sirve", dice él, y yo solo acelero el ritmo de mi mano, perdida en su poder.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy estampada contra la pared, pero no estamos solos. Su novia, la chica más linda de la escuela, se acerca por detrás. En lugar de pelear, ella se ríe y me agarra las nalgas, tirando de ellas hacia afuera para que él tenga el camino libre. Siento cómo él me rompe mientras su amiga me mira con asco y diversión. "Mirá qué abierta está esta zorra, amor", le dice ella a él. Ser usada por él es una cosa, pero que su círculo íntimo me manipule como a una muñeca inflable mientras él me garcha es el nivel de degradación que me hace entender que ya no soy humana, soy un objeto comunitario para ellos.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy arrodillada, tratando de cumplir con mi tarea de chupar su verga, mientras él descansa acostado. Pero su amiga me agarra de la nuca y me mueve la cabeza con violencia, de arriba hacia abajo, obligándome a tragármela hasta la base, haciéndome lagrimear y tener arcadas. Ella me saca la verga de la boca con un tirón de pelo y le dice a él: "Mirá esta puta, sí que sirve, ¡cómo se la traga!". Me tratan como si fuera un perro aprendiendo un truco, y yo solo puedo mirarlos desde el suelo, con la saliva chorreando, esperando que me den la orden de seguir.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estoy arriba suyo, cabalgando con ritmo, rodeada de sus "otras" chicas. Una de ellas me estruja los pezones hasta que me duele, y la otra mete sus dedos en mi vagina, tocándome justo donde la verga de él entra y sale. Me usan entre todos, soy el centro de su diversión grupal. "Gemí para nosotras, Alejandra", me ordenan, y yo pierdo el sentido de quién me está tocando, solo sé que soy la puta del popular y que sus amigas tienen tanto derecho sobre mi cuerpo como él.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me obliga a arrodillarme frente a él y no quiere que use las manos; quiere que sea mi garganta la que haga todo el trabajo. Me agarra del pelo con una fuerza bruta y me hunde su verga hasta el fondo, golpeándome la glotis una y otra vez. Siento que me falta el aire, mis ojos se ponen en blanco y las lágrimas me corren por la cara, pero no me detengo. Él se ríe mientras me dice: *"Dale, tragátela toda, que para esto servís, para ser mi depósito". Soy la puta que se atraganta con orgullo, demostrando que no hay límite que no rompa por él.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me hizo tirar toda mi ropa de "chica bien" y me compró este uniforme de puta: una camisa negra desprendida y unas medias de red que él mismo rompió con sus manos antes de empezar. Estoy arriba suyo, cabalgándolo con un ritmo frenético, mientras siento sus manos como garras clavadas en mis caderas, guiando cada uno de mis movimientos. Me mira con desprecio y me dice: *"Mirate, Alejandra, quién iba a decir que la nena de la biblioteca se movía así para el rey del colegio". Soy su trofeo personal, vestida solo para su placer.

Así me tiene el *popular de la escuela. Después de usarme y dejarme la cara totalmente bañada en su leche, me deja ahí tirada en el piso, exhausta y agitada. Pero mi trabajo no termina ahí. Me ordena levantarme, toda sucia y chorreando, para ir a la cocina a prepararle algo de comer. Tengo que servirlo con una sonrisa mientras siento su semen secándose en mi piel. *"Cociname algo rico, perrita, que en un rato te voy a volver a romper" me grita desde la cama. Soy su sirvienta en la mesa y su puta en la cama, y esa es mi nueva realidad.

Así me tiene el *popular de la escuela. Estoy usando el conjunto de lencería carísimo que mi papá me compró creyendo que era para "sentirme linda", pero la realidad es que lo uso para que él me destroce. Me pongo en cuatro, él se arrodilla atrás y yo misma me corro la tanga hacia un costado, ofreciéndole mi intimidad. Muevo el culo de arriba abajo, provocándolo, mientras gimo de pura necesidad. Él me azota y me dice: *"Si tu viejo viera para qué usamos su regalito, se muere del asco". Me encanta la traición, me encanta ser la puta que gasta la plata de la familia en complacer al bully.

Así me tiene el *popular de la escuela. Antes de salir para el boliche, me obliga a grabarme un video en el espejo. Me levanto el vestido de fiesta despacio, mostrando que no tengo nada debajo, ni tanga, ni nada. Se lo mando por WhatsApp y él lo reenvía al grupo con sus amigos. *"Miren cómo viene Alejandra hoy, lista para que la usemos en el baño", pone de caption. Entro a la fiesta sabiendo que todos los pibes ya me vieron desnuda y que soy la puta oficial de la noche.

Así me tiene el *popular de la escuela. Me tiró agua y aceite sobre la blusa blanca hasta que se volvió totalmente transparente y se me pegó a la piel. Se para atrás mío y mete las manos por adentro de la tela, amasándome las tetas con una posesividad que me da escalofríos. Me aprieta los pezones hasta que me duele y me dice al oído: *"Toda la escuela te está mirando las tetas, pero solo yo las puedo tocar así". Soy su objeto de exhibición, marcada por sus manos bajo la ropa mojada.

Así me tiene el *popular de la escuela*. Estamos de costado, yo con mis medias de liga y el corpiño puesto, mientras él me penetra desde atrás. En cada embestida, me susurra lo mucho que le gusta que sea tan estrecha y cómo me va a ir dilatando hasta que no sirva para nadie más. Siento su verga entrando cada vez más profundo, tocándome el alma, mientras yo muerdo la almohada para no despertar a nadie. Me está arruinando para cualquier otro hombre y yo solo quiero que siga empujando.

Así me tiene el *popular de la escuela. En el living de su casa, con la minifalda levantada hasta la cintura, me tiene en cuatro sobre los almohadones. Me agarra del pelo con una mano, tirándome la cabeza hacia atrás para que lo mire, y con la otra guía su verga directo a mi centro. Me empuja con una violencia que me hace saltar y me dice: *"Acá mandan mi verga, Alejandra, aprendé tu lugar". Soy la reina de su sillón, pero solo porque soy la puta que mejor se deja usar.
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